viernes, 13 de febrero de 2015

El harakiri del PSOE en Madrid



A mis amigos del PSOE (que son muchos y buenos), a menudo les digo que su partido debió empezar el 21 de noviembre de 2011 un proceso renovador sin concesiones a la autocompasión. Una refundación en toda regla, con los congresos (re)constituyentes que hubieran hecho falta, la ineludible autocrítica, el profundo e imprescindible replanteamiento de propuestas, proyecto y políticas y una renovación a fondo de estatutos, caras y cargos. Tampoco hubiera estado mal un público reconocimiento de los graves errores cometidos y una promesa creíble de retomar las políticas socialdemócratas que nunca debió abandonar. A algunos que durante muchos años le votamos, también nos hubiera gustado ver una clarificación en una cosa: la idea territorial, en el sentido de que el PSOE no tenía dudas acerca de la unidad de España. Sinceramente, pienso que todos los que creíamos y creemos que el PSOE es un partido indispensable para nuestra democracia hubiéramos visto con muy buenos ojos algo así. Dadas las cosas ocurridas en la era del ladrillazo y los resultados de 2011, haber hecho esto hubiera sido lo más prudente para el PSOE, porque este partido estaba obligado a recuperar una credibilidad que andaba por los suelos. Por muy duro que hubiese resultado ese proceso, hubiera sido mucho mejor que lo que ahora estamos viendo en Madrid: después de más de tres años perdidos, un harakiri chapucero y apresurado, consistente en expulsar a un líder que ni siquiera está imputado y a las puertas de unas elecciones.  
Parece ser que Pedro Sánchez y la Ejecutiva Federal del PSOE, con este paso, han querido dar muestras de fortaleza, pero me temo que las han dado de todo lo contrario, por múltiples razones: la manera fulminante de despacharse a un líder que, a fin de cuentas, estaba ahí tras ganar unas primarias, el ir a sustituirlo por alguien puesto desde arriba, el no haber respetado algo que se llama presunción de inocencia, el salir después diciendo que no se le destituía por lo del tranvía de Parla, sino por las malas perspectivas electorales que arrojaba… De ser cierto esto último, todavía es mucho peor, porque señalaría que el PSOE respeta muy poco las decisiones de su militancia y que Pedro Sánchez es capaz de usar el sistema de la defenestración a poco que se ponga nervioso. Con todo esto, cabe hacerse una pregunta: ¿alguien cree que las perspectivas electorales del PSOE en Madrid son ahora mejores? Me temo que la destitución de Tomás Gómez, a pesar de que no es santo de mi devoción, ha sido un disparate político que Pedro Sánchez va a pagar muy caro. O el PSOE se toma en serio su renovación o se enfrenta a un auténtico riesgo de hundimiento.

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