viernes, 24 de julio de 2015

SUMISIÓN, de Michel Houellebecq

   Hasta ahora, no había leído nada de Michel Houellebecq y solo tenía de este autor vagas nociones, entre las que lo más destacado era que se trata de un hombre polémico y aficionado a la provocación. "Sumisión" es un libro que ha vendido mucho y ha llegado aquí con muy buenas valoraciones, pero, sinceramente, creo que no es para tanto. Lo que sí me ha quedado claro después de leerlo es que, en efecto, está escrito con una indisimulada intención de provocar, tan indisimulada y tan deliberada que sospecho que es lo que de verdad importa, porque es lo que hace que este escritor venda más. En un mundo de remilgos pringosos y apestosa hipocresía, se agradecen la incorrección política, el lenguaje directo y el hablar claro de Houellebecq, rasgos que serían virtudes si surgiesen en coherencia con su modo de pensar, pero le dejarían en evidencia si fueran en realidad poses fingidas con fines comerciales. Me temo que se trata de lo segundo, ¿por qué? Pues porque los principales aspectos críticos y potencialmente escandalosos u ofensivos que se desprenden de "Sumisión" se alcanzan de una manera demasiado forzada en el aspecto argumental y están deficientemente sustentados en la trama, de donde podría muy bien deducirse que el autor los ha puesto ahí contra viento y marea, que tenían que aparecer aunque no pegasen ni con cola, es decir, que eran postizos. 
   La historia se sitúa en el año 2022 y su gracia consiste en que en ese momento llega a la presidencia de Francia un líder musulmán llamado Muhammed Ben Abbes: sin este hecho, la novela no se sostiene, porque las críticas a la sociedad francesa y a las formas de vida occidentales que hace Houellebecq, sus reflexiones sociales, políticas históricas y religiosas, cobran su sentido en todo el trayecto que conduce hasta esa conquista del poder y en sus consecuencias. Y aquí está la primera gran fisura argumental: para que Ben Abbes llegue a la presidencia ganándole a Marie Le Pen la segunda vuelta electoral, tiene que producirse un muy inverosímil acuerdo entre los jibarizados grandes partidos de toda la vida (el socialista y la UDF) y el ficticio partido musulmán de Ben Abbes. Aunque se trate de una ficción y los autores de las ficciones sean amos y señores de ellas, esto es forzar demasiado las cosas: nadie creería que para salvarse de Le Pen los franceses llegasen un día a aupar al líder de un partido musulmán. Si se quiere hacer parábolas para explicar situaciones de la realidad, no se puede hacer manipulando de forma incongruente los elementos tomados de esa realidad; dicho de otra forma: si Houellebecq pretendía asustarnos mostrándonos lo que ocurriría en una Francia islamizada, debía haberse esforzado en buscar unos caminos creíbles para esa islamización, porque así su novela podría tomarse como una seria llamada a la reflexión, pero, como no lo hace, "Sumisión" se queda en el nivel de un mero divertimento literario, una provocación un tanto vana.
   Pero ¿es "Sumisión" una novela? Yo diría que sí, pero una novela muy particular, sembrada de reflexiones y propuestas sociales, históricas, literarias, religiosas o morales que la convierten en una especie de ensayo novelado, quizás una novela de tesis, en la cual -como ya hemos visto- los elementos narrativos están al servicio de los ensayísticos, de lo que el autor nos quiere demostrar o plantear como objeto de reflexión. A mi juicio, esta faceta es la más interesante de la obra, porque aquí el autor pone en juego una serie de conflictos de la sociedad de hoy sobre los que (también a mi juicio) a veces, yendo más allá de su mero planteamiento, se permite efectuar sus propias propuestas. Uno podrá estar más o menos de acuerdo con él, pero los temas que toca están ahí y son de interés. El más importante es el cotejo de sistemas de valores. ¿Por qué triunfa el islam en "Sumisión"? Por muchas razones, pero especialmente por una: porque es un sistema sólido con principios sencillos y jerarquías fuertes y claras. En la novela colisionan tres grandes sistemas: el laicismo materialista de las sociedades occidentales y otros dos religiosos, el cristianismo y el islam. El cristianismo queda fácilemnte descartado: es una religión con demasiadas contradicciones dogmáticas y que ha sido muy condescendiente con las transgresiones, al contrario que el islam. El laicismo está representado por el protagonista: un solterón de 44 años de vida nada envidiable, que se reduce a: una docencia universitaria ejercida de forma rutinaria; una soledad de bazofias de supermercado ingeridas con desgana; un serio problema con el alcohol; una vida sexual de mera carnalidad en la que solo brilla algo un semiamor finalmente perdido. En ese hombre y en los millares de hogares de uno o dos miembros solos cada vez más numerosos en París se simbolizan el vacío y la falta de horizontes del materialista egoísmo laico. Frente a esto, el islam aparece como un sistema claro, donde el hombre es sumiso ante Dios, la mujer es sumisa ante el hombre y el mundo se acepta como es, porque es la obra perfecta de Dios; simple, pero eficaz como propuesta para el ser humano.
   Y su principal argumento de persuasión es el sexo, más concretamente, la poligamia que permite el islam. El sexo es muy importante en la novela. Su protagonista, del que recordemos que es el elemento que presenta las debilidades del laicismo, es un profesor universitario muy preocupado cada principio de curso por encontrar la jovencita veinte años menor que él que le servirá de compañera de cama hasta el curso siguiente, en el que de manera rutinaria sabe que le abandonarán; es un sujeto sin energía, que siente que, con 44 años, ya tiene cumplidos todos sus objetivos en la vida. Duda de manera exasperante: no se sabe si ama o no a la chica con la que se acuesta; temiendo una escalada de violencia, se escapa de París con la misma indecisión con la que luego regresa, para encontrar que le han echado de la universidad, y ahí se le abre un abismo: has perdido a la mujer que ama, ha perdido el interés por el sexo, está solo... ¿Qué es lo que le salva? El islam. El nuevo rector de la islamizada universidad lo repesca, en un proceso en el que el protagonista ve con sus propios ojos la gran ventaja de esta religión: la poligamia: todos los hombres de su entorno universitario han sido reabsorbidos con este anzuelo y él mismo ve que le abre perspectivas prometedoras para reconstruir su vida: sexo asegurado y mujeres a su gusto, a su servicio en todas las esferas y sumisas... Aquí encontramos la segunda gran fisura argumental del libro: el rector Rediger, con una somera explicación de los dogmas del islam y la oferta de un sueldo que le garantizará esa tentadora poligamia, convence sin dificultades al protagonista, que recupera su puesto en la universidad al precio de convertirse al islam, como han hecho todos sus viejos colegas. Comprando a la élite social masculina con el regalo de la poligamia, el islam se adueña de Francia. Es cierto que el ser humano esta cada vez más abandonado en las sociedades avanzadas; es cierto que a los hombres nos gusta demasiado el sexo, pero... ¿es sostenible esta parábola de Houellebecq? Da la sensación de que es una tomadura de pelo, de que este señor quería encolerizar a los profesores unversitarios (que quedan que ni te cuento), a los cristianos, a los laicistas, a las feministas y a quién sabe quién más, y para ello se saca de la manga una superficialidad de auténtico tebeo, esa supuesta conquista del poder por el islam a base de ganarse el bajo vientre de las supuestas élites, sin presentar como contrapartida ni uno solo de los inconvenientes del islam, que son muchos para muchos. Esto es una simplificación espeluznante, no puede tomarse en serio una propuesta así. Sucede de nuevo lo que vimos con el tema de las elecciones: no puedes pretender hacer parábolas sobre la realidad cuando, como en este caso, solo tomas de ella algo así como una centésima parte.
   En conclusión, me ha resultado decepcionante este libro de Houellebecq: cierto que plantea interesantes conflictos de la realidad actual, pero los encaja en una historia argumentalmente muy poco sostenible. Y, sobre todo: ¿a dónde quiere llegar? ¿A que nos creamos que con la falta de principios y la pobreza espiritual de los países avanzados cualquiera podría hoy ser islamizado fácilmente y por las buenas? Pues esa tesis está muy deficientemente elaborada y sustentada, así que mucho me temo que en realidad lo que buscaba era tocar un poco las narices para embolsarse una buena cantidad de cuartos. Lo que es de mi bolsillo, no va a sacar ni un céntimo más.   
  

2 comentarios:

  1. Tienes toda la razón. Este escritor se mueve por el afán de sorprender, escandalizando a ser posible, para cosechar fama y hacerse rico. Supongo que lo está consiguiendo,pero lo que lo hace interesante no es su faceta literaria sino la sociológica. Su influencia sobre la gente, lo que da que pensar a lectores y no lectores y la cantidad de gente que arrastra con ese inexplicable carisma suyo.

    Acabo de leer el reportaje de los premios criticados por Marsé y Regás en 2005 y uno de los reproches es la falta de ritmo por acumulación de detalles. Eso es lo que me hizo insoportable y tediosa Las partículas elementales. No llegué ni a la mitad. El mapa y el territorio engancha un poco más, aunque confieso que la acabé porque se propuso en Tertulectos y por la curiosidad que me producía el personaje. Incluye trozos de Wikipedia, con la excusa de imitar lo que critica, y todas las provocaciones que se le ocurren, se introduce como personaje y lleva su papel al límite. Lo tengo reseñado en el blog colectivo por si te quieres pasar. Desde luego, lo que menos le importa es la coherencia, así que puedo imaginarme más o menos como será Sumisión. No creo que lea más a Houellebecq.

    ResponderEliminar
  2. La historia, además, es de una sauperficialidad absoluta. Parte de una buena idea para un relato de política-ficción: la islamización de Francia, pero, aun tratándose de política-ficción, hubiera debido basar ese hecho en un devenir narrativo más verosímil y coherente: apenas hay tensión política o social, Francia se islamiza de un plumazo. Les dedica más páginas a aspectos morbosos como el sexo (que es lo que de verdad parece interesarle) o su particular visión de la aceptación de poligamia, porque la novela presenta esa supuesta islamización no como un fenómeno general, sino muy centrada en cómo le afecta al protagonista, que es un verdadero salido. Un esperpento.

    ResponderEliminar