domingo, 25 de enero de 2015

Conversación con la librera

   Cuando la EPA de enero de 2015 arroja datos como que tenemos 5.457.700 parados y que el desempleo afecta al 23'7% de la población activa, que el Gobierno se agarre al dato de que en 2014 hubo 477.900  parados menos que en 2013 para pintarnos un paisaje optimista solo puede llevarnos a una conclusión: que el deseo del PP de perpetuarse en el poder le ha llevado a la convicción de que España es un país de idiotas. No puede tampoco perderse de vista un dato importantísimo: la baja calidad de muchísimos de los puestos de trabajo existentes hoy en España, gracias a la reforma laboral del PP. Cada vez son más quienes se quejan del empleo basura, de tener sueldos miserables, de recibir una remuneración muy por debajo de la cualificación que tienen y que el puesto que desempeñan exige, de tener unas condiciones abusivas en horarios y/o vacaciones, de tener que plegarse a cualquier exigencia, de trabajar sin derechos, de la permanente amenaza del despido (que hoy es muy baratito), de tener un futuro sin garantías... Esto no solo está en los medios informativos, sino que cualquiera lo tiene muy cerca en familiares, amigos, conocidos, conocidos de conocidos... Hablar de empleo exige inexcusablemente hablar de estas cosas, no basta con hablar de cifras, porque la gente para lo que trabaja es para vivir, y hoy en día pocos se atreverían a negar que, con las condiciones laborales que rigen en España, no solo son demasiados los que no trabajan, sino que, además, entre los que sí trabajan resultan ser también demasiados los que tienen unos empleos que dan, si acaso, para malvivir. 
   Hoy, el suplemento "Mercado" del diario "El Mundo" tiene este título genérico: Vuelve el ladrillo. Parece que los indicadores de inversión y de interés de los inversores no dejan lugar a dudas. Se barajan ahí muchos datos, como que el sector generó 90.000 empleos en 2014 o que el propio FMI avisa de que sobran casas en España, y también se deslizan ataques contra Podemos, organización a la que se califica de comunista bolivariana. ¿Por qué? Porque Podemos aboga abiertamente por que se implanten mecanismos de control en el mercado inmobiliario. Sinceramente, creo que no puede ser más sensata esta propuesta ni más insensata, inadmisible y destructiva la pretensión de no poner un buen freno y una buena vigilancia al sector inmobiliario, principal rersponsable de la corrupción y de la crisis que tanto daño nos han hecho. Los bancos ya están afilando los cuchillos, los fondos buitre (compraos el Mongolia de este mes y leed el esclarecedor artículo que viene sobre ellos) siguen haciendo de las suyas. ¿Hemos creado algún mecanismo corrector, tipo dación en pago? No: las cosas siguen igual, por lo que nadie nos garantiza que, en 2025, no vayamos a estar aún peor que hoy, después de una crisis en la que especuladores y corruptos de toda laya, con el fin de enriquecerse, nos hayan vuelto a sacar las entrañas. ¿Pasará otra vez lo mismo? ¿Tendremos que soportar los ciudadanos honrados privaciones y sufrimientos mientras desfilan ante nuestros ojos gavillas de sinvergüenzas que nos han arruinado para irse de caza a su coto, de orgía a su yate o de borrachera al club VIP o al salón de su pisazo? 
   Que los especuladores siguen vivos y sedientos de sangre humana lo ha dejado claro estos días el desahucio ejecutado contra una familia con tres hijos a la que un fondo buitre le triplicó el alquiler, una vez más, ante la impotencia de las autoridades de todo tipo, por lo que digo: no se han creado mecanismos protectores contra estas situaciones, nuestros gobernantes han perdido tres años en lo referido a afrontar un problema grave, esencial y sabido de todos, estarían ocupados en otras cosas. Este caso es dramático y muy conocido, pero mirad este otro del que me enteré ayer. Una de las libreras que venden mis libros tiene la librería en un barrio nuevo de un pueblo del área metropolitana de Madrid. Me contó que iba a cambiar de local, porque le había subido el alquiler a 2.400 euros, de los 1.700 en que lo había tenido hasta ahora, precio que era en atención, según le decían, "a la situación en que nos encontramos". ¿Os dais cuenta? El estrujador en cuyas manos cayó esta persona consideraba un precio "bondadoso" los abusivos 1.700 euros que le ha estado cobrando hasta ahora, por eso, recuperada la normalidad (?), los aumenta hasta ese latrocinio de 2.400 euros que la echan del local. Este caso no es tan dramático como el de la familia desahuciada, pero, creedme, es también gravísimo, porque retrata algo extremadamente perjudicial: lo que ha sido la esencia del ladrillazo en su época dorada y volverá a serlo en cuanto renazca: estrujar al cliente. Escalofriante también el detalle de que el propietario de ese local considerase 1.700 euros al mes un precio de crisis. Escalofriante y esclarecedor: así han afrontado la crisis los especuladores: haciendo lo de siempre. 
   Un retorno del ladrillo en estos términos nos volverá a hundir, por eso hay que ponerle controles al mercado inmobiliario. ¿Qué pasará si el sábado 31 de enero esos "bolivarianos" que los proponen juntan en Madrid a medio millón de personas? Puedo asegurar que, solo en Madrid, los cabreados contra los especuladores, el Gobierno, el PP y lo que ha sucedido en España en estos últimos años somos bastantes más. ¿Saldrán "El Mundo" y el portavoz del Gobierno diciendo que en Madrid se manifestaron 500.000 nostálgicos de Hugo Chávez? ¡Ah, no, ya sé lo que van hacer!: un anuncio con una tertulia de cuatro amiguetes poniendo caras de estar muy preocupados por la marcha del país.  

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