domingo, 12 de enero de 2014

Un lamentable engendro patriotero

   Acabo de ver El único superviviente, película que me ha parecido bastante patética, y no porque me haya llegado al alma, sino por lo mala. Ni que decir tiene que los talibanes son una gente odiosa y que están causando mucho daño, pero eso no significa que, por el hecho de que una película se monte en torno a una operación contra ellos, ya tengamos que tragarnos disparates, sensiblerías y patrioterismos. Particularmente en lo referido a estos últimos, me figuro que tendrán su público en el país originario de la cinta, pero inevitablemente habrán de rechinar en cuanto esta rebase sus fronteras: ¿se imaginan con qué entusiasmo recibirían creaciones como Raza, Los últimos de Filipinas o A mí la legión en los patios de butacas de EEUU, Inglaterra, Dinamarca, Malawi o Mongolia? Pues no veo por qué los norteamericanos pueden contar con que aquí puedan conmovernos ciertos aspectos que contiene El único superviviente. Películas como esta, si se produjeran en cines sin el poder exportador del estadounidense, estarían sin duda amarradas al consumo interno, pero observo últimamente una cosa que me preocupa: tanto en el cine como en ciertas series televisivas (por ejemplo, Homeland), la producción norteamericana ha adoptado una parcialidad muy militante, lo que a menudo les lleva a una glorificación de lo suyo que a veces roza lo grotesco y a una presentación no ya acrítica, sino incluso orgullosa de sus andanzas más dudosamente éticas, consecuencia de lo cual es que las exporten sin ningún rubor, como esperando que el mundo comparta su enardecimiento y/o su cinismo. Vistos estos defectos de carácter general, vayamos a otras deficiencias concretas, algunas de las cuales tienen que ver con lo dicho hasta aquí.
   -La historia consiste básicamente en esto: a un jefe talibán asesino y sanguinario (o sea, normal en su género) lo ha localizado el mando yanqui en una aldea perdida entre montes y ha dispuesto enviar un comando de cuatro supersoldados para darle la boleta (normal también). Las primeras escenas nos presentan a esos muchachos acuartelados y cuando no están en combate, para que veamos que, en realidad, son unos chicos sanos y normales como usted y yo; a tal fin, se nos castiga con una sustanciosa ración de sandeces y horteradas cuartelarias que, volviendo a lo de antes, para que te hagan gracia, tienes que ver a esos chicos como los tuyos.
   -Llegados a su destino, la cosa se tuerce, porque a los cuatro chicos los descubren antes de tiempo y se ven envueltos en el cerco que les montan los talibanes. Se produce entonces un combate más largo que un día sin pan (otro de los defectos de la película, que, por cierto, dura 121 minutitos), el cual está destinado a demostrarnos lo valientes, lo duros, lo eficaces, lo indestructibles y lo buenos soldados que son los nuestros, a los que no matan ni las balas, ni las bombas ni los trompazos contra pedruscos o pinos centenarios, lo mismito que a Mortadelo y Filemón, vamos. Para el que no esté predispuesto a mitificaciones, esta pesadísima escena es infumable e inverosímil: los afganos, (gente que lleva décadas guerreando) cometen más fallos que el recluta Patoso, no hay un elemental error de combate en que no caigan: desde subir la montaña armando más ruido que cien mil hinchas ingleses, hasta parapetarse siempre detrás de amapolas o cardos borriqueros, al contrario que los nuestros, que saben muy bien que las rocas son más duras y siempre se esconden detrás de ellas, pero hay mucho más, sería muy prolijo ahondar en los mil descosidos de este delirio de escena.
   -Finalmente, el único superviviente se salva, gracias a otro giro demencial e incongruente: la intervención de un afgano antitalibán, un auténtico buen salvaje que no vacila en llevárselo a su aldea, aun a riesgo de que ocurra lo que hasta un oligofrénico supondría y que, en efecto, acaba ocurriendo: que llegan los talibanes y no dejan piedra sobre piedra. Esta parte presenta un menosprecio hacia los no americanos difícil de digerir.
   -¿Creían que era todo? Pues no se pierdan el final: una sucesión de fotos de los soldados reales que participaron en los hechos en que se basa la historia, con una almibarada cancioncilla de fondo. Con todos mis respetos para esas personas: me parece impúdico sacar este homenaje a los caídos de los círculos más íntimos.
   -Porque, en efecto, la película se presenta como una historia basada en un hecho real. Después de ver el alarde de exageraciones destinadas a forjar una leyenda en torno a las hazañas de los suyos,  yo diría que estará basada en hechos reales, pero de verdadera debe de tener algo así como el diez por ciento, lo demás son fantasías propagandísticas.
   Miro hacia atrás y veo que me ha salido un comentario muy largo para una película tan floja. Reflexiono acerca de los motivos y me doy cuenta de una cosa: de que no estoy analizando una mala película, estoy desmontando un panfleto encubierto. Vuelvo a lo que dije al principio: para agitar el patriotismo norteamericano, los cines españoles no son el sitio más indicado.  
  

2 comentarios:

  1. Estos engendros, dentro de un tiempo, serán interesantes para los historiadores americanos, como hoy puede ser interesante, estudiada con mirada histórica "Los últimos de Filipinas".
    Gracias por avisar de la pésima calidad de la película porque así no perderé tiempo viéndola por televisión. Que no sé por qué este tipo de películas llegan prontrísimo a los canales de cable.

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  2. Tampoco yo lo sé. Hay un cierto cine que, a los cuatro minutos, ya huele a película hecha desde el principio mirando de reojo al óscar a base de recursos tramposos: están las pelis con niño, están los dramones, están las supersentimentales, están las que buscan tocar la vena patriótica... Entre estas últimas, la mayoría son de guerra. Hace algunos años asistí, por pura chiripa, nada menos que al estreno en España de "Black Hawk derribado", que es muy parecida a esta, tanto por el tema (rescate de unos soldados USA caídos entre el enemigo), como por los recursos: los helicópteros, los excesos épicos, la presentación de los suyos como poco menos que superhombres, el consistir prácticamente en una larga y tediosa escena bélica... Esa era también una película hecha mirando al óscar... que luego no se llevó. Al final, es que la gente no es tonta. Mira, sin remontarnos muy lejos, películas como "En tierra hostil", que tiene ciertos matices críticos, o "La noche más oscura", de la que hablé aquí (http://papabloblog.blogspot.com.es/2013/01/la-noche-mas-oscura-me-temo-que.html) y con la que, dado que trataba sobre la caza de Bin Laden, no podíamos esperar alegrías críticas, son muy dignas e interesantes. Lo que al espectador no perteneciente a ese bloque anglosaxon (USA, UK, Canadá, Australia y Nueva Zelanda) no se le puede pedir es que comulgue con productos tan pueriles como este rollazo de "El único superviviente"). Por cierto, ¡qué espectáculo el día aquel del estreno! Nos habían llegado ya no recuerdo cómo a mi mujer y a mí unas invitaciones con un folleto en el que se anunciaba que iba a asistir el propio Ridley Scott, como así fue. ¡Tenías que haber visto el alud de chicas monísimas que cayó por allí, todas con sus modelitos más atractivos! ¿Estarían pensando en la posibilidad de que se fijase en ellas Mr. Scott?

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