jueves, 30 de julio de 2015

Habrá que decírselo también a Ciudadanos: el problema de la educación no somos los profesores

   Receloso como soy con el actual desembarco del mundo de la economía en la educación, a la que quiere sencillamente manipular a su conveniencia, cuando el pasado lunes Ciudadanos presentó su propuesta educativa, me puso ya en guardia el hecho de que a este acto Albert Rivera fuese acompañado por el responsable económico de su partido, el inevitable Luis Garicano. Esa propuesta se materializa en un documento de 26 páginas y ya en la segunda se señala que "la Educación es una prioridad máxima en el programa de Ciudadanos", cosa que me habría resultado más creíble si en la presentación hubiesen contado con alguna personalidad relacionada con el mundo educativo, en lugar de recurrir a un economista como Garicano: los detalles son importantes y a los viejos profesores como yo nos resulta un tanto ofensiva esa tutela del mundo de la economía: sabemos muy bien hacer lo nuestro, quizás sean ellos los que estén metiendo las narices donde no les llaman y en un universo que desconocen y para el que tal vez no tengan -como parecen creer- las recetitas que lo van a arreglar por el solo hecho de su gran sapiencia. 
   Esto se percibe ya muy desde el principio en el documento de Ciudadanos, pues hace un diagnóstico de los problemas actuales de la educación española con notables lagunas. Así, en la misma página 2, enumera una serie de retos principales, pero lo hace con enunciados de una absoluta vaguedad, de tal manera que uno no capta el sentido hacia el que se apunta y, en más de uno de esos retos, echa en falta una sucinta explicitación de los porqués, que sería muy aclaratoria de lo que de verdad se nos quiere proponer. Además, hay notables ausencias: no se dice nada, entre otras cosas, de la pobreza de alternativas de nuestro sistema, de la conflictividad en los centros, del desbarajuste entre autonomías, de los abusos de las inmersiones lingüísticas (sorprende que Ciudadanos no mencione esto como un reto ya desde el principio), de la escasa implicación de la sociedad en la educación, de la cada vez más preocupante libertad que se toman demasiados padres para campar por sus respetos, de la patata caliente de la concertada, de cómo en algunas autonomías se está arrinconando a la pública...: faltan demasiadas cosas, mal se presenta una propuesta educativa si empieza por evidenciar un desconocimiento de los problemas de la educación o un hipócrita ocultamiento de los que, por su sola mención, resultan políticamente incorrectos. Da la impresión de que Ciudadanos se ha visto aquejado de un mal muy común: el de hacerse timorato en cuanto ha atisbado la posibilidad de tocar poder. Llegado ante este abismo, en lugar de hablar claro, se ha decidido por largarnos un documento inane, tediosamente ortodoxo, de lenguaje tecnocrático, repleto de los tópicos de moda (emprendimiento, aprendizajes emocionales...) y aséptico, cierto, pero me temo que hasta tal punto que no tiene capacidad de curar. Que un partido que fue paladín de la defensa del español ante los abusos de los nacionalistas en Cataluña se decante ahora por la huida hacia adelante del inglés, las enseñanzas plurilingües y demás, da idea de hasta dónde ha llegado en su propósito de domesticarse para no asustar. Perfecto, salvo por un detalle: lo que propone son fórmulas vacías, como esa monstruosidad a la que llega el último: arrinconar el español en la propia enseñanza española. Aquí somos así: nos liamos a rebuscar los restos de Cervantes y otras gimkanas, pero luego tratamos a patadas su lengua, que es la nuestra y la de otros cientos de millones de almas. Y quede clara una cosa: soy muy partidario del aprendizaje de otras lenguas, por eso defiendo que no debe hacerse mal y machacando las nuestra.
   Pero el apartado de más peso en el documento de Ciudadanos es el dedicado a los profesores. Puesto que lo tengo enlazado, léalo cada cual y juzgue si del conjunto de sus propuestas y del modo de formularlas no puede deducirse -como deduzco yo- que este partido considera a los profesores el principal problema de nuestro sistema educativo y poco menos que los causantes de todos sus males, lo cual no es nuevo: es la rancia cantinela que lleva décadas entonando el búnker pedagogista para justificar el fracaso de su nefasta LOGSE y también es muy del gusto de los pseudoexpertos y demás cantamañanas que han aparecido con la LOMCE. Esta fauna, compuesta de ejemplares particularmente ignorantes y mediocres, acostumbra a graznar sus excelencias mezclándolas con vituperios hacia el profesorado, con el fin de presentarse a sí mismos y sus respectivos crecepelos como el remedio imprescindible, y, por asombroso que parezca, sus desatinos suelen sonar como música celestial a políticos y medios de comunicación. Así pues, que Ciudadanos se haya apuntado a la moda demagógica de tirar contra el profesorado no sorprende, pero sucede una cosa: en las encuestas que suelen hacerse sobre la valoración que la ciudadanía tiene hacia diversos colectivos, los profesores quedamos siempre muy bien (y eso a pesar de la basura que bastantes políticos y muchos pedagogos suelen echarnos desde los medios), con lo que cabe hacerse una pregunta: ¿quién se equivoca, la ciudadanía que conoce de cerca nuestro trabajo o la clase política y los "expertos" interesados que la asesoran? Los profesores no somos un dechado de perfección, pero, diga lo que diga Ciudadanos, no solo no somos un colectivo mal formado, sino que seguramente somos de los más sólidos en ese capítulo, y por otra parte, independientemente de que los procesos mediante los que se nos selecciona sean o no mejorables, son sin duda de los más justos y fiables que funcionan hoy en nuestro país (a años luz, por ejemplo, de los que se usan para seleccionar a políticos, asesores o expertos), con lo que no es extraño que, en general y salvo excepciones de esas que hay en todas partes, tengan como resultado el suministrar a los institutos un personal muy satisfactoriamente cualificado.
   Por lo tanto, el problema no somos los profesores. El documento de Ciudadanos es bastante largo, de modo que hay en él muchas cosas que merecerían comentario (para lo bueno y para lo malo), pero, como es imposible entrar a todo, voy a finalizar dejando unas observaciones sobre solo algunos de los aspectos que atañen al profesorado:
   -En lo referido a un sistema MIR para los profesores, como ya expliqué en mi artículo titulado Estupor y temblores, si somos serios, la selección se centraría sobre todo en los conocimientos sobre la materia (como se hace en el MIR, que busca seleccionar a los médicos que más saben de medicina), cosa que entra en contradicción con lo emocional y algunos de los conceptos que parecen ser del agrado de Ciudadanos. ¿Qué es lo que quieren de verdad, un MIR o un folklórico sucedáneo al que podríamos llamar PIR? Podréis ver, por otra parte, que esta idea no es original de Ciudadanos.
   -En la página 13, el documento cita algunos ejemplos de "rutas alternativas" que podrían aportar algo a nuestra docencia. Menciona concretamente el nombre de "Teach First". Lo busco en Google y llego aquí (bajad hasta el final de la pantalla para ver quién está detrás); sí, queridos, nuestros viejos amigos de la fundación Empieza por educar, con el Santander y demás entidades a las espaldas: ¿esto es lo que nos propone Ciudadanos? Gracias, pero ya lo conocíamos.   
   -En el documento se hacen algunas referencias a Finlandia. Quisiera decirles esto: hace una semana, mantuve una larga conversación con una profesora finlandesa acerca de lo que hacen allí y lo que hacemos aquí; la diferencia más sustancial que vimos fue que en Finlandia, al contario que aquí, a ningún alumno se le ocurre ni soñar con que podrá aprobar si no estudia. Eso también deberían contarlo.
   -En la página 14, aboga por un refuerzo de la figura de los directores y sugiere que hoy no pueden aplicar su autoridad sobre un profesorado que los elige. Quienes hayan elaborado este documento deberían informarse mejor: los profesores no eligen a los directores; desde hace años, existe un sistema que deja la elección de los directores prácticamente en manos de la Administración, con una ornamental participación de los profesores, y en la ya vigente LOMCE esta tendencia se profundiza. De hecho, todo lo que Ciudadanos propone acerca de los directores (encaminado a que tengan bien amarrados a los profesores) está ya prácticamente en la LOMCE, de modo que no sé por qué se molesta este partido en pedir lo que ya existe.

6 comentarios:

  1. En Ciudadanos había atisbado algunas luces... y últimamente veo demasiadas sombras. Creo que debieran meditar más y largar menos...

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  2. Y sobre todo informarse bien y hacerlo con rigor, porque, aparte de cosas que serán discutibles y sobre las que cada uno podrá mantener su punto de vista, en el documento hay un montón de disparates, superficialidades y patinazos. Pero, insisto, el gran pecado es el gratuito desprecio hacia el profesorado con que se plantea; de la lectura de este documento, cualquiera podría deducir que somos un rebaño de incompetentes, ignorantes y perezosos que hay que mandar al ostracismo: hace falta tener muy poca cabeza y ser muy frívolo para eso. Animaría a los redactores de esta propuesta a que se pasasen tres semanitas en un instituto, y luego me cuentan. El problema es el tópico ese del funcionario remolón, que aquí muchos lo aplican a piñón fijo. Remolones e inútiles los hay en el sector privado y en el público y en la misma proporción, como sucede con la gente valiosa. Una propuesta que parte de los prejuicios, del desconocimiento y del refrito de formulitas tan resobadas como inoperantes solo aporta una cosa: desprestigio para los que la lanzan.

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    1. A mí lo que me hace gracia es el axioma que manejan de que la calidad de un sistema educativo depende de los profesores. Así, sin más matices. Por lo menos así rezaban los titulares del periódico. A los que somos mas aristotélicos que socráticoplatónicos nos parece que la calidad del sistema depende mayormente de que el alumno quiera aprender, o sea de su santa libertad. Pero es que yo soy muy cerrado .

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    2. Perdona la tardanza en responder, Martín, pero es que he estado unos días lejos del mundanal teclado. Estoy de acuerdo contigo: el titular es de una superficialidad que se corresponde con el completo despiste de la noticia y de la propuesta. Lo peor para los profesores es que, cuando se dice esto desde sectores políticos e informativos, aparte de decirlo por puro mimetismo, se suele hacer (como en este caso) para decir de manera implícita que, como ahora la enseñanza está muy mal, es porque esos profesores tan importantes somos muy malos y hay que cambiar todo lo que les afecta: su selección, su formación, los mecanismos para controlarlos... Pero te repetiré lo que digo en el artículo: hay muchos datos objetivos que demuestran que no somos tan malos. Me temo que en este país no todos los colectivos pueden presumir de lo mismo.

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  3. Tembién se les podría decir que en Finalndia no se entra en Bachillerato si al menos no se tiene una de 7 de media en la secundaria obligatoria (también hasta los 16 años) Que el bachillerato es de tres cursos y tiene una reválida que se hace a la vez, pero escalonadamente, no en tres días de locura, en toda Finlandia y con exámenes por asignatura que pueden durar hasta 5 horas. Y luego viene la prueba de acceso a la universidad. Y que por más que tengan una lengua pequeñita y muy rara, con poco más de cinco millones de hablantes, no hay clases bilingües, pero todos aprenden inglés y no sólo inglés sino algún otro idioma más..., como el español.

    Hay una cosa sobre este bilingüismo basura (en mi taifa plurilingüismo, que aquí no nos gana nadie) que se me pasó comentarte la semana pasada, pero ya te lo cuento por correo, o si nos vemos en noviembre o diciembre.

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  4. Hesperetusa, lo que aportas en este comentario sobre Finlandia es muy siustancioso y debería proclamarse con altavoz y por las calles, así que no inhibas, cuenta lo que quieras.

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