domingo, 13 de marzo de 2011

La bella y las bestias

   Acabo de ver "El cisne negro" y no seré yo quien lleve la contraria a quienes la califican como una película terrorífica. La historia tiene un vago aire de cuento clásico, al estilo de Blancanieves o de Hansel y Gretel, criaturas delicadas e indefensas que son víctimas de una crueldad constante infligida por agentes muy diversos y en formas múltiples, tal y como le ocurre a la Nina de "El cisne negro". Y, al igual que en esas narraciones clásicas, la crueldad circula libremente por toda la historia, en todas las direcciones y sin ningún pudor en la forma de mostrarse. La atormentada protagonista de esa película (Natalie Portman se la pasa casi entera con gesto de angustia) es una bella rodeada por un enjambre de bestias, he aquí las más señaladas:
   -Su dulce mamaíta, una tía frustrada y más falsa que un duro de cartón, que envidia a su hija, la absorbe y  hace todo lo posible por hundirla, pero que finge adorarla y respaldarla.
   -El coreógrafo de su compañía de ballet, dominante, manipulador y un cerdo salido digno de un manual de psiquiatría.
   -La primera bailarina anterior a Nina, una señora autodestructiva con más peligro que una piraña en un bidé.
   -Las compañeras del ballet, una bandada de arpías disfrazadas con angelicales tutús. Destaquemos a una tal Lili: ¿estaría pensando en ella el Papa Inocencio X cuando dijo aquello tan celebrado de que la mujer es una sentina de vicios? De todos modos, este personaje es muy interesante por su ambigüedad.
   -Una surtida colección de guarros babosos, entre la que brilla con singular repulsión un vejestorio que Nina se encuentra en el metro.
   -Y por último, la más peligrosa de todas para la pobre Nina: ella misma. 
   Por su tratamiento del sexo, las relaciones entre las personas, la violencia y la sangre, "El cisne negro" es una película sádica. El sexo (de gran peso en el argumento) está siempre envuelto en un componente de morbo (casi de pecado) y de suciedad: suele ser grosero y/o abusivo; en las relaciones entre las personas, igualmente, suele haber una constante de intento de dominio, con un acusado componente sexual en el personaje del coreógrafo y algún otro; la violencia gravita de forma permanente en la película, en la mayoría de las escenas, con una presencia de la sangre (arañazos, cortes, acuchillamientos...) muy a tono con el sadismo que observo. Todo es retorcido, brutal, obsceno, desbocado, sangriento, y el trazado de los personajes, puesto al servicio de estos defectos, es hiperbólico, excesivo en los vicios. Y la razón es muy sencilla: que todo es esencialmente malévolo; la historia tiene un toque diabólico, cada uno de sus personajes está dominado por algún objetivo-obsesión-pecado que le corrompe, ya sea el éxito-soberbia, la envidia o el sexo-lujuria. De hecho, la principal línea argumental es la transformación de Nina, que empieza como inocente cisne blanco y acaba como enloquecido cisne negro, absorbida por el mal en su persecución del éxito. ¿Es esta la moraleja? ¿Es "El cisne negro" una película depravada o todo lo contrario, un sermón moralizante que utiliza uno de los recursos favoritos de los predicadores más retrógrados y puritanos, ya desde la Edad Media: dibujar el pecado con tintes horrendos y enlazarlo luego con un castigo igual y merecidamente horrendo? Interprételo cada cual como quiera. 
   Concluyo. "El cisne negro" es una película bien rodada, con buen ritmo, acertada escenografía y algunas escenas de gran belleza plástica. Las interpretaciones de los actores me parecen buenas, ajustadas al argumento y a sus personajes: parecen creérselos ellos mismos y los hacen creíbles. Es obvio que sus creadores pretendían producir una historia desasosegante y, sin duda, lo han conseguido. A pesar de estas virtudes tan claras, la película no me ha gustado, por ese exceso que creo que también he dejado claro.   
  

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