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domingo, 27 de septiembre de 2026

La antiejemplar Mari Carmen

     Saltó hace unos días a conocimiento público el triste caso de Mari Carmen, una madrileña que, a la edad de 87 años, ha sido desahuciada del piso en el que vivía desde hace 71, el cual tiene noventa metros cuadrados y está situado en el distrito de Retiro, así que, tanto por las características como por la zona, estamos hablando de una vivienda que debe de tener un valor económico nada despreciable. En el artículo de "El País" que os enlazo aquí, Mari Carmen manifiesta: "No he logrado defender mi casa, pero sí he luchado para que los demás aprendan",  con lo que queda claro que ya tiene asumido, con mucha razón, que se ha convertido en un símbolo. A lo largo de ese artículo, alude en múltiples ocasiones a la vivienda de la que ha sido desahuciada, utilizando siempre las palabras "mi casa", y este detalle en apariencia insignificante es, en realidad, crucial y presumo que el origen de todo el conflicto, porque esa casa no era suya, sino de quienes tuvieron que apelar a la justicia para que la abndonase, así que el desahucio final es sin duda lamentable, pero, aunque duela, hay que decir que Mari Carmen no tenía razón.  

    Por lo que se ha publicado, el piso lo alquiló su padre en 1950 con un contrato que estaba solo a su nombre, por lo cual, cuando murió, legalmente su esposa no tenía derecho a seguir como titular del trato, a pesar de lo cual, los propietarios de entonces siguieron alquilándole el piso. Años después la señora falleció, con lo que Mari Carmen quedó como única habitante del inmueble y, puesto que los contratos de alquier no se heredan, ya no quedaba duda de que no tenía ningún derecho para habitar la vivienda, pero, aun así, se le permitió seguir haciéndolo, por lo que parece, con una cuota que ya era generosa para la época. Aquí he de hacer un paréntesis: las torcidas versiones de esta historia que están dando los medios de izquierdas, a veces sí y a veces no, mencionan que la ventajosa situación para el alquiler de que se benefició la familia de Mari Carmen se amparaba en una ley franquista que protegía a los llamados alquileres de renta antigua, que en la práctica estaban fosilizados en unas cuotas irrisorias, pues se daba el caso (y esto lo he conocido personalmente) de que con ellas el propietario no pagaba ni una parte ínfima de los gastos de la vivienda. Este injustísimo anacronismo fue derogado por una legislación del PSOE allá por los años 80 o 90, una norma muy oportuna, actualizadora, justa y realista, que se llevó a cabo además con una prudente gradualidad. Pues bien: estos días estamos viendo que los superprogres critican a González por haber derogado aquel engendro franquista, mientras que algunos neofranquistas lerdos que no se han enterdo de qué va esta película se han puesto también del lado de la pobrecita Mari Carmen, argumentando que, con Franco, no habría sido víctima de la injusticia: así de esquizofrénico está hoy nuestro país.

    Cuando esas leyes entraron en vigor, según me ha contado alguien del barrio de Mari Carmen que estaba en su misma situación, todos los que entendieron que, con el incremento de los precios de la vivienda por aquella zona, tardarían poco en no estar en condiciones de afrontar los alquileres ACTUALIZADOS que vendrían, asumieron que esas no eran sus casas, se dieron por satisfechos con haber estado durante años disfrutando de unos alquileres que eran un chollo y empezaron a establecerse en otros hogares más a su alcance. No fue esta la postura de Mari Carmen, que permaneció en aquella vivienda que no era exactamente suya, despreció el detalle de que esto representaba que algún día podría llegar el desacuerdo con el propietario y estuvo durante buena parte de esos 71 años disfrutando de una anormal y privilegiada cuota de alquiler (cosa que no cuenta), pero al final se estampó con la realidad: llegó un propietario que decidió sacarle a su negocio el partido esperable, pero que no estaba al alcance de ella. ¿Qué hizo en ese momento en que las reglas dejaron de gustarle? Encastillarse, dar una patada debajo del tablero, defender como suya una casa que no lo era. Resultado: el conflicto y el desahucio. Tras el estallido de este, tanto el Ayuntamiento como la Comunidad de Madrid le ofrecieron facilitarle alojamiento, pero ella se negó: lo que quería Mari Carmen era quedarse en su casa, aunque no lo es, y con el alquiler chollo del que había disfrutado toda la vida, es decir, lo quería todo. Y, como no le han concedido esa abusiva pretensión a la que no tiene derecho, ahora se presenta como una víctima, reclama el apoyo de la histérica izquierda que padecemos y llama a seguir su ejemplo, cosa que inquieta, porque, a la vista de los hechos, Mari Carmen es antiejemplar.  

    Y, como buen personaje antiejemplar, se ha buscado las peores compañías, lo cual es una mala noticia, pues la actual situación de la vivienda en España no está para bromas ni desafíos: precios para la venta y el alquiler por las nubes, escasez en las zonas tensionadas, okupación, concurrencia de los pisos turísticos, situaciones abusivas (¡esos alquileres astronómicos por pisos de mierda!), retorno al pasado casposo del realquiler, 60 meses seguidos -o más- con los precios subiendo... Así está el patio, en efecto, pero cuidado, porque no podemos olvidarnos de la catastrófica política de nuestro miserable gobierno en este campo: la inhibición ante las okupaciones y la prórroga del decreto aquel de 2021 que ha favorecido las inquiokupaciones, disparates ambos que han favorecido el alza desmesurada de los alquileres y casi seguro que la reducción de la oferta (por el miedo de los propietarios); la demagogia populista de descrédito de los propietarios, con el fin de justificar el descargar sobre ellos las inexistentes políticas de lucha contra la escasez de vivienda y protección de quienes no pueden acceder a ella; la prácticamente nula construcción de viviendas sociales por parte del gobierno central...: todo esto ha contribuido a la dramática situación actual de la vivienda. Ante esto, por parte de la izquierda, las propuestas son poco menos que cubanas. Y es a estos, que la han convertido en símbolo, a los que se ha arrimado Mari Carmen, como demuestra cuando le pide a Pedro Sánchez un decreto que ponga fin a los desahucios, consiga los contratos indefinidos y acabe con el sistema. Una bomba, teniendo en cuenta cómo entiende Mari Carmen estas soluciones.

    Porque, claro, acudir a Pedro Sánchez, al que le ha faltado tiempo para usar este asunto como ariete contra la señora Ayuso, a la que ha culpado, ¡y ante la ONU! de las cuitas de Mari Carmen, cuando ella ha estado entre los pocos que le han ofrecido soluciones, es llamar a la puerta del diablo. Vean el vídeo que enlazo de este reptil venenoso: pisotear con saña y mentiras a una rival a la que hostiga sin piedad; poner caritas; hacerse el bueno; instrumentalizar las desgracias ajenas: lo ha vuelto a hacer, es incorregible. Que no se preocupe Mari Carmen: porque también hará lo posible por sacar el decreto, ya que su historia le está sirviendo a él para salvar su asqueroso culo y que no se hable de Ceuta ni de sus mil restantes problemas. Le estará dando las gracias a la ancianita: ¡ya tiene un lío al que agarrarse! ¡Ya tiene su 15 M! Ya podemos andarnos con ojo con este personaje cada día más acorralado y enloquecido, porque está dándonos la razón a quienes sostenemos que de él se puede esperar lo peor de lo peor. Si se pone en marcha la revuelta que con Mari Carmen como pretexto hoy se puede estar gestando, a Sánchez no le va a temblar el pulso para instrumentalizarla, y lo que esa revuelta pretende es implantar las propuestas de los ministrillos sumaritas o del Sindicato de Inquilinas: congelación de los alquileres, renovación automática de los contratos, prórroga automática de los alquieres en vigor, que los contratos sean directamente indefinidos o expropiación de viviendas: con las cuatro primera cosas, acabaríamos sin viviendas en alquiler o con el alquiler por las nubes; con la última, acabamos en el paraíso cubano. Es muy necesario resolver el gravísimo problema que tenemos hoy con la vivienda, pero sucede que los hechos demuestran que los gobiernos sanchistas, con su radicalismo izquierdista, solo han servido para agravarlos. Esperemos que no se adornen y acaben reventándos con una revolución, cogidos de la manita de Mari Carmen.

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