sábado, 27 de julio de 2013

Lucía Etxebarría nos da algunas claves de la España de hoy

   Queridos amigos, sé que sabéis que leo la prensa del corazón (más edificante e informativa de lo que muchos piensan), pero, para congraciarme con los que os habéis sentido decepcionados por esto, os confesaré que no veo programas de telerrealidad, por lo que no me había enterado de que la escritora Lucía Etxebarría estaba participando en uno llamado Campamento de verano, el cual ha tenido que abandonar, a causa, al parecer de su crudeza y de la ferocidad de algún que otro participante. En la noticia que enlazo, la famosa escritora da algunas explicaciones acerca de su experiencia y de las causas de su renuncia, en las cuales yo interpreto que hay algunos hechos que servirían como  claves de ciertos males de  la España de hoy. Os lo explico en una didáctica tabla:

Revelaciones de Lucía
Hecho que ilustran
Entró en el concurso porque tenía una deuda con Hacienda.
Unos cuantos españoles han vivido a mil por hora, por encima de sus posibilidades y sin mirar las consecuencias. Luego han sido devorados por el mismo monstruo que los hipnotizó: la España demencial de la abundancia.
“Podría haber ganado el reality y llevarme una cantidad desmesurada de dinero.”
-El dinero manchado de mierda (con perdón) ha sido muy fácil de ganar.
-La mierda (con perdón) ha sido un producto de gran oferta, de gran demanda y muy rentable en nuestros medios.
La gala del 25 de junio (supongo que fue la de su despedida) obtuvo una cuota de pantalla del 16’2%, con una audiencia media de 1.568.000 espectadores y casi un 20% de la franja de jóvenes.
-Los medios generan basura y a la gente le acaba encantando: interesante círculo vicioso que muestra cómo se encanalla a un país, ya desde la juventud.
“Yo allí cobraba, por una semana, más que por un libro que tardo dos años en redactar”.
No es que los libros que redacta Lucía sean el colmo de lo artístico y de lo ejemplar, pero, aun así, lo que dice ya es buena muestra de cuáles son las cosas que se valoran en Ñapa-Es.
Dentro del reality había un “ambiente tóxico”: todo eran gritos, insultos y descalificaciones.
Ya sabemos qué cosas atraen las grandes cuotas de pantalla en nuestro país, o, mejor dicho: ya sabemos cómo es nuestro país.
Tuvo que irse por el desgaste generado por el acoso de una tal Gaby, la convivencia en un programa de telerrealidad y la competencia que provoca un botín de 30.000 euros.
Los generosos, solidarios y altruistas valores que se están extendiendo en buena parte de nuestra sociedad: “Yo por unos euros mato: ma-to”.
“Algunos de mis compañeros viven solo de la televisión”.
Ya nos habíamos dado cuenta del surgimiento de esta fauna. Y por cierto: de qué televisión.
Había que crear espectáculo y la mitad de las broncas eran por eso.
Gracias por desvelarnos la clase de espectáculos que nos gustan, Lucía.
Después de cada intento suyo de abandonar el programa, el acoso de sus compañeros se intensificaba, porque se daban cuenta de que ella debía de ser muy importante.
-Nuestros profesionales de la telebasura reman en la dirección del interés empresarial.
-Nuestros profesionales de la telebasura conocen bien los gustos de la chusma.
-Nuestros profesionales de la telebasura son unos profesionales de pies a cabeza.

   En fin, amigos, creo que no hacen falta más explicaciones.


2 comentarios:

  1. Pues estoy contigo. Más explicaciones serían redundantes, pero no por ello estarían fuera de lugar. Este tipo de televisión, no nos gusta a nadie, pero se repite tanto que al final hasta hay quien se la cree y de una u otra forma terminas enterándonte. Lo mismo el sistema empleado podría ser exportado a algunos temas políticos a ver si los votantes por fin pensamos lo que hacemos el día de unas Elecciones Generales.

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  2. Pues te digo más, Paco: por razones que no vienen al caso, a veces he visto trozos de estos programas, con los Matamoros, Belén Esteban, el tal Jorge Javier, Ana Rosa Quintana (que va de gran dama de la TV, pero no te la pierdas),Paz Padilla... Me preocuparía hacerme asiduo de ellos, pero no me arrepiento de echarles de vez en cuando un vistazo, porque en la vida conviene saber lo que hay; en esos programas se ve, y uno se explica muchas cosas. Una cosa que enseguida llama la atención: lo tienen todo estudiado, hasta las broncas, que no son para nada espontáneas, sino que está claro que forman parte del guión, lo cual redunda en algo que digo en el artículo: si las ponen ahí, es porque gustan. Se ha encanallado el gusto del público y al propio público.

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