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domingo, 11 de septiembre de 2022

Ayuso y el comienzo del curso escolar

     Cuando hace unos días vi en ABC un titular que informaba de que la presidenta de la Comunidad de Madrid se abría a estudiar que el curso escolar comience el 1 de septiembre, no pude evitar acordarme de otras comunidades autónomas que anteriormente habían hecho demagogia con el tentador asunto de las vacaciones escolares de los profesores, que es en realidad el señuelo que subyace siempre cada vez que alguien agita este asunto: meter en cintura a esos vagos de profesores que tienen tres meses de vacaciones, así que tendré que recordar una vez más que las vacaciones veraniegas de los profesores empiezan el uno de julio y terminan el 31 de agosto, por lo que son de dos meses nada más, y que en lo referente a julio hay una serie de aspectos técnicos, profesionales y salariales que no pienso repetir -quien esté realmente interesado en este cansino asunto, que los busque- que hacen que en realidad no sea de vacaciones exactamente y que, en todo caso, esté muy justificado que sea de asueto. 

    Quiero volver a lo de los precedentes, porque deberían servirle de aviso a la señora Ayuso para no caer en el espejismo de creer que con andar enredando con los límites de las vacaciones veraniegas se va a embolsar un montón de votos y va a mejorar algo en la educación, porque no va a ser ni lo uno ni lo otro, y me temo además que lo segundo no se lo cree ni ella. En el año 2012, la comunidad valenciana anunció a bombo y platillo que haría trabajar a los profesores en julio, una ruin cortina de humo con la que unos dirigentes peperos a los que lo más suave que se podía llamar era ineptos pretendieron desviar la atención sobre los problemas de desgobierno, déficit y corrupción que la crisis de aquellos años destapó en aquella región. Después de unos años de tener a profesores y alumnos asándose de calor en los últimos días de junio, hoy aquel disparate está revertido. De 2016 en adelante, el consejero cántabro Ramón Ruiz se sacó de la manga un calendario tan disparatado que aún no me explico cómo la guardia pretoriana de anchoas de Miguel Ángel Revilla le dejó seguir adelante. Lo diseccioné en este artículo, que incluye un enlace a un interesante estudio de ANPE sobre calendarios y horarios en Europa, y di cuenta de su triste devenir en este otro. Por último, citaré el precedente más reciente, el de la comunidad catalana, que es de este mismo curso, pero el desastre educativo catalán -y no me refiero solo a lo del 25%- es de tal magnitud que no me explico cómo ni Ayuso ni nadie puede tomar como modelo lo que se haga allí; eso sí, para que os echéis unas risas, os enlazo un artículo de mi amigo Gerard en el que se reproducen los vídeos con que la Generalidad hizo propaganda de la medida y os reto a que encontréis algo más cursi, tontorrón y ridículo. 

    La señora Ayuso, insisto, haría muy mal en meterse por esta senda, porque de zarandear a la enseñanza para intentar hacerse la guay o sacar votos el único fruto que va a obtener va a ser ese: zarandear a alumnos, profesores y padres, una verdadera pena. Los sindicatos le han dicho algunas verdades de gran calibre, empezando por el hecho -que ella y su consejería deberían conocer muy bien- de que meter a los alumnos en los centros el 1 de septiembre representaría una de dos: o negarles a los profesores y a los centros el tiempo que necesitan para organizar el curso naciente (lo que sería tanto como condenarlo al caos), o hacerles incorporarse, qué sé yo, el 24 de agosto, lo que representaría asestarle un soberbio hachazo al muy consolidado derecho de sus vacaciones: desde luego, si se atreve a hacer algo así, ya no va a poder llamar bolivariano a Pablo Iglesias. También, ante el pretexto que ella esgrime de que se haría para favorecer la conciliación familiar (con lo que se ha atrevido a algo tan vergonzoso como tomar a los padres como rehenes), le han recordado que los colegios no son centros asistenciales, sino formativos, y que, si el problema es la conciliación, lo que debe hacer es abordar ese problema, no crear otro en la escuela. 

    Cada vez que sale algún político queriendo arrearle una dentellada a las vacaciones, yo añado de mi cosecha un argumento que me parece capital, pero que suele olvidarse: que las vacaciones tienen un valor en sí mismas, son muy importantes y no son ningún capricho, el hecho de que estén ahí desde hace siglos debería hacerles reflexionar. Lo siento enormemente por los que envidian a los profesores y les gustaría tenerlos amarrados al pupitre 365 días al año, pero las vacaciones les benefician indirectamente, porque, en realidad, no se inventaron pensando en ellos, sino en los alumnos, que son niños o adolescentes y tienen yo diría que una necesidad vital de esos periodos de desconexión. Cuando la señora Ayuso, en esas reflexiones suyas rebosantes de demagogia y de motivaciones que no vienen a cuento, se muestra preocupada por la cantidad de días de vacaciones que tienen los niños, inevitablemente me hace pensar lo que he pensado otras veces cuando algún otro estajanovista del trabajo infantil ha mostrado parecidas inquietudes: que debería acordarse de cuando tuvo siete, diez o quince años: ¿qué habría pensado de alguien que le hubiese querido recortar esos periodos en que escapaba de la escuela y los profesores, que le hubiese querido birlar el día de Reyes (como pretendió el mentecato de Ramón Ruiz, que propuso y no sé si llegó a imponer que las vacaciones de Navidad acabasen el 2 de enero), que hubiese tocado uno solo de los sagrados, inolvidables y mágicos días de las vacaciones de verano? ¿Le habrían aplaudido los señores Ruiz, Ayuso y tantos otros o lo habrían mandado a la m _ _ _ _ _? Que se hagan estas preguntas y se las respondan. 

    En cuanto a los profesores, que somos adultos y estamos en la enseñanza ganándonos la vida con nuestro trabajo, lo de las vaciones nos lo organizamos de otro modo, que no sufran aquellos genios de la comunidad valenciana que hoy por fortuna estarán fuera de la política. De mí, que he sido profesor treinta y cinco años, les diré que me he pasado muuuuuuchos días de vacaciones corrigiendo exámenes, preparando clases, leyendo..., es decir, trabajando, y ya podrán entender que no soy ni de lejos el único que ha actuado así; no se preocupen, repito: trabajamos (me incluyo aunque esté jubilado) tanto como pueda hacerlo cualquier hijo de vecino y me temo que mucho más que la mayoría de esos incompetentes que toman las decisiones políticas mal tomadas, así que les pido un favor: dejen ya de joder con la pelota con las vacaciones, lo digo por los profesores, pero, especialmente, por los chicos. 

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