lunes, 12 de noviembre de 2012

Sobre ciertos asuntos de educación

   En el año 2002, escribí un diario sobre las cosas que me iba encontrando en el desempeño de mi trabajo. Lo empecé justificándome con el hecho que todos los cursos, al corregir los primeros exámenes, me llevaba una pequeña depresión al ver los increíbles niveles de indiferencia y falta de estudio a que llegaban mis alumnos, y en aquel 2002 mi "depre" vino por lo siguente: el día en que me decidí a empezar el diario, había corregido 53 exámenes y había aprobado solo tres. Luego, para que se entendiera mejor mi disgusto, incluía esto:
Reproducción literal de un dictado
Ya he echado la solicitud de enpleo, asique haora solo falta esperar la respuesta. por detras de la valla crecen unos esparragos trigeros tan grandes que se enrredan en el alambre. En Estados unidos hay un sistema bipadita [por "bipartidista"], osea, que el poder se lo disputan dos partidos politicos. Habeces debes pensar muy cuidadosa mente lo que ballas adecir. Cuando hiba ha desacer la maleta, sono el telefono y me entretube media hora hablando.
Veinticinco faltas en setenta y seis palabras. Júzguese, además, el calibre de la mayoría de ellas.
   Este texto lo había escrito una alumna de 15 años, de 3º de ESO, y ni es una invención ni ha sido objeto de modificación alguna.
   Diez años después, se da la casualidad de que he vuelto a encontrarme con un comienzo de curso desesperante, y así, este fin de semana he corregido los exámenes de lectura de mis dos grupos de 4º de ESO (61 alumnos) y me he encontrado con datos como estos: me han dejado evidencia de haber leído lo que correspondía 20 alumnos (solo un tercio), pero luego, tras descontar los puntos por faltas de ortografía, los aprobados se han quedado en doce, es decir, un quinto, y os aseguró que he sido benévolo a la hora de penalizar, pero os hago una pregunta: ¿se pueden pasar por alto en 4º de ESO cosas como que un alumno escriba "habeces" (= a veces) o "devía" (= debía)? Pues eso.
   Seguramente, algunos os estaréis preguntando qué era lo que tenían que leer, así que os lo voy a decir: tres artículos de Larra, tres leyendas de Bécquer y dos cuentos de Clarín, algo absolutamente incardinado en el programa y que, en conjunto, venía a ocupar poco menos de cien páginas. Ni por la extensión, ni por el lenguaje ni por los contenidos, como habréis deducido, representaban estas lecturas la menor dificultad; dado que este examen importaba mucho para el sacrosanto aprobado, os preguntaréis por qué han podido supender tantísimos de mis alumnos. Pues también os voy a responder y supongo que os quedaréis tan perplejos como me he quedado yo.
   -Una de las causas ha sido la no lectura de todos o (buena) parte de los artículos o relatos. Una obviedad, os diréis: si no han aprobado, será porque no han leído. Sí, de acuerdo, lo que ya no es tan esperable es que muchos de mis alumnos creyesen que, aun así, iban a aprobar, como deduzco del hecho de haberme encontrado bastantes ejercicios en los que se me respondían disparates inventados (mañana voy a proguntarles si acaso creen que no me leo los exámenes, lo digo en serio).
   -Otra de las causas ha sido el no saber leer, o bien las preguntas o bien los relatos, pues de muchas respuestas se deduce que habían leído el episodio por el que se preguntaba, pero lo habían entendido mal.
   -La tercera ha sido el no saber escribir: bastantes respuestas, por la incorrecta construcción de las frases y el mal uso de enlaces y signos de puntuación, eran incoherentes, no significaban nada. 
   No estar dispuesto a leer un libro corto ni bajo amenaza de suspenso (= indiferencia absoluta), no saber leer o no saber escribir: tales han sido las razones que han llevado al ¡ochenta por ciento de mis alumnos! a suspender este examen. Estoy hablando de alumnos de entre 15 y 17 años en el último curso de su educación obligatoria. A lo mejor en otros grupos los resultados hubieran sido distintos, pero, para lo que nos importa en este artículo -que no es el caso particular, sino su  proyección general-, he de decir que estos males afectan aproximadamente al cincuenta por ciento de los alumnos de nuestros institutos de ESO.
   Las conclusiones no pueden ser más preocupantes. En lo que se refiere al no saber leer ni escribir, representan un fracaso del sistema, ya que uno de los objetivos al finalizar la ESO es dominar estas dos destrezas básicas; pues bien, repitámoslo: muchos de nuestros chicos llegan a los 16 años (con un buen montón de años de escolarización a sus espaldas) sin dominarlas, y es más, a bastantes de ellos, aun así, se las da el título de graduado en ESO, lo cual es una contradicción, un alarde de hipocresía o las dos cosas.
   En lo que se refiere a la indiferencia absoluta, son más complejas. En primer lugar, os diré lo que me comentó hace unos días un alumno después de que les echara una bronca por su bajo rendimiento: "Profe, el problema es que tú mandas las cosas y luego nos las pides y nosotros estamos acostumbrados a que si no las hacemos, no pase nada". Se acercó a mí al acabar la clase y así me lo dijo, no es ninguna invención. ¿Qué hay detrás de esto? Algo muy viejo, algo que nació con la LOGSE hace veinte años: que los alumnos saben que, con las presiones a las que está sometido el profesorado, muchos docentes no se complican la vida y conceden el aprobado fácil. Así, los alumnos se han hecho inmunes a la amenaza de suspenso, saben que tampoco hay que cometer la locura de ponerse a estudiar, solo es cuestión de esperar a que el profesor se ablande. Entre los muchos efectos perversos de la LOGSE, está el de haber hecho pasar a los alumnos de estudiantes a especuladores. Y esto no ocurre porque sí, porque la presión sobre el aprobado existe de verdad: os aseguro que, desde que ha empezado el curso, ya han venido a verme unos cuantos padres, empujados por sus hijos o por su propio temor a que al niño se le complique el aprobado. En segundo lugar, la indiferencia de bastantes de mis alumnos se debe a que eso de leer libros no va con ellos, el hacerlo es superior a sus fuerzas; ante estos siempre me pregunto: ¿qué hacemos aquí tú obligado a leer cosas que no quieres leer y yo obligado a pedirte lo que no me vas a dar y a supenderte por ello? ¿No podría el sistema a tus 14 o 15 años tratarte como a una persona que sabe lo que quiere y darte un buen abanico de opciones?
   ¿Cuándo nos quitaremos de encima de una vez los pesos que nos colocaron los prejuicios del pedagogismo? ¿Cuándo elevaremos un sistema en el que al alumno no le queden dudas de que, si quiere aprobar, tendrá que aprender y demostrar que lo ha hecho, cosa que solo podrá conseguir a través del estudio? ¿Cuándo erradicaremos la presión sobre el aprobado, una práctica que ha hecho muchísimo daño a la educación en nuestro país y que es una de las principales causas del fracaso escolar que padecemos, ya que ha sido lo que ha empujado a miles de nuestros alumnos a despreciar el estudio? ¿Cuándo crearemos un sistema realmente dotado de una oferta diversa, con una clara diferenciación entre las vías para la formación porfesional y para la universidad y entre sus programas? ¿Cuándo podrán nuestros alumnos, ya desde los catorce años, elegir la vía educativa que más les atraiga, sin los impedimentos creados por el hipócrita concepto de segregación escolar que nos impusieron la LOGSE y los pedagogos? No avanzaremos en educación hasta que estos males no estén resueltos.


11 comentarios:

  1. Pablo no voy a mejorar tu escrito, porque poner mi aportación de la semana pasada no añade nada a él. Solo decirte que desde hace ya años, desde mi tercer curso como profesora, me niego a corregir en fin de semana (he llegado a corregir en el tren los domingos por tarde mientras iba a mi pueblo de destino para poder estar el lunes a las 8:00, cosa que no hacen nuestros honorables diputados) a no ser que haya una urgencia de final de curso de 2º de Bachillerato. Bastante apaleados y pisoteados estamos para que encima, nuestras horas libres del fin de semana estén también dedicadas al trabajo.

    No te sorprenderá que te diga que la semana pasada de mis más de cien exámenes de 2º de ESO tuve doce aprobados, eso sí entre ellos varios sobresalientes. El porqué de ello lo cuentas perfectamente en tu entrada.

    Tenemos un sistema perverso desde hace mucho tiempo, ese ha sido el sistema en el que yo he trabajado siempre, salvo los residuos que quedaban del sistema de 1970. Yo trabajo en un instituto que tiene asignada una zona muy marginal, con lo que nos encontramos con un alto grado de absentismo entre esos alumnos que además, llegan al instituto tras haber pasado por la primaria completamente analfabetos, no analfabetos funcionales, sino analfabetos reales: no saben leer ni escribir…, pero están en el instituto. Que venga un inspector logsiano a decirme como hago entender a esos alumnos, el clima oceánico, la mitología griega o el feudalismo.

    Y otra cosa en la que puedo superarte: sabes que trabajo en una comunidad con “lengua propia”…, las faltas de ortografía, los giros delirantes que leo en los exámenes superan la imaginación más calenturienta del pedagogo, que lo hay, ya lo creo que los hay, y lo he visto y escuchado en cursos para profesores, que diga que hoy ya no hace falta saber escribir que con pasar el corrector está todo solucionado. Pero ¿acaso los alumnos saben lo que es un corrector?

    No sigo.

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  2. Hesperetusa, tus comentarios siempre son bien recibidos y siempre añaden, tanto que, en respuesta a este, no se muy bien por dónde comenzar, pero voy a hacerlo por lo que más me enciende, esto del corrector. Empezaré por decir que no es obra de magia, sino de personas que pueden equivocarse, y lo hacen tan a menudo que hay que tener mucho cuidado con ellos; es más, si se trata de corrector y no de simple señalador de errores, lo mejor es desactivarlo, porque son tan limitados que con demasiada frecuencia te quitan cosas que están bien. Con esta premisa y otras más que son bastante obvias, es de entender que hace falta ser muy burro y muy inculto para considerarlo como un sustituto del saber escribir, pero es que los pedagogos son muy incultos y muy burros, porque solo personas muy incultas y muy burras pueden tener tal aversión al saber como ellos demuestran paso a paso. Saber chino, física, geografía o matemáticas son cosas que enriquecen a una persona; saber escribir es algo que va más allá, porque no solo nos enriquece, sino que es imprescindible en nuestro desarrollo esencial como personas, en nuestra capacidad de pensar y de comunicarnos..., pero, claro, unos pedagogos a los que llevamos años oyendo predicar la conveniencia de simplificar la enseñanza y la exigencia hasta límites de puro embrutecimiento, es de suponer que se sentirían encantados de convertirnos a todos en unos incapaces para pensar o para cualquier cosa que nos eleve, unos dignos habitantes de la Isla de los Burros.
    En otro orden de cosas, es muy serio lo del no saber leer Hesperetusa, de verdad. Por H o por B, a mis alumnos desegundo, tercero e incluso cuarto de ESO les hago leer en clase, y no doy crédito a cómo leen algunos y a la enorme cantidad de chicos que leen mal. Digan lo que quieran los defensores del corrector ortográfico, esto no solo es una rémora para su éxito escolar (la mayor parte de lo que transmitimos y pedimos es por vía de lecto escritura), sino un serio obstáculo para su adquisición de conocimientos en general, porque, hasta en los saberes más técnicos, los contenidos profundos están depositados en libros, artículos, etc. en los que los grandes conocedores de esas materias transmiten su sabiduría. Leer mal (y escribir, aunque menos), nos condena a la ignoriacia o la mediocridad cultural en mucchos e importantes campos de nuestro mundo. Esto es incontrovertible y se lo repito a menudo a mis chicos, para contrarrestar en lo posible el discurso de los vendedores de humo.
    Termino. El roblema de mis exámenes es que yo trabajo en un instituto que es bueno o incluso muy bueno, pero percibo (ojalá me equivoque) que cada vez va bajando más el nivel, que cada vez es mayor el porcentaje de malos estudiantes. Puesto que la inmensa mayoría de nuestros niños no son tontos y si quisieran podrían ser buenos estudiantes, concluyo que esa progresión se debe a que las cosas que estamos haciendo mal (esas del artículo y algunas otras) extienden cada vez más sus efectos nocivos. Perdona que me haya extendido tanto. Me están gustando mucho tus últimos artículos y me han parecido muy sugerentes el poema de la encina y el de "¿Qué me queréis, caballero?".

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  3. Querido Pablo, aprovecho estas líneas para recomendar vivamente la lectura de tu excelente libro La República Mejor. Extraordinario en riqueza y rigor descriptivos y la profundidad psicológica de los personajes. Además, un libro muy valiente.
    Bueno, todo esto que contáis y analizáis tan bien tú y la amiga Hesperetusa, es algo que yo ya conozco demasiado bien, no tanto por experiencia propia (hace ya años que me retiré de la psicología y de la enseñanza) como por lo que me cuenta mi hermano, profesor de guitarra clásica y solfeo en su propia academia de música, radicada en Valencia, capital. El panorama no puede ser más desolador. La LOGSE has sido un barreno puesto en los pilares de nuestras escuelas. Como maestros, los logsianos son un desastre, pero como dinamiteros, me quito el sombrero.
    Como harto sabes, Pablo, yo suelo extender la mirada más allá de los límites de las leyes (en este caso, más allá de la LOGSE). Quizá porque no me creo que ciertas leyes funcionen sin la aquiescencia (o la connivencia) general. Os cuento un breve episodio de los muchos que os podría contar de boca de mi hermano, ya muy ducho en estas lides. Llega una mamá joven a la academia del referido hermano mío, con un niño de tres o cuatro años de la mano. Literal: el niño se tiró media hora de reloj dando portazos ante la total indiferencia de la señora madre. Mi hermano, que ha desarrollado una mano izquierda espectacular, muy necesaria para quien tiene que vivir de un modesto negocio de autónomo, encontró la solución. Cariacontecido (aunque en realidad rabioso), le comunicó a la señora su preocupación (obviamente, también real) por la manita del pequeño, que se la podía pillar con la puerta. Entonces la mamá reaccionó y atrajo al crío hacia unos cuentos que, a Dios gracias, lo alejaron de la puerta. ¿Cómo es posible que esa madre permitiera semejante conducta en su hijo sabiendo que se hallaba en un lugar destinado al estudio?
    Hace unos pocos días, alguien me dijo que a fulanito, un niño de 12 añazos, todavía le daba su madre de comer. Anteayer visité a un matrimonio amigo, ambos médicos y con dos niños. Al niño de nueve años le leen todas la noches varios cuentos. De lo contrario, no se duerme. Es más, cuando por fin se duerme, lo hace por poco tiempo: acostumbra a meterse en la cama de sus padres, para desesperación de éstos, que al cabo lo han de devolver nuevamente a su cama. Una prima mía, juez de profesión, se ve obligada, igualmente, a dormir a su niña de ocho años en la cama matrimonial. Cuando ya la niña ha cogido el sueño, el padre la traslada a su cama (o a su cuna, no sé ya). Otro amigo mío me cuenta que sus dos críos, de cinco y nueve años, cuando viajan en la parte trasera del coche, se tiran todo el trayecto quejándose a sus padres de que no les hacen caso. Para enmendar el entuerto les han comprado unas pequeñas pantallas de televisión ajustadas a la parte de atrás de los asientos del piloto y el copiloto. Y todos los santos días, por supuesto, estos señores padres les hacen los deberes a sus retoños. No importa, al parecer, que el crío sea superdotado. Da igual, hay que ayudarle a hacer los deberes. No sigo. Estoy seguro de que también vosotros conocéis material de este tipo.
    No es que no les pase nada en términos académicos si no estudian. Es que no les pasa nada de nada en sus mismas casas: todos sus juguetes y privilegios de niños hipermimados siguen en su sitio aunque les suspendan hasta el recreo. ¿Y cómo es posible que tantos y tantos padres no se alarmen del analfabetismo de sus hijos?


    Raus

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    1. Bienvenido a esta tu casa, Antonio, y más si lanzas esos elogios sobre "La república mejor", libro que, como sabes, está traducido a diecisiete idiomas y del que llevo vendidos al menos 42 ejemplares. Yendo al grueso de tu correo, te voy a rogar que, cuando mandes galerías de horrores como esta, pongas por delante un cartelito del tipo: AVISO: LOS CONTENIDOS DE ESTE COMENTARIO SON DE UNA CRUDEZA EXTREMADA Y PUEDEN HERIR LA SENSIBILIDAD DEL LECTOR. Lo del niño de la guitarra, por desgracia, está tan extendido que ya casi ni asombra, pero los otros casos, desde los de los cuentos hasta los invasores del lecho matrimonial, sobrecogen. Siento decírtelo, pero algunos de estos padres rayan en la estupidez, pero, dado que parecen personas de innegable capacidad intelectual, esa estupidez debe achacarse a intoxicaciones ideológico-educativas, es decir, a la perniciosa basura de exaltación de la tolerancia en la educación paterna o escolar que se ha extendido desde los sectores que ya conocemos y que está causando verdaderos estragos en la formación de nuestros niños y jóvenes. Si la fortuna no quiere que esos niños, por buena madera propia o por cualquier otro factor, encuentren algún remedio a la catastrófica (de)formación que están recibiendo, tienen todas las papeletas para acabar como monstruos. Maniatar el sentido común en la educación, que a menudo requiere firmeza y más de una vez un cachete, ha sido un verdadero crimen. HOy he oído en la radio que hablaban de Javier Urra, el otrora defensor del menor; ¿sabes lo que tiene ahora? Un gabinete o lo que sea que defiende y ayuda a padres agredidos por sus hijos. Saquemos conclusiones.

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  4. Peor aún: no es sólo que tantos y tantos chavales no entiendan lo que leen, no: es que, sencillamente, no entienden. Su problema no está únicamente en una lectura deficiente, sino que reside en una pasmosa incapacidad para organizar y entender las frases habladas. Su comprensión de un texto apenas mejora si éste es leído (bien leído) por el maestro. Mi hermano me narra -con mucha gracia, por cierto- la ingente cantidad de recursos explicativos a que tiene que recurrir para hacerles entender cosas básicas de la guitarra o el solfeo. Es como si estuvieran en Babia, con un despiste encima que no se la salta un galgo gitano. Lógico: es el despiste de quien vive sin tener que preocuparse absolutamente de nada, el despiste de quien es tratado como eterno bebé de teta. Y con estas mimbres se tejerá el futuro de España: con varias generaciones de chicos abismados en un submundo de consolas, jueguecitos digitales, mensajitos de móviles, redes sociales, espejos, sexo y pastillas. Sencillamente, un mundo virtual que poco o nada tiene que ver con lo que se van a encontrar ahí fuera.

    Raus

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    2. En efecto, Antonio: abismados, es decir, aislados en un mundo propio que parece inaccesible a toda comunicación. Hace unos días, un amigo y colega me contaba un episodio que le tenía bastante desmoralizado. Puso un ejercicio de comentario a sus ochenta alumnos de cuarto de ESO, que se basaba en la lectura de una noticia peridística en un lenguaje ni especializado ni rebuscado. En las últimas líneas, había unos sencillos datos estadísticos sobre los que formulaba la siguente cuestión: valora los datos de las cuatro últimas líneas del texto. Pues bien, sesenta y seis de sus ochenta alumnos, lo que hicieron fue repetirle esos mismos datos con otras palabras, sin añadir nada, valorar nada ni concluir nada. Repito lo que digo en el artículo: respuestas de este tipo podrían extrapolarse más o menos al cincuenta por ciento del total de nuestro alumnado de hoy. ¿La razón? Hay muchas y complejas, pero yo sospecho que ese abismamiento del que tú hablas tiene bastante que ver.

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  5. Ayer mismo vi un chiste en un blog que me gustó mucho. Precisamente, porque habla de ese terrible aislamiento que padecen jóvenes y no tan jóvenes. Es éste:
    Un hombre tumbado en un diván, dice:
    - Doctor, no levanto cabeza, me río solo, no hablo con la gente, me hablan y no pongo atención, parezco un idiota... ¿Qué tengo, doctor?
    - Un iPhone.

    Mi hermano tiene un alumno de guitarra excepcional (y en los demás estudios), de doce años. Hace unos días, mi hermano le preguntó cuál era, en su opinión, el problema de los chavales en los estudios. El chaval no lo dudó: "la Play". En realidad, no es la play exactamente. Si los padres se preocuparan de limitar severamente el tiempo del uso de estos aparatos y les obligaran a estudiar, la cosa sería otra. Pero todo se junta, como si de un conjuro se tratara, para que tengamos lo que tenemos. Una ley catastrófica y una ideología tóxica en la mayoría de los padres. Después de tantos años de acumular fracasos, ha quedado perfectamente claro que el niño no es esa semilla que crece sin apenas cultivo ni atención del jardinero, como quieren los beocios del constructivismo. y lo malo es que no se ve luz al final del túnel. El colectivo de docentes parece incapaz de asumir una respuesta al desastre. La población sigue intoxicada por los mensajes del pedagogismo. Y los políticos, o bien no se enteran de la misa la media, o bien no se atreven a coger el toro por los cuernos por miedo a perder votos. Mientras se siga pensando que la disciplina, el respeto y la autoridad son cosas antidemocráticas, aquí no hay nada que hacer.

    Raus



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  6. Del colectivo docente no se puede esperar nada, Antonio, como tanto hemos comentado tú y yo. Después de haber sido vapuleado por unos recortes inmisericordes y la maledicencia de gente (por no usar otra palabra menos decorosa) como Aguirre y Blanco; después de haber sido conducido por los sindicatos una vez más a un penoso fracaso en la respuesta a las injusticias que se han cometido con él (mira lo que hay entre septiembre de 2011 y noviembre de 2012: recortes, bajadas de sueldo, despidos, empeoramiento de las condiciones de trabajo y, como respuesta, jornadas de manifestaciones y huelga que solo han traído descuentos); después de, añadido a eso, perder como vamos a perder la paga de Navidad de este año, la nueva cruzada suicida y contraria a nuestros intereses en que nos está embarcando la marea verde es utilizarnos de arieta contra la LOMCE, lo cual no sería una aberración si no fuera porque estos señores lo hacen con la firme convicción de que lo que mola es el engendro LOGSE-LOE, maravilla didáctico-legal de la que parece ser que ellos piensan que no hay que tocar ni una coma, supongo que a la vista de sus resultados de excelencia indiscutible. Y además con mentiras: ayer me llegó un correo que sostenía que había que parar la LOMCE porque iba a establecer un sistema de elección de los directores de los centros controlado por la Administración. Eso es exactamente lo que hay ahora, pero este correo inducía a pensar que no, que hoy en día estamos en una feliz Arcadia democrática en la que los directores salen de la armoniosa decisión de los claustros y los consejos escolares. Cualquiera que conozca el sistema sabe muy bien que, en el sistema actual, la opinión del claustro en la elección del director del centro es una mera pantomima sin valor alguno, luego concluyo que mis amigos "progresistas" responsables de ese correo o no se enteran o quieren engañar a la gente.

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  7. En resumidas cuentas, Pablo: pseudo-Arcadia progre + Babia juvenil + Babel político = Enseñanza en España (o, simplemente, España).

    Raus.

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