martes, 13 de octubre de 2015

Batasunización

   Hoy hemos conocido la patética actuación ante los tribunales de Irene Rigau, aunque no ha sido ninguna sorpresa, porque el personaje no hacía esperar nada mejor. Cuando le han preguntado por el referéndum aquel de ahora hace un año por el que tanto pecho sacaron ella y todo el independentismo, ha optado por no dar la cara de la manera más sonrojante.  Ella no organizó nada. Ella (que parece ser que no era nadie) solo informó de que los colegios podían usarse para el referéndum-piñata. Los que lo organizaron todo fueron los voluntarios. ¿Estos son los líderes del independentismo? ¿Así asumen sus proyectos? ¿"Donde dije digo, digo Diego"? ¿"Yo no fui, fueron ellos"? Una rata abandonando un barco seguro que demuestra mucha más dignidad, contentos habrán quedado los voluntarios a los que doña Irene Rigau endosa las responsabilidades.

   Ya desde el primer momento la escenificación tuvo algo de farsa grotesca: esa aparición con carita de víctima y rodeada de todos esos notables del catalanismo, andando a pasitos de hormiga, como si alguien se la fuera a comer. Pero, con todo, lo peor no ha sido eso, lo peor ha sido el poco tranquilizador sitio al que varios centenares de correligionarios suyos han sometido al Palacio de Justicia donde esta señora declaraba y la posterior serie de concentraciones y manifestaciones en rechazo de la llamada a declarar de Mas, Ortega y Rigau, reacción que constituye una auténtica desmesura. El Tribunal Superior de Justicia de Cataluña ha descalificado, y con toda la razón, este amenaza contra la independencia del poder judicial, inaudita en un país civilizado, que es la enésima muestra del inadmisible camino de crispación que han tomado los independentistas, acaudillados por Artur Mas. 
   El independentismo catalán lleva ya algún tiempo demostrando su convicción de que la única ley que vale es la de la calle, dictada, por supuesto, por las manifestaciones que ellos mismos organizan. En Cataluña estamos asistiendo a una cada vez mayor batasunización de la política, impulsada desde el propio gobierno autonómico, un disparate más. A mí esta situación me preocupa, aunque está claro que no pasa nada y es que yo soy bastante idiota. Llevo tiempo diciendo que esto puede acabar muy mal, porque la batasunización -todos en España lo sabemos- es una cartilla política catastrófica, además de repugnante. Insisto, de todos modos, en una cosa: de los resultados a que nos lleve esta espiral de conflicto, solo podremos hacer responsables a quienes la crearon y la alientan, y esos son únicamente los independentistas: acharcárselo a otros, como están haciendo algunos con un cálculo político tan miope como estúpido, es una irresponsabilidad y una bajeza.  

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