sábado, 24 de diciembre de 2011

Cuando la música se convierte en una tortura

   Veo en la prensa el caso de una pianista para la que se piden siete años y medio de prisión por las secuelas de todo tipo que produjo en una vecina la audición constante de sus ensayos durante varios años. Los ensayos comenzaron en octubre de 2003, pero la vecina puso su primera denuncia en 2006, aunque la familia de la pianista hizo caso omiso a los cuatro requerimientos para que insonorizara la vivienda que el ayuntamiento le hizo hasta febrero de 2007 y, solo en septiembre de ese mismo año, tuvo a bien darse por enterada. Para ese momento, la vecina denunciante ya había pasado por un calvario que incluía cuatro  años aguantando ruidos por encima de lo permitido durante ocho horas al día cinco días por semana, trastornos psíquicos de diversos tipos, tener que someterse a tratamientos con ansiolíticos,  bajas laborales, cambio temporal de residencia y problemas de gestación en un embarazo.
   Ante esto, se me ocurren algunas preguntas: ¿puede alguien negar que la prometedora pianista Laia Martín y su familia sometieron durante casi cuatro años a su vecina Sonia Bosom a una auténtica tortura? ¿Habría incluso alguien capaz de negar que la señora Bosom debe de ser una verdadera santa, pues aguantó durante tres años este calvario sin denunciarlo?
   Me encantan la música y el piano y estoy seguro de que Laia Martín debe de ser una auténtica artista, pero no se puede tratar así a una persona. Mandar a esta joven y a sus padres a la cárcel durante siete años sería una barbaridad, pero lo que han hecho ellos con Sonia Bosom es gravísimo, y debe por tanto pagarse, porque también es justicia que las faltas se paguen de una manera proporcionada, así que insinuar, como hace la mejorable noticia de El País, que a esta chica se le pide la pena por tocar el piano es un alarde de incomprensión con la verdadera víctima de este asunto, ignorancia de las graves secuelas que el ruido puede producir en las personas, demagogia, parcialidad y mal periodismo. En todas esas cosas (salvo en la última) cae el defensor de la familia, quien, en el paroxismo de la estupidez y de la demagogia, desliza que pedir cárcel para Laia es "una hostilidad hacia una joven promesa del panorama musical catalán y, por extensión, un agravio hacia el talento y la cultura musical de este país": ¡ostras Pedrín, con la senyera hemos topado!, pero no es de extrañar, poque este profesional del derecho pertenece al despacho de Roca Junyent y porque además sus declaraciones (extractadas en El País) son un monumento de manipulación, mala intención y falta de empatía con la que (repito) es la verdadera víctima: Sonia Bosom. Quizás habría que recordarle a este señor que el machacar a un preso sometiéndole a una audición constante de música es una conocida tortura.    
   En España, el problema de los ruidos es muy grave, no solo por lo muy extendidas que están la falta de sensibilidad y la creencia de que perturbar la paz del vecino no es pisotear sus derechos, sino porque también es muy común la pasividad de los poderes públicos. Todo esto suele, además, provocar en las víctimas de los terroristas acústicos una indefensión y una confusión que las hace doblemente víctimas. Por fortuna, poco a poco nos vamos haciendo conscientes de la gravedad de las agresiones acústicas y cada vez hay más ayuntamientos y órganos judiciales que las combaten en serio, así como entidades de información y ayuda sobre el tema. Espero que mejoremos, porque eso será bueno para la salud mental del país y para su habitabilidad. Y, en cuanto a Laia Martín y su familia, no me gustaría que se les machacase, pero sería lo adecuado que la justicia les pusiera una pena proporcionada al daño que ellos conscientemente han hecho a Sonia Bosom, a la que sí han machacado. 

10 comentarios:

  1. Las medidas de insonorización se han tomado aquí muy poco en serio. Y va siendo hora de responsabilizarse, decidiendo no perturbar a nuestros vecinos con el ruido que emitimos (una actividad molesta), aunque sea más o menos melódico.

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  2. Aquí, en este asunto, se han tomado muy poco en serio muchas cosas, Pepe, pero ya se van dando pasos, como las mediciones de ruidos o la creación de salas de ensayo en muchos pueblos y ciudades. Pero el asunto es otro: yo me temo que por parte de María y su familia ha habido mucha prepotencia, porque da la impresión de que para ellos lo único importante era la carrera de la niña, que por lo visto todo el mundo está obligado a alentar aunqwue sea a base de fastidiarse. No insonorizaron cuando se les pidió y, ante las mediciones de ruidos realizadas, su respuesta es que estaban mal hechas. Me repugna esta postura victimista que están tomando, como el eco que se le está dando en gran parte de los estultos medios de comunicación de nuestro país: esto no es un caso de persecución de una artista, es un caso incumplimiento de muchas normas de convivencia por parte de esa artista, que no puede incumplirlas, porque el ser artista no la hace más bonita que los demás. Hoy mismo, sin ir más lejos, la he visto en Telemadrid poniendo carita de cordero degollado y diciendo que se siengte incomprendida y perseguida. Esta chica no parece tener mucha vergüenza, pero al menos los medios de comunicación deberían ser más sensatos y, en lugar de hacerle el juego, tratar el asunto con más objetividad, porque parecen haberse olvidado de una parte, la de la señora que se ha pasado cuatro años aguantando el tormento.

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  3. Si no saben de lo que hablan, porfavor no comenten!, gracias!

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  4. Hola, Pablo y José Manuel (al absurdo e inepto comentario del anónimo lo obvio por cobarde). Estoy de acuerdo en que en este país, como en muchas otras cosas, estamos retrasados hasta en lo que en convivencia e inteligencia social se refiere. Vergüenza me dan esos papás que no han educado a su niña en no hacer ruido en casa para no molestar o por no educarse a sí mismos insonorizando (pero de verdad)la casa. Pero también me avergüenzan las instituciones que no hacen cumplir el bienestar de sus ciudadanos. Vergüenza me da esta prensa demagógica que lo único que quiere es vender periódicos. Yo toco el piano, y en la vida se me ocurriría hacerlo en casa sin insonorización. Bien he aprendido la lección en mis propias carnes para hacerlo sufrir a otros: tengo a un trompetista, que encima lo hace fatal, y viví junto a una "violinista", por llamarla algo, que formó una escuela en casa después de pasar años aprendiendo en casa. ¡Imaginad la pesadilla! El juez le obligó a insonorizar el cuarto que empleaba para "tocar". Lo hizo de aquella manera, pero no ha vuelto a utilizar esa habitación. En fin, imaginad intentar estudiar o descansar cuando estás enfermo o porque quieres dormir la siesta. Un estrés y un no parar.

    Gracias por tu blog

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  5. Gracias a ti por este comentario tan esclarecedor, Patricia, ya que procede de alguien que ha estado en muchas de las situaciones que se barajan en este asunto. Has sido instrumentista y, haciendo lo que corresponde a una persona civilizada en un país civilizado, has insonorizado tu lugar de ensayo. ¿Por qué no lo hicieron Laia y su familia ni siquiera cuando se lo pidieron las autoridades municipales? Lo desconocemos, aunque tal vez podría aclararlo este comunicante anónimo que debemos deducir que sí sabe de qué se habla. Has sufrido lo que son los vecinos ruidosos (por añadidura, armados de instrumento musical) y estás por tanto en condiciones de valorar lo muchísimo que eso perturba. Insisto: gran parte del problema de esta historia radica en la falta de la sensibilidad de nuestro país de pandereta, tanto entre la ciudadanía, que es incapaz de ver la gravedad del problema de la invasión acústica (a pesar de la mucha y muy cualificada información que hay ya sobre el tema), como de las autoridades, pues se da el caso de que a veces son ellas las primeras fuentes de ruido extralimitado (hay casos con sentencias firmes contra ayuntamientos). No se puede enmascarar el tema: meter 7 años en la cárcel a esta chica sería una barbaridad, pero esa no es la cuestión, la cuestión que se juzga son sus extralimitaciones acústicas. Eso lo da de lado nuestra prensa sensacionalista, pero será lo que tengan que juzgar los tribunales, y ha sido grave, con lo que, deseando como deseo que esa chica no dé con sus huesos en la cárcel, supongo y espero que la justicia dar una sentencia proporcionada al daño causado. Por cuestiones de ruidos ha habido gente que ha padecido desequilibrios ps´quicos o que se ha tenido que ir de su casa, y también alguno que acabó pagando sus ruidos muy malamente. Me contó una vez un amigo que él tenía un compañero de trabajo que, un día, harto de sus vecinos ruidosos les destrozó la puerta de la casa a hachazos y les dijo que la próxima vez se metería dentro. Así se acabó el problema. ¿Queremos esto? Lo lógico es que nos portemos como gente respetuosa y civilizada y nuestras autoridades resuelvan con celeridad los problemas. En alñgunos países como Suiza, lo de esta chica no habría durado ni dos días.

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  6. Yo conozco a alguien que el estrés que le producía el ruido de los vecinos, que despertaba a su bebé le provocó epilepsia.

    Para que luego vengan con victimismos los escandalosos. Tampoco creo que se los deba meter en la cárcel, pero ya sabes como es este país: los especuladores y asesinos tienen unas penas ridículas, mientras que crímenes menores son castigados brutalmente.

    ¿Por qué no le ponen a hacer trabajos sociales y se quita un poquito de sus dobles y triples sueldos a los políticos para habilitar recintos insonorizados en las localidades?

    De todos modos, está claro que la inteligencia social y la empatía se están perdiendo en esta nuestra sociedad de pandereta. ¿Nadie les enseñó que la libertad de cada uno termina cuando perjudicas a otro?

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  7. Pues comprendo la denuncia de la pobre vecina y bravo por haber conseguido llevar el caso adelante. Yo soporté durante 12 años la música máquina a todo volumen de mis vecinos durante las tardes y sus fiestas nocturnas hasta las tantas cualquier día de la semana. Se acaba sufriendo mucho. Sé lo que es el estrés, no poder rendir en el trabajo, que te creen problemas de insomnio, los ansiolíticos y antidepresivos, peregrinar por bibliotecas y casas ajenas para poder estudiar los exámenes de la carrera o las oposiciones... ¡Un calvario! Me destrozaron la vida. Para empezar a recuperarme he tenido que irme de mi propia casa.
    Admiro a la vecina que ha conseguido llevar un caso como éste a los tribunales, porque en todos los años que sufrí los ruidos de mis vecinos apenas saqué nada de la policía ni de un abogado al que consulté, sólo un par de denuncias y multas, ni una mísera medición. Me quedó la sensación de que había tolerancia por parte de las autoridades hacia este tipo de hechos, a pesar de lo perniciosos que pueden llegar a ser. Me alegro de que, por lo menos, una persona haya conseguido darle la vuelta a la tortilla.

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  8. Para Anónimo:
    No sabe cómo le entiendo y cómo lamento esas cosas que nos cuenta que le pasaron, porque yo también he padecido esta plaga de los vecinos ruidosos, solo que en mi caso tuve la suerte de encontrar el apoyo tanto de la policía municipal como del ayuntamiento. Eso fue hace muchos años y creo que, de entonces a ahora, algo se ha mejorado, quizás bastante. La pasividad de algunos poderes públicos en los casos de ruidos es algo que asombra e indigna.

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  9. De Anónimo 28 diciembre 21:20

    Muchas gracias por su comentario. Me alegro también de que en su caso los poderes públicos actuaran.

    El otro día no le felicité por su blog, que sigo desde hace un tiempo. Siempre se encuentra algún comentario interesante o una referencia que invita a la reflexión.

    Aprovecho también este comentario para desearle un feliz Año Nuevo

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  10. Me alegro sinceramente de que encuentre cosas interesantes en este blog, en el que es bienvenido. Y aprovecho yo también para desearle un feliz 2012.

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