jueves, 17 de septiembre de 2015

28 de septiembre de 2015: la Generalitat declara unilateralmente la independencia

   El pasado día 7, el ministro Luis de Guindos se pronunció rotundamente -ya lo hizo al menos en otra ocasión, el 23 de agosto- acerca de la imposibilidad de la independencia de Cataluña, lo que generó, como ocurre cada vez que alguien manifiesta en voz alta esta verdad incontrovertible, la consabida reacción reprobatoria del remilgado coro de papagayos equidistantes y la furibunda respuesta del cada vez más batasunizado mundo del independentismo catalán. Lo que está ocurriendo en torno a la aventura de Mas y sus seguidores se parece cada vez más al cuento aquel del traje nuevo del emperador: nadie o muy pocos se atreven a decir la verdad evidente, por temor, huelga decirlo, a la agresiva y/o inquisitorial respuesta que cabría esperar de esos sectores que he mencionado y algunos otros, temor que viene ya de hace muchos años, que alcanza a todos los sectores de la vida catalana y al que se refería hace nada García Albiol; resulta curioso que últimamente, mientras algunos se dedican a bailar, en lo referido a la política catalana, descartados UPyD o Ciudadanos -que lo han hecho siempre- sea el PP el que más se esté atreviendo a cantar esas verdades evidentes que todos han callado durante años. ¿Qué hubiera pasado si este amor a la verdad, esperable en todo buen político, se hubiera empezado a ejercer hace todos esos años? Probablemente, que no estaríamos ante la kafkiana situación a que ahora nos enfrentamos.    
   Pero volvamos al principio: la verdad es lo que dice Guindos, que la independencia de Cataluña es imposible; las amenazas de Mas o las sonrojantes mentiras para niños que cuentan acerca de lo guay que va a ser Cataluña en cuanto se independice no son más que un delirante engaño y un ejercicio de  demencia política; los loables esfuerzos que desde sectores políticos, culturales o económicos se están haciendo para explicar las graves consecuencias que traería la independencia son un ejercicio de buena voluntad y sentido común, el intento de que la cosa se arregle sin llegar a males mayores, males mayores que no parecen espantar a Mas, Romeva, Junqueras, Forcadell, Casals, las monjas esas que no me acuerdo de cómo se llaman y otros líderes del prusés, a juzgar por su arrogancia y agresividad verbal. Pero que no se engañen ni quieran engañarnos: esos males mayores están ahí y pueden ocurrir, porque supongo que ellos, como todos, se habrán hecho estas preguntas, me niego a pensar que hayan sido tan mentecatos de no hacérselas: ¿qué pasará si Mas (sería un chiste decir Romeva) gana? ¿Qué pasará si le da por cumplir todas las insensateces que, en broma en broma, lleva años diciendo? Insensateces que, no me cansaré de repetirlo, están a la altura de un golpe de estado: que CDC y ERC estén planeando romper el país no es menos grave que meterse en el Congreso pistola en mano, por muchos miles de personas que estos señores reúnan en la Diagonal: como yo no tengo responsabilidades políticas, puedo permitirme decir que también Franco o Hitler o Stalin o Gaddafi reunían multitudes.
   Imaginémoslo: 28 de septiembre de 2015: la Generalitat declara unilateralmente la independencia. Junts pel Sí o cualquier cálculo independentista ha obtenido un número de escaños que considera suficiente y Artur Mas y Raül Romeva, juntos y sonrientes, abrazándose y alzándose las manos el uno al otro, se asoman al balcón del palacio de la Generalitat y proclaman unilateralmente la independencia de Cataluña. Y después de ese brillante momento, después de ese cuartito de hora de vino y rosas, ¿qué? ¿Qué van a hacer? ¿Convocar a los millones de catalanes que queremos seguir siendo españoles para decirnos que ellos nos han cambiado la nacionalidad? ¿Qué cara cree que vamos a poner? ¿Darle un telefonazo a Mariano Rajoy y otro al rey para decirles cómo tienen que entregarles toda la inmensa serie de posesiones y responsabilidades estatales que, a partir de ese día, porque lo dicen ellos, serían ya de otro país? ¿Qué imaginan que les van a responder? ¿Los empleados y funcionarios del Estado español -del que la Generalitat forma parte-, los edificios, los vehículos, los terrenos -el propio territorio-, las vías de comunicación, las infraestructuras, las diferentes administraciones de las diferentes parcelas de la vida, los fondos económicos... en fin, el enorme y complejo universo humano y material que compone un país o una parte de él, se les va a dar a los señores Mas y Romeva porque ellos interpreten que ya es suyo lo que es y durante siglos ha sido español, por mucho que las políticas segregacionistas del nacionalismo estén intentando acabar con todo lo que huela a español? Es un voluntarismo necio el que se ha exhibido: por mucho que los nacionalistas se nieguen a verlo, Cataluña es una parte de España, no voy ahora a ponerme a explicar la evidencia. 
   ¿Puede hacer todo eso la Generalitat? ¿Puede romper un país el voluntarismo de una tendencia política enloquecida? Tiene razón Guindos: esa catástrofe, por suerte, es imposible. El problema era político y muy simple, y los políticos hace ya mucho tiempo que se lo tenían que haber hecho ver al nacionalismo en toda su simpleza: es imposible la independencia: la naturaleza de Cataluña es catalana y española, son inseparables, le disguste a quien le disguste. Cuando yo era pequeño y vivía aún en Barcelona, se decía -y con razón- que el franquismo quería ahogar a la lengua y la cultura catalanas: ¿puede hoy alguien negar que el nacionalismo lleva décadas haciendo lo mismo con la lengua y la cultura españolas? En lo referido a este particular, no hay mucha diferencia entre unos y otros. 

9 comentarios:

  1. Pablo, te recomiendo el vídeo promocional de Mas, Pep, Lluis y compañía. Hablábamos en mi blog hace un momento de la poca seriedad de Podemos. Esto ya no es poca seriedad: es no tener sentido del ridículo.

    http://www.youtube.com/watch?v=RGrVuDGOt1M

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    1. Te recomiendo "ver" (bueno, ver y escuchar -la música es...no tengo palabras-), quería decir.

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  2. Empiezo por lo de la música: es de un tal Pau Recha, que tiene el mismo apellido que el director, Marc Recha, así que da la impresión de que la cosa se queda en familia, como aire de familia tiene también el regustillo a indigestión de mermelada que te dejan ambas producciones. Estos independentistas son terribles: el paraíso son ellos, y no voy a hacerme preguntas acerca de las referencias a las que canallescamente quieren aludir algunos de los personajes y poses que aparecen en ese vídeo porque entonces alguno podrá pensar que el malo soy yo. ¡Cuánto niño, cuánta sonrisa, cuánta felicidad! Y todo eso lo traerá Mas gracias a la independencia, claro, porque a partir de entonces, se volteará como un guante y hará todo lo contrario de lo que ha hecho hasta ahora. En cuanto al angelismo tan logsiano, decía Gregorio Luri en un comentario de su último artículo que Cataluña fue ultralogsiana desde el principio, pero yo voy aún más lejos, lo fue desde muchos años antes del principio, como queda constancia en los libros de texto que hacían ya en los 80 y hasta los 70 o la corriente que nació en 1965 y que tomó el nombre de Rosa Sensat. Hasta en los libros de literatura juvenil se nota -y desde los mismos 60- este aire la-vida-es-una-tómbola-de-luz-y-de-color.

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  3. Eso de la famiglia en Cataluña se lleva mucho....

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  4. Supongo que con el paso de los años y la perspectiva del tiempo se podrán explicar con exactitud las razones de que, en una comunidad avanzada como Cataluña, esté arrastrando tal seguimiento ciudadano una opción política con semejantes líderes. La mezcla de emociones, demagogia, manipulación y control informativos y tergiversación histórica da estos resultados. Y si encima le añades la barbaridad de haber dejado la educación en manos del separatismo, está hecho.

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    1. Creo que los políticos han descubierto que apelar a la emoción (mejor: a la víscera) da resultado. Y todos recurren a esta herramienta. Y funciona.

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    2. Lo malo, Alberto, es que la viscera es multifuncional, y también funciona, por ejemplo, en las películas de zombis. Los políticos verdaderamente modernos y progresistas deberían hacer (en España, si es que los hay, deberían haber hecho) pedagogía con esto, pero, claro, teniendo en cuenta lo que se entiende aquí por "pedagogía"...

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