martes, 21 de marzo de 2017

"La buena educación": los Von Siempre

   Resultado de imagen de imagenes de la buena educación elpais.com
   He podido ver hoy el programa que hace unos días emitió ELPAIS.com sobre nuestro actual sistema educativo, el cual llevaba el título de La buena educación, y he de decir que, tomando prestada una genial expresión de Martes y 13, allí, si exceptuamos a Ángel Gabilondo, estaban los Von Siempre: gente como María Acaso, Fernández Enguita y Pilar Álvarez, acompañados además por el presentador (Carlos de Vega), quien no desentonaba con el resto. Con estos mimbres, el programa resultó ser lo esperable: más de lo mismo, o sea: contenidos no, competencias vaporosas sí, propuestas supuestamente novedosas no contrastadas o ya fracasadas, también... No voy a poder, como en otras ocasiones, desmontar apartados completos, ya que este ha sido un programa en el que se ha hablado de forma torrencial acerca de muchas cosas, así que me limitaré a algunas pinceladas sueltas.
    Aunque ya sabéis que no suelo ser benevolente con María Acaso, quiero agradecerle esta vez un detalle: a la hora de plantearse el tema del abandono escolar, el presentador ha sugerido si la culpa podría ser de los profesores (este crimen, que yo sepa, no se nos había colgado hasta ahora) y ella ha respondido de forma fulminante que a los profesores no se nos puede hacer culpables de nada. El señor Vega no lo ha debido de encajar muy bien, porque, cuando minutos más tarde todos los invitados han coincidido en que era necesario mejorar la formación del profesorado, ha recordado lo dicho antes por Acaso y han tenido que aclararle que lo que había que cambiar era la formación permanente, no a los profesores. Pero ya era tarde, la incongruencia había quedado al descubierto: si parece implícito que los profesores de hoy no están bien formados, alguna culpa tendrán del desastre, algo habrán hecho, y todos sabemos que, de los presentes en el debate, al menos el señor Enguita (Enguita 1, Enguita 2), así lo cree. Lo que cada vez queda más patente es que, a poco que se rasque, la propuesta de los innovadores aparece muy endeble. Un ejemplo: hacia el minuto 30, se ha introducido un brevísimo vídeo en el que aparecía Tibor Navracsics, comisario europeo de Educación, para decir una serie de vaciedades sobre lo malo que es el conocimiento y lo necesaria que es la innovación, así sin más, pero lo peor de este vídeo no era su huero contenido, sino la voz que lo sostenía, un político profesional que no tiene ni idea de educación y que es muy discutido en la UE: ¿esta es la propuesta de los innovadores, los cuatro tópicos favorables al actual vaciado economicista de la enseñanza pronunciados por una autoridad desautorizada? Y no muy distinto es lo que ocurre con Fernández Enguita o María Acaso: se presentan como innovadores de algo que desconocen por completo: cada vez que ha salido un tema (deberes, calendario, formación del profesorado, evaluación...), se han descolgado con algo que estaba a años luz de la vida escolar real; en el tema de los deberes o el del calendario, ha tenido que salir Gabilondo a poner cordura y realismo; en el de la división de espacios (casi al final), Enguita se ha pronunciado con una "innovación" ya experimentada, inútil por completo y más anticuada que el No - Do, cosa que no extraña en alguien que se nos ha hecho viejo proponiendo innovaciones. Y esta es la gran cuestión: si se aplicasen las cosas que dicen estas personas, no se enseñaría nada, no se evaluaría como es debido y se implantarían unas "innovaciones" las más de las veces disparatadas y ni siquiera novedosas. 
   Más enjundia ha tenido esto otro. En el minuto 15:37 del programa, se ha mencionado a David Calle, el profesor que se ha hecho famoso por su participación en el concurso del mejor profesor del mundo. Se ha proyectado un vídeo en el que hablaba él y después los tertulianos han hecho algunas consideraciones. Como sabéis, este profesor tiene una línea de explicaciones y clases de matemáticas en YouTube que son seguidas por miles de personas, las cuales sacan de ellas mucho provecho. Es agradable, explica muy bien y no se le ha subido nada a la cabeza, al contrario de lo que ha ocurrido con algún otro participante en el concurso mundial. He ido a YouTube y he grabado una de las clases de David Calle, para que os hagáis una idea de su propuesta quienes lo desconozcáis. Como veis, lo que hace este señor es lo que hacemos miles de profesores en el mundo: explicar con el apoyo de una pizarra cuestiones prácticas o teóricas de su asignatura, Matemáticas, por lo que choca que, en el programa, el presentador se pregunte rotundo: "¿Por qué no todos los profesores son así?", y choca porque, repito, somos millares los profesores así, cada uno lo hará con más o menos gracia (eso, como ha señalado Enguita, dependerá del carisma de cada cual), pero en lo estrictamente didáctico, esos recursos suyos los usamos muchísimos. Por ello, no se entiende la proclama que ha lanzado a continuación María Acaso, afirmando que David Calle tiene éxito porque hace esas cosas en internet mientras que esas mismas cosas no están funcionando en el aula real, donde se produce un simulacro educativo y un fracaso. Solo conociendo el tremendo sectarismo que anima a esta "experta" se explica que haya sido tan incapaz de entender lo que está pasando en realidad: la diferencia entre David Calle y cualquier profesor que esté en un instituto y explique tan bien como él (que los hay, y muchos), no es pedagógica, sino de medios, unos medios, además, que ni se excluyen ni están enfrentados, sino que, como su propio caso demuestra, pueden llegar a ser complementarios: él en YouTube con su pizarra de grafos y el otro profesor en su aula con una pizarra como esa, con una digital o con la de toda la vida; él hablando con tal vez miles de alumnos a los que no ve y con los que se comunica mediante internet, mientras que el otro profesor se dirige a esos alumnos que tiene delante, sabe cuántos y quiénes son y guarda con ellos una interacción directa que le da la ventaja, por ejemplo, de poder resolver las dudas de forma instantánea y presenciando el proceso de asimilación. No hay diferencias esenciales, solo las hay de circunstancia y canal comunicativo: lo esencial, es decir, profesor que domina unos conocimientos (esos contenidos que tanto molestan a los innovadores) y los transmite a unos alumnos que no los dominan, es exactamente igual en internet y en el aula, y aun se permiten ambos coincidir en otra antigualla: la pizarra.
    Por lo tanto, resulta patética toda esa diatriba de María Acaso: tanto David Calle como los miles de profesores que, metidos en aulas, lo hagan tan bien como él (e insisto, son muchos, de todas las áreas) están triunfando en el mismo campo: el de la transmisión del saber. ¡Qué gran sandez eso del simulacro educativo!, uno de esos detalles que me hacen pensar que esta señora, en realidad, no tiene ni idea de educación y sospechar, por su virulencia contra la escuela, que tal vez este empeño suyo tenga algún interés inconfesable.
   Resulta lamentable, pero una y otra vez se corrobora que es cierto: los medios de comunicación, al tratar el tema de la enseñanza, llevan muchísimo tiempo optando por los de siempre -los del vacío discurso innovador-, con sus embustes de siempre y concediéndoles el trato privilegiado de siempre, no voy a aburriros con los mil ejemplos de otras veces. ¿Por qué lo hacen? Supongo que por muchas razones, entre las cuales me temo que debe de predominar un frívolo sentido comercial, una convicción de que estos vendedores de coloridas falsificaciones que sostienen que se puede aprender todo y llegar a ser maravilloso divirtiéndose y sin el menor esfuerzo tienen por fuerza que dar más audiencia (= más pasta) que aquellos aburridos moralistas que se dedican a decir la verdad: que aprender y estar bien preparado cuesta. El estilo telebasura ha terminado haciendo estragos. 

8 comentarios:

  1. Muy de acuerdo con sus palabras. Le diré, como madre de 3, que hoy en día TODOS de todas las edades, hacen más caso a lo que ven en las redes sociales, aunque esto mismo lo hayan visto en clase, en el trabajo o en sus casas.

    Esas clases sólo tienen una diferencia: el alumno llega de no haber escuchado nada en su clase a su profesor y, ante el común "tío, entra en su web de youtube, es una pasada, lo entiendes todo" esta vez si, se sientan delante de sus ordenadores y PRESTAN LA ATENCIÓN que NO PRESTARON en clase. Porque ellos no van a ser menos que sus amigos. Son seguidores de un youtuber, no alumnos de una clase.

    Y con este nivel de tontería (fomentada en sus casas, que es donde se empieza a educar desde el minuto 1).

    Y mientras los "todólogos", que de todo saben pero nada arreglan, en las televisiones públicas y privadas, como un clan privilegiado que tiene en sus palabras la solución. Lo que no hay es vergüenza.

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    1. Comparto su indignación a duras penas contenida, Pilar, porque en este asunto hay una mezcla de esnobismo, intereses políticos y económicos, papanatismo y fanatismo educativo que nos está haciendo mucho daño a todos, a los primeros, a los jóvenes que, gracias a la revolución pedagógica que no cesa desde hace 30 años, tienen a su alcance una enseñanza cada vez más degradada. Podría escribir páginas acerca del daño que ha hecho la invasión de los centros por parte de los aparatitos, que son geniales como instrumentos pero terribles cuando, como sucede con miles de niños y desde muy temprana edad, se convierten en amos. Que vengan ahora estos profetas de la nada a vendernos sus mentiras y su negocio (¿qué beneficios de todo tipo le aportará a María Acaso esa vitola de experta que se le ha concedido?) es inadmisible. Que los medios de comunicación sean los cómplices amplificadores de este engaño los descalifica por completo. Termino: no tengo nada contra David Calle y hasta me parece muy buen profesor, pero su modo de educar nos deja con la incógnita de si sería capaz de hacer lo mismo delante de treinta niños. Esa sería la prueba definitiva, y mientras no esté contrastada, las descalificaciones de Acaso y Vega contra los profesores y el aula los dejan como unos ignorantes, porque hay una cosa indiscutible: por razones muy largas de exponer, YouTube no puede sustituir al aula, podrá ser como mucho un elemento auxiliar o complementario, y siempre por debajo en cuanto a prestaciones.

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  2. No puedo estar más de acuerdo con tus palabras, Guachimán y con el comentario precedente. Yo además añadiría otro detalle importante: el clima de trabajo. Me explico, a este profesor nadie le interrumpe, este profesor cuenta con todo el silencio necesario para que su explicación sea audible y comprensible; por lo tanto nadie le hace perder el hilo de su exposición. A parte de lo anterior, la cámara juega el papel del alumno perfecto: aquel que tiene interés, que domina los conocimientos previos a la explicación que ese día va a dar el profesor. En suma, este profesor cuenta con unas condiciones de trabajo que no muchos tenemos.

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    1. Gracias, Anais. Muy acertadas tus observaciones y, miras lo que le acabo de responder a Pilar, verás que yo también pensaba lo que tú. La situación comunicativa es clave: David Calle o cualquier buen profesor de Matemáticas pueden enseñar lo mismo y de modo igual o parecido, pero la ausencia o presencia de los alumnos condicionan una serie de factores que hacen que lo que en esencia es lo mismo (enseñar matemáticas) pueda al final tomar derivas muy distintas. Por eso, no se puede decir que David Calle sea mejor (que tal vez lo sea o tal vez no), porque en su forma de enseñar se omiten factores tal vez circunstanciales, pero de mucho peso para el resultado final. Que los "expertos" del programa no hayan dado a esto la importancia que merece da idea de su sapiencia en materia educativa.

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  3. No puedo estar más de acuerdo contigo, Guachimán.

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    1. Eso nos vale de mucho, Anais, porque, como sabrás muy bien, los profesores que no comulgamos con estas insensateces tenemos con bastante frecuencia la sensación de estar solos o ser unos bichos raros.

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  4. Lo que no consigo entender es por qué nadie ha visto la obviedad de la ausencia física de alumnos y sus circunstancias antes de dar tanto reconocimiento a ese señor.

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  5. Porque lo que importa es la operación de marketing, Cosme. Yo quiero dejar aparte a David Calle, que me parece un buen tipo y un profesor que da sus clases, pero en internet, ahora bien, ello no obsta para que tenga que decir lo obvio: si este señor es magnífico, resulta que en España existimos miles de profesores magníficos y tradicionales, con los mismos métodos glorificados por la tele y los innovadores: no entiendo nada. Porque, además, es de muy gran calado eso en lo que tú insistes: la presencia física de los alumnos y la clase en tiempo real son dos factores no pequeños a ls que David Calle no se enfrenta, y nosotros, sí. Y desde luego, hay una cosa: hacer un concurso que pretenda encontrar al mejor profesor del mundo (donde hay millones de profesores en mil situaciones distintas) es una soberana gilipollez. Propaganda para engañar al público de forma bastante torpe.

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