Con fecha de hoy, 4 de enero, ha publicado Pedro Sáchez en la red del PSOE una carta dirigida a los militantes del partido, y considero muy relevante el momento en que la publica: dos días antes del 6 de enero, fecha en que se celebra la Pascua Militar y el rey pronuncia uno de los discursos más importantes del año, cosa que sin duda debe interpretarse como efecto de la obsesión de Sánchez por ir siempre dos pasitos por delate de Felipe VI (1). Con este inquietante comienzo, se podrá entender que esta misiva de Sánchez, última de una serie de tres en menos de un año, que se completaría con una cuarta en forma de discurso (2), dé miedo antes de haber leído siquiera una línea, miedo que se refuerza con el cariz de sus precedentes, a los que es fiel al menos en un tenebroso aspecto: son llamadas al combate que está preparando para atornillarse al poder, y por desgracia hay que recordar que, para Sánchez, el combate político es una guerra. El objetivo fundamental de esta carta es convencer a los progresistas de que esa guerra existe y arrastrarlos a librarla conducidos por su Gobierno, o sea, por él, que se autoproclama líder de las luminosas fuerzas progresistas en su cruzada mundial contra la ultraderecha. Sí, ya sé que esto parece un tebeo de Marvel, pero es lo que hay en la cabeza de Sánchez, ese demencial polvorín.
El documento inmediatamente anterior al del pasado día 4 reúne todas las características antedichas y fue también una carta a la militancia, publicada en junio de 2025 tras destaparse la corrupción de Santos Cerdán. Empujado por un pánico mal disimulado, Sánchez se descolgó con un brutal documento cargado de mentiras y calumnias contra el PP y Vox, que representaba una llamada a la movilización tan extremada y belicosa que me inspiró para el artículo en que lo comentaba (está enlazado en la nota 2) el título de La temible escalada de Pedro Sánchez; pues bien, este de hace dos días, al ir en la misma línea, confirma la temible escalada, y el hecho de que en esta ocasión no haya como en aquella una motivación inmediata evidente, debe llevarnos a la conclusión de que tal escalada es un plan muy meditado y de largo alcance, o sea, la no menos temible estrategia de Sánchez: aferrarse al poder y usar a ese progresimso militante al que repetidamente llama a movilizarse como la fuerza de choque que le permita conservarlo.
Lo primero que hace en esta ocasión es crear un enemigo, la ultraderecha, el PP y Vox. Encuentro, no obstante, una novedad: ese monstruo fascistoide que nos amenaza se presenta ahora en su dimensión internacional, lo que Sánchez utiliza para magnificarse a sí mismo y a su Gobierno con un nuevo disfraz: ¡el de paladín mundial de la democracia! La cita que reproduzco a continuación (el octavo párrafo de la carta completo) nos puede dar una idea de la delirante imagen de sí mismo que Sánchez quiere colarles a esas huestes progresistas a las que arenga:
El segundo motivo que nos anima a combatir con más fuerza es nuestra responsabilidad global. España se ha convertido en el mayor contrapeso que existe en Europa al avance de la interncional ultraderechista y en una de las pocas voces que aún defienden con firmeza la paz, el derecho internacional, el Estado de Bienestar, los derechos laborales, los compromisos climáticos y el feminismo. Más allá de nuestras fronteras, nuestro Gobierno progresista significa esperanza allí donde lo impensable ya es una triste realidad.
Siempre he tenido serias dudas acerca del equilibrio mental de Pedro Sánchez, así que esta frase, en la que da la impresión de creerse el Napoleón del progresismo del siglo XXI, no me sorpende en absoluto, mucho más cuando él, nuestro Gobierno y, de rebote, España están hoy gracias a sus disparates hundidos en la irrelevancia internacional. Chifladuras y mentiras: lo esperable en Sánchez. Por otra parte, hace falta ser cínico para presentarse como defensor del derecho internacional cuando lo ha tracionado en el asunto del Sáhara o ha favorecido y sigue favoreciendo al régimen madurista: más embustes. Indigna que mienta de esa manera a los que quiere manipular como peones, embarcándolos en esa pueril y absurda cruzada con su retórica trolera y sus halagos: así es este personaje; así de fácilmente desenmascara él mismo esa fachada de paladín de los sagrados principios frente al espantajo de la ultraderecha que agita con el fin espurio de arrastrar a otros a que luchen en su beneficio. Humo, mentira, corrupción, ambición, inhumanidad, vacío: sus méritos para la historia.
Decía antes que el móvil profundo de sus arengas es el miedo y en esta se percibe en una cosa: consciente de que cada vez son más las dudas entre los que creen en él, ha intentado elevar su moral afirmando que están muy fuertes, una idea que recorre el documento de arriba abajo, la colosal mentira que ha forjado porque le da pavor la perspectiva de quedarse solo y sin defensores. Otro motivo medular en el papelito es el tono beligerante, la llamada al combate. Está plagado de connotaciones en este sentido en las frases y en el léxico: "hacer frente", "no vamos a cejar", "luchar", "militante", "seguirán atacando", "coraje", ese párrafo décimo en el que se repite cinco veces la expresión "No renunciaremos"...
Delirio, miedo, mentiras y llamamiento al combate: esto es lo que ofrece la carta que Pedro Sánchez dirigió el pasado día 4 a los militantes del PSOE y al progresismo. Muy ingenuos tendríamos que ser para no ver, después de una serie de cuatro comunicados en que ha insistido en la magnificación de un enemigo, la insistencia en que existe una amenaza que hace necesaria la lucha y el enardecimiento de los suyos, que Pedro Sánchez quiere guerra, la está preparando y está dispuesto a entrar en batalla. He dicho antes que estas cartas forman ya un panorama que nos permite ver sus intenciones, y no pueden estar más claras y reiteradas: la guerra. He dicho antes que se ha embarcado en una escalada, y la progresión de sus amenazas lo confirman, unida al hecho de que cada vez se ve más débil y acorralado, lo que lo empuja a ser más agresivo. Su conducta, sus políticas, sus aliados, los abusos y disparates a que se atreve, cada vez mayores (hablar con Junqueras, las escaladas de violencia y desorden que ha favorecido, el cuponazo catalán...), apuntan inequívocamente en esa dirección, así que mal haríamos en no tomarnos en serio sus cartas, que dan la clave. Muy necios tendríamos que ser si llega un día -que llegará, si está en su mano- en que incendia el país un personaje que tantas señales ha dado y nos pilla desprevenidos, no deberíamos caer en ese error garrafal, sería imperdonable.
Ayer, leí o escuché un buen número de medios de comunicación y solo uno le daba a esta carta una relevancia media, los demás la relegaron al rango de pequeña noticia y aun hubo algunos que ni la mencionaron. ¿Qué nos pasa? ¿El tío que tiene el poder en España, el tío que ha pactado con golpistas y terroristas, el tío que se ha saltado todos los límites y ha incumplido unas cuantas leyes, el tío que está comido por la corrupción y no dimite, el tío que desaira al rey, el tío que dijo aquello de "Si quieren ayuda, que la pidan", el tío que ha coqueteado con la idea de una España plurinacional, ese tío llamado Pedro Sánchez, publica una carta abierta plagada de mentiras, acusaciones falsas y frentismo y nos encogemos de hombros? Así estamos como estamos. La verdad es que Pedro Sánchez es un tipo raro. ¿Alguien recuerda a otro presidente del Gobierno que se permitiera esta peculiaridad de las cartitas? ¿Y con contenidos tan ominosos, amenazantes, insultantes, desafiantes, ególatras? ¿Y qué me dicen del numerito aquel de los cinco días de espantá, y con un retorno aberrante ante las cámaras, alguien recuerda algo así? Y muchas más cosas, muchas más provocaciones. Unas extravagancias como esas asustan, o como mínimo deberían habernos extrañado un poco, ¿no? Pero las hemos contemplado tan tranquilos, con indiferencia, como si nada. ¿Y si estuviera un poquito loco? A lo mejor resulta que nos hemos pasado más de siete años gobernados por un loco, lo cual explicaría muchas cosas. Pues ya nos vale, haber aguantado todo este tiempo y tantos disparates. Y ya nos valdría que dejásemos que nos arrojase barranco abajo.
1.- En este asunto Sánchez me ha recordado siempre a aquel célebre y tronchante gran visir Iznogud, con su fijación de ser califa en lugar del califa, ya saben, este pajarraco: