Libros que he publicado

-2028. ¿Cómo será la Tercera República? -LA ESCUELA INSUSTANCIAL. Sobre la urgente necesidad de derogar la LOMLOE. -EL CAZADOR EMBOSCADO. Novela. ¿Es posible reinsertar a un violador asesino? -EL VIENTO DEL OLVIDO. Una historia real sobre dos asesinados en la retaguardia republicana. -JUNTA FINAL. Un relato breve que disecciona el mercadeo de las juntas de evaluación (ACCESO GRATUITO EN LA COLUMNA DE LA DERECHA). -CRÓNICAS DE LAS TINIEBLAS. Tres novelas breves de terror. -LO QUE ESTAMOS CONSTRUYENDO. Conflictividad, vaciado de contenidos y otros males de la enseñanza actual. -EL MOLINO DE LA BARBOLLA. Novela juvenil. Una historia de terror en un marco rural. -LA REPÚBLICA MEJOR. Para que no olvidemos a los cientos de jóvenes a los que destrozó la mili. -EL ÁNGULO OSCURO. Novela juvenil. Dos chicos investigan la muerte de una compañera de instituto. PULSANDO LAS CUBIERTAS (en la columna de la derecha), se accede a información más amplia. Si os interesan, mandadme un correo a esta dirección:
repmejor@gmail.com

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jueves, 10 de octubre de 2019

Los delitos del "procés" según "El País"

   Veo hoy que "El País", ante la inminente publicación de la sentencia del 1-O, edita un documental titulado Los delitos del "procés", en el que se brinda generosamente a ahorrarnos el esfuerzo de interpretar los hechos por nosotros mismos y nos "adelanta las claves que marcarán una sentencia histórica".
   El documental se compone de cuatro capítulos, pero he visto el primero (Rebelión) y ya he tenido suficiente: se trata de una monumental manipulación de "El País" para inducir a sus lectores a concluir, precisamente, que no hubo tal rebelión. No está en el hecho de que se entreviste a abogados de la defensa pero a nadie de la acusación, ni en que Martín Pallín deslice el enorme sapo de que para el delito de rebelión hacen falta armas (cosa falsa, véase el artículo 472 del Código Penal en este artículo, donde hago además alguna aclaración a propósito del asunto de la violencia, que también se menciona en el vídeo), sino sobre todo en los comentarios de los periodistas (Xavier Vidal Folch, Reyes Rincón, Jesús García y nada menos que la "distanciada" Lola García, de "La Vanguardia"), que son lo más relevante del vídeo y a través de los cuales se nos hace el favor de indicarnos lo que tenemos que pensar. Y en esa tarea, todos hablan de forma netamente sesgada contra la calificación de rebelión, véalo quien lo dude. El colmo llega en el mismo final del vídeo, donde Jesús García, erigiéndose en juez, nos dice: "Quizá un delito de sedición es lo que encajaría en este tipo penal". Aunque lo envuelve entre las oportunas matizaciones destinadas a despistar, lo presenta como la opción indiscutible, pero de manera velada, ya desde la sutileza de respaldar su mensaje con el aura de lo dicho por un experto que ha seguido el juicio. Y ahí precisamente está la clave: cualquiera que lo haya seguido tiene que echarse las manos a la cabeza con este vídeo, ya que lo falsea de forma brutal, aunque era esperable, a la vista de las crónicas que en su momento hicieron sobre todo el proceso los periodistas que aparecen. 
    En otras palabras: lo que "El País" hace en este vídeo es darnos unas claves, sí, pero torcidas y, curiosamente, alineadas con las tesis del Gobierno de Pedro Sánchez. Deberían andarse con ojo, porque, de paso, podría ser que estuvieran haciéndoles el juego a los golpistas, como ocurre en algún que otro pasaje del vídeo. 

sábado, 5 de octubre de 2019

Mientras dure la guerra

  Leo en "El Confidencial" un artículo de Rubén Amón en el que, entre otras cosas a las que concede más atención, se ocupa de Mientras dure la guerra, la película sobre el mítico episodio de Unamuno en el paraninfo de Salamanca en 1936, la cual se despacha en una ejecución sumaria tan desacertada que me hace sospechar seriamente que no la ha visto. El argumento principal para la rotunda descalificación del crítico es la falta de rigor, que encuentra tanto en los retratos que Amenábar hace de Unamuno y Millán Astray como en su relato de aquel famoso acto académico y la intervención en él del gigante del 98. Está en lo cierto Amón cuando afirma que a Millán se le presenta a través de unos trazos gruesos, esperpénticos y superficiales, pero yerra cuando se refiere a Unamuno, a quien la película trata con una complejidad mucho mayor de la que él asegura, y es de esto de donde sale mi firme sospecha de que Amón no ha visto la película, o la ha visto demasiado condicionado por el obvio disgusto que le producía. En cuanto al otro factor, el de la falta de fidelidad a los hechos en la narración de aquel acto, también tiene razón, pues Amenábar se guía por la tradición idealizada y mitificadora que se ha manejado durante décadas, la cual desde hace algún tiempo se viene poniendo en duda. En el artículo Lo que Unamuno nunca le dijo a Millán Astray, hay una buena exposición de cómo debió de ser en realidad aquel acto, de algunos factores contextuales que ayudan a entenderlo y de la genealogía de la versión mítica que durante años ha cautivado al público. Si lo miráis, veréis ya un gran detalle que desmiente a la película: en esta, después del acto, vemos a Unamuno y Carmen Polo conversando dentro del coche hasta el que la esposa del dictador ha acompañado al gran intelectual para protegerle, cosa que no pudo ocurrir, como demuestra la foto que ilustra el artículo de "El País", en la que se le ve a pocos pasos del vehículo acompañado del obispo Enrique Plá y Deniel, pero sin rastro de Carmen Polo.   
   ¿Sabía esto Amenábar? No me cabe la menor duda, como tampoco me cabe de que tiene que saber que su versión de aquel histórico acto no se ajusta a lo que debió de ocurrir en realidad, o que Millán Astray no era el fantoche que aparece en la película. Y aquí está la clave: Mientras dure la guerra es una película, no un libro de historia, por lo que hemos de concederle, dentro de unos límites entre los que el principal es no retorcer ni falsificar ninguna verdad esencial, el derecho de toda obra artística a manejar recursos expresivos tales como la idealización, la hipérbole, la antítesis, la paradoja (tan unamuniana) o la caricaturización, por mencionar algunos de los que se detectan en esta película. Las obras de arte tienen el privilegio de poder afear, embellecer, achicar, agrandar o metaforizar  las realidades, de poder presentarlas mediante esos procedimientos que las trasponen a un ámbito distinto y, perdóneseme, superior donde ya son otra cosa: puras creaciones estéticas que nada deben a esas realidades ni nada tienen que ver ya con ellas, reflejos que nos descubren aspectos suyos que desconocíamos o representaciones que no les son fieles y sin embargo las retratan mejor que si lo fueran: la verdad de las mentiras de que habla Vargas Llosa. Si perdemos esto de vista al valorar las obras de arte, correremos el riesgo de caer en el juicio ignorante o malintencionado. 
    Analizada teniendo esto en cuenta, Mientras dure la guerra es una muy buena película y no solo no es la pifia superficial que inexplicablemente dicen Amón y algunos otros, sino que además es una encomiable muestra de historia seria y adulta en medio de la desoladora indigencia mental que cada vez se está adueñando más del cine. Empieza por no ser una cómoda hagiografía de Unamuno, ya que no lo trata con benevolencia, sino que saca a la luz bastantes de sus errores y alguna que otra miseria, para nada se queda en eso que dice Amón de retratarlo como un cascarrabias, y es aquí donde, en medio de tanta supuesta inexactitud, sale la primera gran verdad de este conjunto de "mentiras": que Unamuno se equivocó creyendo en el alzamiento y dándole inicialmente su apoyo, porque no tardó en descubrir que era un golpe de Estado que traía más crimen, dolor e injusticia. Y la segunda gran verdad es esta: que quiso enmendar su error y para ello, entre otras cosas, en el acto de Salamanca sin duda dijo algo encaminado a ese propósito y que produjo escozor. Esto es lo esencial; que luego se pretenda contarlo con un intento de averiguar ¡83 años después! sus palabras exactas o se haga escenificando la mítica falsificación de toda la vida es ya secundario: la primera vía habría dado lugar a un documental veraz, realista y seguramente tedioso; la segunda, que es la elegida por Amenábar (un señor que hace películas y no documentales), ha dado lugar a una excelente película igualmente veraz, pero en lo esencial, a través de algunas "mentiras" y bastantes verdades de mucho peso, como la represión desatada en Salamanca en 1936. Y hay una tercera gran verdad, por la que convendría que algunos malvados y/o irresponsables que hoy están metiendo mucha bulla o eludiendo sus deberes en España vieran Mientras dure la guerra: que enconarse en insensateces o no atajarlas suele tener resultados catastróficos. 
   De lo que no cabe duda es de la grandeza de Unamuno y del acierto de quienes urdieron esa romántica fábula de su intervención del 12 de octubre de 1936, pues todo esto siempre ha levantado pasiones y bien se ve que las sigue levantando. En 1977, fui a ver Caudillo, de Basilio Martín Patino. Casualmente, en esta película, también aparece el acto del paraninfo de Salamanca y, cuando se pronunció ese "Venceréis pero no convenceréis...", esas palabras que, sean históricas o no y guste o disguste a quien sea, ya no se podrán borrar de la historia, todo el cine estalló en una estruendosa ovación. Miento: todo el cine menos una persona: el señor que estaba a mi lado (alguien que se equivocó de película), que se puso hecho una furia y la tomó con el que le pillaba más cerca, o sea, vuestro querido guachimán. No acabamos a paraguazos de milagro. Algo vamos avanzando.  

domingo, 29 de septiembre de 2019

País, estado, nación y otras trampas de la terminología política

    No hará ni una semana, se presentó en sociedad la formación política que encabeza Íñigo Errejón, cuyo nombre, Más país, me hizo pensar si no estaría financiada por el grupo PRISA. Chistes malos aparte, está claro que la denominación elegida por el exnotable de Podemos es muy poco afortunada, ya que la palabra "país", al ser un hiperónimo que tanto serviría para España como para Alemania, Venezuela, Haití, Corea del Norte o Suecia, carece de fuerza expresiva y del contenido semántico suficiente como para constituir la seña de identidad que el nombre de un partido político debe ser.
    -¿Estás seguro de que es así, guachimancito?
    -¿Y tú presumes de ser licenciado en filología?
   Ya, ya sé que los 500.000 componentes del sector crítico de mis seguidores tenéis en la yema de los dedos estos insidiosos comentarios u otros parecidos, pero os los vais a tener que guardar, porque paso a matizar y explicar mi postura. 
    A poco que se mire con detenimiento, es muy difícil (por no decir imposible) que exista un término que, lanzado a un contexto discursivo, no signifique nada y, si este contexto es el político, lo normal será que todo término esté a reventar de significados, ya sea por lo que dice o por lo que omite, caso este último que es el que afecta al nombre que Errejón le ha puesto a su partido, como se comprende muy bien si nos fijamos en que es la elevación a nacional de la iniciativa que encabeza a nivel autonómico: si esta se llama Más Madrid, la que se crea ahora debería lógicamente llamarse Más España, pero... ¿dónde va un chico tan progre y tan de izquierdas como Errejón con eso de España? Sin duda iría al desastre, pues, para el segmento del electorado al que intenta atraerse, España es sinónimo de facha, franquista, reaccionario y viejuno, así que ha preferido presentarse con esa etiqueta insípida y vacía de Más país, la cual, por cierto, no es lo único insípido y vacío que nos ha ofrecido.
    Y es que no cabe duda de que la palabra "España" es en España una palabra incómoda, un auténtico tabú político, lo cual da idea de lo profundo que es el aberrante abismo de estupidez y confusión en que estamos sumidos los españoles desde hace más de cuarenta años, los mismos que llevamos en democracia, esa democracia que es claro y meridiano que hoy se quieren cargar algunos que, casualmente, también quieren cargarse España. Como no viene muy a cuento retrotraerme más allá de los años 70, diré de forma sucinta que fue entonces cuando a la palabra empezó a caerle el tabú que hoy padece, forjado desde la izquierda y el nacionalismo. En aquella época se empezó a imponer la pureza de sangre progresista que ha llegado hasta hoy y que por fortuna parece que cada vez somos más los que empezamos a combatir, y no era nada progre una palabra que tanto había enaltecido el franquismo y que era la losa de opresión que aplastaba las "legítimas" aspiraciones de independencia de los pueblos vasco y catalán (y algún otro menos escandaloso). Estas cosas las he presenciado, las he vivido y las he practicado, así que sé de qué hablo: decir España era de fachas y se evitaba en las conversaciones y en los medios de comunicación, con sustitutos como "este país", "el Estado", "el Estado español" (cuando no había más remedio que precisar) o el simple adverbio "aquí". Y esto duró y sigue durando; puede que alguno piense que me paso de suspicaz, pero estoy seguro de que se halla detrás de esa estúpida moda de llamar la roja a la selección española de fútbol o a la de baloncesto, o los hispanos a la de balonmano, modas ambas que quizás estén decayendo, lo cual me alegra.
    Casi cuarenta y cuatro años después de morirse Franco, puede constatarse esta curiosidad: aun siendo de todos conocida la importancia del lenguaje en la política, solo los nacionalistas han sido capaces de valorarla y sacar provecho sistemático de ello. En todo debate que les afecte, los nacionalistas son muy celosos de imponer su terminología y sus frases emblemáticas, incluso aunque sean -como ocurre muy a menudo- ficciones emanadas de sus mitologías o puras y sonrojantes mentiras. La razón es muy sencilla: parecen ser muy conscientes de que quien marca el lenguaje marca los límites y referentes del debate, con lo que lo lleva al terreno que le conviene. Un ejemplo muy claro es todo lo que llevo dicho hasta aquí acerca del término "España": si se consigue cargarlo de tantas connotaciones negativas que hasta resulta embarazoso pronunciarlo, haremos que el mundo se trague mejor esa pildorita de que la pobre Euskadi o esos maltratados Paísos Catalans tienen el derecho irrenunciable a independizarse del yugo del abominable infierno español. Así de fácil: la idílica Euskadi o la ideal Catalunya frente a la tenebrosa España: ¿quién puede tener dudas? Otro ejemplo es aquel famoso Movimiento de Liberación Nacional Vasco (MLNV), pérfido eufemismo bajo el que se esconde el repugnante entramado de organizaciones separatistas al servicio de ETA: los esbirros de unos criminales autoetiquetándose como libertadores, ¿hace falta un ejemplo más claro? Pues bien, da un juego de mayor alcance todavía, ya que lo de famoso lo he dicho por aquella anécdota en la que el propio José María Aznar se refirió a ellos utilizando su vergonzosa denominación-trampa, pero resulta que hay mucho más: mientras escribía este artículo, he descubierto la colosal manipulación que es la página de Wikipedia que enlazo arriba sobre este engendro bélico-político, visitadla si lo queréis comprobar. Y es que, al hablar de las mentiras del nacionalismo, tiras de una y salen enganchadas otras cien: nacionalismo y mentira son consustanciales.
    Amarradas a la neolengua del nacionalismo -que en esto es idéntico a cualquier dictadura, la franquista, sin ir más lejos- muchas palabras son sometidas en ella al particular sentido que les confiere. Son notorias las que pertenecen al campo de la división territorial o administrativa, como ya hemos visto con "país", casi siempre neutra, que Errejón ha usado para no espantar votantes y que sirve también para evitar que algunos fanáticos del separatismo empiecen a echar espuma por la boca por el solo hecho de oír decir España. Antes he mencionado la palabra "Estado", que de antiguo ha sido utilizada para sustituir no solo a "España", sino también a "nación", pues debe tenerse en cuenta que, por sus aspiraciones, los independentistas consideran que sus comunidades son en realidad naciones que están integradas en la española solo por la fuerza. Conclusión: a la hora de referirse a sus relaciones con esa España secuestradora, la mencionan con el término "Estado" (que ofrece además la ventaja de poseer ciertas connotaciones negativas vinculadas con la tiranía) y sus derivados, en frases del tipo: "La Generalitat no permitirá los abusos del Estado", "el Estado debe hacer más inversiones en Euskadi" o "la educación no es una competencia estatal, sino de la Generalitat". Ahora bien, la fórmula política española recibe el nombre de Estado de las Autonomías, con lo que es una falacia (como muchas veces se ha señalado) referirse a las autonomías como si no fueran estado: lo son, pero de ámbito regional, periférico autonómico o como se quiera. Así, en la primera frase, la palabra "Estado" debería sustituirse por "Gobierno" o en todo caso "Gobierno central", pues es el homólogo nacional de "Generalitat", que es autonómico, pero ambos son estatales en el ámbito que les corresponde; en la segunda, valdrían "el Gobierno", "el Gobierno central" o hasta sería admisible "el Estado central", con lo que nos quedaría claro que no se le está reclamando pasta a la parte autonómica del Estado que puede invertirla en la región vasca. En la tercera está claro que hay una contradicción, pues si se atribuye la competencia en educación a la Generalidad, se le está atribuyendo al Estado, pero en su parte autonómica; también valdría pensar que la equivocación está en el uso del término "estatal", en cuyo caso podría tener varios sustitutos, de los que yo me inclinaría por "nacional", aunque ello disgustaría mucho a los que creen en la falsedad de que Cataluña (o Valencia, que también tiene Generalidad) es una nación, cuando es solo una región o una comunidad de España. Quizás resulte un poco largo, pero creo que queda clara una cosa: términos como "Estado" o, en menor medida, "nación" llevamos ya mucho tiempo utilizándolos de manera inapropiada, y deberíamos empezar a acostumbrarnos a no hacerlo, ya que el uso que se ha impuesto es el que los nacionalistas han conseguido implantar con arreglo a sus intereses, cada vez más conflictivos.
    Terminaré volviendo al uso de la palabra "país", pero en otro contexto diferente al ya visto, el de denominaciones tales como País Vasco, País Valenciano o Países Catalanes, en las cuales su significado geográfico decae ante unas connotaciones políticas muy sectarias. Lo mismo que España es una sola nación que no tiene dentro naciones, sino comunidades, es también un solo país que no se compone de países, sino de regiones. ¿Cuántos años me habré pasado en mi vida, al igual que millones de españoles, llamando País Vasco a la comunidad compuesta por Álava, Guipúzcoa y Vizcaya? Muchísimos, así que es una pena que, después de tanto tiempo, las extralimitaciones del nacionalismo y su permanente cerco a la lengua española me lleven a tener que desconfiar de algo que ya no es un nombre inocente y no sé si alguna vez lo fue. Está claro -no me voy a extender en evidencias políticas, históricas, culturales y geográficas ni en reconocimientos internacionales- que esas tres provincias no componen un país, sino una región dentro de un país, España, por lo que lo de País Vasco ya me rechina. Me parecería absurdo, por otra parte, recuperar el apolillado nombre de Provincias Vascongadas, pero tampoco sería muy coherente, después de rechazar "País Vasco", decantarse por "Euskadi", que no es una palabra de la lengua española. En estas circunstancias, ya desde hace algún tiempo, me refiero a esta parte de España con el nombre de Comunidad Vasca, que me parece el único que no lleva cargas indeseables. Lo dicho de "País Vasco" vale también para "País Valenciano", con el agravante de que esta denominación es un invento bastante posterior y un tanto oportunista, que me figuro que procederá de sectores regionalistas o incluso separatistas valencianos, que también existen. No me detendré mucho en "Países Catalanes", pues es una entelequia, una ensoñación de los sectores más fanáticos y delirantes del separatismo catalán, valenciano y balear, a la que veo una viabilidad escasa por no decir nula, para bien primero que nadie de sus propios defensores, porque, conociéndolos, estoy seguro de que tres días después de alcanzado su sueño estarían a puñaladas entre ellos.

sábado, 21 de septiembre de 2019

Praxis educativa. 31: dar clase por la tarde en los institutos: ¿el siguiente gol que nos quieren colar?

   Publicaba hace unos días la sección DE MAMAS Y DE PAPAS de "El País" un artículo (1) cuyo autor se llama Adrián Cordellat y que ya desde el título denunciaba el último desmán que se ha demostrado que cometemos en los institutos: somos los culpables de que nuestros adolescentes anden como zombis. ¿Por qué? Por esos monstruosos horarios que comienzan tan pronto que, a decir de los expertos, están descompensados con sus ciclos naturales de sueño, con los que forzamos a los pobres a no enterarse de lo que se dice en las dos primeras horas, portarse mal, engordar hasta límites mórbidos y enfermar de diabetes: todo esto está en el artículo, os lo juro. Interpretar en favor propio estudios de origen a menudo incierto y elevar a generales resultados parciales es una manipulación habitual en la prensa que realiza el señor Cordellat en este artículo, cuya tendenciosidad empieza en el título y se completa con lo dicho hasta aquí más alguna que otra mentira pequeña pero importante; señalo, por su relevancia para la tesis que el artículo nos quiere vender, esta:  dice al principio que las clases en los institutos empiezan a las ocho, cuando en realidad lo más generalizado es que sea a las ocho y media. Parece una bobada esa media horita, pero no lo es en absoluto, ya lo veréis. 
   Aunque el señor Cordellat parezca presuponer que en los centros educativos no nos preocupamos acerca del sueño de nuestros alumnos, lo hacemos, y mucho, de ahí que la mayoría de los profesores tengamos un considerable caudal de observaciones e información que nos hacen conocer muy bien el asunto, y de aquí vienen las primeras suspicacias que levanta su artículo: los planteamientos en que basa su propuesta (presentada en términos vagos por el simple hecho de que la quiere colar con disimulo, ya que es el objetivo oculto del artículo) chocan seriamente con la experiencia. Esa propuesta para la que "El País" está preparando el terreno es la de que hay que modificar la jornada de los institutos, y lo hace de forma ladina por una razón: de llevarse a cabo en los términos que plantean, implicaría ineludiblemente trabajar mañana y tarde, cosa perjudicial y muy impopular, por lo cual no se menciona: resulta curioso que un artículo prolijo en exceso en bastantes tramos al final racanee y no se moleste en poner en cuatro palabras a qué hora terminarían las clases si se aceptasen sus premisas. Es muy sospechoso, pero espero que no me llaméis conspiranoico, pues en tal caso tendría que recordaros que todas mis advertencias acerca del proyecto de cargarse los exámenes de septiembre acabaron cumpliéndose, y todos hemos comprobado que ese cambio no ha traído más que importantes perjuicios. Tampoco es ocioso recordar la proyección que le dio "El País" al consejero cántabro Ramón Ruiz, paladín de esta medida (2).
    Un cambio tan drástico no se puede sustentar en el capricho, por eso el artículo se extiende en esos planteamientos cuya veracidad pongo en duda por su choque con la experiencia. En primer lugar, si fuesen verdaderos, ese "jet lag" que señala afectaría a todos o la mayoría de los alumnos, cosa que no he percibido en décadas, sino más bien al contrario, por la objeción que sitúo en segundo lugar: dice el artículo que los alumnos están que no se enteran en las dos primeras clases, mientras que lo que la experiencia de todo profesor muestra es lo opuesto: las dos primeras horas de la jornada son las más provechosas. En tercer lugar, otra vez lo mismo: si la falta de sueño provocada por los horarios incidiera en la conflictividad, todos los alumnos tendrían que ser conflictivos en mayor o menor medida, pues todos tienen el mismo horario, pero lo que demuestra la práctica docente es que la conflictividad se reduce solo a una parte de ellos. En lo de la obesidad y la diabetes supongo que entenderéis que ni me moleste en entrar. Llama también la atención el hecho de que el artículo parta de la presuposición de que este problema no existe en primaria, donde por supuesto que existe y es más delicado aún que en secundaria, pero se ha resuelto de una forma muy simple: entrar una hora después y trabajar por las tardes; en lo primero se extiende, mientras que lo segundo lo elude, curioso, ¿no? Para terminar, el asunto de los alumnos zombis lleva siendo una preocupación escolar ya bastanes años, pero centrado en los que efectivamente dan muestras de dormir poco o mal, de los cuales, unos cuantos son personas que tienen patologías de insomnio que se tratan médicamente y el resto son los que nos alarman, es decir, esos que sabemos que duermen poco no por la hora a la que se levantan, sino porque se acuestan a las tantas por estar enganchados a la televisión, el móvil, el ordenador o la consola: que un artículo que habla del "jet lag" de los estudiantes no les dedique ni una línea resulta incomprensible. 
    Después de intentar demostrarnos prolijamente mediante estudios y testimonios de expertos -y cada vez se hace más necesario recordar que ni unos ni otros están en posesión de la verdad-, el señor Cordellat procede no, como ya he dicho, a presentar abiertamente la que sería su propuesta, sino a presentar modelos que la llevan implícita, particularmente, lo que se está haciendo en Cataluña bajo el paraguas del llamado Pacto por la reforma horaria (3). Esta propuesta de modificación horaria se ampara en unos planteamientos educativo-sanitarios tan respetables como discutibles, parecidos a los de Cordellat, por lo que se profundizan mis suspicacias hacia esa falsa sensación que quiere transmitir de que lo que él dice es la única cosa razonable que se puede hacer en materia de jornada educativa para secundaria; ahora bien, si se toman en consideración ciertos elementos ideológicos que la acompañan, entonces la suspicacia se convierte en pleno rechazo. En primer lugar, vemos que lo que se pretende en realidad no es modificar solo los horarios escolares, sino "un cambio sistemático en los horarios catalanes" para "recuperar las dos horas de desfase horario en relación al resto del mundo". En otras palabras: no nos hallamos ante nada sólido, sino ante otro proyecto de la Generalidad (que está detrás de este engaño) para disociar a Cataluña del resto de España. Incluso, en un apartado señalado en letras rojas se denomina a esta iniciativa Pacto Nacional para la Reforma Horaria. Eso de "nacional", en una conspiración de la Generalidad, hace innecesario que se hable más del asunto: repito, esto no es más que otro intento de desespañolizar, que no se logra ocultar ni con la retórica soporífera y pringosa del documento. 
    Para mayor concreción en lo que representaría este montaje en la vida escolar, un prolijo artículo o panfleto propagandístico de "La Vanguardia" de 2016 (4), deja sabrosas clarificaciones en este y en otros aspectos. En primer lugar, nos desvela que se trata de lo que ya sabemos: un plan que se hacía en junio de 2016 (importa la fecha) para implantar en Cataluña una europeización horaria que entraría en vigor en 2018, hemos de suponer que con la República Independiente de Cataluña ya proclamada; parece ser sin embargo que el plan horario ha seguido el mismo camino hacia el cubo de la basura que el plan separatista conocido como el procés: dos disparates que acabaron como era de esperar: estrellándose. Pero, en lo que se refiere a su valor como modelo de jornada escolar, el dato interesante que aporta "La Vanguardia" es este: proponía empezar a las 8 u 8:30 y terminar a las 16, con parada para comer entre las 12 y las 14 y una franja para extralectivas y extraescolares entre las 16 y las 19, o sea, un disparate a la altura del calendario juliano que determinaba la estancia de los alumnos en los centros entre 8 y 11 horas, ahí es nada. Algo dantesco, un delirio de pirados esperable solo en un territorio en manos de Puigdemont y fanáticos por el estilo. 
    Es necesario volver al punto de partida: un señor llamado Adrián Cordellat nos larga en "El País" un ladrillazo de artículo en el que pretende convencernos de lo malo que es que los adolescentes entren al instituto a las 8 (pero en realidad entran a las 8:30) para acabar proponiendo un modelo... en el que entran a las 8 o las 8:30: ¿se ha convertido "El País" en la revista "Mongolia"? ¿A qué juega este medio con sus lectores?
    Aparte de que queda demostrado que el artículo del señor Cordellat, las ideas (?) que desplegaba y la insostenible propuesta que nos quería colar tienen un valor nulo, podemos llegar a una serie de conclusiones bastante penosas, relativas todas ellas a la fiabilidad de los medios de comunicación. El señor Cordellat se ha extendido en una serie de argumentos de autoridad pretendidamente científica que, a la vista del fin al que llevaban, hay que poner muy en duda. Penoso. Ha querido guiarnos a un fin poco clarificado e incoherente con los argumentos que llevaban a él. Penoso. Ha intentado darnos gato por liebre. Penoso. ¿Por qué lo ha hecho? No lo sé. ¿Por abrir brecha con falsedades hacia un cambio en las jornadas lectivas a beneficio de a saber quién? ¿Porque escribe en un medio receptivo a cualquier cosa que se presente como innovación educativa y ha tratado de colar una absurda? ¿Porque es pancatalanista (cosa que ignoro) y nos ha querido vender un producto CAT? ¿Porque tenía que venderle a "El País" un artículo como fuera? Cualquiera sabe; lo que sí sé es una cosa: que, cada vez que en adelante vea un artículo suyo, me abstendré de leerlo o lo leeré con gran desconfianza, la misma que desde hace tiempo me genera "El País" por publicar demasiadas manipulaciones como la que acabo de comentar. 


NOTAS Y ENLACES
2. Podéis encontrar más información sobre Ramón Ruiz y aquel asunto en el apartado Las fantasías de los expertos, que está en la columna derecha de este blog. 
3. Tenéis información en español sobre la iniciativa en este artículo: http://institutinfancia.cat/es/blog/pacto-para-reforma-horaria-oportunidad-mejorar-vida-ninos-ninas-y-adolescentes/.
4. "La Vanguardia": Escuela hasta las 16h, comercio hasta las 20h y breve pausa para comer.

sábado, 31 de agosto de 2019

Zoofilia

    Parece poco discutible que atravesamos una época en que las sociedades, particularmente, de los países ricos, han caído en una superficialidad, una frivolidad y un infantilismo que a veces hacen temer seriamente que caminemos hacia una manipulación entontecedora semejante a la que concibió Aldous Huxley en Un mundo feliz, que retrata un futuro en el que la mayoría de la humanidad se compone de personas que han sido preconcebidas artificialmente con limitaciones mentales que les permiten tener solo la capacidad apropiada para su puesto productivo, sin que puedan alcanzar grandes metas en inteligencia, discernimiento, sabiduría, sensibilidad o libre albedrío, virtudes que quedan reservadas para una élite muy minoritaria. La tenebrosa distopía de Huxley -en la que, por cierto, los libros son objetos severamente escondidos y prohibidos- es de 1932, y a veces pienso que, sin necesidad de sus humanos alfa, beta, gamma, etc. inducidos mediante un control artificial de la natalidad, hemos llegado a ella. Uno de los síntomas más evidentes de la inmadurez de nuestros días está en las carteleras de los cines, en las que cada vez escasean más los temas serios y para gente madura y son más hegemónicos los superhéroes, tíos cachas que van en coches imposibles, robots galácticos, fantasías tipo Disney o dibujos animados, es decir, las inconsistencias que en tiempos más serios quedaban para la sesión infantil o los tebeos, los cuales empezaban a estar mal vistos en lectores de más de catorce años. Si nos fijamos en el capítulo de los dibujos animados, comprobaremos que multitud de ellos están protagonizados por animales, y algunos tienen tan buena acogida que generan esas series que ahora se pretende dignificar con el pretencioso nombre de sagas. Y es que en torno a los animales -he de señalarlo, aunque siempre me han gustado mucho-, o, mejor dicho, a la enfermiza relación que nuestras sociedades actuales mantienen con ellos, pueden verse a la perfección y con gran frecuencia inquietantes signos de esta frivolidad cada vez más extendida hoy. Os dejo tres muestras muy actuales. 
1.- Más mascotas que niños
    El problema de la baja natalidad española me preocupa desde hace mucho tiempo, tanto que hasta tengo algunos artículos sobre él (N1, N2) y me produjo cierta indignación el que en unas recientes elecciones los políticos lo sacaran como si fuera de ahora, para luego hacer lo de siempre: manosearlo, explotarlo y olvidarlo. Como podemos ver en un artículo de "El País", lo hemos abandonado tanto que ya hemos llegado al disparate de tener más mascotas que niños. Y es que esta sociedad infantilizada y enfermiza nuestra, por diversos conductos que sería largo analizar, está llevando a que volquemos nuestros afectos sobre animales sobrevalorados y huyamos de tener hijos por la responsabilidad y los sacrificios que representa. Siempre he dicho que pagaremos por ello un precio muy alto en el futuro, o quizás lo estemos empezando a pagar en el presente. Por cierto, si miráis el artículo de "El País", veréis que señala en su titular el problema y luego... ¡está dedicado a las mascotas! Son geniales, los chicos de doña Soledad Gallego. 
2.- La gata desaparece
    Lady vanishes fue el título de una película de Hitchcock que aquí se tituló La dama desaparece y que está teniendo en la actualidad una versión acorde con el desquiciamiento animalista de nuestros días, que podríamos titular La gata desaparece, ya que se trata de Choupette, la gata a la que su amo, Karl Lagerfeld, convirtió en una auténtica dama favoreciéndola con una sustancial fortuna y en torno a la cual parece ser que se ha montado un follón en Instagram, donde el bicho tiene ¡286.000 seguidores!, ¿de qué vamos? El modista padecía, está claro, una colosal estupidez en lo relativo a su mascota, lo que nos lleva inevitablemente a preguntarnos por la decencia de que un gato viva a pleno lujo y reciba una suculenta herencia en un mundo donde millones de humanos padecen la miseria, pero parece ser que la estupidez de Lagerfeld era contagiosa con alcance universal, si nos fijamos en el delirio de que la gatita sea un icono en las redes y blanco de la atención de la prensa rosa. Naturalmente, detrás de esto habrá unos cuantos vividores que estarán encantados. 
3.- ¿# Me Too gallináceo?
   Y aquí viene otra: nadie puede discutir que, en cuanto suena la palabra "delirio", ahí aparecen en primera fila los veganos. Un colectivo llamado Alma Vegana ha creado un refugio para animales para protegerlos en "un régimen de exclavitud". Es una granja "antiespecista, transfeminista, libertaria y ecologista" y tiene a las gallinas separadas de los gallos para que estos, de conocidas convicciones heteropatriarcales, no las violen. Ninguno de los disparates dichos hasta aquí es invención del guachimán, pero, si queréis conocer el límite del despropósito de esta propuesta, tendréis que leer el artículo que he enlazado, ya que la sucesión de barbaridades es imposible de resumir, pero por fuerza he de destacar esta, que dice al final del segundo vídeo con ridícula convicción una de la almas veganas: comer animales es fascista. ¡Ahí queda eso! El argumentario de esa menestra caótica que es la izquierda de hoy en día ha quedado reducido a que todo lo que hacen los demás es fascista, y me temo que acabará siendo fascista hasta respirar, ¿o es que acaso no respiraba Franco? Llamo también la atención sobre el hecho de que, cuando un vegano o quien sea se declara antiespecista, está proponiendo exactamente la igualdad entre todas las especies animales, o sea, que sean lo mismo una vaca, un ornitorrinco, un salmonete o una cochinilla que tú, querido lector, yo, o -lo que ya es peor- la entrañable gatita del difunto Karl Lagerfeld. Esto es lo que hay.   

lunes, 12 de agosto de 2019

Parecidos totalitarios razonables: Torra - Putin

   Salía ayer en todos los medios (incluida La Vanguardia) la noticia de que Vladimir Putin, ese modelo mundial de líder democrático, era muy aficionado a las motos, hasta el punto que se había ido de juerguecilla en plan Hell rider con algunos moteros amigos suyos, como podéis ver en esta imagen:
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    Leo hoy en El confidencial un artículo titulado Motards, las milicias de Torra: "Haremos lo que sea por implantar la república", en el que se habla de lo que fácilmente se puede imaginar y Quim Torra aparece rodeado de unos moteros bastante patéticos (como él) y fanáticos (como él), que amenazan con llevar hasta las últimas consecuencias su quimérico empeño en pos de la república catalana (¡como él!). Leed el artículo que enlazo, donde están sus planteamientos y sus hazañas, y ya me diréis si encontráis diferencias entre esta banda y cualquiera de las milicias fascistas que andan por el mundo. Aquí los tenéis arropando al Torra.
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   Si de por sí es bastante repulsivo que un ¿presidente? autonómico se rodee de personas con los planteamientos de esos motadrs de Torra (aunque no es ni de lejos la primera vez que este señor azuza las conductas más incendiarias), ya es dolorosamente significativo que el líder mundial con el que comparte esta exhibicionista afición sea nada menos que Putin. ¿Quiere Torra acabar siendo el Putin de Cataluña? Pues que no les pase nada a los separatistas con lo que se están buscando, menos mal que España es un estado de derecho y se le pararán los pies. ¿Qué cara se les habrá quedado a los genios de La Vanguardia cuando hayan visto hoy a su Torra rodeado de moteros después de que ellos sacaran a Putin no hace ni 24 horas montando un numerito parecido?

domingo, 11 de agosto de 2019

Midsommar

   A pesar de lo que me gusta el cine, hace ya casi cinco años que escribí el anterior artículo sobre una película, la muy prescindible El último superviviente, y casi nueve desde Mis diez mejores películas de terror, artículo que cito porque la cinta de la que voy a hablar hoy, Midsommar, de Ari Aster, es también de ese género.
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   La película no es desconocida, aunque solo sea por el afortunado y sugerente cartel que reproduzco aquí arriba y que, al menos en Madrid, hemos visto en decenas de anuncios en el metro o en la calle, y digo lo de sugerente porque ¿quién no va a sentir curiosidad por ir a ver la película para enterarse de lo que le pasa a esa pobre chica, de qué hay detrás de la antítesis manifestada por la guirnalda de flores y el rostro lloroso? Como reclamo, es un gran acierto.
   Aunque hay voces discrepantes, Midsommar ha obtenido en general críticas favorables, a las que me uno. Es una historia de terror muy desasosegante y atípica: no esperéis sustos ni entes diabólicos, y olvidaos de las habituales escenificaciones tenebrosas o sombrías, pues en esta película casi todo ocurre a la luz del día, como se sugiere, de nuevo con sutileza y acierto, en el cartel. Y en esta luminosidad está para mi gusto otro de sus méritos: unas bellísimas imágenes, a veces de paisajes, a veces de grupos de personas, pues es una trama muy coral. Y, aun con toda esa luz, es bastante aterradora, pero advierto para los enemigos de los metrajes largos (dura 145 minutos) que el horror se va dosificando in crescendo conforme se despliega la historia. Y no digo más, pues, como ya sabéis, de las películas que recomiendo, prefiero contar lo menos posible.

sábado, 27 de julio de 2019

El mejor país del mundo para ser niño

1. Frase afortunada     
    Una de las frases que más me llamaron la atención de entre las que pronunció Pedro Sánchez en su discurso de investidura del pasado día 22 fue esta cursilería: "Queremos que España se convierta en el mejor país del mundo para ser niño, desde el derecho a la educación hasta el derecho a jugar". No recuerdo si antes o después vino el anuncio de su propósito de aprobar una ley de protección a la infancia y a la adolescencia contra la violencia, cosa, evidentemente, con la que estaba vinculada. La frase es muy representativa del tono general del discurso, que para mí fue una clara muestra de la enorme deuda de Sánchez con el zapaterismo: el típico brindis al sol, el enunciar un deseo idílico y pretender hacerlo pasar como un planteamiento político razonable. Muy zapateristas fueron también otras dos cosas que esta articulación de propuestas conllevaba: el envolver en esos beatíficos tules una carga diabólica (y esa pretendida ley de protección de la infancia lo es o podría serlo) y el blindarla contra las posibles críticas en la excelsitud de los propósitos manifestados: ¿quién podría estar contra el paradisiaco bienestar de los niños? ¿Quién se podría oponer a que se les protegiera contra la violencia? Ante estas dos formidables barreras, haría falta tener muy claras las ideas y tentarse muy bien las ropas para atreverse a presentar objeciones a la iniciativa, pues se correría un serio riesgo de aparecer como un monstruo. Y no estoy frivolizando, porque este procedimiento, tan cómodo como cínico, se está usando de forma habitual desde las filas del progresismo en general y del PSOE en particular: si criticas ese carnaval conocido como Orgullo Gay o señalas los excesos en que están cayendo los movimientos LGTBI+, es que eres un homófobo; si señalas las grietas de la Ley contra la Violencia de Género (por las que se cuelan señoras como Juana Rivas o las de Infancia Libre), es que apruebas que se maltrate a las mujeres; si, a la vista de los planteamientos de Carmen Calvo o engendros similares, decides no comulgar con la rueda de molino de que todos deberíamos ser feministas, es que estas en contra de la igualdad de derechos de la mujer. Y así.
2. El niño de los balines
   Pero la realidad es muy tozuda y tiene la mala costumbre de poner en evidencia las falsificaciones, aun cuando se disfracen de bellos sueños. En lo relativo a estos planes enunciados por Sánchez, la gran objeción que se plantea es esta: ¿acaso son infelices o están desprotegidos los menores en España? Sería de un cinismo brutal afirmar lo primero y, en cuanto a lo segundo, se da el triste sarcasmo de que, desde hace mucho tiempo, está abierto en nuestra sociedad un serio debate acerca del hecho de que quizás nuestras leyes sean excesivamente protectoras con ellos cuando se inclinan por el gamberrismo o la delincuencia. La alarma social sobre este asunto es seria y muy fundada; el último caso de envergadura ha saltado a los medios precisamente por los días en que Sánchez formulaba su propuesta: el de ese adolescente de catorce años que hirió en Málaga a niños y adultos con una escopeta de balines, hecho criminal por el que, por razones de edad, resulta inimputable. Es innecesario hacer más leyes de protección a los menores en un país donde ya están sobreprotegidos. Protéjaseles firmemente contra la violencia y la pobreza con las que ya hay, pero además no quiero dejar pasar la ocasión de señalar que, en este de Málaga como en muchos otros casos, unos menores que han sido víctimas de otro menor han quedado desprotegidos, gracias, paradójicamente, a la normativa de protección del menor. ¿Qué resultado tendría crear esa ley que propone Sánchez? Mucho me temo que este: la proliferación de expertos en la materia, más observatorios y organizaciones; un nuevo campo de fiscalización para psicólogos, pedagogos y demás; una nueva esfera de lucimiento para esos espontáneos que viven de "ayudar" a quienes no los necesitan para nada. De esto ya hay mucho en España, creo sinceramente que por esta vez nos lo podemos ahorrar. 
3. ¿Los protegería también de los iluminados, tecnócratas que rinden culto a las finanzas, experimentadores varios y otros especímenes que los merodean?
    Y es que, en lo tocante a los niños y la educación, en cuanto te descuidas, te sale alguien que quiere sacar partido. ¿Los protegería Sánchez, que quiere que los nuestros jueguen más a gusto que ninguno del mundo, de innovadores que hacen cosas como birlarles la pelota? ¿O de los que se lanzan a la piscina haciendo alegres experimentos con algo tan importante como su educación? ¿O de tecnócratas como la señora Patricia Casado, que sale hoy en un suplemento de "El País" sosteniendo que educar en finanzas a los más pequeños es esencial, barbaridad cabalmente en la línea de las propuestas de la OCDE? Mucho me temo que no, porque todos estos vampirizadores de la infancia y la adolescencia están de lleno en la órbita educativa y cultural de su partido.
4. Yo soy Cora
    Y, hablando de "El País", y de su órbita cultural y educativa (que es la de Sánchez y su partido), y de los niños: os recomiendo que no os perdáis este artículo: Yo soy Cora, que trata sobre una niña transexual que debe de tener ocho o nueve años y que empezó a forjar su decisión de cambiar de sexo cuando tenía tres. Hay que leerlo, repito, porque es interesante y esclarecedor. De lo que yo pienso, me limitaré a proclamar que soy absolutamente contrario a que decisiones como la que tomó Cora se dejen en manos de personas de su edad, pero en nuestro país las leyes lo permiten, supongo que en nombre de la protección a la infancia.
5. Víctima silenciada     
   Terminaré con un asunto tremendamente serio. Ayer, en el informativo de las 14:00 de RNE, oí a una locutora decir que esta había sido una semana luctuosa en lo referido a la violencia... ¿cómo lo digo para no molestar a nadie? ¿Machista? ¿De género? ¿Contra la mujer y la infancia? ¿Familiar? Elija cada cual lo que le parezca y vamos a los hechos: la cuestión fue que RNE se lamentaba por la muerte de cuatro personas por esa violencia: las tres mujeres y el niño que podéis ver en esta noticia de 20minutos. Media hora después, en el informativo de Antena 3, expresaban el mismo lamento. El problema es el siguiente: en esta semana, no han sido uno, sino dos los niños asesinados por sus progenitores: el que fue acuchillado por su padre en Beniel (que es del que se acordaron RNE, Antena 3 y 20minutos) y el que fue ahogado por su madre en Azpeitia (que es el que esos medios parecen haber olvidado). Rechina que en una noticia se diga que la semana ha sido trágica por la muerte de tres mujeres y un niño y se omita mencionar a un segundo niño que en esa misma semana ha sido víctima de igual violencia. Quienes quieran defender a estos medios informativos, supongo que argumentarán que sus noticias versaban sobre violencia machista, de género o como la quieran llamar, en la que debemos entender que el niño de Azpeitia no se computa, pero, en ese caso, lo que salta a la luz es que algo no funciona en unas leyes y unos cómputos que se acuerdan de un niño al que mató su padre y se olvidan de otro al que mató su madre. Cuando se produce una discriminación así, yo diría que no estamos ante una discriminación positiva, sino ante una discriminación aberrante. ¿Habrá alguna que no lo sea?  
    Cosas de niños, ya veis: así de complicado anda el mundo de la infancia. 

martes, 23 de julio de 2019

Laura Borrás, Merche Aizpurúa y las mentiras en sede parlamentaria

   Me pongo a ver la sesión de hoy sobre la investidura (que parece problemática) de Pedro Sánchez y le llega el turno al grupo-menestra en el que conviven algunos de los partidillos de alcance regional que existen en España, lo que me brinda el dudoso placer de escuchar a Laura Borrás (Junts per Catalunya) y Merche Aizpurúa (EH Bildu). Entre la sesión de ayer y la de hoy, se han vertido en este debate intervenciones, frases y palabras que van de lo brillante a lo penoso, así como verdades y mentiras de diverso tamaño y condición. La intervención de Laura Borrás ha sido un discurso de tono soporífero salpicado de ridículas cursilerías, mientras que la de Aizpurúa, por sus palabras y por su ritmo, ha tenido las resonancias bélicas habituales en la parla del aberchalismo, que siempre parece tener como música de fondo tambores y trompas de batalla. Ahora bien, en una cosa han sido las dos iguales: sus intervenciones han rebosado de mentiras y han dado cabida a las más repugnantes y monstruosas que se han oído en este debate: las que han querido blanquear el odio, la discordia, el golpismo y hasta el asesinato. Quien quiera comprobarlo, que busque en los archivos digitales; yo voy a limitarme a dos ejemplos pequeños pero significativos.
   No sé si por cinismo, por torpeza o por ambas cosas, al principio de su intervención, la señora Aizpurúa ha dicho que EH Bildu es una formación que "pone la vida en el centro". ¿En el centro de qué? ¿De la diana? No sé, teniendo en cuenta la genealogía de este partido...
    Laura Borrás ha coronado su rosario de estupideces, delirios, tergiversaciones y mentiras diciendo que la justicia española ha acusado a esos golpistas a los que ella defiende por unos hechos que no están tipificados en nuestras leyes. Naturalmente, lo que quiere decir es, una vez más, esa mentira que el separatismo ha sembrado con contumacia: que a los procesados se les ha acusado de rebelión, pero los hechos que cometieron no se ajustan a la definición de ese delito en nuestras leyes.
   Si eso es verdad o no, puede comprobarse yendo al artículo 472 de nuestro Código Penal, que es el que define y delimita el delito de rebelión. Aquí lo tenéis:
Artículo 472.
             Son reos del delito de rebelión los que se alzaren violenta y públicamente para cualquiera de los fines siguientes:
            1.º Derogar, suspender o modificar total o parcialmente la Constitución.
            2.º Destituir o despojar en todo o en parte de sus prerrogativas y facultades al Rey o a la Reina, al Regente o miembros de la Regencia, u obligarles a ejecutar un acto contrario a su voluntad.
       3.º Impedir la libre celebración de elecciones para cargos públicos.
       4.º Disolver las Cortes Generales, el Congreso de los Diputados, el Senado o cualquier Asamblea Legislativa de una Comunidad Autónoma, impedir que se reúnan, deliberen o resuelvan, arrancarles alguna resolución o sustraerles alguna de sus atribuciones o competencias.
       5.º Declarar la independencia de una parte del territorio nacional.
       6.º Sustituir por otro el Gobierno de la Nación o el Consejo de Gobierno de una Comunidad Autónoma, o usar o ejercer por sí o despojar al Gobierno o Consejo de Gobierno de una Comunidad Autónoma, o a cualquiera de sus miembros de sus facultades, o impedirles o coartarles su libre ejercicio, u obligar a cualquiera de ellos a ejecutar actos contrarios a su voluntad.
       7.º Sustraer cualquier clase de fuerza armada a la obediencia del Gobierno.
               ¿Podría alguien negar que los autores del golpe separatista cometieron al menos lo señalado en los puntos 1º, 4º, 5º, 6º y 7º? Y todavía se atreven, por boca de la señora Borrás, a ponerlo en duda nada menos que en el Congreso de los Diputados. En cuanto al tan traído y llevado asunto de la violencia, como ha quedado demostrado en el juicio en el Tribunal Supremo, los golpistas la ejercieron en diversas formas, circunstancias y momentos, pero, como parece que algunos, con intención sesgada, usan de ella un concepto muy limitado, os dejo aquí unas definiciones sacadas del diccionario de la RAE, las cuales colocan el término en su alcance exacto:


Violencia: 1. Cualidad de violento. 3. Acción violenta o contra el natural modo de proceder.


Violento: 3. Que implica una fuerza e intensidad extraordinarias. 4. Que implica el uso de la fuerza física o moral.  
         La violencia, pues, puede ser moral, como, por ejemplo, cuando abusas de tu superior fuerza parlamentaria para dictar leyes que se salen de tus atribuciones y rompen la convivencia, o física, como cuando destrozas coches, pegas a los guardias, agredes o intimidas a quienes no piensan como tú o usas a miles de personas para rodear el edificio donde los agentes de la ley están hallando pruebas que te delatan. Todo eso lo hicieron los facciosos del bando de la señora Borrás y de nada servirán sus mentiras para ocultarlo.