domingo, 15 de diciembre de 2013

Cataluña contra Cataluña

   Los que dispongáis de tiempo y ganas, podéis leer este artículo completo (opción recomendada); los que no, podéis leer la versión abreviada que ha salido hoy en "El País".
   Soy uno de esos 400.000 catalanes que viven fuera de Cataluña y, para mi desgracia, llevo algún tiempo haciéndome esta pregunta: ¿en qué me quieren convertir los impulsores de la descabellada propuesta separatista? ¿En un extranjero en mi tierra? Supongo que acabarán imperando la cordura y el respeto a las leyes y, como en su día ocurrió con el plan Ibarreche, el verdadero ámbito de decisión, que es el que nos abraza a todos los españoles, pondrá fin a esta desafortunada aventura del nacionalismo catalán. A Mas y sus secuaces, si tuvieran la serenidad de pararse a pensar un minuto, no les vendría mal reflexionar sobre este precedente del plan Ibarreche, porque quizás así, contemplando su trayectoria, entenderían el pésimo negocio en el que están ahondando. Puede que pocos recuerden que las provocaciones del petimetre Ibarreche empezaron también con la ocurrencia de que iba a poner en marcha un referéndum acerca de la autodeterminación, pero, ¡ay!, mírate por dónde que entonces gobernaba José María Aznar, quien desde luego no es santo de mi devoción, pero diré que hizo lo que tenía que hacer: obrar con coherencia y, como el garante que era del orden legal, advertirle al bueno de Juanjo que, si hacía eso, quebrantaría las leyes y el Gobierno de la nación lo pondría ante los tribunales. ¿Qué sucedió entonces? ¡Ah, oh, ah! Que el valiente de Juanjo Aurrerá se cagó literalmente en los pantalones (perdonad esta grosera expresión, impropia del guachimán) e invocó el auxilio de los principios democráticos, los cuales, por lo visto, si el que se salta las leyes es el sátrapa de una comunidad autónoma, deben permitirlo. Enseguida, con el oportunismo canallesco que manda en la política española, salieron vergonzosamente en su defensa todas las etiquetas de la oposición, encabezadas por el PSOE, acusando a Aznar de autoritarismo, de resultas de lo cual, Pepe Mari recogió velas, pero, a cambio, Juanjete se olvidó de su referéndum.   Posteriormente, envalentonado, puso en marcha su famoso plan. Tampoco vendría mal recordar que en algún momento pareció que con ello iba a hacer que se tambalease el mundo, y yo creo que el muy insensato hasta se lo creyó: llegó a creerse él mismo su propia ensoñación de que sería el Prohombre que liberaría a Euskadi del supuesto yugo de España, aunque el desenlace fue muy distinto: en el debate en las Cortes sobre su delirante proyecto, daba pena verlo, arrugado como una pasa. ¿Qué es hoy el plan Ibarreche? Una sombra del pasado, igual que su mentor, de la que nadie se atrevería a negar que no fue sino una locura absurda que solo sirvió para sembrar tensión, confusión y discordia.
   ¿Pasará lo mismo con esta demencial Guerra de Independencia que se traen hoy CiU (aunque parece más bien que C sí, pero U, no), ERC, ICV y CUP? Voy a ser políticamente incorrecto: ERC puede presumir hoy de valores tan sólidos como Jonqueras, Tardá o Alfred Bosch, nada menos, pero, si hurgamos un poquito en el pasado, la cosa se arregla con nombres como Carod Rovira, Puigcercós o Pilar Rahola. Si nos vamos a un tiempo más lejano, su figura más señera es Lluis Companys, personaje al que debemos compadecer por haber perecido como víctima del terror implantado por la repugnante dictadura franquista, pero eso no implica que su aportación deba valorarse sin objetividad, y resulta que en ella hay bastantes sombras, la mayor de las cuales es la proclamación del Estado Catalán en 1934. Ese acto irresponsable fue uno de los más señalados en la cadena de desestabilizaciones que fueron debilitando a la República, cosa que se acabó pagando muy cara. Otro personaje de la vieja historia de ERC fue un tal Capitá Collons; ¿qué hay de cierto en esta historia que enlazo con su nombre, la cual involucra, y de forma no muy gloriosa, al propio Companys?  En cuanto a la CUP, le veo menos recorrido que al zapato con que uno de sus diputados amenazó a Rodrigo  Rato, otro (me refiero ahora a RR) de los sujetos de los que debemos enorgullecernos. Luego está ICV: es que IU y sus franquicias no escarmientan: pierden el culo por servir de tontos útiles a todo montaje nacionalista que les pongan ante las narices: ¿todavía no se han enterado de que los coqueteos de Madrazo con el aberchalismo fueron la causa de que muchos españoles les volvieran la espalda? Ese despegue al que aspiran se lo va a cargar Joan Herrera, ya lo veréis. Termino volviendo a CiU para decir solo una cosa: sinceramente, pienso que Artur Mas y Durán Lleida son los únicos de todo este reparto que se están dando cuenta de la enormidad del abismo que han abierto. De Durán lo hemos sabido de  siempre, y en cuanto a Mas, fijaos: hace tiempo que se le ha borrado de la cara la sonrisa triunfal: ¿será que, después de todo, se acuerda del Estat Catalá de Companys y del plan Ibarreche?    
   Más le valdría a la Generalitat preocuparse por Cataluña, que, en los últimos años, ha dejado de ser el referente económico y cultural de otros tiempos, por no hablar del cenagal de corrupción y déficit en que la han metido el desgobierno y la obsesión por dilapidar dinero en caprichos identitarios. Más le valdría dejarse de coreografías fundamentalistas como la Vía Catalana, de simposios incendiarios y malintencionadamente desenfocados, de cacareos belicistas como aquellos de Felip Puig o del propio Mas, que los colocan a la altura del gallo de Morón, para más inri: estúpidos, mequetrefes y,  encima, chulos. Puedo asegurarles, además, porque soy testigo de ello, que Cataluña está en el momento de mayor rechazo desde los tiempos del franquismo, mientras que allá por finales de los setenta era vista con admiración. Y aún añadiré otra cosa: se está convirtiendo en un territorio demasiado hostil con los enemigos que se ha modelado, tan quiméricos como los muy españoles gigantes - molinos de viento de don Quijote (hablando de este personaje, no se les olvide a estos señores que, en la segunda parte de su novela, publicada en 1615, situó Cervantes varios capítulos en una españolísima Barcelona), que son una lengua y millones de personas, muchas de ellas, catalanas residentes dentro y fuera de Cataluña. Cataluña se ha hecho una tierra antipática hasta para un buen puñado de catalanes, que callan por no señalarse, inquisitorial: miren por dónde, de su radical españolidad, ha ido a optar por las peores hechuras. Yo soy de Barça y mi hijo es del Madrid, todos tenemos nuestra cruz. En el año 96, penúltima vez que fui a Cataluña, mi hijo (que entonces tenía ocho años), se paseó por las Ramblas con el traje del Real Madrid que le habíamos comprado allí mismo y la gente le paraba y bromeaba con él. Me temo que eso hoy en día es historia: en mi última visita, que fue en 2009, pude ver en Gerona bastantes muestras de  intransigencia exclusivista, de las que referiré solo dos. Por el casco antiguo, se había impuesto la hitleriana normativa de no rotular los comercios en castellano: tú podías abrir un bar con el nombre de "The house of potatoes", por decir una chuscada, pero te multaban si le ponías "La casa de las patatas": de auténtica vergüenza en una supuesta democracia. Un día, paseando por esa misma zona, le preguntamos a una señora por dónde se iba a la subida a la muralla. Nos lo indicó amablemente y caminó un tramo junto a nosotros, momento que aprovechó para decirnos que a ella le daba igual en qué lengua le hablasen, que todas le parecían bien: ¿estaba implícitamente diciendo que no comulgaba con la cruzada contra el castellano que se percibía por allí? Juzgue cada cual. Y esto, por no hablar de los miles de personas a las que la imposición del catalán ha echado de Cataluña o tiene bastante amargadas: no es un mito, y yo mismo tengo unos cuantos conocidos. El nacionalismo se está cargando a Cataluña en muchos aspectos: no es España contra Cataluña, es Cataluña contra Cataluña. ¿Hasta dónde van a llegar estos totalitarios prepotentes en su empeño destructivo y su siembra de discordia o incluso odio? Algún día habrá que pararles los pies, digo yo.  

4 comentarios:

  1. Llevo dos días de horario laboral propio de la revolución industrial, al estilo de la mejor novela de Charles Dickens, así que estoy cansada y con ganas de dejar pantallas.

    Creo que esto tiene muy mala pinta. Creo, ojalá me equivoque, que esto no va a acabar como el plan del Mister Spock (Ibarretxe o como se escriba en la lengua primigenia de los seres incontamindados) Creo, que esto va a traer mucho dolor, mucha miseria, y mucha ingnominia a todos los que lo apoyan, especialmete a los criminales que lo están maquinando. Hay quien dice, lo he leído decenas de veces en los últimos tiempos: "estas cosas sabemos como empiezan pero no sabemos como acaban". Pues eso lo dirán los ignorantes buenistas, los ingenuos, los tontos útiles, pero yo sé, y muchos saben, y todos podrían saber si no quisieran ser ciegos, que esto SÏ sabemos como acaba: acaban muy mal. Y el problema es que no termina, deja las semillas del odio para seguir y seguir...

    ¿Voy a ha hacer unas muy molestas y politícamente incorrectas preguntas:
    ¿Qué pasará con los catalanes que no sean de esta corriente? Ya lo han dicho claramente: serán traidores. Y a lo largo de la Historia ya sabemos lo que le espera a los traidores..., quizá ya hayan inventado la desmaterialización indolora, las moléculas siempre pueden alimentar a los calçots que comerán los patriotas.
    ¿Qué pasará con los catalanes que vivan fuera de la nueva unidad catalana de destino en lo universal? ¿Qué pasará cuando se conviertan en apestados en todas partes?
    ¿Qué pasará contigo y con lo que son como tú guachimán?
    ¿Qué pasará con los habitantes de Mostar que viven a menos de 100 Kms de Sarajevo? (comprendes por qué hago esta pregunta)

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  2. Querida amiga: tienes unas preocupaciones que hemos tenido más de uno. Por citarte un nombre ilustre del que alguna vez hemos hablado tú y yo: yo creo que Muñoz Molina, sin decirlo abiertamente, en "Todo lo que era sólido" deja entrever su preocupación por la posibilidad de que esto acabe como lo de Yugoslavia. Sinceramente, yo pienso que no va a ser así. Te diré en primer lugar que, en el caso (que no se va a producir) de que Cataluña se independizase, los 400.000 de los que hablo seguiríamos teniendo la nacionalidad con la que nacimos: la española. No sé cuántos decidirían apostar por la otra, pero es que lo mío no es la ciencia-ficción. No va a pasar nada de eso: no va a haber catalanes apestados en el resto de España ni catalanes con estrella amarilla en el Estat Catalá, porque ese estado nunca se pondrá en pie, precisamente por eso que tú dices: sería un cataclismo que, ni siquiera con los políticos tan ineptos e irresponsables que tenemos aquí, se va a producir, ya has visto lo claramente que se han pronunciado Rajoy y Rubalcaba. Esto no quiere decir que la solución vaya a ser buena; se ha dejado crecer una hidra; se ha dejado enraizar el discurso de historia falseada y que se convirtiera en algo así como el marco del debate (los nacionalistas son unos maestros en apoderarse del lenguaje y los referentes, pasa también con los vascos: ellos dan por sentado que son pueblos oprimidos y luego todo gira sobre esa falsedad indiscutida; por contra, los gobiernos nacionales han sido muy torpes al llevar décadas no dándose cuenta de esto y no contrarrestándolo); se ha dejado alegremente sembrar odio, discordia y distanciamiento; se ha dejado durante años a estos señores explotar sus chantajes parlamentarios: toda esta mierda tan sedimentada costará años limpiarla, pero debería, al menos intentarse. Pero, en suma, tú tienes razón: el final no será bueno, aunque yo pienso que será lo que ya tenemos: que catalanes, vascos y navarros (no nos perdamos a estos) seguirán sacando privilegios a base de explotar estos chantajes. Por cierto, por si no lo conocías y quieres rabiar un poco, toma nota de este nombre: Jordi Bilbeny. Una cosa contra la que sí que se debería luchar, y en esto el PP parece tener algo más de sensibilidad que el PSOE: contra el arrinconamiento que la jauría nacionalista perpetra contra los que no comulgan con ellos. Para esto sería vital acabar con las inmersiones lingüísticas.

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    1. Espero que tú tengas razón y yo me equivoque.
      Te comento algo que leí hace tiempo y que no descarto que este en alguno de los muchos libros de Historia Contemporánea que tengo en casa. Un nacionalista catalán, no recuerdo el nombre, pero un capitoste, en los últimos años de la dictadura de Franco dijo: "qué suerte hemos tenido los nacionalistas catalanes con Franco, porque TODOS, los nacionalismos periféricos disgreadores (no utilizó estos términos pero la idea era esta) todos absolutalmete TODOS pactaron con Hitler durante el período de entreguerras (1919-39) y durante la Segunda Guerra Mundial. Qué suerte que Franco fuera aliado (o semialiado) del III Reich". Sí que suerte para esta pandilla de mafiosos poderse presentar con el halo "moderno-progresista" cuándo son todo los contrario.
      Bien, aquí la opción es seguir somentiéndose al chantaje del mafioso u optar por el cataclismo. Ya lo dijo Lazatillo de Tormes: "salí del trueno para dar en el relámpago".
      Si el Estat Catalá no se proclama te invito a cenar (o a comer)
      La habitante de Mostar se retira un rato.

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  3. Tendremos ambos la satisfacción de que me pagues una comida (o una cena), ya lo verás. En cuanto a la catadura moral de los nacionalistas en el terreno personal o la de sus "principios" y práctica política, mejor no hablar.

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