domingo, 5 de agosto de 2012

Henning Mankell

   Una de las ventajas que tiene el verano es que nos permite perder el tiempo en cosas importantes. Gracias a esto, he podido dedicar unos días a  releer La quinta mujer, la extraordinaria novela del escritor sueco Henning Mankell, que seguramente muchos conoceréis. Pertenece a la serie de novelas policiacas escritas por este autor y protagonizadas por el comisario Kurt Wallander, de la cual yo he tenido el placer de leer las siguientes: Asesinos sin rostro, Los perros de Riga, La leona blanca, La falsa pista, La quinta mujer y Pisando los talones. Todas ellas me parecen estupendas, pero, a mi juicio, La quinta mujer es la mejor, es tan entretenida y atractiva que las 635 páginas que tiene las vas devorando sin apenas darte cuenta.
   Soy medianamente aficionado al género policiaco y, de los autores que he leído, Henning Mankell me parece el más completo; sin ir más lejos, hace dos o tres años, se puso de moda -atención al dato: en verano- la famosa trilogía Millennium, de su compatriota Stieg Larsson, que es netamente inferior. Recuerdo que me leí el primer tomo de la serie (Los hombres que no amaban a las mujeres) y no pasé de ahí, porque, junto a algunos aciertos como ese pintoresco personaje llamado Lisbeth Selander, la novela tenía un defecto para mi gusto imperdonable: importantes grietas en el argumento (por ejemplo: no puedes montar un novelón de casi ochocientas páginas buscando al asesino de un personaje que... al final está rocambolescamente vivo). Henning Mankell jamás comete un error así: sus novelas están perfectamente estructuradas y las historias a que dan lugar las maldades de sus villanos podrán ser un poco tremendistas, pero no están montadas sobre la nada. Estas y otras virtudes suyas están compendiadas en La quinta mujer, así que pasaré a enumeraros algunas. En primer lugar, este autor utiliza un narrador externo en tercera persona y de una absoluta omnisciencia, lo que le permite mostrarnos las tramas con toda naturalidad desde los dos lados: el del criminal y el del equipo de policías capitaneados por Wallander que intentan darle caza. En segundo lugar, haciendo uso de esta omnisciencia, Mankell profundiza mucho en los móviles que empujan a sus villanos, no solo en los personales, sino, en ocasiones, en motivaciones de facto que pueden remontarse a muchos años atrás (esto se aprecia muy bien en La quinta mujer). La profundización psicológica afecta también al lado de los "buenos", sobre todo, en la figura de Wallander, cuyas reflexiones sobre lo divino y lo humano aparecen a todo lo largo y ancho de las novelas. Esto da lugar a la tercera virtud que encuentro: las reflexiones de Wallander suelen ser muy actuales y poner el dedo en la llaga en problemas universales tales como la violencia o la corrupción, lo que añade a las novelas un ingrediente de perspicaz valoración de la sociedad actual y hace que nos sintamos muy identificados con el personaje, al que inquietan cosas que nos inquietan a todos. Pero es que además -cuarta virtud- Wallander también les da vueltas en la cabeza a cosas tan prosaicas como los precios desorbitados de los bocadillos en los trenes -le vemos indignarse con eso-, su dolor de estómago, la delantera que le lleva siempre el tiempo para resolver satisfactoriamente sus asuntos personales y profesionales o el "palo" que le han dado con la reparación del coche, cosas que convierten a este personaje en un ser muy vivo, en una persona casi, polivalente, contradictoria, cercana. Esa humanidad procede de la minuciosidad de miniaturista -quinta virtud- con que Mankell dibuja a sus personajes, incluso a los menos relevantes, todos ellos con sus rasgos característicos, lo que hace que en sus novelas prácticamente no haya personajes planos. La minuciosidad alcanza también a la presentación de los hechos, a menudo (por ejemplo: en La quinta mujer), desplegados con calendario y hasta horario. Y todas estas cosas tan cotidianas -sexta virtud- las integra Mankell en sus tramas policiales si que raspen al encajar, con absoluta naturalidad. La quinta mujer ostenta una séptima virtud de propina: los crímenes que Wallander investiga están relacionados con un sórdido y terrible mal que nos azota en la actualidad (el que quiera saberlo, que lea la novela), abordado de tal modo que el lector no acaba de tener muy claros sus sentimientos hacia el "malo" de la historia.
   Terminaré hablando de las novelas no "wallanderianas" de Henning Mankell, de las que he leído dos: Profundidades y Zapatos italianos, ambas interesantísimas. El protagonista de la primera es un personaje muy complejo y de una crudeza naturalista, de hecho, así es la historia: cruda, gélida (hasta por los escenarios), brutal. La segunda es ya una historia más amable, una especie de crepuscular novela del camino poblada de seres a la vez corrientes y admirables. Ambas tienen, a mi juicio, un denominador común: la soledad: tanto el feroz Lars Tobiasson de Profundidades como los personajes de Zapatos italianos son seres terriblemente solitarios. Y, si bien se mira, también Kurt Wallander es un incurable solitario: divorciado de su esposa Mona, incapaz de atraerse a Baiba, más separado de lo que quisiera de su padre y de su hija... Quizás uno de los temas de fondo de Henning Mankell sea la soledad humana. 

2 comentarios:

  1. Yo también conocí las novelas de Wallander en verano, debió ser hace cinco o seis años. De las novelas de la serie las tengo o las he leído todas, incluso la última, El hombre inquieto, que también será la última vez que salga Wallander como personaje literario. La verdad no sé ahora mismo elegir ninguna. La quinta mujer está para mí entre las mejores, pero también me gustan mucho Cortafuegos o Pisando los talones.
    Las novelas que citas, Profundidades o Zapatos italianos no las he leído.
    No soy aficionada al género policíaco, que en mi caso tengo asociado al verano, pero a Wallander el sueco le siguió en los últimos veranos el siciliano comisario Montalbano..., mediterráneo y menos solitario que Wallander, y porque la ficticia Vigàta (Porto Empedocle en la realidad) siciliana es muy diferente de la Ystad escaniana, pero vale la pena también.

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  2. Le echaremos un vistazo a Montalbano, pues. A mí, sin ser un gran aficionado, la novela policiaca me gusta, pero a Mankell lo tengo dos o tres escalones por encima, por las razones que expongo en el artículo.

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