jueves, 24 de septiembre de 2015

Asimetría

   Acabamos de ver en los medios de comunicación la escaramuza acaecida en el balcón del Ayuntamiento de Barcelona, fruto, una vez más, de una provocación de los separatistas, en este caso, de Alfred Bosch, concejal de ERC. Este señor, demostrando el respeto que él y su partido tienen por las instituciones, las formas y los marcos democráticos, se ha permitido colgar una estelada junto al tapiz que pende del balcón municipal, acto respondido por el concejal del PP Alberto Fernández Díaz, que ya se esperaba la jugada de Bosch y tenía preparada una bandera española que ha colgado también del balcón. El incidente ha durado poco, ya que ambos han sido obligados a retirar las banderas de un sitio que no les correspondía. Aun siendo cierto esto último, está claro que entre ambos símbolos hay una abismal asimetría, ya que, mientras que la bandera española es una enseña institucional de un Estado, integradora, que abarca a todos y que nadie podrá negar que desde 1978 ha avalado siempre inciativas y propuestas de concordia, la estelada es un símbolo de partido, que abarca solo a sus seguidores y que (los hechos de las últimas décadas son incontrovertibles) ha sido izada por defensores de propuestas segregadoras y sembradoras de conflicto, y ojalá que no lo acaben siendo de odio.
   Por lo demás, aunque no sea en ese balcón y aunque algunos fanáticos (cómo no, nacionalistas) le nieguen su derecho, a la bandera española le corresponde estar presente en lugar visible a la entrada de organismos e instituciones, incluido, la pese a quien le pese, el Ayuntamiento de Barcelona, mientras que la estelada, solo mediante violentos, amenazadores y abusivos actos (cómo no) de los nacionalistas, ha usurpado en Cataluña lugares de privilegio que no son los destinados a una enseña extraoficial y partidista. 
   Así pues, digan lo que digan los provocadores de este tipo de grotescas charlotadas, hay una gran asimetría: no es lo mismo, ni de lejos, la bandera española que la estelada. 
   En la noticia se maneja el término "guerra de banderas", término que, usado en España, es de una flagrante falta de propiedad, porque en la España democrática nunca ha habido guerras de banderas, sino una repugnante, prolongada y unilateral ceremonia de ultraje a la bandera ajena y delirante exaltación de la propia perpetrada (cómo no) por el cerrilnacionalismo, tanto catalán como vasco. Mientras que son casi inexistentes las quemas de ikurriñas o senyeras, ¿cuántas banderas de España han sido quemadas en manifestaciones, concentraciones o cualquier tipo de acto de los nacionalistas? ¿Cuántos de ellos han terminado con una salvaje y visceral quema de la bandera "enemiga", quema que retrata muy bien lo que son en realidad los nacionalistas y el destino, que, si tuvieran la fuerza y los medios, reservarían a quienes no piensan como ellos? Aún no hace nada, hemos visto a un troglodita imbécil hacer pedazos la Constitución española nada menos que en el Parlamento español y todavía nos andamos con especulaciones sobre sí hizo mal o hizo bien, sobre si hay que sancionarle o pagarle unos txikitos: después de todo lo que hemos pasado, todavía no hemos aprendido a tratar a las bestias peligrosas para la convivencia, habrá que pensar que somos todos tan imbéciles como él. 
   Una pregunta que muchos nos hemos hecho: ¿se imaginan lo que pasaría si a alguno se le ocurriera quemar una ikurriña en el casco viejo de San Sebastián, o una senyera frente al palacio de la Generalitat? Es una pregunta que debería formularse en foros de más eco que este blog, porque pienso que anima a interesantes reflexiones. 
   En España aún exite el fascismo y su muestra (no pequeña) son los nacionalismos catalán y vasco. Rasgos fascistas son el fanatismo y la rigidez ideológica; la santificación de los mitos propios, que se consideran intangibles, como intangibles se consideran los propios símbolos (por ejemplo, las banderas), mientras que los de los otros aparecen como objetos indignos o risibles, que pueden ser víctimas de cualquier ultraje; el seguimiento incondicional a líderes portadores de mensajes mesiánicos; la tendencia a la radicalización en el rechazo del otro, sin excluir la violencia o la amenaza; el segregacionismo; la manipulación de la historia y la información; el sentimiento de superioridad... Todas esas cosas están -y aún muy vivas- en el nacionalismo catalán y en el vasco, así que tienen razón quienes hablan de problema catalán y problema vasco. Si queremos solucionarlos, será bueno no volver la cara a la realidad y afrontar a estos nacionalismos teniendo muy claro su verdadero pelaje, lo cual, a lo mejor nos sirve para no caer en la tentación de ceder a sus amenazas, trampas y chantajes, porque, con los nacionalistas esto lo único que garantiza es que sigan aumentando sus exigencias y su soberbia.        

9 comentarios:

  1. Pablo, yo no creo que todo nacionalismo sea fascista (me cuesta más entender que exista un nacionalismo de izquierdas, esto sí lo veo complicado). Pienso que se puede ser nacionalista sin tratar de imponer nada a nadie y de hecho, hay quien es independentista y (faltaría más) tolera a quien no. Tal y como yo lo veo, aquí el problema es sencillamente de respeto a la legalidad, más que de símbolos o de lo que estos puedan representar (que es obvio que no representan lo mismo según para quién). Lo que quiero decir es que me parece tan respetable sentirse representado por la española como por la estelada porque los sentimientos son libres, personales e intransferibles. Ahora bien, mientras España siga siendo un estado que incluya a Cataluña, la bandera oficial no es la estelada sino la otra. No respetar esto no tiene que ver con ninguna ideología sino con un dudoso sentido de la democracia.

    ResponderEliminar
  2. El problema, en el punto al que hemos llegado en España, es de comportamientos, Alberto, más que de ideas, sentimientos o programas, que en principio son muy respetables, siempre que uno no conciba programar atrocidades, claro. Y si vemos los comportamientos de nuestros nacionalistas de hoy, lo que tú llamas dudoso sentido de la democracia y falta de respeto a la legalidad, se acerca mucho a lo que yo llamo fascismo. A estos señores ya no se les ponen por delante ni parlamentos, ni leyes, ni sentires mayoritarios de los demás, ni marcos de convivencia; están en posesión de la verdad y de ahí se infiere que tienen en su mano la vara de medir y pueden permitirse: romper constituciones ante las narices de los padres de la patria, echar cal en escaños, mandar sobres con una bala o la llave de la casa del destinatario, hacer pintadas amenazadoras, dar tiros en la nuca, destruir comercios, casas y propiedades, poner bombas, quemar banderas, zumbar (o intentarlo) a niños que llevan una bandera que no les gusta (la española, claro), manipular los medios de comunicación (es verdad que esto lo hacen todos nuestros políticos, pero ninguno con un fin tan colosal como romper el país), manipular la educación, prohibir el rotular comercios en la lengua oficial de un país, hacer casi imposible el estudiar en la lengua oficial de un país, amenazar con romper unilateralmente la unidad de un país, perseguir con saña el uso de una lengua oficial en su propio territorio, echar a empujones a todo trabajador, y muy particularmente, funcionario, aunque no solo que no comulgue con sus ideas (¿sabes la cantidad de gente que se ha tenido que ir de Cataluña o el País Vasco por la presión de los nacionalistas?), arginar, segregar y atemorizar a los que no piensan como ellos, despreciar explícitamente al que no sea de su pueblo elegido... Todas estas cosas, que van de lo grave a lo gravísimo, las han hecho nacionalistas en España en los últimos cuarenta años; todos los grupos nacionalistas que han manifestado inclinaciones separatistas, desde el PNV o CDC hasta ETA, HB o Terra Lliure, han hecho alguna de estas, aunque es cierto que las mas graves e imperdonables solo las han hecho los más cafres. Ese dudoso sentido de la democracia del que tú hablas a menudo ha sido muy parecido al fascismo, un ejemplo lo tenemos en esta amenaza del prusés, que, aunque Mas y sus secuaces, auténticos modelos de cinismo, utilicen un lenguaje victimista en el que se presentan a sí mismos como demócratas y agraviados, es un auténtico modelo de estrategia fascista: vamos a llevar a cabo nuestros propósitos por nuestra santa voluntad: las elecciones son plebiscitarias porque lo decimos nosotros y en los términos que nosotros decidimos; nos vamos a independizar aunque no haya una sola razón histórica, social o económica que justifique tal paso, porque, insisto en algo que ya he dicho: Cataluña es muy española, mírela bien quien quiera y llegará a esa conclusión; no vamos a tener paras nada en cuenta a los millones de personas que no comulgan con nuestro disparate... Las manifestaciones masivas recuerdan demasiado a conocidos episodios históricos de movimientos de masas utilizados por totalitarismos, que seas capaz de sacar un millón de personas a la calle no quiere decir que seas un demócrata, como prueba, sin ir más lejos, el chavismo... Vale, Alberto, a lo mejor no son fascistas, pero están poniendo mucho empeño en parecerlo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Algunos se comportan como tales, es verdad. El matiz que yo quería añadir es que no hay nacionalista que se conforme, de acuerdo, porque quien quiere independizarse lo quiere hacer del todo (bueno, después de que Junqueras apelara a la Constitución y a la doble nacionalidad no está tan claro) pero no todo nacionalista tiene actitudes fascistas. Sólo eso. En muchas cosas estamos en sintonía. Un abrazo

      Eliminar
    2. Estamos en sintonía en un montón de cosas, Alberto. Diferencias, haylas, por supuesto, una de ellas es que quizás yo sea un poco más radical que tú, al menos, en los juicios. Dices que no todo nacionalista tiene actitudes fascistas, cosa en la que estoy al cien por cien de acuerdo contigo; lo que yo quiero decir es que, contemplando las políticas y los actos de los nacionalistas en su conjunto, son innegables estos enunciados:
      -Son la única tendencia política de peso de los últimos años (porque los fachas-fachas son irrelevantes, y espero no equivocarme) que ha producido actos y ha mantenido posturas de carácter fascista o que lo parecían demasiado.
      -Han mantenido en demasiadas ocasiones posturas maximalistas y excluyentes que equivalían a aquello de "quien no está con nosotros está contra nosotros", posturas que han sido capaces de llevar a extremos muy al límite (vuelvo, por ejemplo, a lo de los exiliados del nacionalismo, que es muy fuerte).
      -En la política de la España democrática, ha habido a menudo conflictos y enfrentamientos muy agrios, pero, sinceramente, no encuentro a nadie que nos haya llevado a los límites de crispación y profunda división a los que a menudo nos han llevado los nacionalistas. Hoy mismo oía al vuelo en la radio a alguien -creo que era Albert Rivera- que reflexionaba sobre esto: la peor consecuencia y la más grave responsabilidad de esta locura que han sembrado Mas y los suyos es la discordia y la división que han originado en la sociedad catalana y entre Cataluña y el resto de España (no España a secas, como les agrada decir a estos dinamiteros). Es algo tremendamente serio que retarata a sus causantes como unos personajes sin demasiados principios. Estoy seguro de que este mal se reparará, pero llevará su tiempo, y la pena es que sus artífices se irán de rositas sin rendir cuentas. ¿Puede alguien mínimamente informado pensar que esta provocación plagada de ofensas al resto de los españoles no le está pasando factura a la imagen de los catalanes frente al resto de los españoles, lo mismo que en su día se la pasó el demencial plan Ibarreche a la imagen de los vascos?

      Eliminar
    3. Pasa factura si uno permite que pase factura, si identifica al conjunto de los catalanes o a los vascos solo con una parte de ellos (de ninguna manera estoy refiriéndome a tu posición sino sino a otras que se pueden constatar por ahí). De estas posturas extremas a los absurdos boicots a productos o campañas similares hay un paso. Encuentro más razonable que todo esto provoque en los demás aburrimiento (podríamos resumirlo así: el nacionalismo es una pesadez) que rechazo hacia vascos o catalanes. Un abrazo

      Eliminar
    4. Lo de la sensación de hastío, lo mismo que el rechazo, son algunas de las posturas que se producen y ambas tienen sus motivos y sus inconvenientes. Te habré comentado alguna vez que, como catalán, que ha vivido casi siempre fuera de Cataluña he sido siempre muy sensible a las posturas de la gente hacia Cataluña. El mejor momento fue sin duda el que muchos dicen: los últimos años del franquismo y los primeros de la democracia. Luego, a medida que el nacionalismo ha ido creciendo, se han ido haciendo mayores el cansancio, un cierto desencanto y una dosis de rechazo creciente, porque, por desgracia, no todo el mundo racionaliza y el nacionalismo ha dado motivos más que sobrados para que la gente se cabrease, aunque muchos no hayan enfocado bien ese cabreo. A esto contribuyen mucho -y sin querer- los medios de comunicación y los políticos: por comodidad, se hacen comunes frases del tipo: "Cataluña reclama un referéndum por la independencia", cuando debería decirse: "Los nacionalistas catalanes reclaman un referéndum por la independencia". Te parecerá una tontería, pero esto contribuye muy poderosamente a crear confusión y una imagen falsa -y negativa- de Cataluña y los catalanes. Un abrazo.

      Eliminar
  3. Dos cositas que se me olvidaban: la primera: aquel bonito deporte llamado kale borroka que, durante algunos años, practicaron ciertos alegres mozos nacionalistas. La segunda: que, después de todo, estos bandoleros sinvergüenzas que han montado esto saben en el fondo que nunca habrá independencia, es una comedia más para sacarnos a ti, a mí y a todos sus compatriotas algo más de dinero. Dinero y autonomías, Alberto: quizás, en el fondo, ese es el asunto que habría que resolver.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. La kale borroka no admite lugar a dudas, claro está.

      Eliminar