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-2028. ¿Cómo será la Tercera República? -LA ESCUELA INSUSTANCIAL. Sobre la urgente necesidad de derogar la LOMLOE. -EL CAZADOR EMBOSCADO. Novela. ¿Es posible reinsertar a un violador asesino? -EL VIENTO DEL OLVIDO. Una historia real sobre dos asesinados en la retaguardia republicana. -JUNTA FINAL. Un relato breve que disecciona el mercadeo de las juntas de evaluación (ACCESO GRATUITO EN LA COLUMNA DE LA DERECHA). -CRÓNICAS DE LAS TINIEBLAS. Tres novelas breves de terror. -LO QUE ESTAMOS CONSTRUYENDO. Conflictividad, vaciado de contenidos y otros males de la enseñanza actual. -EL MOLINO DE LA BARBOLLA. Novela juvenil. Una historia de terror en un marco rural. -LA REPÚBLICA MEJOR. Para que no olvidemos a los cientos de jóvenes a los que destrozó la mili. -EL ÁNGULO OSCURO. Novela juvenil. Dos chicos investigan la muerte de una compañera de instituto. PULSANDO LAS CUBIERTAS (en la columna de la derecha), se accede a información más amplia. Si os interesan, mandadme un correo a esta dirección:
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lunes, 5 de enero de 2026

La última carta de Pedro Sánchez

     Con fecha de hoy, 4 de enero, ha publicado Pedro Sáchez en la red del PSOE una carta dirigida a los militantes del partido, y considero muy relevante el momento en que la publica: dos días antes del 6 de enero, fecha en que se celebra la Pascua Militar y el rey pronuncia uno de los discursos más importantes del año, cosa que sin duda debe interpretarse como efecto de la obsesión de Sánchez por ir siempre dos pasitos por delate de Felipe VI (1). Con este inquietante comienzo, se podrá entender que esta misiva de Sánchez, última de una serie de tres en menos de un año, que se completaría con una cuarta en forma de discurso (2), dé miedo antes de haber leído siquiera una línea, miedo que se refuerza con el cariz de sus precedentes, a los que es fiel al menos en un tenebroso aspecto: son llamadas al combate que está preparando para atornillarse al poder, y por desgracia hay que recordar que, para Sánchez, el combate político es una guerra. El objetivo fundamental de esta carta es convencer a los progresistas de que esa guerra existe y arrastrarlos a librarla conducidos por su Gobierno, o sea, por él, que se autoproclama líder de las luminosas fuerzas progresistas en su cruzada mundial contra la ultraderecha. Sí, ya sé que esto parece un tebeo de Marvel, pero es lo que hay en la cabeza de Sánchez, ese demencial polvorín.

    El documento inmediatamente anterior al del pasado día 4 reúne todas las características antedichas y fue también una carta a la militancia,  publicada en junio de 2025 tras destaparse la corrupción de Santos Cerdán. Empujado por un pánico mal disimulado, Sánchez se descolgó con un brutal documento cargado de mentiras y calumnias contra el PP y Vox, que representaba una llamada a la movilización tan extremada y belicosa que me inspiró para el artículo en que lo comentaba (está enlazado en la nota 2) el título de La temible escalada de Pedro Sánchez; pues bien, este de hace dos días, al ir en la misma línea, confirma la temible escalada, y el hecho de que en esta ocasión no haya como en aquella una motivación inmediata evidente, debe llevarnos a la conclusión de que tal escalada es un plan muy meditado y de largo alcance, o sea, la  no menos temible estrategia de Sánchez: aferrarse al poder y usar a ese progresimso militante al que repetidamente llama a movilizarse como la fuerza de choque que le permita conservarlo.

    Lo primero que hace en esta ocasión es crear un enemigo, la ultraderecha, el PP y Vox. Encuentro, no obstante, una novedad: ese monstruo fascistoide que nos amenaza se presenta ahora en su dimensión internacional, lo que Sánchez utiliza para magnificarse a sí mismo y a su Gobierno con un nuevo disfraz: ¡el de paladín mundial de la democracia! La cita que reproduzco a continuación (el octavo párrafo de la carta completo) nos puede dar una idea de la delirante imagen de sí mismo que Sánchez quiere colarles a esas huestes progresistas a las que arenga:

    El segundo motivo que nos anima a combatir con más fuerza es nuestra responsabilidad global. España se ha convertido en el mayor contrapeso que existe en Europa al avance de la interncional ultraderechista y en una de las pocas voces que aún defienden con firmeza la paz, el derecho internacional, el Estado de Bienestar, los derechos laborales, los compromisos climáticos y el feminismo. Más allá de nuestras fronteras, nuestro Gobierno progresista significa esperanza allí donde lo impensable ya es una triste realidad.

    Siempre he tenido serias dudas acerca del equilibrio mental de Pedro Sánchez, así que esta frase, en la que da la impresión de creerse el Napoleón del progresismo del siglo XXI, no me sorpende en absoluto, mucho más cuando él, nuestro Gobierno y, de rebote, España están hoy gracias a sus disparates hundidos en la irrelevancia internacional. Chifladuras y mentiras: lo esperable en Sánchez. Por otra parte, hace falta ser cínico para presentarse como defensor del derecho internacional cuando lo ha tracionado en el asunto del Sáhara o ha favorecido y sigue favoreciendo al régimen madurista: más embustes. Indigna que mienta de esa manera a los que quiere manipular como peones, embarcándolos en esa pueril y absurda cruzada con su retórica trolera y sus halagos: así es este personaje; así de fácilmente desenmascara él mismo esa fachada de paladín de los sagrados principios frente al espantajo de la ultraderecha que agita con el fin espurio de arrastrar a otros a que luchen en su beneficio. Humo, mentira, corrupción, ambición, inhumanidad, vacío: sus méritos para la historia.

    Decía antes que el móvil profundo de sus arengas es el miedo y en esta se percibe en una cosa: consciente de que cada vez son más las dudas entre los que creen en él, ha intentado elevar su moral afirmando que están muy fuertes, una idea que recorre el documento de arriba abajo, la colosal mentira que ha forjado porque le da pavor la perspectiva de quedarse solo y sin defensores. Otro motivo medular en el papelito es el tono beligerante, la llamada al combate. Está plagado de connotaciones en este sentido en las frases y en el léxico: "hacer frente", "no vamos a cejar", "luchar", "militante", "seguirán atacando", "coraje", ese párrafo décimo en el que se repite cinco veces la expresión "No renunciaremos"... 

    Delirio, miedo, mentiras y llamamiento al combate: esto es lo que ofrece la carta que Pedro Sánchez dirigió el pasado día 4 a los militantes del PSOE y al progresismo. Muy ingenuos tendríamos que ser para no ver, después de una serie de cuatro comunicados en que ha insistido en la magnificación de un enemigo, la insistencia en que existe una amenaza que hace necesaria la lucha y el enardecimiento de los suyos, que Pedro Sánchez quiere guerra, la está preparando y está dispuesto a entrar en batalla. He dicho antes que estas cartas forman ya un panorama que nos permite ver sus intenciones, y no pueden estar más claras y reiteradas: la guerra. He dicho antes que se ha embarcado en una escalada, y la progresión de sus amenazas lo confirman, unida al hecho de que cada vez se ve más débil y acorralado, lo que lo empuja a ser más agresivo. Su conducta, sus políticas, sus aliados, los abusos y disparates a que se atreve, cada vez mayores (hablar con Junqueras, las escaladas de violencia y desorden que ha favorecido, el cuponazo catalán...), apuntan inequívocamente en esa dirección, así que mal haríamos en no tomarnos en serio sus cartas, que dan la clave. Muy necios tendríamos que ser si llega un día -que llegará, si está en su mano- en que incendia el país un personaje que tantas señales ha dado y nos pilla desprevenidos, no deberíamos caer en ese error garrafal, sería imperdonable.

    Ayer, leí o escuché un buen número de medios de comunicación y solo uno le daba a esta carta una relevancia media, los demás la relegaron al rango de pequeña noticia y aun hubo algunos que ni la mencionaron. ¿Qué nos pasa? ¿El tío que tiene el poder en España, el tío que ha pactado con golpistas y terroristas, el tío que se ha saltado todos los límites y ha incumplido unas cuantas leyes, el tío que está comido por la corrupción y no dimite, el tío que desaira al rey, el tío que dijo aquello de "Si quieren ayuda, que la pidan", el tío que ha coqueteado con la idea de una España plurinacional, ese tío llamado Pedro Sánchez, publica una carta abierta plagada de mentiras, acusaciones falsas y frentismo y nos encogemos de hombros? Así estamos como estamos. La verdad es que Pedro Sánchez es un tipo raro. ¿Alguien recuerda a otro presidente del Gobierno que se permitiera esta peculiaridad de las cartitas? ¿Y con contenidos tan ominosos, amenazantes, insultantes, desafiantes, ególatras? ¿Y qué me dicen del numerito aquel de los cinco días de espantá, y con un retorno aberrante ante las cámaras, alguien recuerda algo así? Y muchas más cosas, muchas más provocaciones. Unas extravagancias como esas asustan, o como mínimo deberían habernos extrañado un poco, ¿no? Pero las hemos contemplado tan tranquilos, con indiferencia, como si nada. ¿Y si estuviera un poquito loco? A lo mejor resulta que nos hemos pasado más de siete años gobernados por un loco, lo cual explicaría muchas cosas. Pues ya nos vale, haber aguantado todo este tiempo y tantos disparates. Y ya nos valdría que dejásemos que nos arrojase barranco abajo. 


1.- En este asunto Sánchez me ha recordado siempre a aquel célebre y tronchante gran visir Iznogud, con su fijación de ser califa en lugar del califa, ya saben, este pajarraco:


    
    Y es que Sánchez padece una patología similar: quiere quitar de en medio al rey o anularlo, y ocupar él su lugar de máxima autoridad del Estado, lo cual implicaría sutituir la monarquía por una república, y pronunciamientos en este sentido suyos o de sus aliados no han faltado. También se parece Sánchez a Iznogud en que no es bueno (Iznogud = is no good = no es bueno). Todo muy grave, aparte de patético. 
2. Las documentos de los que hablo son estos: 24 de abril de 2024: Herido de amor (escribí este artículo: The letter); 29 de abril de 2024: comparecencia para anunciar que, ¡oh, sorpresa!, no dimitía: lo más directo es verla integra en este artículo mío: En manos de un megalómano peligroso; 16 de junio de 2025: dimisión de Cerdán, vergonzosa reacción cargada de injurias que comenté en mi artículo La temible escalada de Pedro Sánchez. Es importante tenerlos a mano para poder constatar la progresión belicista de Sánchez.

sábado, 3 de enero de 2026

¿Y Zapatero? ¿Dónde se ha metido?

     A la hora en que empiezo este artículo, han pasado algo más de trece horas desde que se produjo la operación militar norteamericana en Venezuela en la que se ha hecho prisionero a Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, pues el evento se desencadenó a las 06:50 de hoy (01:50 en Venezuela) y ahora mi reloj marca las 20:11. En todo ese tiempo se han producido muchísimos pronunciamientos, pero aquí en España se echa de menos uno: el de José Luis Rodríguez Zapatero, cuyo silencio es incomprensible, pues es de todos conocida su estrecha relación con Venezuela y su Gobierno, con Maduro, con Delcy Rodríguez, con su hermano Jorge, con Diosdado Cabello... ¿Dónde se ha metido Zapatero? ¿Cómo es posible que este hombre no se haya puesto el primero en la fila para ofrecer sus buenos oficios, cuando tan concienzudamente lo hizo para "ayudar" a largarse a Edmundo González Urrutia tras el atraco con que Maduro le robó las elecciones que había ganado en 2024, una maniobra que María Corina Machado calificó de colaboración con el régimen

    Este silencio asombra más aún si se tiene en cuenta que José Luis forma parte del Grupo de Puebla, un foro tan progresista que no puede permanecer impasible ante la injusticia cometida contra un gobernante tan de izquierdas como Maduro. Abunda en ello la postura del Gobierno español, expresada a través de un comunicado del Ministerio de Asuntos Exteriores del que entresaco estas significativas líneas: 

    En este sentido, [España] está dispuesta a prestar sus buenos oficios para lograr una solución pacífica y negociada a la actual crisis.

    España recuerda que no ha reconocido los resultados de las elecciones del 28 de julio de 2024 y siempre ha apoyado las iniciativas para alcanzar una solución democrática para Venezuela. También recuerda que ha acogido, y seguirá haciéndolo, a decenas de miles de venezolanos que han tenido que abandonar su país por motivos políticos.

    El comunicado ha sido respaldado en sus líneas básicas en la red X (¡genial plataforma para un presidente de Gobierno en tan delicada situación!) por Pedro Sánchez, gran amigo y colaborador de Zapatero, lo que incrementa las razones para la perplejidad: si el Gobierno español y su presidente manifiestan tan loables intenciones, ¿cómo es que no han requerido ya, como en otras ocasiones, la sabia concurrencia de José Luis, que es una especie de Maradona de la mediación con el régimen bolivariano? Por cierto, no quiero desperdiciar la ocasión de señalar que está muy feo algo que han hecho Exteriores y Sánchez: presumir de no haber reconocido a Maduro ni los resultados de julio de 2024, cuando lo honesto habría sido denunciar el escandaloso fraude. Por eso mismo, también es un poquito sucio eso de presumir de haber apoyado a la democracia en Venezuela, cuando además nuestro Gobierno ha realizado actos tan deplorables y maduristas como el ya mencionado exilio a la fuerza de Edmundo González o el silencio ante la concesión a María Corina Machado del premio Nobel de la Paz. No, señores Sánchez y Albares, en lo tocante a Venezuela, sus políticas han estado del lado bolivariano, y ese lado no tiene nada de democrático, lo que hace que de nuevo me pregunte dónde está Zapatero, corriendo como corren unas horas tan aciagas para sus amigos de ese credo.

    Supongo que aparecerá más tarde o más temprano, pues la cosa está muy liada, mirad si no la sorprendente decantación de Trump hacia la nada edificante Delcy Rodríguez en detrimento de la señora Machado o esto tan plausible que dice el general Gan Pampols: que la captura de Maduro ha sido pactada con Trump. Así pues, con tanta confusión, aún es pronto para que los españoles nos preocupemos, porque seguro que José Luis aparecerá más tarde o más temprano. ¿Dónde? ¿En Caracas? ¿En Madrid? ¿En León? ¿En Nueva York? ¿En Mojácar? ¿En Pekín? Eso ya es harina de otro costal.