sábado, 2 de febrero de 2013

Indecentes

   Como estoy -igual que mucha gente- indignado, preocupado y asombrado por los límites -o, mejor, la falta de ellos- de codicia, iniquidad, desvergüenza, inmoralidad y corrupción a que se ha llegado en los últimos lustros en la política y en los negocios, y como quiero conocer hasta donde me sea posible los hechos y los pasos que nos han traído hasta esta crisis, en los últimos tiempos -igual que mucha gente-, me estoy informando  sobre asuntos económicos más de lo que solía. Fruto de esta caída de la burra (el tradicional esperpento español impide que me caiga del noble animal del que cayó el santo del que tomo el nombre), ha sido la lectura de tres libros que os recomiendo y que os presento brevemente a continuación.
   El primero de ellos es Indecentes, de Ernesto Ekaizer. Está publicado por Espasa y ha sido un libro que ha alcanzado un merecido éxito. Nos presenta la crisis desde su gestación en Estados Unidos y a través de los pasos que siguió durante las etapas de los distintos gobiernos españoles. Ya desde 2004, gobernantes y expertos económicos sabían que algo pasaba y ya desde 2000 prestigiosos expertos habían avisado en los foros adecuados, tales como el FMI (léase a este respecto lo que cuenta en el capítulo 7 de la primera parte alguien llamado William White sobre algo ocurrido entre el endiosado Greenspan y el economista Edward Gramlich).  Sabroso también el asunto de la carta que el BCE mandó al Gobierno de Zapatero en 2011 imponiendo unas durísimas condiciones que luego José Luis impodría a su vez a los españoles. ¿Quién las diseñó? El inefable MAFO. Y luego están Caruana, Solbes, Rato, Guindos, Rajoy...: el nombre de este libro no puede estar mejor puesto.
   El segundo es La crisis en 100 apuntes, de Ignacio Escolar. Está editado en Debate y es una colección de cien artículos del autor que dan una buena panorámica y un buen montón de interesantes reflexiones sobre la gestación de la crisis, sus causas, los sectores a los que ha afectado, las posiciones de partidos y políticos... Tiene la virtud de la amenidad y añade a ella la de suministrar un gran caudal de datos concretos en lo referido a cifras y estudios estadísticos, datos que el autor suele integrar muy bien en el argumento de que la crisis se debe más a lo que se roba o no se paga que a lo que se gasta, por ejemplo, en sanidad.
   El tercero es El hundimiento  de la banca, de Íñigo Barrón Arniches. Está publicado en Catarata y su título ya es buen indicativo de su contenido. Aparecen en él algunos de los episodios y personajes que salen en el libro de Ekaizer, tales como los inspectores del Banco de España y sus desoídas advertencias a Solbes o MAFO. Critica a fondo la pasividad del Banco de España y señala las responsabilidades de Ordóñez y Caruana y, a otro nivel, de Rato. Su especialización en el tema bancario le permite presentarnos más a fondo la connivencia entre políticos y banqueros  y los entresijos del naufragio de las cajas.
   ¿Eh, cómo? ¡Ah!, que creíais por el título que iba a hablar de Bárcenas, Ana Mato y compañía. Bueno, la verdad es que lo he puesto por el libro de Ekaizer y, además, el guachimán tiene poco que añadir a lo mucho que está saliendo en la prensa, pero quiero recalcar que, en el lío de Bárcenas, la pasta recibida por el PP la dejaban... constructores que luego obtenían contratos de la Administración, luego no estamos solo ante un caso de corrupción, sino ante un episodio del hundimiento del país al que nos han llevado unos pocos para enriquecerse. Bárcenas, Sanchis, Palop, Naseiro...: viene de muy lejos. ¿Y lo de Ana Mato? 40.000 pesetas de esas de antes en globos: hay detalles que dicen más que seis tomos de sumario.

3 comentarios:

  1. Esto es espantoso. Qué puedo decir, querido Guachimán. Muchas gracias por las recomendaciones.

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  2. Construcción ha sido sinónimo de corrupción. Y los sobreprecios a pagarlos siempre el contribuyente, con precios de vivienda desmedidos + tasas e impuestos a medida del mandatario de turno, de diferente signo político.
    Triste país, Pablo, el que nos ha tocado padecer, de vociferadores y atracadores. Esto sólo se soluciona con una purga general.

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  3. Pues así estamos, queridos amigos. Es que estoy de acuerdo con los dos. ¿Qué se puede decir, Lola? Na de na. Y es que, en efecto, tiene razón Pepe: esto solo se arregla con una purga general. Aquí está el problema: en teoría, esa purga debería administrarla la justicia, y es verdad que se está moviendo, pero, con lo que llevamos ya visto en este país: ¿podrá o volveremos a ver cómo se escapan impunes clamorosos choriceos? Saluditos para ambos.

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