En el transcurso de tres días, he tenido esta semana dos incidencias en las que andaban envueltos los móviles, ambas con alumnos de 3º de ESO. Han sido cosas sin apenas importancia, pero que tienen detrás un hecho que es motivo de reflexión para muchos: ¿estamos usando los móviles, smartphones y demás aparatitos en una medida ajustada? Sobre el impacto general que están produciendo en la sociedad se ha escrito mucho y por gente especializada en comunicación; lo que yo haré aquí será una breve reflexión relacionada con la enseñanza y los jóvenes.
Será lógico que empiece por decir que yo soy una persona bastante escéptica en cuanto al uso de esta tecnología: siempre he tenido móviles de esos que, cuando los sacaba en clase, producían literalmente las carcajadas de mis alumnos, ya que suelen ser aparatos baratitos y de los más básico, útiles exclusivamente para llamadas y mensajes. Por el contrario, ellos, con la afición a la novedad propia de la juventud, siempre tienen aparatos de rendimientos y precios muy superiores, que les compran sus padres. Se me ocurren algunas preguntas, todas ellas relacionadas con situaciones habituales o hechos concretos con los que me he encontrado:
-¿Es lógico que un adulto que se paga con su sueldo su móvil y su consumo esté rodeado de niños de 16, 15, 14, 13 y hasta 12 años y sea él el que tiene el móvil más barato y el gasto más bajo con diferencia?
-¿Es lógico que las familias hayan asumido como cosa establecida que chicos de esas edades tengan un móvil con una factura corriente de llamadas que pagan los padres? ¿Tan imprescindible es que personas de esas edades se comuniquen permanentemente con sus amistades para decirse bobadas que, transmitidas por teléfono, cuestan dinero? ¿Es lógico que el móvil se haya convertido prácticamente en un juguete con factura mensual?
-Conocí a una chica de 16 años que estaba en 2º de ESO y suspendía las asignaturas de siete en siete. Su padre se quejaba de que, de 7 a 11, la niña se pasaba todos los días enganchada al móvil. ¿Es lógico que siguiera teniéndolo y le siguieran pagando el consumo? Y lo de no saber si, cuando estudian, los niños están en realidad estudiando o colgados del móvil es algo bastante extendido.
-A una alumna mía le robaron un día un móvil de 400 euros. ¿Es lógico llevar al instituto un objeto tan extremadamente caro? ¿Es lógico que, ya que lo llevaba, no lo tuviese muy vigilado? Otra gracia del asunto: ante este suceso, los padres cargaron contra el instituto, al que culpabilizaban del robo. ¿Es lógico esto?
-Cuando empezaron a ponerse de moda los móviles con cámara de fotos, un alumno mío me enseñó el que le habían puesto los reyes: 500 euracos de 2003 o 2004. Por cierto, el chico había suspendido seis en la primera evaluación. ¿Es lógica tanta generosidad de los reyes?
-Y ya que dudo de la lógica de que cientos de miles de niños anden por el mundo con un móvil en el bolsillo, me voy a permitir también dudar de que sea necesario que vayan con una cámara, con una conexión permanente a Internet, etc.
-¿Son lógicos casos como el de Nora y las otras niñas que estaban en las garras de la red que las prostituía? Esa red las "premiaba", entre otras cosas, con carísimos móviles (robados, por supuesto) que servían para controlarlas y ponerlas en contacto con los clientes. Tampoco parece muy lógico que los padres de estas niñas no las hubiesen obligado a confesar de dónde habían sacado esos móviles.
Soy un tipo chapado a la antigua, no puedo remediarlo, y a veces me hago reflexiones como esta: para las compañías telefónicas, la irrupción de los móviles debió sin duda de suponer un antes y un después, porque me figuro que sus ingresos se multiplicarían de manera exponencial: ¿de verdad era necesario el incremento también exponencial de las llamadas que ha debido de llevar aparejado? Los objetores o medio objetores a esta tecnología como yo, no parecemos habernos quedado anclados en el Jurásico, y algunos son cosas tan irrelevantes como presidentes de comunidades autónomas o premios Nobel de Física. Quizás no fuera necesario hablar tanto ni mandar tanta foto que a los dos días se destruye, quizás mucho de lo que ha habido aquí ha sido una habilísima política comercial de las telefónicas, que, en el caso de España, añade el inri de unas tarifas abusivas, de puro oligopolio, que siempre ha contado con la pasividad cómplice de los gobiernos, tal vez por aquello de la puerta giratoria.
Y esto ha sido especialmente perverso en el caso de los niños. De manera sutil, se extendió muy pronto una supuesta ventaja: que los móviles serían muy útiles para saber dónde estaban los niños, para tenerlos en todo momento controlados. Convencidos de esto, los padres y sobre todo las madres cayeron muy pronto en la trampa y no pusieron obstáculos para que sus hijos tuvieran móvil. Era su tranquilidad. A la vista de lo que llevamos experimentado, ¿realmente están sirviendo los móviles para que los padres puedan controlar a hijo alguno? ¿No estará siendo más bien que son los móviles los que tienen esclavizados a muchos hijos? Y puede que también a un buen puñado de adultos. Pensemos en ello.