viernes, 10 de septiembre de 2010

Los palos de ciego de Ángel Gabilondo

El actual ministro de Educación accedió a su cargo envuelto en la vitola de gran figura, de hombre de prestigio y experiencia en su sector, capacitado por tanto para resolver los problemas que lo aquejaban, y de hecho se presentó señalando que su principal propósito sería acometer esa tarea, para lo cual anunció que abriría un gran proceso de pacto al que estaban llamados todos los sectores políticos, profesionales y sociales relacionados con la educación. Desde aquel 7 de abril de 2009 hasta este 10 de septiembre de 2010, su gestión ministerial ha constituido un rosario de palos de ciego, palos con los que nos ha llenado la cabeza de chichones y la espalda de cardenales, bueno será si no acaba un día saltándonos un ojo. 
En febrero de 2010, su anunciado proceso de pacto empezó a concretarse en forma documental con un primer borrador de lo que sería la propuesta educativa del MEC para el periodo 2010 - 2020. En marzo apareció un segundo borrador y, finalmente, el 22 de abril, llegó a nuestra manos el definitivo, bautizado con el nombre estremecedor y un tanto peliculero de "Documento final". Como en aquellos días analicé por extenso en mi blog y en Deseducativos todos estos textos, no voy a entrar ahora en profundizaciones que serían tediosas y no vienen al caso y me limitaré a decir lo que todo el mundo sabe: que aquellos tres grandes palos de ciego consecutivos, que pretendían aparentar reformas pero no tocaban ni una coma del sistema LOGSE-LOE, constituyeron un lamentable fracaso. El pasado agosto, en unas significativas declaraciones, Ángel Gabilondo pronunció estas palabras: "Parece que son malos tiempos para escenificar los acuerdos, casi hay que teatralizar las diferencias". Se percibe en ellas el desaliento por no haber logrado el perseguido consenso sobre sus propuestas, pero también y quizás inconscientemente, al insistir en sinónimos como "escenificar" y "teatralizar", Gabilondo nos está señalando que su intención no fue tanto alcanzar un pacto como aparentarlo. Mal asunto; la política de la mera imagen o es estéril o da frutos hueros. 
A principios de mayo, aprovechando que España ostentaba la presidencia de la UE, se descolgó con el plan de buscar el apoyo de los 27 para reducir el fracaso escolar en la UE al 10% para 2020. Esto sonaba muy bien, pero si tenemos en cuenta que procedía del representante de un país cuya presidencia estaba siendo seriamente criticada y cuyo fracaso escolar es del 30% (más el 10 o el 15 por cien oculto), no era más que una cortina de humo, una tomadura de pelo y su cuarto gran palo de ciego.
A finales de junio, presentó el Plan de Acción 2010 - 2011. Este documento es la formulación definitva de la propuesta educativa del MEC, el fruto de las negociaciones y propuestas que se habían ido produciendo entre febrero y abril. Es, pues, la confirmación de un gran fracaso, pero el ministro la adornó con un alto contenido en demagogia. Lo que al principio fue cultura del esfuerzo, lo cambia por cultura de la evaluación (para dejarnos bien claro quiénes mandan en el MEC), miente al hablar de un consenso mayoritario y un apoyo generalizado, y al decir (la más clamorosa de las mentiras) que en este proceso está y ha estado toda la sociedad: falso, porque al menos hemos faltado los profesores (que él se empeña en confundir con los sindicatos), que algo tendremos que decir cuando se habla de pactos educativos. El delirio se alcanza en el formato del documento: 142 páginas en las que los doce objetivos se desarrollan en unas fichas que parecen sacadas de un libro de primaria, lo que revela que el pedagogismo ha perdido el sentido del ridículo. Basta ver a Gabilondo en su intervención para explicar el proyecto ante el consejo de ministros, su manera de hablar y de actuar, para entender que ni él mismo se cree su famoso plan de acción, su quinto palo de ciego.
El sexto y de momento último, lo ha dado a principios de septiembre, cuando ha vuelto a aparecer, ahora, para deslizar la propuesta de adelantar a julio los exámenes de septiembre. Demostrando que ya tiene completamente aprendida la lección, esta pildorita ha intentado colarla envuelta en la apolillada retórica pedagógica y la presenta como una necesidad educativa y un beneficio para el tratamiento individualizado y no sé qué monsergas más sin otro fundamento que el soltarlas porque a algo hay que agarrarse. A nadie se le escapa el auténtico motivo de este nuevo disparate, que no es otro que el intento desesperado de un político fracasado por ganar apoyos y aplausos aunque sea a base de sonrojantes guiños populistas, como decir: “Miren ustedes, soy ese ministro tan progresista que se ha atrevido a hincarles el diente a las vergonzosas vacaciones de los profesores”. Pero no, eso no vale, porque ese no es para nada el problema de nuestra enseñanza; los problemas de nuestra enseñanza son otros que Ángel Gabilondo no solo no ha resuelto (aunque los conoce), sino que ni siquiera se ha atrevido a mirarlos de frente en sus insípidas propuestas. En apenas año y medio, Ángel Gabilondo se ha quedado sin credibilidad y sin proyecto, por no haber afrontado la verdad elemental: que no se pueden resolver los problemas de la educación en España manteniendo la LOGSE, haciendo enjuagues con las autonomías, sindicatos y partidos que se avienen a ello, sometiéndose a la secta pedagógica, preservando sus privilegios y asumiendo su discurso, porque todas estas cosas son, precisamente, algunos de los principales problemas de nuestra enseñanza. A base de huidas hacia adelante y palos de ciego o de pseudosoluciones como hincarle el diente al mes de julio, lo único que se consigue es perpetuar el desastre. Gabilondo y Zapatero deberían darse cuenta de que ya no vale ocultar la ineptitud y la falta de programa en darle toquecitos a la chistera con una varita mágica, porque, desde hace ya bastante, en lugar de salirles un precioso conejito blanco que encandila al auditorio, lo único que sacan son patatas podridas y raspas de sardina. Es lo que tiene el empeñarse en políticas vacías y ajenas a la realidad.

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