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domingo, 14 de octubre de 2018

Praxis educativa. 26: sobre las expulsiones

   Publicaba ayer "El Mundo" un artículo titulado Premio o castigo que se ocupa del asunto de las expulsiones escolares, concretamente, de esas que suponen la prohibición temporal de acudir al centro para el alumno sancionado. Antes de entrar en materia, quisiera hacer explícito mi aplauso para la autora, Berta García de Vega, pues, aunque parece claro que es partidaria de la tesis de que la expulsión temporal es una medida estéril, su artículo da un tratamiento muy razonable a las posturas contrarias. Este inciso no es en absoluto una superficial concesión a la cortesía, sino que representa una valoración positiva de lo que a mi juicio es el buen periodismo, que tiene sin excusa que ser independiente. A lo que me tienen acostumbrado el noventa y nueve por ciento de las producciones sobre educación que me encuentro en los medios informativos es a un servil y acrítico sometimiento a la tesis más innovadora, más progresista, más guay, menos tradicional y por tanto menos facha y represiva, que, tanto si es razonable como disparatada, jalean con vuelo de campanas mientras ridiculizan (en el caso de que las mencionen) las posturas contrarias. En lo que a estas últimas se refiere, la más venenosa y para nada inhabitual artimaña consiste en citar a alguno de sus defensores y, a renglón seguido de lo que dice, descalificarlo con alguna observación (siempre tan fulminante como sesgada y malintencionada) sobre la que no se le advirtió y a la que no se le da opción a replicar. ¿Cuántas veces le habrá ocurrido esto a Alberto Royo? ¿En cuántas celadas similares se habrá visto envuelto? Por suerte para él, en este artículo se le cita como inequívoco defensor de las ventajas de la expulsión sin someterle luego a la puñalada traicionera de una palabrita bien untada de anatema, tipo "facha", "tradicional", "anticuado", "inmovilista", "franquista" o cualquier otra sacada del arsenal de los periodistas a sueldo de la corrección política. Y es que, como ya digo, el artículo de la señora García de Vega presenta las posturas de unos y otros con sus ventajas e inconvenientes y sin la parcialidad ofensiva que tanto lamento, lo que es muy de agradecer, dado el sectarismo que hoy en día se está cargando el periodismo español.  
¿Expulsiones sí o no?
   Entrando ahora sí en materia, lo que como el título hace evidente se dirime en el artículo es si las expulsiones son o no positivas. La tesis que se defiende es la de que no lo son, para lo cual se recurre a una serie de argumentos que, a quienes nos hemos visto muy a menudo envueltos en la decisión de expulsar o no a un alumno, son casi todos conocidos. Los principales son estos: que no es una medida educativa, que es desmesurada y que en realidad solo supone concederles a los sancionados unos días de vacaciones. A ellos se añaden estos otros, algunos de los cuales, me resultan novedosos: que hay que tener en cuenta que, por diversas razones sociofamiliares, la expulsión supondrá que a veces esos niños van a estar solos en casa el tiempo que dure la sanción, que se les aboca a la contradicción de mandarlos a casa acompañados de unas tareas para el tiempo que estén expulsados cuando en general son alumnos que no las hacen ni cuando están en el centro y que, como expulsarlos es mandarlos a la calle, hacerlo equivale a empujarlos al inicio precoz en el consumo de drogas.
    Por contra, quienes defiendes la expulsión, aducen que estas cuestiones no les competen, ya que   los alumnos van al centro a instruirse y no a que se ocupen de sus problemas, y presentan los argumentos de que ayuda al sancionado a entender que incumplir las reglas tiene sus consecuencias (y, por tanto, a conocer una cosa que se llama responsabilidad) y de que sirve para proteger a los alumnos que sí quieren estudiar.
Cuando se dan las condiciones, expulsar es muy benéfico (esta es mi opinión)
    Se dice al principio del artículo que los alumnos problemáticos lo son "hasta que llega un profesor que los pone en la calle definitivamente".  También se dice esto otro: que los profesores "solo expulsan alumnos cuando no queda otro remedio. Al cuarto parte de disciplina en muchos casos. Pero, a estas alturas del curso, ya habrá alumnos que acumulen más de uno: porque no paren de hablar, porque jamás hagan los deberes, porque falten al respeto a sus compañeros y al profesor..." Supongo que a los docentes que hayáis leído esto que va ente comillas, como mínimo, se os habrá dibujado una sonrisa irónica, por lo que creo muy necesario hacer unas precisiones en torno a estas dos cosas, pues sientan unas premisas que dan una imagen muy falsa de lo que ocurre hoy con las expulsiones y, por tanto, pueden inducir a valorar erróneamente lo que se está haciendo con ellas y para qué sirven. En primer lugar -y hablo, como es pertinente, de lo que ocurre en España-, desde hace ya mucho, un profesor no tiene potestad para poner en la calle a ningún alumno, sino que eso es algo que corresponde a otros órganos y se hace siguiendo unos protocolos muy precisos, y conviene que añada además -ya que soy muy amigo de contar las cosas como son en realidad, y no en teoría- que la aplicación de esos mecanismos suele ponerse en marcha cuando el interfecto ha sobrepasado ya de muy largo las razones para actuar contra él. En segundo lugar y muy relacionado con esto, eso del cuarto parte de disciplina y lo de no parar de hablar y tal es un retrato absolutamente idílico: por esas cosas hoy en día no se expulsa a ningún alumno: tal medida solo se lleva a efecto cuando las motivaciones son tan graves que no hacerlo rayaría en la insensatez o en la grave ofensa a los afectados. Es imprescindible partir de una base: en la actualidad, cuando se expulsa a un alumno, es sin duda porque ha dado motivos más que sobrados, y se hace con un respeto a sus derechos más que sobrado también.
    Entrando en las razones que se aducen en contra de la expulsión, lo de que no tiene ningún valor educativo me he hartado de oírlo, siempre en boca de esos orientadores o directivos que, entre otras cosas, por no tener que sufrirlos, se permiten el lujo de defender a alumnos autores de graves faltas e incluso la hipócrita grosería de sentirse moralmente superiores por ello. Aprovecho para salir al paso de algo que alguien dice en el artículo: que hacen falta más orientadores. Estoy convencido de que en este asunto no mejorarían nada, pero el tema de los orientadores daría para otro artículo. Resulta cómico el hecho de que ese mismo argumento de la falta de valor educativo se lo he oído también a algunos padres de tales retoños, cuando han venido a la desesperada a intentar evitar la expulsión. Como tutor y jefe de estudios, he tratado con bastantes de estos padres, y diré que muchos de ellos eran unos auténticos jetas resabiados que pretendían engañarme manipulando esa retórica del buenismo pedagogista que habían conseguido aprenderse a base de reuniones y reuniones mantenidas durante años por culpa del mal comportamiento de sus hijos, mal comportamiento del que en general ellos eran responsables en gran parte. Todo esto da idea de con quién se alinean y el acierto que tienen los profesores que defienden a esos chicos con esa misma cantinela. Es absolutamente falso que la expulsión no tenga valor educativo, pues lo tiene, y mucho, porque, cuando un chico comete una falta grave y ve que por ello se le sanciona (pues que te echen del instituto es siempre un castigo, por razones que ya iremos viendo) aprende algo tan fundamental como esto: que quien la hace la paga, es decir, la lección número uno del código de la responsabilidad. Que haya incluso educadores que sostengan que esto no es educativo da idea de lo extendida que está la charlatanería en el mundo de la enseñanza. Algunos que van de alambicados filósofos aducen que eso es conductismo y que el conductismo es probadamente ineficaz, pero, creedme lo que os digo: los chicos, que no suelen ser tan profundos y complejos, entienden muy bien el mensaje y vuelven de las expulsiones bastante apaciguados.
     Con esto queda también en parte respondido eso otro de que los días de expulsión, en realidad, son unos días de vacaciones. Sorprende ver este argumento en boca de adultos e incluso de expertos educativos, pues los sitúa en un nivel de pueril ingenuidad, ya que es la bravata con la que muy a menudo se defienden los alumnos problemáticos cuando ven inminente la expulsión: "¡Pues que me expulsen, no te j _ _ _! Mejor, una semanita de vacaciones".  Ja - ja. En primer lugar, el mero hecho de la expulsión escuece mucho a su receptor, pues representa una bajada de humos, más aún si se trata de uno de esos individuos -que, por desgracia, nuestro actual sistema fomenta- que se regodean en sus gamberradas y se jactan de ser intocables, de que en el instituto les teme hasta el director. En segundo lugar, el alejamiento del centro y de sus coleguillas es de por sí un castigo, y bastante duro. Algunos de los que hablan de la enseñanza, o la desconocen por completo o lo aparentan. Para lo que viene a este caso, quienes afirman que expulsar a un alumno es premiarle parecen creer que los gamberros que muy a menudo son los destinatarios de las expulsiones están a disgusto en el instituto, cuando es todo lo contrario: ellos están encantados de ir a clase, como lo probaría el solo hecho de que muchas veces, cuando se expulsa a alguno, uno de los calvarios que le caen al centro es echarlos del patio, porque se saltan la valla constantemente para colarse. En tan acogedora institución como son los centros escolares de hoy, los gamberros se lo pasan en grande: pueden divertirse en los recreos, en las clases y en los pasillos, estar con los amigotes, dinamitar las clases (esto les encanta), ligar o intentarlo, intimidar a la gente de bien, gallear, vacilarles a los profesores o faltarles al respeto... Y todo esto, naturalmente, sin tener que trabajar apenas. Así pues, sacarlos de esa fiesta durante unos días es hacerles una terrible faena. Por último, está el hecho de la recepción en casa, porque hay padres que, ya desde la primera expulsión, se la toman muy a mal y se encargan de que sus hijos la lamenten con el fin de enmendarlos. Con estos padres las cosas van bien, pero hay otros a los que parece darles igual; ahora bien, contra lo que se pueda pensar, es con estos con los que la expulsión surte efectos más positivos. Os parecerá un poco cínico lo que voy a decir, pero, en mi época de jefe de estudios, tropecé con algunos de estos padres y, dado que mi deber era proteger la armonía en el centro, lo que hacía era "trasladarles el problema" a ellos y, tan pronto como sus hijos se hacían acreedores de una expulsión, la ponía en marcha. ¿Qué sucedía? Que a la segunda o como mucho la tercera, comprobaban en sus propias carnes la impertinencia de sus hijos, recapacitaban sobre las ventajas de que se los tuviéramos en el "cole" y, haciendo uso de esos mecanismos de persuasión que todo buen padre debe poseer, nos los devolvían ya bien aleccionados y convencidos de que había que ser buenos chicos. Fijaos en los logros: la paz escolar, el que un alumno aprendiera a comportarse y el que unos padres aprendieran a controlar a sus hijos: ¿puede pedirse mayor eficacia educativa? Con todo esto puede muy bien verse que las expulsiones no son ningún regalo.
    Lo de que son una medida desmesurada se responde con facilidad: ¿desmesurada con respecto a qué? Ya he dicho que hoy en día no se expulsa con facilidad y ahora os voy a exponer las causas de algunas de las expulsiones que he visto: robar un móvil, asociarse para hacer permanentemente imposibles algunas clases, intimidar y/o agredir a compañeros, subir a la red la filmación de una paliza, tener aterrorizados a los compañeros, estar durante un largo periodo robando cosas de las carteras de los compañeros, llamar hijo de puta a un profesor, romper a propósito un lavabo o un espejo... ¿Es desmesurado expulsar por esto? Pues bien, aún puedo añadir algo más: que lo normal es que los expulsados no lo sean por una sola cosa, sino por una reiteración de acciones a lo largo incluso de meses, acciones que a veces son tan graves como las que he enumerado o casi. Sostener que la expulsión es una medida desmesurada solo puede obedecer a un absoluto desconocimiento de la escuela o a un fariseísmo vomitivo.
    Están después los tres argumentos que he citado en último lugar. Lo de abocar al expulsado a la drogadicción me parece un auténtico disparate, pero en la escuela ya estamos acostumbrados a que se nos pida lo que no está en nuestra mano o se nos acuse de lo que no hacemos. Vincular expulsiones con caídas en la droga es una incongruencia que no merece ni ser contestada. Algo parecido sucede con lo de abocar a los expulsados hijos de divorciados o de padres que trabajan ambos a quedarse solos en casa: cuando un centro expulsa a un alumno, está realizando un acto que forma parte de sus potestades, que es educativo y se realiza en beneficio de la vida escolar: lo que pase en casa del alumno ya está fuera de su responsabilidad. Mayor reflexión merece la paradoja de expulsar con deberes a chicos que, en un alto porcentaje, no suelen hacerlos, pero eso los centros no lo hacen por capricho, sino porque la ley lo impone, y es una imposición sumamente razonable, ya que obedece a dos fines muy serios: que el expulsado tenga ocupación y que no se desvincule de los programas educativos.
    ¡Cuántas veces, cuando le he dado a un tutor trabajo para un expulsado, lo he hecho sabiendo que no iba a hacerlo! ¡Cuántas veces habré comentado u oído a compañeros comentar la inutilidad de ese acto! Y siempre hemos convenido en que, aun así, había que hacerlo, porque obedecía a una lógica aplastante. Pero es que además hay otra cosa: que muchos seamos partidarios de expulsar cuando conviene no quiere decir que rechacemos otras medidas. La más inmediata es el diálogo, ya sea con el alumno o con sus padres, y yo soy muy partidario de ella y la he practicado cientos de veces, pero ¿de verdad hay alguien que crea que se expulsa a un solo alumno sin haber dialogado -y mucho- antes con él o con sus padres? Incluso en esas expulsiones que son respuesta a un acto flagrante como un robo o una agresión grave, hay un trámite que lleva aparejado el diálogo con el sancionado y sus padres. Luego están algunas medidas relacionadas con la tarea y que se mencionan en el artículo y que serían, seguro, utilísimas, como el trabajo social o lo que en el texto se denomina aulas de convivencia y, dado el tema que nos ocupa y si no queremos ser hipócritas, deberíamos llamar aulas de sancionados o algo parecido. En cuanto a la primera, no hace falta señalar que, para llevarla a cabo, es imprescindible la implicación de los ayuntamientos y de la segunda, que se realiza en los centros, diré que sobre el papel puede estar bien, pero es una medida que he visto aplicar en la práctica y acabar convirtiéndose en una feria, en un vergonzoso simulacro de sanción mediante el que equipos directivos inoperantes se quitan de encima la para ellos antipática responsabilidad de expulsar.
Por qué son benéficas las expulsiones
   Una de las profesoras que intervienen en el artículo hace mención de un factor importantísimo:  que la mayoría de las expulsiones recaen sobre alumnos que ya desde cursos muy tempranos empiezan a ser problemáticos por una razón muy sencilla: lo que se dice en el aula no les interesa. Da pie con ello a señalar una gran verdad: que si la oferta educativa estuviese más diversificada y diversificada desde antes, podrían integrarse en ramas de estudio que les resultasen más atractivas y dejarían con ello de ser problemáticos. Esto es en general cierto y nos lleva a la conclusión de que parte de los alumnos que acaban entrando en el laberinto de las expulsiones son víctimas del sistema, pero tampoco conviene que nos llamemos a engaño, porque he tratado con alumnos de cursos que abarcaban un arco entre los doce y los veinte años, de niveles obligatorios y no obligatorios y con un espectro muy amplio de oferta y puedo decir que muchos chicos se portan mal aun estando en los cursos más apropiados. El problema del mal comportamiento es muy complejo y excede a cualquier organigrama educativo, por lo cual, siempre serán necesarios recursos para hacerle frente, y la expulsión es uno muy útil.
   He hablado ya de los beneficios que aporta al propio expulsado en el sentido de que le ayuda a entender que las normas hay que cumplirlas, a hacerse más responsable y a situarse mejor en el marco formativo y humano que es esa escuela de la que tantos beneficios puede sacar, y creo que ahora toca cambiar el enfoque. Generalmente, cuando en los medios de comunicación se habla sobre este asunto, se suele focalizar sobre la figura del expulsado y ello es debido a que las voces que suenan son las de expertos, pedagogos, psicólogos, orientadores, padres o los propios informadores, las cuales, aunque hay de todo, suelen lamentar samaritanamente el triste destino del pobrecito alumno al que se expulsa, esa víctima incomprendida a la que se destierra, total, por cosillas como tener aterrorizada a una compañera, haber robado seis móviles o hacer imposible la clase de Matemáticas. Faltan en este reparto dos actores: los alumnos y los profesores. No puedo hablar por los primeros, pero sí por los segundos y es significativo que en el artículo las dos únicas personas que se han acordado del centro o de los compañeros del expulsado sean dos profesores: el británico Tom Bennet y Alberto Royo, y ambos para decir lo que yo pienso: que probablemente el mayor beneficio que aporten las expulsiones es que alejan temporalmente del centro a personajes que se han portado como auténticos indeseables. Quienes contemplamos la escuela desde dentro tenemos muy claro que, a la hora de elegir entre treinta alumnos que no se meten con nadie y un alborotador que lo pone todo patas arriba, nos quedamos con los primeros, como también pospondremos al alborotador cuando sus ardores vayan dirigidos contra un profesor que lo que hace es cumplir con su trabajo. Porque, cuando se produce una expulsión, el verdadero perjuicio es el que previamente les ha producido a ellos el expulsado, y en los conflictos nunca debe perderse de vista a los verdaderos perjudicados.
    Resulta muy fácil pontificar y rasgarse las vestiduras contra esas almas de pedernal que defienden la expulsión de ese pobrecillo que no se merece tal tormento, pero yo he conocido muchos casos de expulsados y voy a terminar refiriendo algunos, a ver qué os parecen. Usaré nombres falsos, por supuesto.
     1.- Scarlett. Cuando aún estaba en EGB, tuve en un centro una alumna que empezó sin destacar demasiado, pero a las pocas semanas del comienzo de curso empezó a verse envuelta en peleas cada vez más frecuentes. Todas con chicos, a los que solía vapulear, porque las chicas le tenían auténtico pavor. Muy pronto pasó a hacer imposible la clase de Lengua y prácticamente imposibles casi todas las demás, con alborotos y continuas faltas de respeto a los profesores. La guinda la puso cuando la tomó con una de sus compañeras a la que perseguía, amenazaba y agredió en alguna ocasión: la tenía aterrorizada. A lo largo de dos cursos, a Scarlett tuvimos que expulsarla en múltiples ocasiones.
     2.- Brad. A este alumno lo tuve siendo tutor de un segundo de ESO.  En el curso anterior, había tenido tan aterrorizados a sus compañeros que en mis primeras semanas recibí la visita de varios padres para ponerme al corriente de la situación y pedirme que protegiera a sus hijos. Una madre me llegó a enseñar un certificado médico sobre las secuelas que estaba padeciendo su hijo. Brad era un alumno terriblemente violento que empezó hasta encarándose conmigo e intentando intimidarme (mido 1'80) y, a decir verdad, solo yo y otro profesor fuimos capaces de mantenerlo a raya. Me enorgullezco de haber sido muy firme con él y no haber permitido la actitud contemplativa de la dirección, gracias a lo cual, a Brad se le expulsó muchas veces, es decir, fueron muchos los días que sus compañeros no tuvieron que padecerlo, y digo lo de que me enorgullezco porque tendríais que haber visto las caras de satisfacción y alivio de esos chicos cuando vieron que yo le paraba los pies a Brad, y porque, todavía años después de ese curso, había padres que se cruzaban conmigo y me lo agradecían. Ese año tuve en otro grupo de segundo a George, un chico que se negaba en clase a tan siquiera coger un bolígrafo. Naturalmente, yo no se lo permití. A principios del tercer trimestre, las cosas se pusieron muy mal con ambos en las otras asignaturas; además de eso, un día a George se le ocurrió decirme a mí también que no iba a hacer nada. El incidente acabó en el pasillo, donde, cuando estábamos separados unos metros, me dijo: "Chúpamela"; me lancé enfurecido a por él y salió corriendo como un galgo. Los dos últimos meses del curso, estos dos alumnos se los pasaron aislados del resto y con una profesora especialmente asignada para ellos.
     3.- Leonardo. Este chico de tercero de ESO tenía tres vicios: reventar las clases, faltarles al respeto a los profesores y robar. Le llevaron a una larga serie de expulsiones. Al final del curso, ya escarmentado, entraba a las clases muy mansito.
     4.- Gary. Fui su profesor cuando hacía segundo de ESO en un instituto. Dos años después, llegué a otro centro y me lo encontré allí haciendo tercero (había repetido segundo). Era el permanente agitador a escondidas que tenía desesperados a compañeros y profesores. Suspendía siempre todas las asignaturas. Solo recuerdo en los dos años una expulsión: una vez que se le ocurrió lanzar un balón a propósito contra un fluorescente, que se rompió, lógicamente. Su padre acudió al centro con la pretensión de denunciarlo por tener los fluorescentes mal protegidos, con el consiguiente riesgo de que su hijo hubiera sufrido un percance cuando rompió aquel de un balonazo. Que este chico solo sufriera una expulsión en esos dos años demuestra lo mucho que hace falta para que te expulsen.   
     5.- Denzel. Con veintitrés años, este alumno estaba haciendo 1º de Bachillerato en un nocturno y pertenecía a un grupito de otros semejantes a él que hacían cosas como enjaularse en los huecos de las ventanas o boicotear las clases. Algunos de sus compañeros, gente adulta, manifestaron su queja, pero solo se le expulsó cuando llenó un examen de frases amenazantes contra una profesora a la que, en un primer momento, tuvo la osadía de denunciar ante la inspección por unas razones sin fundamento.
           ¿Qué me decís? ¿Os hubiera gustado que vuestros hijos hubieran tenido que aguantar a compañeros así? ¿Se ganó algo con expulsarlos?
     

viernes, 5 de octubre de 2018

Patio 23 de febrero

   23 de febrero de 1981, naturalmente. ¿Os imagináis que en 1982, o incluso en 1992 u hoy mismo, a algún director fanático, franquista e imbécil, secundado por un consejo escolar del mismo pelaje, se le hubiera ocurrido la genialidad de poner en el patio de su centro unas placas con esa denominación? Entiendo que vuestra imaginación, por fértil que sea, no llegue a esas estratosferas de surrealismo. Lo que sí está claro es que, de haberse producido un hecho así, cualquier gobierno lo habría atajado de forma contundente. 
   Pues bien: haciendo bueno el dicho aquel de que la realidad supera a la ficción, en el instituto "Narcís Oller" de Valls (Tarragona) han tenido la democrática ocurrencia de bautizar a uno de sus patios con el nombre de Pati U d'Octubre (aquí podéis ver la placa). Haciendo una vez más alarde del insultante cinismo que guía a los partícipes del golpe separatista, los directivos del centro y demás responsables de esta provocación la justifican con argumentos como los siguientes:
   -Es un reconocimiento a todas las personas que hicieron posible el referéndum de autodeterminación de Cataluña.
         -Es una manera de no olvidar los valores democráticos y de pacifismo que fomenta el centro.
     -Da respuesta a la represión mediática, policial y judicial que están padeciendo profesores y centros educativos.
     ¿Cuál ha sido la respuesta del Gobierno ante la apología del golpismo y la grave descalificación  de nuestro sistema democrático que representan este bautizo, esa sarta de mentiras calumniosas y esas motivaciones? A la ministra de Educación solo se le ha ocurrido esta: decir que no le parece un nombre adecuado y sugerir que se ponga otro. 
   Vuelvo al principio del artículo: lo mismo que sería inadmisible que ningún centro se despachase haciéndole homenajes al intento de golpe de estado del 23-F, es inadmisible este homenaje que el instituto "Narcís Oller" le ha hecho al intento de golpe de Estado del 1-O, agravándolo además con esas motivaciones, que son, además de cínicas, insultantes para España y sus ciudadanos. No me cabe duda de que, si alguien se hubiera atrevido a hacer esto con el 23-F, no se le habría permitido y los responsables habrían sido sancionados de forma tan merecida como fulminante, así que no entiendo por qué no se actúa de este modo con el "Narcís Oller", que, para más inri, es un centro público, aunque daría igual si fuera privado. Cada minuto que pase sin que, como mínimo, se expediente y se retire de su puesto al director de ese instituto arañará un poquito más la ya menguada credibilidad del actual Gobierno.
    Pedro Sánchez no es que nos tenga contentos con su permisiva actuación ante la amenaza del separatismo, y, en cuanto a su ministra de Educación, ya cometió una grave negligencia cuando descalificó y ninguneó un informe de la inspección educativa que dejaba constancia escrita de los gravísimos abusos que la Generalidad lleva años cometiendo en el ámbito de la educación, así que anda bastante justita de crédito, si es que le queda alguno. ¿Es una política inteligente el responder con indulgencia a todas las extralimitaciones del independentismo? ¿Va a aportar avances en la solución de tan grave problema? Tengo serias dudas de ambas cosas y, concretamente en el ámbito de la educación, donde los abusos y el adoctrinamiento son escandalosos, el Gobierno debería mostrar una firmeza absoluta, una firmeza que se echa en falta ya desde hace mucho tiempo.

martes, 2 de octubre de 2018

A ver cómo maquillan esto

     El actual presidente de la Generalidad, ante una audiencia de radicales partidarios de la violencia callejera, les animaba hace un par de días a presionar, es de suponer  que de la única manera que ellos saben:
Torra en un mitin el 30 de septiembre
      Y por si alguien no se cree eso de que la CUP y los CDR solo saben presionar con violencia, dejo aquí unos ejemplos:
       Acoso y agresión a personas que querían ejercer su derecho a manifestarse:
Manifestación de Jusapol el 29 de septiembre en Barcelona
    Acoso y agresión a un periodista que quería ejercer su derecho a informar:
Manifestantes acosan a Cake Minuesa el 1 de octubre
     Y el Gobierno, ¿qué dice? Oigamos al "cuñao" mayor del reino:
El ministro de Fomento se pronuncia sobre las incitaciones de Torra
   No dejaré de proclamarlo: José Luis Ábalos pasará a la historia como el mayor representante del cuñadismo en la política española. ¡Qué verbo!  ¡Qué lenguaje gestual!  ¡Qué autosuficiencia más convincente!  ¡Qué estilazo!  
   Ábalos no debería tomarnos por tontos a los ciudadanos. Solo porque él ponga cara de "cuñao" sabelotodo que nos descubre que las palabras de Torra no tienen importancia, no nos vamos a tragar esa píldora. También ha dicho que al Gobierno le "importan las acciones, más allá de los discursos". ¿Nos quiere convencer acaso de que las palabras nunca son acciones o no pueden ser tan peligrosas como las acciones? Pues debería saber que en muchos delitos, tales como la calumnia, la incitación o la apología de depende qué cosas, lo que se penaliza es la palabra; debería conocer el poder destructivo de las simples palabras de líderes como Hitler o algunos predicadores de ciertas mezquitas. Si el Gobierno quiere mirar para otro lado con respecto a su interlocutor Torra, que no se escude en esa niñería de que "son solo palabras", porque las de Torra son tan dañinas e incendiarias como sus actos, así que tampoco en esto nos puede engañar. Cuando uno oye estas cosas, se pregunta si el Gobierno y Ábalos no ven los gravísimos sucesos que están ocurriendo en Cataluña, e increíblemente parece que no los ven, a juzgar por estas otras palabras del artículo que os he enlazado: 
    Para el Gobierno, el 1-O es una fecha "para la concordia, el diálogo, la convivencia", que desea que se desenvuelva en un clima de "normalidad".
      No doy crédito, ya solo con mirar los vídeos de este mismo artículo, que no son más que una ínfima parte de lo que está sucediendo en Cataluña y que quizás dentro de unas horas ya nos parezcan pequeñeces, basta para entender que hace falta estar muy ciego o ser muy cínico para pronunciarse así. Si, con las cosas que están pasando en los últimos tiempos, el Gobierno creía esas palabras hace unas horas, debería irse por incapaz, y, si no se las creía, debería irse por mentiroso. Si se las sigue creyendo ahora mismo (a la 1:27 del 2 de octubre de 2018), con las cosas que han pasado en las últimas horas y que mañana veremos en todos los medios, entonces es que ya no merece el menor crédito. ¿Con qué cara nos contarán sus monsergas sobre el diálogo y nos dirán mañana la portavoz o el señor Ábalos que Torra es un tío sostenible?  ¿Qué pensarán hacer?




lunes, 24 de septiembre de 2018

¿Ministro de Fomento o "cuñao"?

   Sé perfectamente que en todos los partidos existe un personaje que ejerce el papel de malo, o sea, que es el que se encarga de lanzar los ataques y críticas más duros, las palabras menos amables y las alusiones a asuntos más intocables, así que no voy a rasgarme las vestiduras porque el actual Gobierno cuente también con esta figura, cuyo ejercicio ha recaído en don José Luis Ábalos. Entre los rasgos que en general debe poseer el "poli malo" se encuentran el tener arrestos y temple, no tener pelos en la lengua, tener una cierta audacia y mala uva, estar bien informado (sobre todo, de los puntos flacos del adversario) y gozar de cuanta más capacidad dialéctica, mejor. Luego existen otros que  son ya los que diferencian a los fuera de serie, me refiero a virtudes tales como la finura, la inteligencia, la cultura, la ironía y la extremada rapidez de reflejos. Personalmente, creo que en nuestra democracia no ha habido un "malo" más brillante que Alfonso Guerra, que me parece que será difícil de superar. Los "malos" tienen que tener cuidado también con ciertos rasgos que los pueden hacer odiosos incluso para los ciudadanos de su misma ideología, ya que esto a veces se vuelve en contra de su partido; así, tienen que tener cuidado con los excesos con la grosería, la bilis o la mentira. También les perjudica el estar permanentemente desencajados y con cara de odio, como ocurría con Álvarez Cascos o Neus Munté. 
    ¿Cuál sería el perfil de Ábalos como "poli malo"? No estoy en condiciones de negarle o atribuirle inteligencia, pero, desde luego, no le veo por ningún lado ninguno de los otros rasgos que he enumerado como propios de los fuera de serie: no demuestra tener unos reflejos particularmente rápidos, ni ser culto ni muy afortunado en la ironía. Ya lo de la finura... Creo que su rasgo más característico sería el cuñadismo,  como se aprecia muy bien en este vídeo:
José Luis Ábalos en Barcelona el pasado día 23
   Sin duda, para dirigirse a sus compañeros de partido en un mitin dominguero, el señor Ábalos optó por el recurso de la campechanía, pero se le fue la mano y, en lugar de hablarles como un ministro enrollado, les habló como un cuñao a la hora del café y la copa. Y este rasgo parece que es habitual en él, recuérdese cómo afrontó el conflicto de los taxistas, con qué alegre desparpajo se lo quiso quitar de encima despachándoselo a las comunidades autónomas.
   Un ministro no puede ejercer el cuñadismo, ni aun en los mítines. Quedan bastante penosos ese tono de barra de bar, esas hipérboles desafortunadas, ese final en el que se trabuca con las frasecitas sobre los cielos, de auténtica vergüenza ajena. Pero muchísimo peores fueron las cosas que dijo, fueron gravísimas y llegaron mucho más allá de lo que se ve en el vídeo, que no es que sea poco. Es una monstruosidad decir todo eso de que es el Estado el que se ha independizado de Cataluña, de que el Gobierno anterior no dialogó (omitiendo que las condiciones que pusieron Mas o Puigdemont eran inadmisibles) o de que los ministros no podían pisar Cataluña como si la culpa fuera de ellos. Supongo que querría halagarles los oídos a los separatistas con quienes negocia su Gobierno, o a Batet, o a Iceta, y seguro que lo consiguió, pero me parece que al alto precio de hacerles un flaco favor a España y a su ciudadanía. Es una estupidez y un insulto a la inteligencia de los españoles esa bobada que se soltó de que el apoyo de Cunillera a un indulto a los golpistas es un acto de humanidad; es una canallada el que lo defendiera hablando con desprecio de quienes criticaron semejante exceso, ahí estuvo muy "cuñao".
    Esos "cuñaos" que todo lo saben, todo lo arreglan en diez minutos y a los que nadie les tose, a la segunda copa de Veterano o de Chinchón, se remangan y no es raro que se líen a desbarrar ensalzando a canallas, defendiendo disparates o tomando por idiotas a los miembros de su familia, que les escucharán o fingirán escucharles, les mandarán a la m _ _ _ _ _ o discutirán con ellos, pero no importa, porque son cosas menores que se quedan en casa y al día siguiente ya nadie las recuerda. Pero un ministro no puede ir de "cuñao"; un ministro no puede decir frases del tipo "Y estos responden con una iniciativa para que estos reos no sean indultados", porque queda como un lerdo, un bravucón de plazoleta; un ministro no puede tomar por idiota a su audiencia, que es toda la nación; un ministro no puede pretender hacernos comulgar con ruedas de molino: todo eso, para los "cuñaos". Se da además la circunstancia de que, si analizamos las cosas que dijo ayer el "cuñao" Ábalos, son para poner los pelos de punta, porque revelan que su Gobierno se esta pasando con armas y bagajes a las pretensiones de los golpistas, mirad solo esa defensa de los indultos, por los que, además de Cunillera y Ábalos, parecen estar Batet, Carmen Calvo y... ya veremos lo que tarda en destaparse Pedro Sánchez.
    Con esos proyectos y sus maneras de "cuñao", preocupa que el señor Ábalos esté de ministro y no de tertulia en cualquier bar de su pueblo.
    

martes, 18 de septiembre de 2018

Donde estén los planes de Batet, que se quite la tesis de Sánchez

   Con el jaleo de la tesis doctoral de Pedro Sánchez -sobre la que se ha escrito mucho y yo recomiendo estos dos artículos: Usted no es una persona decente (de Arcadi Espada) y Antropología (de Jon Juaristi)-, pasó casi desapercibida una entrevista que el domingo 16 le hicieron en "El País" a doña Merichel Batet, la cual se encabezaba con este titular:
        Si esto no es presionar y demonizar al poder judicial, que venga Dios y lo vea. La entrevista es una operación de propaganda que solo puedo calificar con una palabra: sucia, y que cuenta con la complicidad del propio medio, el cual rema en la misma dirección que la entrevistada, como deja bochornosamente claro el entrevistador, Carlos Elordi Cué, ya desde la primera pregunta, que reproduzco a continuación:
        Parecía que el independentismo estaba dividido, débil, pero en la Diada volvió a llenar las calles de Barcelona reclamando independencia. ¿Ese movimiento es imparable?
        Ahí queda eso, para regocijo del separatismo y para abrirles la puerta de par en par a las propuestas cómplices y entreguistas de la señora Batet y su Gobierno. Creo que deberíais leer la entrevista completa, pero, para los que no tengáis tiempo, dejo aquí algunas de las cosas más notables que dice la ministra de... no sé muy bien de qué es ministra la entrevistada.
        -Percibo voluntad de diálogo (en el Gobierno catalán). Parece que la interlocutora de ese Gobierno tan "dialogante" no se ha enterado de lo que está impulsando en las calles de toda Cataluña, desconocimiento que resulta muy grave.
      -Sobre presos podíamos hacer una cosa y la hicimos, que fue trasladarlos. Ahora están en cárceles catalanas, cuya competencia es de la Generalitat. Esto es vender como un logro lo que es en realidad una claudicación vergonzosa.
        -Hay que hacer un referéndum sobre un acuerdo. El solo hecho de convocar un referéndum constituiría una importante victoria para los golpistas y no estará de más recordar que, hasta hace bien poco, la señora Batet era partidaria de eso que los separatistas llaman derecho a decidir, lo que hace que resulte inquietante que ocupe hoy el cargo que ocupa.
       -El señor Torra es president de la Generalitat. Es una institución democrática con la que tenemos que ser capaces de entendernos. La legitimación de un totalitario  como Torra que estas palabras representan no resulta un desliz sin importancia. Torra, además, no desperdicia una sola ocasión de ofender a España, a su sistema político, a los símbolos de todos, a los españoles y al rey. ¿De qué lado están la señora Batet y el Gobierno?
          -Se le pregunta si es partidaria de indultar a los políticos presos y responde: Soy partidaria de no hacer futuribles. No me quiero poner en ese escenario. Yo me ocupo de cuestiones sobre las que puedo hacer cosas. Si no se ha limitado a responder que no, entiendo que es partidaria de indultar a esos procesados, que lo están por querer dinamitar el país; la verborrea elusiva ya engaña a muy pocos, entre los que no me incluyo.
     Creo que lo que dice la señora Batet, la ministra que se ocupa de dirigir ese disparate de las negociaciones con los totalitarios, es alarmante, porque revela que los planes del Gobierno ante el golpismo separatista consisten simplemente en ponerse de rodillas. A mí por lo menos, esto me preocupa mucho más que el asunto de la tesis, que no va a servir para echar a Sánchez de donde está para mal de todos ni añade nada nuevo sobre lo que ya sabíamos que podíamos esperar de él. 

domingo, 16 de septiembre de 2018

Una guía sobre medicina y otra sobre música

   Los que leéis este blog sabéis que en la columna de favoritos de la derecha tengo enlazado desde hace mucho uno que se titula Medicina y Melodía, cuyo autor es José Manuel Brea Feijoo. José Manuel y yo somos amigos desde hace casi cuarenta años, pues coincidimos haciendo el servicio militar en Pontevedra. Entonces él era un joven médico y, entre las cosas que teníamos en común, estaba la afición a la música. Con el paso del tiempo, naturalmente, su trayectoria profesional se amplió y enriqueció y, en lo referido a la música, sus conocimientos se profundizaron hasta el punto de que aquella condición de aficionado quedó atrás y pasó a convertirse en un experto que ha colaborado en publicaciones, páginas de internet y programas radiofónicos. De esa doble pasión por la medicina y la música, nació hace muchos años ese blog en que tan interesantes cosas nos cuenta y ahora ha dado como fruto las dos guías de las que os voy a hablar en este artículo. 
   La primera de ellas se titula Guía de humanidades médicas. En más de una ocasión, habremos visto en los artículos de Medicina y Melodía esta frase de Edmund Pellegrino: "La medicina es la más humana de las ciencias y la más científica de las humanidades". Está también como cita liminar al principio del libro y da perfecta cuenta tanto de las inquietudes del autor como de la línea maestra de su contenido: presentar los campos de coincidencia entre estas dos importantes esferas de la actividad humana, campos que no son escasos ni intrascendentes. De manera ágil y amena, José Manuel Brea nos explica los conceptos esenciales en torno a temas como la bioética médica, el derecho sanitario o la eutanasia como problema médico, nos transmite un interesante caudal de reflexiones bajo el título común de "aforismos médicos" o nos da a conocer lo más importante de las biografías de grandes figuras que pertenecieron al mundo de la medicina, pero al mismo tiempo cuidaron una rica producción humanística, tales como Gregorio Marañón o Santiago Ramón y Cajal, entre otros.  
   La segunda se titula Sonoridades clásicas y representa un utilísimo compendio de una serie de conocimientos básicos sobre la música, especialmente, la clásica: formas musicales, elementos fundamentales, historia, periodos principales o figuras más importantes y sus obras. Es ameno e instructivo y su lectura resulta agradable. 
   Desde aquí felicito a mi amigo José Manuel -al que ahora que me despido me permitiré la informalidad de llamarle Pepe- por la publicación de ambos libros.  

lunes, 10 de septiembre de 2018

Móviles en las aulas: ni Delibes, ni Celaá, ni "ná de ná"

   Después de estar hace unos días a punto de sufrir un ataque cardiaco por el precedente ataque de risa que me produjo la ministra de Educación con su anuncio de que el Gobierno estudiaba la posibilidad de prohibir los móviles en las aulas, hoy han estado a punto de salírseme los ojos de sus albacetes, digo de sus cuencas, cuando he leído una columna de "El Mundo" titulada Estudiar a otra Delibes, en la que su autora, Berta González, presentaba a la que fuera viceconsejera de Educación de Lucía Figar entre 2007 y 2015 como el modelo a seguir en materia de legislación educativa. ¿En qué se fundamenta? En un hecho innegable: que la señora Delibes impulsó en la comunidad de Madrid una normativa que ya en 2007 prohibía el uso de los móviles en las aulas. Pero este mérito debe ser analizado más a fondo, porque a menudo sucede que detrás de unos hechos innegables vienen otros hechos también innegables que los anulan, los invalidan o los pervierten, y así ha ocurrido en este caso, vayamos por partes.
   En lo tocante al anuncio de la señora Celaá, me voy a extender poco, ya que hay poco que decir en materia educativa cuando se habla del PSOE, el partido que es con diferencia el que más daño le ha hecho a la enseñanza española, especialmente (pero no solo), por la catastrófica LOGSE y el discurso contrario al conocimiento, el esfuerzo, la cultura, el respeto y el juego limpio que esa ley impuso en ella como marco referencial y de corrección política. Que ahora el PSOE venga diciendo que a lo mejor prohíbe los móviles para disminuir la adicción digital de los estudiantes cuando hace no tanto, con el nefasto Zapatero, impulsó una demencial invasión de ordenadores y tabletas en las aulas, es algo que produce repugnancia, pero el Gobierno no se queda ahí en su escalofriante frivolidad, sino que reconoce que estudia esa medida siguiendo el ejemplo de Francia. Uno podría preguntarse: ¿y qué narices importa Francia? La enseñanza francesa tiene sus circunstancias y nosotros tenemos las nuestras, y son estas las que el Gobierno debería conocer y tomar como motivación de sus actuaciones: si se decidiera a hacerlo, vería que además de los móviles hay otras cosas que se deberían eliminar de la enseñanza, tales como la indisciplina, la grosería o la falta de estudio. A este Gobierno infantil que padecemos podría decírsele aquello que nos decían nuestras madres cuando éramos niños: ¿y si Macron se tira a un pozo vosotros y vosotras os tiráis a un pozo?
    Tampoco habrá mucho que decir en torno al almibarado artículo de doña Berta González, que apostaría algo a que de vez en cuando merienda con Alicia Delibes. El Decreto 15/2007 de la Comunidad de Madrid es, en efecto, una excelente norma para la defensa del orden y la buena convivencia en los centros educativos y en algún artículo de este blog se lo agradecí a doña Esperanza Aguirre, como aprovecho ahora para agradecérselo a las señoras Figar y Delibes. Voy más lejos: cuando se implantó, el equipo directivo del centro en que yo estaba entonces, que era tan progre que no podía soportar la existencia de una norma tan facha, tan sancionadora de los gamberros y tan del PP, tuvo la progresista ocurrencia de intentar hurtar al profesorado la información sobre esta medida a la que la ley le obligaba, lo cual me forzó a impugnarles el claustro más vergonzoso al que he asistido en mi vida, una cosa bolivariana, lo menciono en Lo que estamos construyendo, ese librito del que acabaré comiéndome con patatas un buen montón de ejemplares. ¿Cuál es el problema, entonces? Uno muy típico en nuestra España querida: que esa estupenda norma los encargados de aplicarla se la pasan por el c _ _ _. Así lo hicieron en ese centro y en otro en el que estuve después: durante los diez años que van de 2007 a 2017, sus equipos directivos, ante constantes y numerosos actos de gamberrismo, indisciplina y, muy especialmente, falta de respeto a los profesores, se inhibieron en la aplicación de la norma sancionadora, aplicaron paños calientes en defensa de los infractores y dejaron a los perjudicados en la absoluta desprotección. Lo he visto y lo he padecido en múltiples ocasiones concretas, ante alumnos cavernícolas y padres más cavernícolas aún, y no solo eso, sino que no han sido pocas las ocasiones en las que he visto a directores y jefes de estudios no ya "ser comprensivos" con los energúmenos, sino ponerse abiertamente de su lado. En cuanto al tema concreto de los móviles, recuerdo una anécdota realmente chusca en un claustro de inicio de curso, hará tres o cuatro años: un jefe de estudios dijo que tendríamos que "aprender a convivir con ellos". Los profesores nos quedamos con cara de idiotas, hasta que alguien le pidió que aclarase lo que quería decir, pero no voy a castigaros con la "aclaración". Doy por supuesto que todos sabréis muy bien que estas cosas pasan y han pasado en muchos centros de Madrid, y no solo en los míos.
   ¿Y la inspección qué hacía? Me da la risa amarga. ¿Y la Administración? Ídem, y si alguien duda de su abandono en este terreno, que consulte los múltiples estudios que hay, las denuncias ante los sindicatos o incluso ante la propia Administración, pero ya señalo otro secreto a voces: que, en el caso de los profesores, estas últimas serán muchas menos de las que debieran, pues han estado restringidas por el hecho de que los despachos les inspiraban más miedo que confianza, también hablo de ello en mi librito. Este es, en conclusión, el inconveniente que descalifica a Alicia Delibes como referente en materia de disciplina escolar: su discurso era impecable, pero ha sido sistemáticamente traicionado por la Administración en la que ella misma ha ocupado un altísimo cargo durante ocho años. No basta con predicar, hay además que dar trigo, así que el articulito de doña Berta González es pura inconsistencia.
    En conclusión, cuando desde cualquier instancia política española se me habla de controlar el mal comportamiento en los centros, no me creo ya ni una sola palabra: ni Delibes, ni Celaá, ni "ná de ná"; el actual sistema educativo y sus valedores no me inspiran la menor confianza y solo empezaré a prestar atención a quien haga algo (HAGA, no diga) que vaya en la línea de fomentar el trabajo, el respeto, el estudio, el esfuerzo y el recompensar a cada cual según sus méritos.    

domingo, 9 de septiembre de 2018

Un mindundi

   Aun en el supuesto de que Pablo Casado no hubiera incurrido en ninguna irregularidad con el famoso asunto de su máster en Derecho Autonómico y Local (está bastante bien explicado en este artículo), parece bastante claro que le va a representar un pesado lastre en su carrera política, por motivos tan contundentes como estos: le ha llevado a estar investigado en los tribunales; es el mismo esperpéntico máster que desató la caída de Cristina Cifuentes; es, por tanto, un máster bajo la sombra de la sospecha y que pone a Casado en relación muy directa con personajes tan oscuros como el exrector Fernando Suárez o Enrique Álvarez Conde (director de ese pseudomáster) y, por último y lo más grave, es sin la menor duda un máster fraudulento, un simulacro de mérito educativo por el que se pagaba un título sin haber aprendido ni haberse cualificado nada, lo que representa que Casado, de manera consciente, ha incluido en su ejecutoria una falsedad. Sabemos que, inexplicablemente, España sigue siendo un país que perdona estas cosas a sus políticos, pero también sabemos que ahora les pasan alguna factura, siquiera mínima.
   Aunque de momento para Casado parece que no es muy alta, a juzgar por su victoria en las primarias del PP. Cuando, a pesar del asunto del máster, se presentó a la carrera por el liderazgo de su partido, me pareció que era muy temerario, estaba huyendo hacia delante o las dos cosas y dudé de que tuviera la menor opción de ganar; cuando, con todo y con eso, ganó, entendí que se había beneficiado de que el equilibrio entre sus dos rivales -cualquiera de ellas, de una talla infinitamente mayor que la suya- había imposibilitado que ninguna de las dos se impusiera sobre la otra y había terminado beneficiándole a él; no obstante, me pareció que el PP había cometido un error colectivo un tanto inexplicable a la vista de lo que había, error colectivo que tampoco sorprendía si se miraba hacia lo ocurrido en las filas del PSOE con Pedro Sánchez, a quien Casado se parece en que es también un profesional de la política con más deméritos que méritos: estos son los perfiles que se están imponiendo en nuestros tiempos, habremos de aceptarlo. 
   ¿Qué ha hecho Pablo Casado hasta ahora? Básicamente, hablar: decir lo que no le gusta o sí le gusta, exigir cosas al Gobierno y presentar las líneas maestras de las políticas que algún día, si ese día llega, aplicará. Es lo normal cuando se está en la oposición, pero desde hace algún tiempo se ha dedicado a hacer algo que me parece inaceptable: atacar a Ciudadanos por su participación activa en batallas como la retirada de lazos amarillos en Cataluña. El pasado 18 de agosto, se pronunció contra ello diciendo que "El PP no va a ir a las calles de Cataluña a generar crispación" y ayer mismo, en una Junta Nacional de su partido con unas ausencias que deberían preocuparle, insistió en esa misma idea, esta vez de forma más indirecta, comparando lo de hoy en Cataluña con lo de antaño en el País Vasco, y dejando una frase que merece la pena reproducir:
   No da igual cómo recuperemos los espacios públicos […], tenemos que hacerlo a través de las instituciones. No habríamos ganado nada entrando en las herriko tabernas para enfrentarnos a ellos.
   Que Casado haya  dicho que los que quitan lazos amarillos generan crispación es una bajeza de gran calibre, porque representa que es capaz de cualquier cosa con tal de descalificar a quien cree que le va a quitar votos. La crispación no la generan quienes quitan lazos amarillos, sino quienes los ponen (y hacen además otras cosas mucho peores, como debería saber el señor Casado), esos separatistas a quienes él da munición con declaraciones así. Es una triste ironía, por otra parte, eso de que el PP no vaya a ir a las calles de Cataluña a generar crispación, porque la realidad es que el PP a Cataluña no va a ir ni a eso ni a nada, ya que en aquella región está prácticamente barrido, y quizás sea porque ha estado muchos años pasivo ante los abusos que se cometían allí, y por eso ahora les está sobrepasando un partido que, como Ciudadanos, ha decidido no quedarse callado ni de brazos cruzados. 
   Luego está la frasecita relativa al País Vasco, que hace pensar que quizás Pablo Casado no tenga mucha idea de lo que ocurrió allí durante los trágicos años del terrorismo, ya que con ella defiende sin duda la pasividad ciudadana, cuando precisamente esa pasividad se está señalando desde hace mucho como uno de los factores que favorecieron a ETA, a Herri Batasuna y a todos sus cómplices, ya fueran movedores de árboles o recogedores de nueces. Antes de hacer esa frasecita y esa desafortunada exageración de las herriko tabernas, debería haber pensado en el colectivo Basta Ya o en María San Gil (que es de su partido), o haberse dado un paseo por las hemerotecas, o haber leído Patria. El callarse la ciudadanía y dejar las cosas en manos de las instituciones durante años no ayudó nada, aparte de que fue una lacra, entre otras cosas, porque las instituciones, en el País Vasco y más aún en Cataluña, con más frecuencia de la razonable fueron muy poco diligentes o mostraron una pasividad cómplice. Después de haber visto durante décadas como los gobiernos del PP y del PSOE dejaban hacer en asuntos como la inmersión lingüística, la rotulación de establecimientos, la manipulación informativa, el destierro de gente que estorbaba al nacionalismo, el adoctrinamiento educativo, desafíos como los de 2014 y 2017 o el hostigamiento a los no nacionalistas, demuestra un enorme cinismo (porque ignorancia no es) el señor Casado cuando condena a quienes quitan lazos amarillos o dice esa bobada de que los espacios públicos se recuperan a través de las instituciones. Y lo dice, para colmo, en un acto en el que reclama la aplicación del 155 con una dureza que su partido evitó. El de 2017 fue lo que fue porque lo decretó el timorato Rajoy cercado por un PSOE acomplejado y calculador; cuando se aplique en 2018 -que habrá que aplicarlo más pronto que tarde, a lo mejor dentro de tres días- ya veremos lo que sale, con Sánchez y Casado a los mandos y Podemos en la vicepresidencia virtual. 
   El máster y su currículum hacían de Pablo Casado un político que generaba desconfianza, pero este postureo de los lacitos y de pedir a los demás dureza mientras él se limita a mirar lo retrata como un mindundi de la política.

jueves, 30 de agosto de 2018

Aplausos para Arcadi Espada y Troqueliano

   Empezaré con Arcadi Espada. A través de un brillante artículo de Cayetana Álvarez de Toledo titulado Nada más que hacer, me enteré de que, en un encuentro radiofónico entre el señor Espada y Albert Rivera, al reconocer este que no había quitado ningún lazo amarillo, el escritor le hizo ver la incongruencia que existía en ser el líder de la formación que llama a quitar esos lazos y no haber quitado ni uno. Tenía toda la razón Arcadi Espada, sobre todo si se piensa en la gravedad de la guerra en que está inscrita esta rebelión contra los lazos y en que es una acción que el totalitario Torra ha convertido en clandestina y peligrosa, no en vano los que la llevan a cabo ocultan su identidad. Esto ha movido a Rivera a ponerse las pilas y hoy, acompañado de Inés Arrimadas, ha quitado públicamente unos cuantos lazos. ¿Qué se gana con esto? Mucho, porque la guerra de los lazos tiene una fuerte dimensión simbólica y el hecho de que ese símbolo, personalizado en dos políticos con tanta aceptación, haya aparecido hoy en todos los medios escritos y televisivos lo ha sacado de ese medio anonimato de la lucha clandestina y nocturna y lo ha hecho visible para millones de personas de España y el mundo entero que lo desconocían. Se daba por hecho que esto no iba a gustar al independentismo, pero no estaba claro que fuera a desagradar en otros sectores, como el PSC (véase aquí la equidistancia de Jaume Collboni) o la izquierdísima (véase aquí cómo da la noticia eldiario.es). Es bueno que algunos se vayan retratando. ¡Ah!, por cierto: el artículo de la señora Álvarez de Toledo me parece brillante sobre todo por una cosa: califica a Iceta de "gran burro de Troya de la democracia". No puede estar más acertada.
   Por todo esto, ¡UN FUERTE APLAUSO PARA ARCADI ESPADA!
   Vamos ahora con Troqueliano, o, para ser exactos, @troqueliano, personaje del que solo sé dos cosas: que es profesor de francés y que ha sido quien ha pillado a Puigdemont en su enésima canallada: la de manipular en la traducción las palabras del juez Llarena sobre las que ha basado su querella en Bélgica. Esta historia ya es bien conocida: lo que ha hecho el equipo del ¿Honorable? fugado en un maletero ha sido transformar una condicional en una afirmación categórica, para convertir en punibles unas palabras de Llarena, pero esto está mejor explicado en este enlace: traducción falseada. En él puede no solo verse el proceso de manipulación en el vertido de una lengua a otra, sino también el valioso juicio de Troqueliano, quien, como experto en la materia, dictamina que un error así no puede ser involuntario, sino que de hecho es más fácil traducir bien esas palabras que enredarse en la manipulación presentada por el equipo del Hombre del Maletero. El hallazgo de Troqueliano, este sagaz ciudadano anónimo, es importantísimo, por las siguientes razones:
   -Pone de manifiesto que en la vida hay que estar muy atentos. No sé exactamente a quién corresponde esto en el entorno del juez Llarena, pero es evidente que alguien en ese ámbito tenía que haber descubierto esta trampa sin tener que llegar a la afortunada y diligente intervención de Troqueliano: si él no hubiera estado ahí, Pigdemont nos habría dado a los españoles una nueva puñalada impregnada de su odio demencial. Está visto que con los independentistas no se puede bajar la guardia ni un segundo, porque te colocan la manzana agusanada al menor descuido.
    -El intento de echar m_ _ _ _ _ sobre España que representaba esta querella se ha frustrado,  y no solo eso, sino que se ha vuelto contra su firmante: ahora ya hay el mundo más gente que sabe que Pigdemont es un embustero miserable y sus propuestas son un miserable montón de embustes.
    -La cosa puede tener una deriva mayor, porque, si realmente hubiera justicia en el mundo, puesto que esta jugada encaja dentro del delito tipificado de la estafa procesal, al ¿Honorable? debería abrírsele un nuevo frente en los tribunales.
         Por todo esto, ¡UN FUERTE APLAUSO PARA TROQUELIANO!
            Está claro que muchas veces se dan pasos importantes gracias a personas con coraje que se deciden a actuar por su cuenta, riesgo y responsabilidad.

sábado, 25 de agosto de 2018

¿Y por qué feminista?

   Hoy se ha reunido en Quintos de Mora el Gobierno para empezar a diseñar la agenda política de cara al curso que muy pronto se iniciará. Entre las pautas que se han adelantado, destaca un anuncio difundido por el propio Pedro Sánchez en Twitter, esa pista de patinaje de nuestros tiempos en la que tantos batacazos acostumbran a darse los políticos actuales: que el Gobierno trabajará "por un país más justo y solidario, igualitario y feminista". No tengo la menor objeción al propósito de vivir en un país más justo, solidario e igualitario, porque la justicia, la igualdad y la solidaridad son aspiraciones humanas cuyo valor positivo es universal, lo que las haría beneficiosas y deseables para comunidades de cualquier época, lugar y circunstancia social, política, económica o cultural, incluso, paradójicamente, para aquellas que no las practicasen o las rechazasen. Sin embargo, el cuarto invitado a esta frase, el adjetivo "feminista", desentona por completo en la serie, ya que carece de la universalidad de los otros tres, pues el feminismo es una corriente ideológica, una opción filosófico-política particular con la que se puede estar de acuerdo o en desacuerdo, y no solo eso, sino que -ni la propia Carmen Calvo me lo podría discutir- junto a propuestas, concreciones y actuaciones muy loables, ha tenido en su historia otras muy desafortunadas.
   Así pues, debería hilar más fino Pedro Sánchez, porque desde su cargo está muy bien que intente reforzar en el país valores generales como la justicia, la solidaridad y la igualdad, pero puede ser un error el querer imponernos a todos opciones particulares, como es el caso del feminismo.
   Por muchas virtudes que tenga el feminismo o le quieran atribuir sus entusiastas -entre los que parece contarse nuestro presidente-, su inequívoco carácter partidario lo invalida automáticamente para una propuesta de carácter integrador, como deben ser las de los gobiernos democráticos. Conocidas las personales inclinaciones del ya expresidente Mariano Rajoy, ¿qué hubiéramos pensado si un día se hubiera despachado con un tuit anunciando que iba a trabajar "por un país más justo, solidario, igualitario y madridista"? No lo habríamos entendido muy bien, a pesar del excelso palmarés del Real Madrid. Pero, ya en serio: donde acabo de poner madridista y Sánchez ha puesto feminista, pongan ustedes, por ejemplo, derechista, progresista, comunista, socialista, papista, abortista, antiabortista, animalista, taurino, cristiano, musulmán, ateo, budista, vegano, puritano, nihilista, neoliberal, ácrata o creacionista. ¿Lo han visto, verdad? Se puede ir tranquilamente por el mundo -o, al menos, por los países más tolerantes- siendo cualquiera de esas cosas y, de hecho, muchas de ellas tienen millones de adeptos, pero serían inaceptables colocadas donde les he pedido. Exactamente lo mismo pasa con feminista. Insisto en que Pedro Sánchez debería medir bien sus declaraciones y, mejor todavía, sus  proyectos.  

jueves, 16 de agosto de 2018

El penúltimo hachazo del Torra al Estado autonómico

  Leo en "El País" un artículo que cuenta que el Torra ha recolocado en nuevos chollos a 90 de los personajes que fueron desalojados de sus puestos cuando se aplicó el artículo 155 en Cataluña. La escalada de provocación del actual caudillo del nazionalismo catalán no solo no cede, sino que se incrementa con un acto tan burdo como conceder sueldos sacados del erario público español a personas implicadas en un golpe de Estado contra la democracia española. Con ser esto ya lo más grave, no perdáis de vista la letra pequeña de la operación, que la hace aún más bochornosa, os dejo aquí algunas pinceladas: Luis Puig y Merichell Serret, exconsejeros hoy fugados en Bélgica, han sido premiados con cargos remunerados con sueldos de más de 80.000 euros anuales (la señora Serret, además, será la delegada del Gobierno catalán ante la UE, cargo que, si ya era de por sí poco sostenible, pasa a ser esperpéntico al ser ocupado por una golpista); un tal Alexis Serra, se va embolsar 73.000 euracos anuales por hacer de Coordinador para el Impulso de la Reforma Horaria; excepto el pobrecito infeliz de Aleix Clarió, que cobrará solo 54.019 euros por hacer de asesor en comunicación digital, todos los demás agraciados por esta entrada a saco en los presupuestos para colocar a esbirros golpistas cobrarán más de 60.000 euros, pero la mayoría percibirán entre los 75.000 y los 85.000. ¡Ah!, y esto es solo el principio, porque, en cuanto el Torra se permita el inaudito desplante que ya tiene proyectado de reabrir el Diplocat, la cosa irá a mucho más.  Si queréis ver hasta donde llega por el momento, os sugiero que leáis el artículo completo, que me suscita las siguientes reflexiones:
    -Que, si este fuera un país sensato, ya se estaría preparando un nuevo 155, pero auténtico, es decir, muchísimo más contundente que el anterior, porque no es admisible que estemos pagando puestazos a golpistas para que sigan conspirando. Ya me imagino que Sánchez & Calvo estarán en ello.
     -Que al Torra, lo mismo que se está haciendo ya con el Torrent, se le debería empezar a abrir el camino hacia Estremera cuanto antes.
       -Que el Estado de las Autonomías no va a salir vivo de esta. Hace ya seis años, cuando, ingenuo de mí, creía que este país podía regenerarse, escribí un artículo con profusión de datos sobre la vergüenza de los sueldos de los cargos autonómicos y municipales, mientras que hace solo unos meses hice un breve repaso a la espeluznante hoja de abusos y delitos de los presidentes autonómicos. Solo con lo que se dice en esos artículos, habría suficiente para haber desmantelado hace tiempo el chiringuito autonómico, pero, lejos de hacerlo, la cosa sigue empeorando: el presidente del Gobierno de la nación gana hoy 80.953 euros, y un ministro, 71.424, compárese con las cifras que se están manejando en esta noticia o con los 147.000 euros anuales que le estamos dando al Torra por sembrar el odio en España y pretender romperla. Y esto, para mayor escarnio, en un contexto donde el golpismo separatista se permite seguir abiertamente con sus planes, agredir a los que no comulgan con sus burradas o, como vemos hoy, compensar a sus huestes con el dinero del país que pretenden romper: ¿hay marco de convivencia mínimamente decoroso que aguante esta locura? Y eso, sin contar con lo que pueda pasar mañana. El Estado de la Autonomías, tal y como está concebido hoy, lleva camino de traernos la ruina, la ruptura, la contienda o la unión y superación de todo ello.

viernes, 3 de agosto de 2018

Síntomas inquietantes

   Que este no es el mejor de los mundos posibles ya nos lo descubrió hace muchísimo Voltaire en su novela Cándido, de manera que nunca tendremos que extrañarnos de que haya conflictos, injusticias, abusos, delitos y graves desacatos, pero últimamente se vienen produciendo en este país que algunos nos hemos decidido a volver a llamar España una serie de desmanes que alarman porque sus autores parecen estar convencidísimos de que están en su pleno derecho de cometerlos, en general, por una legitimidad supralegal que los justifica a ellos por ser quienes son  o por pertenecer a algún colectivo tan agraviado que lo faculta para todo tipo de tropelías. Os dejo aquí una relación de los más notorios que he detectado:   
1.- El prusés. La madre de todos los motines de la España de hoy. Como, según los segregacionistas, Cataluña tiene derecho a independizarse por el centón de insensateces que arguyen, ya que no parece que el resto de España lo vea igual, ellos se creen legitimados para el torrente de abusos nacionalistas y totalitarios que está cometiendo. Golpe fascista promovido desde las instituciones autonómicas, pagado con dinero público y elevado a mayúscula amenaza para la democracia. Poco más hace falta decir.
2.- Alsasua. Una panda de borrachos de fascismo y bebidas espiritosas agrede a cuatro personas porque las considera indignas de estar en "su" país. Violencia y segregacionismo defendido por sectores "progresistas" tales como el gobierno navarro o cierta prensa revolucionaria.
3.- Taxistas. ¿Qué usted pone un negocio que le hace la competencia a mi monopolio? No se preocupe, que ya me encargaré yo de cargármelo a patadas, agresiones, amenazas y paralización de las calles, con el apoyo de Podemos  la comprensión del Gobierno.
4.- Entrada a lo bestia en Melilla. Me refiero a la del pasado 26 de julio, una de las más violentas, sobre todo, en su agresividad contra las fuerzas de orden público españolas. 
-5.- Guecho. ¿Qué los nenes quieren más juerga a las tantas de la noche aunque se haya acabado la fiesta? ¿Cómo se atreve la policía a quitarles los aparatos de música? ¡A por elloooos, oéééééééé, a por ellooooos, oéééééééé!
-6.- Manteros agreden a mozos de Escuadra. Esto tampoco es nuevo. ¡A ver si se enteran esos pesados de guardias de que los manteros TIENEN DERECHO a la venta ilegal!
-7.- Mantero hiere de gravedad a un turista. Pues igual. ¿Quién se ha creído esa tía que es para pasar con el carrito entre los puestos? ¿Quién se ha creído el yanqui ese que es para defenderla? ¡Toma zurriagazo, para que te enteres!
-8.- Ataques a los cuerpos de seguridad en La Línea de la Concepción. Tampoco es nuevo, solo es lo más grave de este comportamiento porque ya es cada vez más frecuente, más violento y con más implicados. ¡A ver si les dejan a los pobres traficar en paz, joder!
    ¿Por qué cada vez quienes se saltan las leyes o actúan con violencia parecen ser más, estar más convencidos, respetar menos a los representantes de la ley y engallarse con mayor impudor en conductas insostenibles? Las razones sin duda son muchas, pero en todos estos casos observo el denominador común de una repugnante perversión de los valores. Esto es algo que se está produciendo con una deletérea facilidad en el momento actual, y suele hacerse desde sectores políticos o informativos que, exhibiendo un exceso de demagogia y frivolidad y una notable carencia de principios, no vacilan en defender lo indefendible cuando por cualquier razón les conviene. Ejemplos los hay a montones: Juana Rivas puede cometer la enormidad de no entregar a sus hijos porque es mujer; los independentistas pueden portarse como nazis porque Cataluña ¡debería ser independiente!, los energúmenos de Alsasua tendrían que haber sido absueltos porque, total, solo eran unos simpáticos muchachos un poco independentistas que zurraron a unos perros de la Guardia Civil y a las... de sus novias. Consecuencia: si lo de esos vale, lo mío también, dirán otros. Hace unos días, vi en la televisión una noticia que hablaba de dos sesentañeros que se estaban dedicando a reventar oficinas. El medio que informaba sobre el hecho terminó la noticia diciendo que, claro, como los pobres tenían pensiones muy bajas, se habían visto obligados a robar. ¡Habían robado en más de treinta sitios! Con unos medios de comunicación que reproducen de manera tan estúpida el manoseado discurso exculpatorio del progresismo tontuzo, no hay manera.

sábado, 28 de julio de 2018

Si hubiera sido Juan Rivas...

   Cuando el verano pasado estalló el asunto de Juana Rivas, me pronuncié en un artículo en el cual expresaba mi perplejidad ante el hecho de que una persona cometiera el delito de retener a sus hijos y que por ello tanto los habitantes de su pueblo como la práctica totalidad de nuestros medios de comunicación se volcaran en su favor en una reacción histérica que dejaba de lado lo esencial: que esta señora no solo estaba incumpliendo las leyes, sino que además estaba desoyendo olímpicamente los reiterados llamamientos de la Justicia para abandonar su desafío. También expresaba mi condena de lo que me parecía una manipulación de un tema tan delicado como la violencia de género, manipulación ejercida por la señora Rivas y por el entorno radicalizado que la jaleaba, compuesto principalmente por Maracena (su pueblo), diversas asociaciones de un feminismo bélico y, muy en especial, doña Francisca Granados, una persona que no pudo entender su oficio de asesora de una forma más desafortunada.
   Como no podía ser de otra manera, la señora Rivas acabó encausada y como, le pese a quien le pese, en España hay una Justicia y la Justicia lo que juzga son hechos por los que condena o absuelve, dado que los que ella se permitió violaban las leyes, ha sido condenada. Pero, si el año pasado nos tocó contemplar el insólito motín que se produjo en favor de alguien que se saltó un buen puñado de normas, este año nos toca la segunda entrega de ese mismo espectáculo y con parecidos actores: manifestaciones de feministas y paisanos de Juana protestando por la condena y medios de comunicación haciendo lo mismo, a través de artículos que llegan a ser tan sesgados como este de "La Vanguardia" o este otro de eldiario.es, que hacen ambos algo muy parecido: una condena del juez, de la sentencia y de Francesco Arcuri (que era la parte agraviada, no el acusado), omitiendo por completo lo que se juzgaba: los hechos de Juana. Y los hechos de Juana son indiscutibles: sustraer a sus hijos y negarse reiteradamente a devolverlos; es indiscutible también que promovió el desorden social en beneficio propio y, por último, el juez tiene razones más que suficientes para pensar (como pensamos otros) que explotó el argumento del maltrato. En consecuencia, teniendo en cuenta que, como es lógico y ya he dicho, la Justicia juzga hechos, nadie que pretenda hablar de esto con objetividad puede decir que no había muy poderosas razones para condenar a Juana Rivas. Las mujeres también están sometidas a las leyes, aunque exista la dolorosa realidad del maltrato, y Juana Rivas las ha violado, a decir de un juez, que es persona capacitada y señalada para hacerlo.
   Está cada vez más de moda montar circos en airada protesta por las decisiones judiciales, por desgracia, con el propósito de torcer las que no gustan a los montadores de bronca, pero quiera Dios que no llegue el día en que las condenas o absoluciones dependan de las manifestaciones de grupos radicales (feministas o del ismo que sea), de las concentraciones en la plaza de Maracena, Ribadesella o San Sebastián de los Reyes, ni de las monsergas sesgadas de periodistas con intereses de partido o con ganas de crear confusión. Ni, por supuesto, de las convicciones particulares de nadie, por muy ministro que sea, así que inquieta que, desde sectores del Gobierno, estén empezando ya a sonar aires de indulto para Juana Rivas. ¿Por qué? ¿Por ser mujer? ¿Aun habiendo hecho las cosas que ha hecho? ¿Les dolería lo mismo esta sentencia a las señoras Calvo y Celaá si hubiera recaído sobre alguien llamado Juan Rivas? La igualdad de todos los ciudadanos ante la ley es una cosa muy seria, conviene no jugar con ella ni aun siendo ministro.  

martes, 24 de julio de 2018

La plaza de La Merced

   Con el título La plaza de La Merced, publica hoy "El País" una carta mía con el siguiente texto, que difiere muy poco del que ha aparecido en el medio comunicativo:
    Imagínese usted que va a Málaga de vacaciones y quiere darse un paseíto por la famosa plaza de la Merced, pero, al llegar allí, se encuentra con que es imposible, porque una organización la ha cubierto de cruces como si fuera un cementerio. Decide usted entonces acudir al plan B: ir a darse un bañito a la playa de La Malagueta, pero, al llegar allí, le resulta imposible, porque la misma organización ha convertido aquello en otro cementerio, con lo que no puede usted ni tender su toalla.  Indignado, se queja a un policía municipal, el cual, muy serio, le informa de que la máxima autoridad del Ayuntamiento respalda esa iniciativa, por considerarla un uso de la libertad de expresión. Luego se entera de que la protesta reclama la libertad de unos personajes que pretenden romper el país. Seguramente, pensaría usted que una parte de los malagueños y su alcalde o alcaldesa se habían vuelto locos, y quizás se plantease no volver a pisar por allí. Bien, pues parece que, si esto sucede en cualquier parte de Cataluña, debemos considerarlo normal y aplaudirlo. Que me perdonen mis amigos los malagueños por haberlos usado para el ejemplo, aunque sé que entienden perfectamente que no va contra ellos. 
   Como habréis adivinado, el motivo que me empujó a escribir esta carta ha sido el suceso recientemente acaecido en Vic, donde un conductor arremetió contra el sembrado de cruces amarillas con que los separatistas habían cubierto la plaza. Podéis ver aquí un resumen de la historia, reconozco que no imparcial, pero veraz:

Los dueños de la calle en Cataluña
    Ahora, el Torra, la alcaldesa de Vic y los impresentables habituales del independentismo han apuntado su artillería pesada contra el autor de este grito de protesta. Torra, esbirro declarado de un golpista, habla de hechos gravísimos y Anna Erra, la alcaldesa que ha facilitado la usurpación del espacio público por los segregacionistas y sembradores de odio, anuncia que va a denunciar a ese conductor por incitación al odio y a la discriminación: una muestra más del repugnante cinismo de estos totalitarios.
     Estas son las cosas que pasan ya con asiduidad en las plazas y playas de Vic y de toda Cataluña, a la que un totalitarismo separatista ha hurtado la paz, la normalidad y la concordia que sí podemos encontrar en Málaga, Asturias, Soria, Lugo, Huesca o cualquier lugar de España donde el nacionalismo no haya hincado su pezuña de odio salvaje. 

viernes, 20 de julio de 2018

Inés Arrimadas, los ataques obscenos y la prensa española

   Aproximadamente a las 19:30, veo en ABC que un grupo de mujeres de relevancia en diversos ámbitos de la vida española ha hecho algo que, si he de decir con franqueza lo que pienso, tardaba en llegar: manifestar públicamente su condena del indecente acoso que está sufriendo Inés Arrimadas desde hace ya demasiado tiempo para seguir pensando que este es un país democrático. Esa condena se ha concretado en una carta, aquí os enlazo la noticia en que ABC la presenta:
   Lo que está ocurriendo con Inés Arrimadas es un síntoma palmario de la inquietante deriva que está tomando el panorama político de España por culpa del cáncer fascista que ha contraído esa parte de su anatomía llamada Cataluña, cáncer -no me cansaré de repetirlo- que amenaza con extenderse se ha extendido ya a Baleares y Valencia y está rebrotando en el País Vasco y Navarra. A esta excelente política la han machacado los fascistas desde siempre porque no piensa como ellos y porque los supera de lejos con su brillantez, pero, desde las últimas elecciones, el hostigamiento ha arreciado, sencillamente, porque les ganó en las urnas. Por otra parte, es patente que, además de la fobia política, los groseros energúmenos que la atacan han volcado sobre ella de forma constante una violencia sexista de la peor calaña, de esa que hoy en día penalizan con gran acierto las leyes españolas. Hasta dónde llegará el odio de esta gentuza, que mucha de esa violencia procedía de mujeres. 
   A la vista de lo que está ocurriendo con Arrimadas y de otros actos violentos del separatismo, yo cada vez creo menos en la supuesta democracia española: en un país democrático de verdad, no habría totalitarios que hicieran esas cosas, o no existiría la pasividad con que se les está tratando aquí ni sus víctimas estarían tan desprotegidas como parece estar Arrimadas. Y, además, me hago una pregunta: ¿es digno de un país democrático el silencio cómplice con que las fuerzas vivas están afrontando este hecho? ¿Dónde están la solidaridad y condena de partidos, organizaciones y demás? ¿Dónde se han metido esas feministas tan radicales y tan empoderadas? Voy a revelar un dato que me parece significativo y escalofriante: he hecho una búsqueda de la carta por las portadas de varios periódicos y, aproximadamente a las ocho, esto es lo que me he encontrado: ABC, El Mundo y El Español la mencionaban, pero no decían nada de ella todos estos: El País, El Confidencial, El Diario, El Periódico, Público y La Vanguardia. Mal vamos si las servidumbres políticas de los medios de comunicación les llevan a silenciar cosas como las que le están pasando a Inés Arrimadas.  

martes, 17 de julio de 2018

El fascismo va cada vez más en serio

   Sin salir de este blog, que no es ni de lejos el superarchivo mundial de noticias, se puede encontrar  un buen manojo de inquietantes ejemplos de la violencia fascista que ya desde hace mucho tiempo viene ejerciendo, predicando o agitando el separatismo catalán, aquí tenéis unos cuantos enlaces:
   3.- Batasunización (es ya de 2015).
   9.- Profesores indignos (1 y 2).
   A este no pequeño muestrario (y no estará de más recordar que podría añadir cosas procedentes de Baleares, Valencia o el País Vasco), han venido a añadirse últimamente dos hechos más que considero muy significativos. El primero afecta al fanático incendiario que ocupa hoy el cargo de presidente de la Generalidad. Con la chulería bestial que le caracteriza, se permitió hace unos días volver a morder la mano que tan torpemente le tendió Pedro Sánchez, mediante el procedimiento de explicar las insultantes provocaciones que le lanzó cuando estaban a solas. Lo que más ha llamado la atención (con toda lógica) ha sido esa advertencia de que él no tiene nada que perder, con lo que tenemos que entender que está dispuesto a todo con tal de lograr sus fines. ¿Nos quiere decir que es como esos locos que se inmolan por el islam con un cinturón explosivo y a la vez matan a cientos de personas? ¡Qué personaje! Aquí lo tenéis:
   Qué mal asunto que en España tengamos políticos así, hace ser muy pesimista. ¿En qué estará pensando el presidente del Gobierno cuando le da audiencia a este chiflado?
    El segundo hecho lo considero también gravísimo, sin duda, más: la persecución, terrible acoso o como lo queráis llamar a que está siendo constantemente sometida Inés Arrimadas por parte de las jaurías del fascismo nacionalista, en la calle o en los medios de comunicación, que incluye groseros insultos, cercos, invitaciones a volver a Cádiz y ¡prohibiciones de hablar formuladas por alcaldes! Estos hechos son alarmantes por sí solos, pero su gravedad se multiplica si su destinataria es la persona que ganó las últimas elecciones en Cataluña. Tenéis información por extenso en este artículo, cuya lectura recomiendo:
   Un fascismo en toda regla está plenamente instalado en Cataluña, donde libertades como las de expresión, pensamiento, preferencia política, educación o circulación están perseguidas por el nazionalismo; sorprende la tranquilidad con que se están tomando este grave asunto partidos políticos y gobernantes. 

miércoles, 11 de julio de 2018

Sí, quiero

    Bonita la ha liado la señora Calvo, número 2 del Gobierno (a tal señor, tal honor), con sus precisiones acerca del consentimiento en las relaciones sexuales: todo lo que no sea un SÍ es un NO. Ya se ha montado el lógico cachondeo en las redes, donde al parecer pueden encontrarse modelos de solicitud y consentimiento de relación sexual, naturalmente, por escrito. No voy a extenderme mucho, porque la propuesta de Calvo es algo ya muy viejo: pretender gobernar contentando al sector más ruidoso de la calle. En materia de relaciones sexuales convertidas en guerra de sexos, como se ha demostrado con el asunto de la Manada, el sector más ruidoso es el feminismo radical. Ahí han confluido muy bien ultrafeministas, podemitas y batasunos. El patético producto que ofrecen queda muy bien reflejado en los dos vídeos de este artículo que os enlazo:

martes, 10 de julio de 2018

Sobre la normalización de Pedro Sánchez: farsa en palacio

   Desde que empezó a vender su estrategia para afrontar la amenaza secesionista catalana (no perdamos de vista que hay otras haciendo cola), Pedro Sánchez no ha parado de repetir la palabra normalización, dando a entender que lo que ha pasado hasta ahora era algo anormal y hora es ya de que venga él y nos devuelva a la normalidad. El primer gran paso de esa normalización ha sido la reunión que mantuvo ayer con el presidente de la Generalidad, Quim Torra. Supongo que quien más quien menos todos habréis visto escenas de esas farsas palaciegas al estilo Versalles, y eso es lo que me ha recordado a mí este evento: mucha ceremonia, mucha sonrisa y una completa insustancialidad. Pasemos revista a los resultados más importantes de este encuentro:
   1.- Se ha reabierto la comisión bilateral Gobierno central - Gobierno regional (catalán, en este caso). Todos los medios han subrayado que llevaba paralizada desde 2011, pero no he visto ninguno que se haya molestado en recordar que Artur Mas puso en marcha su alzamiento en 2012, dato que creo relevante. Esta reapertura ha ido acompañada de la de algunas comisiones, como la de presupuestos o competencias autonómicas. Además, se van a levantar vetos sobre algunas leyes catalanas de carácter social. 
   2.- Sánchez y Torra han descubierto que se llevan muy bien: se han sonreído, se han hecho muchas fotos, se han parado a mirar juntos una fuente y Torra le ha regalado al presidente de la nación una botella de un licor completamente desconocido y aldeano, en lugar del mundialmente famoso anís del Mono, que es de lejos el mejor licor que se fabrica en Cataluña.
   3.- Se han citado para octubre, supongo que por lo bien que se llevan. 
   4.- Aunque han estado hablando dos horas, los comunicados posteriores informan de cosas que se podrían resolver en media, así que me temo que algo se nos oculta. Según esos comunicados, se nos hace saber que:
       4.1.- El Gobierno catalán no renuncia a ninguna de las fórmulas para lograr la independencia de Cataluña.
         4.2.- La autodeterminación no existe en ninguna constitución del mundo, y tampoco en la española. 
           4.3.- A juicio del señor Torra, el discurso del rey del pasado octubre no fue neutral. Al rey no se le invitará a ningún acto oficial del gobierno catalán.
           4.4.- Según la vicepresidenta Carmen Calvo, el ninguneo al rey por parte del independentismo no es objeto de debate.
   Ha habido también un importante detalle: el señor Torra llevaba prendido el lazo amarillo que el independentismo está usando como arma arrojadiza en Cataluña y que significa esto: que quien lo lleva reclama la libertad de una serie de personajes que están en prisión por atentar gravemente contra el orden constitucional, la unidad de España y la convivencia en Cataluña. Al presentarse a la reunión con ese lazo, Torra le ha dicho eso a Sánchez delante de sus narices. ¿Lo habrá visto el presidente del Gobierno? Ni él ni la señora Calvo han dicho nada acerca de este asunto. 
    No hace falta ser un lince para ver una cosa: el brutal desequilibrio de esta farsa: frente a la prodigalidad excesiva del Gobierno de la nación, por el otro lado solo ha habido provocación y chulería. Se veía venir que este encuentro iba a ser como una incitación a revalidar el golpismo, porque, además, esa táctica que ha usado Sánchez de responder con silencio a las ofensas explícitas siempre ha demostrado ser de resultados catastróficos.
    Después de la reunión, Pedro Sánchez ha publicado un mensaje que terminaba con estas palabras:
                                 Este es un primer paso. Ahora hay que recorrer juntos el camino.
   No espero mucho ni del camino que se empieza con un paso así ni de lo que pueda entender por normalización nuestro actual presidente.
   

viernes, 6 de julio de 2018

¿Se habría reunido con Tejero?

   Por si a alguno le quedasen dudas de la chulesca insistencia del separatismo catalán en su golpe intentado, fallado y no sofocado, hace unos días, a pesar de ir explícitamente contra anteriores resoluciones del Tribunal Constitucional, han aprobado en su Parlamento regional la reafirmación en una resolución secesionista de 2015 ya suspendida en su momento por el alto tribunal. Esa moción ha sido impugnada por el Gobierno de la nación, y hasta la próxima. No me cansaré de decir que lo que está ocurriendo con el golpe de Estado del separatismo catalán causa sonrojo y perplejidad: ¿habrá en el mundo algún otro país aparte de España que permita que un golpe falle a la primera y sus autores sigan en el intento alegremente sin que nadie se lo impida de manera fulminante? Creo (y tal vez no sea el único) que un sistema político con semejantes fisuras autodestructivas carece de credibilidad y la pegunta es: ¿dónde acabará esto? 
   A los que vivimos el 23-F, en aquel momento histórico nos pareció vergonzoso y humillante el que se conoció como pacto del capó, en el que Tejero impuso condiciones como que no se juzgase a ninguno de los guardias  que le apoyaron con rango inferior a teniente, pero lo que estamos viviendo treinta y siete años después deja aquello muy pequeñito. Hace algunos días, conversando con unos amigos sobre estos temas, alguien hizo la siguiente analogía:
Alfonso Armada - Artur Más
Milans del Bosch - Puigdemont
Tejero - Torra
   Naturalmente, hubo quien puso objeciones, pero también se admitieron muchas semejanzas, como las evidentes entre los actos cavernícolas de Torra y la irrupción de Tejero en el Congreso, pero en lo que hubo unanimidad fue en una cosa: por mucho que ellos se inflen y blasonen de demócratas, estos señores no son mejores que aquellos, y son sin duda mucho más cobardes. Finalmente, alguien lanzó una observación: falta el Elefante, el misterioso líder que debió aparecer y nunca apareció en el 23-F. Hubo de nuevo acuerdo: no se conocen elefantes en la conspiración separatista, pero, de haber alguien con un papel similar, tendría más bien el aspecto de un mico, mejor dicho, un Mico, con mayúscula.
   El diario "El Español" ha recogido una serie de razones por las que Pedro Sánchez no debería reunirse con Quim Torra. Hasta el momento, lleva diecinueve, todas muy sólidas. Yo añadiría esta: ¿se habría reunido con Tejero? No creo que las explícitas intenciones golpistas de Torra, sus ataques reiterados a España y sus intereses y sus no menos reiteradas vejaciones a España y sus símbolos, empezando por el rey, le hagan merecedor de nada distinto a una destitución y un posterior envío a la cárcel, pero parece que se le ha elevado al rango de interlocutor válido, cosa bastante asombrosa. Sería bueno que, por lo menos, Pedro Sánchez, que es el presidente del Gobierno español, entrase en ese diálogo de pie y no de rodillas, pero las contemplativas respuestas que hasta ahora ha dado a las múltiples coces de Torra no parecen ir por ese camino. Veremos qué pasa el 9 de julio, el país está en ascuas; espero que no acabe en llamas o reducido a cenizas, cualquier cosa es posible hoy en día en España.


domingo, 1 de julio de 2018

Sobre la entrevista a la ministra de Educación

   Publica hoy "El País" una entrevista a la nueva ministra de Educación y Formación Profesional, doña Isabel Celaá, quien cumple con el indispensable requisito que tiene todo alto cargo de presentarse y mostrar cuanto antes a la opinión pública las líneas maestras que van a marcar su gestión. La propuesta que destaca el medio destinándola al titular es el anuncio de que el ministerio creará una asignatura de valores cívicos y éticos que será obligatoria, pues, a juicio de la señora Celaá, "los valores cívicos han de ser universales y, por tanto, todos los alumnos y alumnas han de cursarlos". Si entendemos por valores cívicos cosas como que hay que respetar a los demás, no hay que robar, son odiosas las discriminaciones por razones de raza, sexo, pensamiento o condición social, que existen derechos pero también deberes, que hay que cuidar el medio ambiente o cuáles son los rasgos que diferencian a las democracias de los totalitarismos, no solo estoy al cien por cien de acuerdo con su propuesta, sino que la he defendido hasta en los tiempos de aquella polémica de la asignatura de Educación para la Ciudadanía, que fue tan agria como manipulada. ¿Por qué estoy tan convencido? Porque tengo comprobado que, por desgracia y aunque parezca increíble, existen muchas personas hoy en día a las que, este ABC ciudadano, si no se lo da la escuela, no se lo va a dar nadie. Dice la señora Celaá otra cosa en la que no solo estoy de acuerdo, sino que, como la anterior, la he defendido por escrito muchas veces: que los alumnos que no sean de Religión no cursarán una asignatura alternativa, porque el derecho de unos (a cursar Religión) no puede acarrear la obligación de otros a que les metan con calzador cualquier materia solo para que la Conferencia Episcopal no se queje de que la Religión queda en desventaja. Y, por cierto, aplaudo también la anunciada medida de que se vaya a suprimir ese abuso de que la Religión cuente para la nota media, abuso y discriminación, lo afirmo después de haber estado en centenares de juntas de evaluación y ver las notazas tan asombrosas que sacaban en esta asignatura hasta los alumnos que manifestaban el más contumaz rechazo al estudio. Por último, no puedo sino aplaudir con entusiasmo la promesa que hace la ministra de revertir los agravios sufridos por los profesores a raíz del decreto 14/2012, aunque me preocupa que no deje muy claro cómo piensa hacerlo. 
    Estaréis asombrados de tanta indulgencia, así que paso ya a la parte cruda del artículo. Lógicamente, al tratarse de una entrevista con una ministra, no se podía esperar que bajase a los detalles de la vida escolar, a ese vaciado de los programas, ese aprobado regalado y esa conflictividad que tanto daño hacen en nuestra enseñanza, sino que lo que hace ella es pronunciarse sobre las grandes líneas de política educativa general. Y al hacerlo, en más de una ocasión, se quita de encima temas sin entrar en sus aspectos polémicos, como ocurre en el caso de la concertada, que se despacha con vaguedad y una acusación contra la LOMCE de la que habría mucho que matizar, o en el ya más clamoroso de los ataques al castellano en las comunidades bilingües, que se quita de encima como si ahí no pasase nada, cuando es un asunto gravísimo, inscrito por cierto en el mayor reto que afronta su Gobierno y en el que aún no ha dado un solo paso que inspire tranquilidad. Este es uno de los baches más grandes de la entrevista y a mí me genera mucho pesimismo, pues deja bastante claro que el PSOE no piensa mover un dedo en una cuestión en la que se están cometiendo intolerables abusos por parte de los partidos nacionalistas, sus aliados, sus tontos útiles y sus cómplices por inhibición, entre los que los gobiernos centrales han estado ya demasiado tiempo. Unido a este tema de las lenguas, introduce ella misma el del bilingüismo y lo hace una vez más con una asepsia que choca frontalmente con los problemas de fondo, funcionamiento y pobreza de resultados que arroja este engendro en que se ha empeñado nuestra clase política. 
     Entro ya en el terreno de las cosas que me generan mayor desacuerdo. La señora Celaá piensa hacer con la LOMCE la misma chapuza que el PP hizo con la LOE: parchearla, es decir, aprobar una ley que la descargue de los aspectos que ella considera menos aceptables, pero manteniéndola. Esa ley entraría en vigor en el curso 19-20, con lo cual creo que, cualquiera que me esté leyendo habrá entendido ya el disparate hacia el que estoy señalando. Dejando ahora aparte todas las leyes anteriores, con sus gordísimos problemas y errores, convendremos en que la vigencia de la LOMCE, que es ya de cuatro años, ha sido particularmente caótica, debido a la ineptitud con la que la gestionó el PP y al torpedeo a veces canallesco de sus adversarios políticos. Hemos estado cuatro años con un marco educativo fallido, conflictivo y confuso, y ahora, doña Isabel Celaá, ministra del ramo del PSOE, nos anuncia que la ley modificadora que proyecta "entraría en vigor en el curso 19-20", el cual, queridos amigos, empezará dentro de los catorce meses que quedan hasta el 1 de septiembre de 2019. Sinceramente, me parece un disparate: ¿a qué tanta prisa? Está históricamente demostrado que una de las fijaciones del PSOE es tener bajo su dominio las leyes educativas, pero ahora, con solo dos años para las próximas elecciones generales, para conseguir esto antes de que quizás ya no esté en condiciones de hacerlo, necesita obrar con una urgencia que parece dispuesto a imponer, échense a temblar alumnos y profesores. Solo pensando en que en España llevamos más de 25 años (= 300 meses) con un sistema educativo deficiente e insatisfactorio, aproximadamente 10 (= 120 meses) con la clase política hablando de acuerdo educativo pero sin llegar siquiera a bosquejar unas líneas mínimas, con los últimos 4 (= 48 meses) con una ley mala, pero no mucho peor que las anteriores (de las que procede), rechazada y lapidada por partidos y sindicatos, se hace meridianamente claro que sería imposible que este Gobierno ni ninguno levantase en 14 meses ninguna ley educativa que no fuese un desastre. 
    Y me temo que estemos irremediablemente abocados a ello, porque ya no es solo la ridícula disponibilidad de tiempo, sino que está otra cosa mucho peor y que todos sabemos, dadas las actuales alianzas parlamentarias. ¿De verdad cree la señora Celaá que esa ley catorcemesina va a poder aprobarla con un consenso amplio? Por lo que dice en su entrevista, se deduce que cuenta con excluir al PP y luego ir sacando una cosita por aquí y otra por allí pactando unas veces con unos (supongo que con la macedonia que apoyó la moción de censura) y otras con otros (es de pensar que Ciudadanos y algún despistado, quién sabe si hasta el propio PP), lo que lleva a sospechar que la audacia de pirata del Caribe del actual presidente del Gobierno se está contagiando a sus ministros, pero, bromas aparte: ¿no parece un poco difícil está aritmética? ¿No sería irremisiblemente una colección de remiendos chapuceros lo que saliera de ahí, si es que salía algo? Desde luego, no se parecería ni de lejos a un consenso amplio, ese consenso amplio sin el cual, en esto parece que estamos todos de acuerdo, estaría abocada al fracaso cualquier ley educativa. Si esta va a ser la mecánica que va a presidir la elaboración de la norma que prepara  el PSOE, me temo que don José Ignacio Wert corre un serio peligro de morirse de risa. 
   Y ahora que nombro a Wert, voy a hacer los dos penúltimos apuntes, referidos a algunas de las cosas sensatas que dijo e hizo o intentó hacer. Una de las intenciones que repetidamente manifestó a propósito de su ley fue la de invertir la proporción entre titulados universitarios y titulados superiores de FP, que a su juicio (y al mío) estaba mal correlacionada en España, donde hay dos titulados universitarios por uno de FP, justo lo contrario que en Alemania, que para esto sí es buen modelo. Por esto fue duramente criticado por todos, incluido el PSOE, con la eterna cantinela de la discriminación y tal; pues bien: ahora va el PSOE y se marca la frivolidad de ponerle al ministerio el nombre de Ministerio de Educación y Formación Profesional (como si la FP no fuera educación), para que veamos todos lo que le importa el tema, y no solo eso, sino que la ministra termina su entrevista señalando este problema de la FP: "Tenemos un 12% de alumnos, la mitad del 25% de la OCDE". Si esto no es cinismo, no sé qué será cinismo en el mundo. Otra cosa buena de Wert: tuvo la valentía de decir una gran verdad: que la selectividad española no valía para nada, porque no selecciona. En la entrevista, la ministra dice que la EBAU (actual selectividad) cumple su función satisfactoriamente. Si su función es dejar que a las cada vez menos exigentes y más clientelares universidades españolas pasen un contingente de alumnos bien preparados y otro contingente que no lo está en absoluto, le doy la razón. Y creo que esta es en realidad la postura de la señora Celaá, ya que ha sido siempre la de su partido: que los alumnos pasen aprendan lo que aprendan, lo digo porque al principio de la entrevista declara, como argumento para quitar las reválidas, que la equidad es nuestra mayor fortaleza. A ver cuándo se entera el PSOE de que equidad es que todos tengan derecho a estudiar, no que todos tengan derecho a aprobar: este último tiene que ganárselo cada uno con su esfuerzo. 
     El último apunte: en el improbable caso de que alguna vez llegue a ministro, yo quiero que me entreviste siempre Anabel Díez, ¡hay que ver qué fácil se lo ha puesto a la señora Celaá!