Por mucho que los profesores nos empeñemos en avisar de que el aprobado final se empieza a fabricar el primer día del curso, un buen número de alumnos se niega a admitirlo y el resultado es que llega junio y nos encontramos con demasiados alumnos que deberían ser suspendidos. Los enjuagues y cambalaches posibilistas que impulsan hoy en día la educación conducen a que, en tal circunstancia, se organicen unos exámenes de repesca que son exactamente iguales que las suficiencias de hace veinticinco años, a pesar de que, en teoría, el supermaravilloso sistema logsiano aún vigente, que apostaba por la evaluación continua, era incompatible con el concepto de examen final que estas representan, pero burla burlando y por la puerta de atrás (y a base de presiones de padres e inspectores, todo hay que decirlo), se han acabado reinstaurando como un procedimiento más de contención del desastre. Conste que yo siempre he sido partidario de las convocatorias extraordinarias de junio y septiembre, pero sucede que el sistema no lo es (no sé si me explico) y el hecho de que haya tenido al final que restablecer ambas de manera un tanto vergonzante y sin renunciar a procedimientos de evaluación de corte logsiano (la llamada evaluación continua, ese fantasma vagoroso que nunca ha sabido nadie muy bien en qué consiste), me resulta una evidencia más de que hoy en día la educación se rige bajo el mandato de la incongruencia, cosa que a la vez me molesta y me preocupa.
Sea como sea, el caso es que en junio nos vemos ante esos exámenes de gracia para quienes han estudiado poco o nada durante el curso, lo que es una ocasión ideal para la proliferación de disparates en las respuestas. En estos días he tropezado con un buen montón, pero os voy a reproducir solo unos cuantos. El primero está sacado de un examen de 3º de ESO, los demás, de exámenes de 4º de ESO. Aquí los tenéis:
-Mirad lo que me dice una alumna acerca de Lope de Vega:
Lope de Vega fue encarcelado por pensar al contrario que todos, y por sus diferentes gustos hacia las mujeres, es decir, era homosexual.
-He aquí las obras que atribuye a Camilo José Cela alguien que sin duda tiene un pequeño cacao entre este novelista y Federico García Lorca: Poesía en Nueva York y Poesía de gitanos.
-Tal vez muchos no recordéis que una de las colecciones de cuentos de Clarín se tituló El señor y lo demás son cuentos, nombre que alguien me ha cambiado por Cuentos y lo demás son tonterías.
-Una de mis alumnas me pone que Delibes escribió algo titulado Hijo estás despedido; mi mujer sugiere como explicación que se ha confundido con Mi idolatrado hijo Sisí, a lo que yo replico que de esta obra no les he hablado a mis alumnos, no sé, la verdad.
-Como todo profesor sabe, existe entre los alumnos un recurso que consiste en decir vaguedades cuando no se sabe nada acerca de la pregunta. Mirad como ejemplo lo que me cuenta acerca de Juan Ramón Jiménez un alumno: Fue un importante novelista que siempre plasmaba lo que pensaba en sus escritos.
Como suele ocurrir en los disparates que selecciono cuando hablo de este asunto, lo que me maravilla de estos de hoy son dos cosas: en unos casos, la enormidad del error; en otros, el hecho de que, a poco que hubiera reflexionado sobre lo que escribía, su autor debería haberse dado cuenta de que eso no podía ser. Lo que subyace en ambas opciones es la desconsoladora indiferencia de quien respondía hacia lo respondido, y lo peor del caso es que la inmensa mayoría de quienes han puesto cosas así (ya podéis imaginar cómo sería el resto del examen) estaban persuadidos de que tenían posibilidades de aprobar, e incluso algunos ponían gesto contrariado cuando se les devolvía un examen con un cero, un dos o un uno. No me cansaré de decirlo: una de las mayores diferencias que caracterizan al alumno de hoy es su ciega falta de aceptación del fracaso: aunque les devuelvas un examen lleno de burradas perfectamente corregidas, muchos te seguirán mirando de forma rencorosa y atribuyendo su suspenso no a su ignorancia, a menudo abismal, sino a lo injusta y malintencionadamente que les has calificado. Nuestro sistema escolar, a base de machacar sobre los sacrosantos derechos de alumnos y padres, ha llegado a crear en los más cerriles y/o cínicos la falsa creencia de que tenían derecho a todo, incluidas cosas como portarse como cafres o aprobar demostrando "méritos" que harían sonrojarse a un asno, lo cual ha tenido unos efectos demoledores. Sería muy necesario implantar el imperio de la cordura y el sentido común, con planteamientos tan sencillos como estos: se aprueba estudiando, aprendiendo y demostrando los conocimientos en las pruebas adecuadas; poner tonterías o barbaridades y esperar que el profesor te apruebe porque has escrito algo es una aberración; hacer exámenes de suspenso y embaucar a tus papás para que vayan a presionar al profesor con el fin de que te apruebe es una iniquidad. Mentalicemos a nuestros jóvenes con que el aprobado se consigue solo por el camino recto; en este propósito deberíamos aportar firmeza y profesionalidad los profesores y no estaría de más que los equipos directivos también se comprometiesen en la empresa, ya que su cada vez mayor complacencia con padres y alumnos es un acicate para quienes pretenden ganar con trampas y mucho me temo que, mientras esta expectativa pueda adoptarse con posibilidades de éxito, seremos incapaces de avanzar gran cosa.