domingo, 7 de julio de 2013

Praxis educativa. 5: nuevas tecnologías en la educación

   Voy a empezar de nuevo hablando de disparates, aunque este artículo no trata de eso. Este año, entre mis grupos, he tenido un cuarto de ESO de bajísimo nivel de estudios y pésimos resultados. Cuando aún no hace muchos días estaba corrigiendo los exámenes de junio de este grupo, me encontré uno que decía que, en 1916, Juan Ramón Jiménez se casó con su novia camprubí (por Zenobia Camprubí); naturalmente, me dio la risa floja. Más adelante, me encontré con otro que, hablando también del inigualable poeta de Moguer, decía que, a causa de la Guerra Civil, se vio obligado a exiliarse a Mérida (por América). Nueva racha de carcajadas: ¡pero cómo pueden ser tan burras estas criaturas!, pensé. Dos minutos después, de repente, se me encendió la lucecita: el burro estaba siendo yo, porque esas criaturas ni estaban diciendo la primera barbaridad que se les venía a la cabeza ni estaban copiando de una chuleta: ¡estaban poniendo malamente lo que alguien les dictaba, solo así tenían explicación esos dos errores! Es así de sencillo: de alguna manera, habían logrado comunicar por móvil las preguntas a alguien de fuera, y ese alguien se las estaba dictando a través de uno de esos microfonitos que se puede uno poner oculto en la oreja: sí, queridos amigos, estaban copiando por medio de sofisticado instrumental tecnológico. Ahora bien, como no tenían ni la más remota idea de los contenidos del examen (cosa lógica cuando uno no se los mira en todo el curso), sucedió que, cuando por el micrófono les llegaba algo que no entendían, plantaban lo primero que se les venía a la cabeza y se pareciera a lo oído, y así salió lo que salió.
   Para no dejar lugar a dudas, os diré que yo no dicto apuntes, sino que les hago a mis alumnos estudiar el libro o unas fichas elaboradas por mí y siempre leemos en clase lo que se tiene que estudiar, para que mis alumnos me planteen sus dudas o preguntas o yo aclare lo que considere oportuno: en pocas palabras: nadie pudo oír "a América" y copiar "a Mérida", porque eso se había dado en una ficha escrita. Os dejo aquí una tablita con los patinazos que pillé:
Alumna número 1 (pregunta: Juan Ramón Jiménez)
La ficha dice:
En el examen pone:
-En 1916, se casó con Zenobia Camprubí
-En 1956, se le concede el premio Nobel de literatura, pero este gran honor coincide con la casi inmediata muerte de Zenobia
-En 1916, se casó con su novia camprubí
-En 1956, se le concede el premio Nobel de literatura, pero este gran honor coincide con la muerte de su novia
Alumna número 2 (pregunta: Juan Ramón Jiménez)
La ficha dice:
En el examen pone:
-A causa de la guerra, tuvo que exiliarse a América
-A causa de la guerra, tuvo que exiliarse a Mérida
Alumna número 3 (pregunta: La Regenta)
El libro dice:
En el examen pone:
-Así, satiriza duramente los comportamientos
-Desfilan por sus páginas descubriendo su frivolidad, hipocresía, orgullo, mediocridad…
-Incluso la naturaleza se relaciona con el ánimo de los individuos
-El tedio y la lujuria
-La lascivia es la única vía de escape
-Así, satidiza dunente los comportamientos
-Desfilan por sus páginas suscribiendo su entiendes, pocresía, orgullo, mediocridad…
-Incluso la naturaleza tiende con el ánimo de los consecutivos
-El terio y la lujuria
-La inia es la única vía de escape
    Supongo que, a la vista de esto, a nadie podrán quedarle muchas dudas. Esta información la transmití al equipo directivo por si consideraba oportuno adoptar algún tipo de medida ante la evidencia de que las nuevas tecnologías se nos han colado en el centro como herramienta de fraude.
    ¿Qué pasó con las alumnas? Pues que las suspendí, pero no por haber copiado, sino porque, a pesar de sus trampas, las tres me presentaron exámenes merecedores de muy baja puntuación. Los que seáis profesores, entenderéis muy bien que, puesto que las iba a suspender de todas formas, no me merecía la pena meterme en acusaciones de haber copiado, porque, tal y como están hoy las cosas, es absurdo meterse en batallas innecesarias, e incluso voy más lejos aún: si lo hubiese hecho, las habría favorecido, ya que les habría dado la oportunidad de pescar en río revuelto, marco predilecto de quienes no poseen grandes méritos. El proceso habría sido este: SALIDA: yo las acuso de haber copiado por procedimientos inalámbricos; ellas lo niegan, se hacen las ofendidas y empiezan a hacerse las víctimas; mueven una reclamación; la protesta prospera y ya nos metemos en líos de si copiaron  o no copiaron; este factor se convierte en el elemento crucial y oscurece el hecho de que, de todas formas, los exámenes estaban para suspender; ellas aducen que han sido suspendidas injustamente y exigen un nuevo examen; a todo esto, la legión de padres-madres-profesenrollados-directivosmásenrolladosaún ya ha sembrado sobre mi acusación no la duda, sino la refutación más concluyente; yo aduzco una vez más que, además de que han copiado, aun dando a esas preguntas la puntuación máxima, hubieran sido unos exámenes de suspenso nítido e indiscutible; alguien con capacidad de decisión dice que eso no es ya lo que importa, que lo que importa es que la acusación era la de haber copiado y, dado que no quedaba nada claro que las pobres niñas hubieran copiado (argumento que sin duda se habría esgrimido),  TENÍAN DERECHO a que se les repitiera el examen; LLEGADA: se me obliga a hacerles un nuevo examen. En definitiva: que el actuar torcidamente hubiera recibido premio en lugar de castigo, cosa no rara en la actual situación.
   Lo acertado, por tanto, fue no meterse en aventuras y suspenderlas directamente por el camino más seguro: los deméritos demostrados en sus exámenes. Y para los que penséis que ese hipotético proceso que os pinto más arriba es demasiado kafkiano y hubiera sido imposible, contaré algo más. La pregunta de Juan Ramón Jiménez valía 2 puntos; a la alumna número 1, a pesar de esos disparates reseñados (que le rodeé con notorios círculos rojos), de algunas omisiones que le indiqué en el examen y de una falta de ortografía también debidamente señalada en rojo, se la califiqué con un muy generoso 1'5. Pues bien, cuando les di los exámenes para que los vieran, vieran sus notas y me comentasen lo que considerasen oportuno, me dijo:
   -Profe, yo la pregunta de Juan Ramón Jiménez la he puesto exactamente igual que en la ficha: ¿por qué no me has puesto un 2?
   Esto, recalco, aun sabiendo que esa supuesta exactitud era inexistente, ya que yo le había señalado de manera muy notoria sus fallos. En vista de esto, pregunto: ¿creéis que esa alumna se hubiera quedado de brazos cruzados si yo le hubiese devuelto el examen calificado con un cero y explicando que esa nota era por haber recibido la respuesta dictada vía móvil? A esto nos ha llevado el demencial e hipertrofiado concepto de los derechos de los alumnos que rige en la actualidad: a que una persona que ha hecho trampas, ha respondido no tan bien como había creído a una pregunta, ha recibido cumplida información de sus evidentes fallos y, aun así, ha sido calificada muy generosamente, todavía se crea con derecho a pedir explicaciones. 
   Quería hablar y he hablado de la entrada de la tecnología en los institutos para copiar, un problema sin duda importante que se nos viene encima, pero, como veis y sin querer, he acabado hablando de otros problemas más gordos, radicales y antiguos, los cuales están mucho más asentados y producen y han producido mucho más daño: mientras no acabemos con estos, lo de los micrófonos y demás será un juego de niños. Perdón por este rollazo. 

4 comentarios:

  1. En el centro en el que he estado ocurrió algo parecido, así que (recordando que la ley afirma que los alumnos no pueden tener instrumentos electrónicos en el centro, durante los exámenes, había que perder tiempo para que los alumnos dejaran todos los móviles y materiales por el estilo en una caja. Si alguien estaba con el móvil en el examen, suspenso.

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    1. Tomo nota, Patricia: rápido, eficaz y sin monsergas.

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  2. Pues lo tengo claro para el curso que viene: a los alumnos de 2º de Bachillerato y a los de 4º ESO voy a exigir que tengan el móvil encima de la mesa durante un examen... debidamente apagado..., como se me exige a mí en la UNED. Me da igual que mi centro, como todos, prohiba los dispositivos electrónicos, que tienen sus cosas buenas cuando se saben usar. Y no veas quu zapatófonos se gastan algunos alumnos, que me ponen cara de lástima cuando les dije que viajaba a Venecia y me decían "yo no puedo viajar" y luego veo un móvil que valía tres veces mi viaje.

    Pero ni copiar saben ya.

    Queridos amigos, tengo un verdadero problema para comentar en vuestros blogs. Patry, en el caso del tuyo, no sé que pasa pero es imposible.

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  3. Hesperetusa: acerca de la invasión tecnológica en nuestras vidas, es muy interesante el artículo de Javier Marías hoy en la revista de "El País". En cuanto a lo de los comentarios, yo tuve una temporada que no podía comentar en mi propio blog, ¡la red me trató peor que si fuera un okupa!, pero entrando desde Chrome, podía. El asunto del blog de Patricia puede ser otro; yo nunca he tenido problemas para comentar en él, pero, como Patry ya sabe, siempre le digo que va muy lento cuando entro, por una razón que sabemos los dos: mete cien mil artículos al día, tiene música, imágenes, concursos... y, claro, eso ralentiza la navegación. A lo mejor es por esto por lo que no puedes comentar en "El ballet de las palabras"; te digo lo mismo, inténtalo desde Chrome, que es más potente.

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