-2028. ¿Cómo será la Tercera República?
-LA ESCUELA INSUSTANCIAL. Sobre la urgente necesidad de derogar la LOMLOE.
-EL CAZADOR EMBOSCADO. Novela. ¿Es posible reinsertar a un violador asesino?
-EL VIENTO DEL OLVIDO. Una historia real sobre dos asesinados en la retaguardia republicana.
-JUNTA FINAL. Un relato breve que disecciona el mercadeo de las juntas de evaluación (ACCESO GRATUITO EN LA COLUMNA DE LA DERECHA).
-CRÓNICAS DE LAS TINIEBLAS. Tres novelas breves de terror.
-LO QUE ESTAMOS CONSTRUYENDO. Conflictividad, vaciado de contenidos y otros males de la enseñanza actual.
-EL MOLINO DE LA BARBOLLA. Novela juvenil. Una historia de terror en un marco rural.
-LA REPÚBLICA MEJOR. Para que no olvidemos a los cientos de jóvenes a los que destrozó la mili.
-EL ÁNGULO OSCURO. Novela juvenil. Dos chicos investigan la muerte de una compañera de instituto.
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Estamos a menos de un mes de las elecciones generales y de aquí al día 20 de diciembre tengo intención de escribir unos cuantos artículos relacionados con este asunto. El planteamiento del que parto es el siguiente: puesto que las malas políticas se pagan, el PP, que en los cuatro años de gobierno de la declinante legislatura ha sido responsable de una no pequeña serie de errores y medidas contrarias al interés general, debería sufrir el castigo de un importante bajón electoral, como en 2011 le ocurrió al PSOE. Las encuestas y los análisis señalaban en este sentido hasta bien entrado 2014, pero en el último año ha habido una serie de factores que han hecho que el partido de Rajoy se haya recuperado bastante. El más importante de ellos ha sido sin duda el demencial desafío soberanista, ante el cual, los hechos han quitado la razón a aquellos que errónea o interesadamente se pasaron meses acusando al presidente del Gobierno de un "intolerable" inmovilismo: todo lo contrario: Rajoy hizo lo que tenía que hacer, o sea, como representante de la legalidad, no conceder el rango de interlocutores válidos a quienes se descolgaban con el dislate de separarse de España. Con quienes tienen pretensiones aberrantes y abusivas no se negocia, así que el mantenerse en esta postura, a la larga, ha hecho ganar puntos a Rajoy y ha despalazado hacia planos secundarios de la foto a Podemos, el PSOE, el grupo PRISA y todo el autodenominado progresismo en general.
Ayer mismo, muchos españoles aplaudíamos a Hacienda cuando advertía que va a controlar hasta el último céntimo los fondos que va a liberar para la autonomía catalana: esos fondos tendrán que utilizarlse para lo que es debido, cosas, por ejemplo, como pagar la vergonzosa deuda que Cataluña tiene por gastos de Farmacia. Se acabó eso de despilfarrar en levantamientos separatistas el dinero que debía destinarse a cosas importantes en beneficio de todos. Hoy, el desahuciado Artur Mas (¿acabará en la cárcel? Soy de los que piensan que méritos no le faltan, a él y a algunos de sus correligionarios), se ha descamisado y ha bramado un torrente de amenazas disparatadas en nombre de la sacrosanta independencia y todo su libreto de chifladuras. Está acabado, hasta su imagen física lo proclama.
Resultado de este penúltimo episodio: más simpatías para el PP.
Hace poco más de un año, el PP estaba moribundo, asediado por todos sus errores, que deberían pasarle factura como es de ley en política; vino el prusés y le brindó una providencial cortina de humo que ha hecho que su horizonte se vuelva bastante menos gris. No cabe la menor duda: al final, Artur Mas ha resultasdo ser el mejor amigo del PP.
El jueves 19, participó José Antonio Marina en un foro con los lectores de "El País". En la noticia en que se da cuenta de ello, se incluye una frase que últimamente ha repetido más de una vez el filósofo: "Un niño que pasa de 1 a 4 ha progresado más que uno que pasa de 9 a 10". Inevitablemente, cada vez que lo leo, me viene a la cabeza esta otra de Groucho Marx: "La humanidad, partiendo de la nada y con su solo esfuerzo, ha llegado a alcanzar las más altas cotas de miseria". Puede que parezca una broma, pero no lo es en absoluto, ya que Marina está pronunciando esta frase siempre en contextos referidos al libro blanco que está preparando para la mejora de la enseñanza. Cabría, pues, hacerse con cierta inquietud una pregunta: ¿el proyecto de mejora que prepara el señor Marina apunta al horizonte del 4? Pues, como profesor y como ciudadano deseoso de que su país progrese, le diré que no me motiva. Le diré también otra cosa: que esta fórmula ya está, no probada, sino archicomprobada, y no solo es que no funcione, sino que además ha hecho estragos en la educación española, pues lo que subyace en ella es ese relativismo paidocentrista que animaba la LOGSE, según el cual, al alumno había que calificarle no por unos logros marcados externa y objetivamente, sino por su propia evolución particular.
Con este dogma en la mano, lo que durante décadas han ejercido en los centros los comisarios de la LOGSE y sus herederos ha sido una feroz presión sobre el profesor para que aprobase a cualquier precio, porque, claro: ¿cómo no íbamos a aprobar a Fulano o a Mengano, que tanto se han esforzado aunque haya sido para sacar un miserable 3'5? Para mayor escarnio, habría que contar lo que durante las últimas décadas se ha hecho pasar en los institutos como "esfuerzo" por parte de determinados alumnos. Este menosprecio del alumno que se esfuerza de verdad, el que estudia y aprende (y aprueba, porque lo que se da hoy en los institutos, si se estudia, se saca) para volcarse sobre el que no muestra ningún interés, tiene ya un nombre bastante antiguo: igualación por abajo, y es no sé si decir la clave o una de las claves de nuestro desastre educativo de los últimos años. No somos los profesores, mal que le pese a la galaxia de los expertos y los pedagogos: es el empeño de ellos mismos, los políticos y la sociedad en entontecer y maleducar a ese amplio segmento de nuestra juventud que, si ve que le van a dar el aprobado gratis, no se va a molestar en ganárselo aprendiendo, que eso es una pesadez, profe. ¿Es esta la estación a la que nos quiere llevar el tren del señor Marina, la de poner el 5 al que ha llegado al 4 "esforzándose horriblemente" desde el 1? Pues le comunico que ya llevamos en ella mucho tiempo, y no es precisamente la Arcadia educativa.
Otro apartado de la noticia que llama la atención es ese en el que, hablando de lo que distingue al buen profesor del malo, se dice que la diferencia puede estar en la relación del profesor con las familias o en el progreso del alumno en esas clases, para terminar con unas palabras que, al estar entrecomilladas, debemos suponer que son cita textual de lo dicho por Marina: "Hay criterios transparentes, implacables y objetivos de evaluación". Estoy muy de acuerdo con él en que los hay, pero, o se matiza mucho más lo dicho, o me temo que esos que se proponen no son. En lo referido a las familias, basta con echar un vistazo al informe del Defensor del Profesor de este año para ver que la relación con ellas es cada vez más problemática, y no por culpa de los profesores, así que mal se puede esgrimir el dominio de esta relación como un criterio "transparente, implacable y objetivo" de evaluación. ¿Qué decir de la progresión del alumno? Es tan obvio que depende fundamentalmente del propio alumno que sorprende que un docente tan experimentado como Marina la presente como un criterio transparente, etc., etc. de valoración del profesor: el alumno progresará si quiere, esta es la condición sine qua non de toda relación didáctica, de manera que esto, de criterio objetivo, no tiene nada, porque no puede hablarse de objetividad cuando la valoración de uno va a depender en buena parte de lo que quiera hacer otro. Busque otros criterios, señor Marina, algunos de los cuales tendrán que ver, lógicamente, con lo que el alumno aprenda, pero no planteado de una manera tan simplista y desatinada.
Cada vez que el señor Marina aparece afirmando algo o al señor Marina le adjudican cualquier afirmación acerca de su libro blanco y su cruzada para evangelizar a esa turba de salvajes idólatras que debemos de constituir los profesores, sale un nuevo motivo de inquietud. A ver si de una vez por todas se produce la epifanía del dichoso libro blanco, vemos lo que dice exactamente y salimos de dudas. Desde luego, lo que pícaramente se nos ha ido destapando hasta ahora no produce locura de amor.
A través de una breve noticia de ABC, me entero de que en la madrileña plaza de San Martín, pegada a la de las Descalzas, se encuentra la placa que veis en la imagen, la cual deja constancia de que en ese lugar, en el año 1611, el escritor Francisco de Quevedo asestó una estocada mortal a un adversario.
Al parecer, el hecho ocurrió el Jueves Santo de aquel año. Estando Quevedo en la iglesia de San Ginés, un hombre dio una bofetada a una mujer. Quevedo intervino en defensa de la dama y el suceso se fue complicando hasta llegar al final que recuerda la placa. Por lo que se cuenta aquí, Quevedo se vio obligado a huir de España por este lance. También nos enteramos de que el oficio al que asistían los participantes en el suceso era el dedicado al Amor Fraterno, curiosa manera de practicarlo y honrarlo la del genial poeta y la de su desdichado contrincante.
Como señala la noticia de ABC, en aquella época era fácil que un incidente de estas características terminase tan dramáticamente, pero también hemos visto que, incluso en el XVII, la conducta de Quevedo, aun siendo quien era, debió de considerarse desaforada, lo que le obligó a convertirse en prófugo. No cabe duda de que, tanto en aquella época como en esta, pegar a una mujer es un acto abominable, pero tampoco la hay de que acabar llegando a matar a un hombre por ello es un exceso más abominable aún. Siendo esto así, me parece aberrante e incluso una humillación para la víctima que la memoria de este suceso haya sido perpetuada mediante una placa, y más aún, si nos fijamos en su texto:
En esta plaza
hirió mortalmente
FRANCISCO
DE QUEVEDO
a un caballero el
Jueves Santo de 1611
en defensa de
una dama
Por mucho que el autor de la estocada fuese una cumbre de nuestras letras, el hecho no deja de ser un acto criminal, por lo que es un contrasentido perpetuar su memoria en esos términos tan benévolos con el matador, que tienen toda la apariencia de ser la celebración de una hazaña. Y no lo es; no es en absoluto un hecho que deba celebrarse: ni añade gloria a su autor -sino que más bien se la resta de la mucha que obtuvo por sus méritos- ni resulta propio que en un país civilizado del siglo XXI las instituciones coloquen placas de dudosa sensibilidad y que parecen ser fruto de un sentido del honor acartonado y caduco. Quizás sería lo más sensato que el Ayuntamiento la quitase, ya pasaron los tiempos en que se aplaudían los duelos a espada.
Como ya estaba la peña un poco harta de tanto prusés, tanto C's, tanto Podemos, tanto Pedro, tanto Mariano, tanta elección, etc., etc., etc., ha habido que echar mano de un buen animador cultural para cambiar de disco, así que por ahí ha aparecido el experimentado José Antonio Marina y se ha sacado de la manga un auténtico temazo (1) que está dando mucho que hablar, el titulado "Los buenos profesores no pueden cobrar lo mismo que los malos", el cual ha interpretado vestido de pontifical, lo que a muchos ha hecho sospechar que esas palabras van a ser el meollo del libro blanco de la educación que prepara el filósofo a instancias del ministro de Educación. Asombra que a menos de dos meses de unas elecciones un ministro que para Reyes seguramente será ya exministro encargue nada menos que un libro blanco sobre su ámbito de gestión, pero convendremos todos en que el PP, en lo tocante a la educación, ha dado sobradas muestras de que acostumbra a llegar a la estación cuando el tren hace tres horas que ha salido.
La frase de Marina tiene algunas inferencias, en general, bastante envenenadas, lo que ha producido la lógica indignación entre el profesorado, la cual queda muy bien reflejada en los artículos de las notas 2, 3 y 4, cuya lectura recomiendo. La primera inferencia envenenada es una obviedad: que los profesores malos, hoy en día, están cobrando lo mismo que los buenos, lo cual no es sino un reflejo de la injusticia universal: esa inmerecida igualación sucede en mil ámbitos vitales, y no solo profesionales. Incluso voy más lejos: muchas veces, a los malos les va no ya igual, sino mejor que a los buenos: yo conozco, sin salir de la docencia, a un respetable puñado de inútiles que ocupan puestos que les hacen percibir mejores salarios que el resto de sus colegas, lo mismo que hay en el mundo miles de canallas a los que la vida les sonríe mientras existen bellísimas personas que están sufriendo. Pero alguien como Marina no se pronuncia para soltarnos semejante perogrullada, de ahí que todos hayamos rascado un poquito más y hayamos llegado a otras inferencias (las que a él le interesaban y que también van envenenadas, huelga decirlo), he aquí las que me parecen más relevantes, algunas de las cuales se han formulado de manera explícita:
1. Tal injusta homogeneidad hay que liquidarla.
2. El PP va a hacerlo con mi libro blanco en la mano.
3. Lamento decir que el problema de la enseñanza actual son los profesores.
4. Habrá que afinar en la selección de los profesores para elegir a los mejores (y para darles los puestos que molan y pagarles más).
5. Esa selección debería caer en manos de los directores.
Nadie pondría objeciones a las inferencias 1 y 4 (si son llevadas a cabo con seriedad), mientras que la 2, la 3 y la 5 son abiertamente discutibles. Añádase a esto que por fuerza han tenido que salir al tapete otros dos asuntos polémicos: la formación y qué se entiende por buen profesor o por mal profesor, los cuales son esenciales y han sido tratados muy a fondo por los articulistas de las notas 2, 3 y 4. Y nos hemos encontrado con que el problema sigue planteado como sospechábamos: no puede haber discusión en que la formación que va a defender Marina (5) va a ser la formulada en los términos del pedagogismo, el comprensivismo, lo emocional y todas esas vaciedades con que los burócratas, los mercaderes, los "expertos" y los políticos tienen idiotizada la enseñanza; no puede haber discusión en que los buenos profesores, en su libro blanco, van a ser los que estén pendientes de esas bobadas y los que crean que eso de los contenidos, el conocimiento y tal son antiguallas que se suplen con creces con un buen smartphone. Contra esta aberración es contra lo que nos rebelamos, contra esto y contra que los que decidan quién es buen profesor y quién no lo es sean los directores, porque cualquiera que esté un poco al tanto de lo que pasa hoy en España con los directores de centros educativos sabrá muy bien que el 99% de ellos quitarían gustosos la Filosofía para poner en su lugar un Taller de Masterchef.
Esta es la gran batalla que se está librando hoy en la educación española: profesores contra vendedores. Es batalla -perdón: guerra- desigual, pues los profesores que la libran son solo una minoría que abiertamente se manifiestan y ejercen su magisterio contra la adulteración de la enseñanza, pero lo hacen silenciados, aislados y afrontando las tremendas presiones de sus adversarios: la burocracia -en la que militan la mayoría de los directores y los inspectores-, la administración dominada por políticos ignorantes y que contemplan la educación como un asunto de márketing y de control, los partidos políticos (todos, es decir: t-o-d-o-s), la prensa, la vieja guardia pedagogista, las nuevas e indocumentadas olas del pedagogismo y los poderes económicos. La manera en que esta Santa Alianza tritura a la educación y a los docentes la he tratado en muchos artículos, de los que quizás el más explícito es uno de 2014 que titulé Expertos y directores nos desvelan sus amores (6).
Los profesores somos el enemigo a abatir, el viejo trasto que estorba. Lo que se busca ahora son una especie de monitores de tiempo libre que sean así como muy emocionales con los alumnos, se plieguen entusiastas y sin rechistar ante todo plan presentado por sus directores y jamás osen contrariar a un padre. Esos que pretendemos que los alumnos aprendan cosas, que valoramos el respeto, el orden y el trabajo y que creemos que nada valioso se consigue sin esfuerzo, puesto que somos el obstáculo, estamos bajo una verdadera campaña de exterminio cuya principal arma es el desprestigio, con múltiples descalificaciones calumniosas: desmotivación, holgazanería, falta de compromiso, mala formación, falta de actualización, la lista de los reyes godos, la clase magistral debidamente demonizada... Y eso lo hacen todos, incluidos los que se presentan como nuestros amigos. Qué decir de nuestros enemigos patológicos, como Fernández Enguita: echadle un vistazo al artículo de la nota 6. Esto a veces llega a unos extremos aberrantes; así, en un reciente artículo (7), la periodista Olga R. Sanmartín sostiene inicuamente que en España "deciden ser profesores los alumnos más ramplones". Con una generalización tan desacertada, injuriosa y frívola sobre un colectivo de cientos de miles de personas altamente cualificadas, esta señora retrata su talla de profesional de la información (?), puesta penosamente al servicio del fin político que persigue su artículo, que no es otro que dar sostén al brindis al sol de Marina. ¿De dónde se saca tal bajeza? ¿Ha visto todos nuestros expedientes, nos conoce personalmente, está al tanto de lo que sabemos y de nuestro bagaje cultural para insultar con esa suficiencia a tantísima gente? Para más inri, señala en ese mismo artículo, unas líneas más abajo, que los docentes tienen el problema de que "no se les trata con suficiente respeto y dignidad". No hace falta que lo jure: ella misma lo hace unas líneas más arriba: sáquense conclusiones del inteligente planteamiento del artículo.
En fin, toda esta Santa Alianza que parece odiar a los profesores es en realidad una triste comunidad de intereses: presentan de manera sistemática al profesor como un desastre porque con ello favorecen su negocio. El profesor de hoy no vale nada, es la causa de todos los males, es un desecho, parecen decir: hay que eliminarlo y poner otro nuevo, el que vale de verdad, el que lo resolverá todo, el del futuro, el "guay", que es, casualmente, el que vendemos nosotros. Tarda en llegar, la verdad, y no espero gran cosa del producto de tales artífices. Mientras tanto, ayer, hoy y mañana, al tiempo que estos charlatanes graznan su mercancía en púlpitos privilegiados, en el día a día, esos cientos de miles de personajes ramplones según el parecer de la señora Sanmartín vamos sacando adelante en silencio y no sin dificultades la insignificante tarea de educar a millones de alumnos.
El 17 de mayo de 2015, en mi artículo Una de deberes, reflexioné en torno a una noticia de "El País" que nos hablaba acerca de Eva Bailén, una madre que llevaba recogidas 100.000 firmas en demanda de la supresión de los deberes escolares; hoy, cinco meses y medio después, la iniciativa de la señora Bailén vuelve a salir en los medios, esta vez, en ABC (parece que los grandes buques de nuestro periodismo tienen las mismas preferencias educativas), el cual nos cuenta que lleva ya 155.000 firmas y que ha difundido el vídeo titulado Lo haces y punto en refuerzo de su campaña. Como ya señalé en mi anterior artículo, yo reconozco que el exceso de deberes puede convertirse en un verdadero problema para los alumnos, de ahí que en mi práctica profesional recurra a procedimientos como dedicar, siempre que me es posible y en la mayor cantidad que es posible, tiempo de clase a su realización: tengo dicha mil veces -mientras me paseo entre los pupitres- esta frase: "Lo que se hace aquí no se hace en casa", pero he de advertir que, aun así, siempre hay alumnos que remolonean, lo que tenemos que interpretar como síntoma de que este es un asunto con muchos actores y facetas, de esos que no se resuelven de radicales plumazos del tipo "quedan suprimidos los deberes por decreto", fin que parece perseguir la señora Bailén y cuyo propio maximalismo debería hacerle entender que es imposible. Es este maximalismo lo que rechazo de su propuesta, así como ciertas insensateces y simplificaciones con que en el artículo de "El País" y en el de ABC se pronuncian ella misma, algunos espontáneos y los inevitables expertos, pero el capítulo de hoy incluye otra importante fuente de desacuerdo: el vídeo, que está plagado de manipulaciones.
Amigo como es de las frases altisonantes, en uno de sus titulares dice ABC que, en el vídeo, "un niño demuestra con sus respuestas simuladas cómo vive bajo el yugo de los deberes igual de sometido o más que cualquier adulto en su desempeño profesional". Siento desilusionar al encanecido decano de nuestro periodismo, pero este vídeo no demuestra nada, así que sería bueno que anduviese con más tacto a la hora de manejar verbos de tan rotundo significado, lo digo porque este diario está demasiado acostumbrado a frivolizar con la educación (F1, F2, F3), asunto demasiado serio como para andarse con frivolizaciones. De ningún modo puede ese vídeo demostrar nada porque es un juguetito promocional, sentimental, superficial y parcial (todo en -al), hecho con tan nulo rigor que al final ni siquiera sabemos si ese "niño" de que habla ABC es en realidad un niño o un niño y una niña y terminamos sospechando que sus interlocutores (que se nos presentaban como desconocidos que no sabían de qué ni con quién hablaban), con la enternecedora ristra de abrazos, arrumacos y cuasilágrimas del desenlace, son "desconocidos" tales como sus abuelos, sus tíos, algún amigo de sus papás...
La falta de rigor, no obstante, no se queda ahí. En el desarrollo del vídeo, el informador oculto les va encogiendo el corazón a sus interlocutores con los horrores de lo que ellos "creen" que es su trabajo de currante adulto y que luego resultan ser los deberes. El guachimán se ha tomado la molestia de recopilar esos horrores y le salen los siguientes:
1.- Tener ocho horas de trabajo en el centro más tres en casa. ¿Ocho horas de trabajo en el centro? ¿Qué centro es ese? Esto es, además de una exageración interesada, una mentira: no hay en España centros con un horario de ocho horas diarias de trabajo, no entre los públicos, desde luego. Esto, o es mentira -repito-, o es que la señora Bailén lleva a su hijo a algún centro muy particular y con alguna organización extraña, con lo que su problema podría haberlo evitado ella misma simplemente con no llevar allí a su hijo, y así se habría ahorrado de paso el andar recogiendo firmas, haciendo vídeos y llamando a periódicos.
2.- Haber llegado la hora de cenar y no haber terminado.- Esto sí puede ocurrir cuando hay muchos deberes, pero no pasa todos los días y lo hemos afrontado con éxito millones de padres e hijos. Respondo a ello en mi otro artículo.
3.- Trabajar los fines de semana.- Digo lo mismo de lo anterior, pero advierto algo que les señalo a mis alumnos todos los principios de curso: una semana tiene 168 horas, que dan para mucho. Cada año, les demuestro en la pizarra que, si saben organizarse, podrán sacar una media de siete horas diarias para ocio de libre disposición más estudio (incluso reservando horas para esas actividades a las que sus padres les llevan, que eso es algo que también omite la señora Bailén). Solo es cuestión de distribuir bien... y no vaguear.
4.- Trabajar durante las vacaciones.- Esto, soltado a la buena de Dios como se suelta en el vídeo, me parece una intoxicación. Solo en una situación están generalizados los deberes -que no son exactamente deberes- para las vacaciones: cuando el niño suspende. Pero es que lo que se suspende hay que aprobarlo, y ya me dirá doña Eva Bailén qué hay que hacer para recuperar los suspensos.
5.- Estar tan agobiado que la familia tiene que ayudarle.- Ver los puntos 1 y 2.
6.- Recibir como respuesta: "Hay que hacerlo y punto".- Nueva intoxicación; esta conducta despótica no es generalizable entre el profesorado, a no ser que, torticeramente, se entienda que decirle a un alumno que debe cumplir sus obligaciones es decirle eso.
7.- Recibir una bronca como respuesta ante las quejas e incluso ser humillado ante los compañeros.- Nueva generalización intoxicadora; la respuesta habitual ante las quejas es dar explicaciones, y solo cuando son muy inapropiadas o groseras reciben la comprensible bronca. La bronca como respuesta sistemática -que es lo que insinúa el vídeo- no existe y los profesores que la practiquen a título personal me parecen muy censurables. No digamos ya lo de la humillación ante los compañeros, algo legalmente prohibido y repugnante para cualquier profesor que se precie: insinuar que esto se hace de forma regular es una auténtica indecencia.
Puede que algunos os hayáis preguntado si realmente un asunto como este merecía tanta atención, pero me parece que, si habéis llegado hasta aquí, habréis visto que sí que la merecía, y eso que no me he referido aún al factor que, por razones personales, más me ha indignado del vídeo, que no es otro que ese "profesor" que figura entre los "desconocidos" que dialogan con el ordenador. Ese profesor afirma que trabaja veinte horas semanales y lo subraya diciendo cínicamente: "¡Qué suerte!", al tiempo que sonríe. Menos mal que al final lo arregla poniendo tono de disculpa cuando le dice a la niña que es profesor. ¿Es este personaje un rencoroso dardo de doña Eva Bailén contra el colectivo que, mientras disfruta de unas cargas horarias escandalosamente privilegiadas, es responsable de las torturas a los alumnos que previamente ha presentado el vídeo? Por desgracia, mucho me temo que sí, lo que me obliga a recordarle que las famosas veinte horas de un profesor de secundaria son solo las lectivas, pero que luego están otras como las que se dedican a guardias, reuniones o atención a padres. Habréis notado que en estas no incluyo, por supuesto, las dedicadas a preparación de clases, corrección y otras cosas que eventualmente puedan surgir, como actividades extraescolares, por ejemplo. No tenemos nada de que avergonzarnos, cosa que sí les ocurre a algunos que se dedican, por ejemplo, a este tipo de manipulaciones burdas y envenenadas. Quiero recordar que la mayor virulencia de estas manipulaciones se produjo allá por 2010 y 2011, impulsada por políticos que nos utilizaron como chivo expiatorio, algunos de los cuales se hallan hoy incursos en procesos por corrupción.
Creo por tanto que merecía la pena refutar esta noticia y este vídeo -aunque este artículo solo lo vayáis a leer cuatro gatos-, por contener la enésima vileza contra los profesores, por ser una manipulación y por estar plagado de las incongruencias y falsedades perjudiciales para la imagen de la escuela que he analizado más arriba. Y lanzo unas preguntas: ¿cuánta gente va a leer esa noticia de ABC? ¿Cuánta gente va a ver el vídeo? ¿Cuánta gente se va a dejar atrapar por su tramposa ñoñería? ¿Cuánta gente se va a tragar las intoxicaciones de las que he hablado? Nos quedará, desgraciadamente, el inevitable saldo de confusión y de descrédito. Doña Eva Bailén es muy dueña de emprender sus cruzadas, aunque debería ser más respetuosa de ciertos límites, pero ABC, que llega a mucha gente, debería estar cuidadosamente al tanto de lo que publica, ya que puede perjudicarnos a muchos que no lo merecemos.
Lo que podríamos llamar FSIC, o sea, Frente Surrealista Independentista Catalán, formado por una pintoresca alianza entre Junts pel Sí y la CUP, ha dado hoy un nuevo paso en su demencial deriva hacia lo imposible (y quizás hacia un gravísimo conflicto que parecen buscar con ahínco) firmando en el parlamento catalán un acuerdo para poner en marcha de forma efectiva la independencia de Cataluña. Este acuerdo incluye unos términos y unas propuestas ya tan explícitamente inadmisibles que ha forzado la inmediata respuesta del presidente del Gobierno, bajo la forma de un comunicado breve y rotundo en el que declara que nada de lo acordado por el FSIC podrá llevarse a efecto.
La primera respuesta a este comunicado por parte del FSIC ha venido de boca de Neus Munté, vicepresidenta de la Generalitat, quien ha estimado que Rajoy habla así porque está en campaña electoral y que el acuerdo no es ninguna provocación, sino la obediencia democrática al mandato de las urnas. Se ha mostrado además entristecida por que se hable de provocación e insinúa que la respuesta gubernamental es una falta de respeto a la democracia y la libertad de expresión. ¿Habla en serio esta señora? En caso afirmativo, habrá que entender que padece en grado avanzado una demencia muy común entre los fanáticos: la de creerse al cien por cien sus propios delirios. También pudiera ser que no hablase en serio, en cuyo caso sería ella la que estaría faltando gravemente al respeto de la ciudadanía, a la que parece tomar por imbécil; en el clima de discordia cada vez más creciente que están creando los propios independentistas, este tipo de bromas dejaron de tener gracia hace tiempo.
Parece ser, sin embargo, que la demencia es contagiosa. Durante todo el día de hoy, la SER ha estado tratando este asunto reprendiendo al FSIC que planea desastres y también al presidente del Gobierno que ejerce su obligación de advertir que no va a permitirlos; hace algo más de una hora, Àngels Barceló iniciaba su edición con una entrada en la que le reprochaba a Rajoy que no dialogase. ¿Pero de verdad se creen en la SER que es pertinente que el presidente de un Gobierno dialogue con quienes albergan proyectos como los del FSIC? ¿O acaso lo dicen solo para desgastar a Rajoy? Si es así, me parece una frivolidad bastante demencial, en la que la SER lleva empeñada ya demasiado tiempo. Es, además, bastante estúpido criticar a Rajoy por una cosa que está haciendo bien, cuando tiene por ahí unas cuantas que ha hecho bastante mal.
Hoy hemos conocido la patética actuación ante los tribunales de Irene Rigau, aunque no ha sido ninguna sorpresa, porque el personaje no hacía esperar nada mejor. Cuando le han preguntado por el referéndum aquel de ahora hace un año por el que tanto pecho sacaron ella y todo el independentismo, ha optado por no dar la cara de la manera más sonrojante. Ella no organizó nada. Ella (que parece ser que no era nadie) solo informó de que los colegios podían usarse para el referéndum-piñata. Los que lo organizaron todo fueron los voluntarios. ¿Estos son los líderes del independentismo? ¿Así asumen sus proyectos? ¿"Donde dije digo, digo Diego"? ¿"Yo no fui, fueron ellos"? Una rata abandonando un barco seguro que demuestra mucha más dignidad, contentos habrán quedado los voluntarios a los que doña Irene Rigau endosa las responsabilidades.
Ya desde el primer momento la escenificación tuvo algo de farsa grotesca: esa aparición con carita de víctima y rodeada de todos esos notables del catalanismo, andando a pasitos de hormiga, como si alguien se la fuera a comer. Pero, con todo, lo peor no ha sido eso, lo peor ha sido el poco tranquilizador sitio al que varios centenares de correligionarios suyos han sometido al Palacio de Justicia donde esta señora declaraba y la posterior serie de concentraciones y manifestaciones en rechazo de la llamada a declarar de Mas, Ortega y Rigau, reacción que constituye una auténtica desmesura. El Tribunal Superior de Justicia de Cataluña ha descalificado, y con toda la razón, este amenaza contra la independencia del poder judicial, inaudita en un país civilizado, que es la enésima muestra del inadmisible camino de crispación que han tomado los independentistas, acaudillados por Artur Mas.
El independentismo catalán lleva ya algún tiempo demostrando su convicción de que la única ley que vale es la de la calle, dictada, por supuesto, por las manifestaciones que ellos mismos organizan. En Cataluña estamos asistiendo a una cada vez mayor batasunización de la política, impulsada desde el propio gobierno autonómico, un disparate más. A mí esta situación me preocupa, aunque está claro que no pasa nada y es que yo soy bastante idiota. Llevo tiempo diciendo que esto puede acabar muy mal, porque la batasunización -todos en España lo sabemos- es una cartilla política catastrófica, además de repugnante. Insisto, de todos modos, en una cosa: de los resultados a que nos lleve esta espiral de conflicto, solo podremos hacer responsables a quienes la crearon y la alientan, y esos son únicamente los independentistas: acharcárselo a otros, como están haciendo algunos con un cálculo político tan miope como estúpido, es una irresponsabilidad y una bajeza.
Si en algo estoy de acuerdo con Artur Mas (que habló tímidamente de esto hace algún tiempo y, como suele sucederle a todo aquel que osa hacerlo, le cayó encima un fuego graneado), es en que el asunto del cupo navarro y los conciertos vascos deberá ser revisado más temprano que tarde, si es que de verdad queremos que reine la armonía en la fiscalidad de las comunidades autónomas, armonía que será imposible mientras existan esos dos regímenes tan escandalosamente privilegiados. Viene esto a cuento porque, últimamente, parece que han empezado a cuestionarlos desde el PSOE y Ciudadanos, con la consecuente oleada de furibundas reacciones en contra desde los tradicionales sectores de los territorios implicados, que ven como un sacrosanto derecho legitimísimo e inalienable lo que a otros nos parece más bien un desafuero. Íñigo Urkullu habla de ataque a un sistema pactado y legal y de inadmisible traspaso de una línea roja, lo cual sorprende en el presidente de un partido como el PNV, que para otras cosas de muy gran calado no se ha mostrado muy escrupuloso ni con los ataques a la legalidad ni con el traspaso de líneas rojas. En Navarra, Uxue Barkos se ha tapado la nariz y se ha mostrado dispuesta a pactar hasta con la mismísima UPN (que, por cierto, de entrada, no ha dicho que no, se ve que la pela es la pela en todas partes, y no solo en Cataluña) en defensa de este régimen que, me figuro, le de debe de parecer el colmo de la legalidad, una legalidad que, ¡oh, paradojas!, en otras ocasiones esta señora ha demostrado no apreciar mucho.
Leo hoy que Javier Maroto, vicesecretario del PP en el País Vasco, ha declarado que el concierto vasco es "una línea roja muy importante que no se debe tocar", empleando, por cierto, casi las mismas palabras que anteriormente había usado Urkullu, lo que presumo que no debe de hacer mucha gracia en el seno del PP. El señor Maroto ha usado las habituales endebleces para defender la legitimidad del concierto vasco, pero ha añadido algo que me parece sensacional: según él, este es un arriesagadísimo sistema que ha de estar a las duras y a las maduras, lo que se traduce en que, si alguna vez al País Vasco le vinieran mal dadas (lo que no se ha producido en los lustros que llevamos con este sistema, ¿por qué será?), se tendría que sacar las castañas del fuego él solito, sin poder pedir ayuda al gobierno central. ¡Ja, ja, ja, ja!, permítame que me carcajee, señor Maroto: ¿alguien puede de verdad creerse eso que dice usted? ¿Alguien puede creer que en esta España de no asunción de responsabilidades podría llegar a darse una situación así? No quiero ni imaginar el pollo que agitarían los de siempre en el País Vasco si, en una situación de venirles mal dadas, esos de ahí abajo no les ayudásemos a sacar las castañas del fuego, o se las sacásemos todas directamente, en cumplimiento, por supuesto, de nuestra inobjetable obligación, porque ¿quién se cree que, en tales circunastancias, el PNV, el PSE o el PP vasco iban a sacar a relucir las obligaciones que supuestamente le imponen al País Vasco los conciertos? Yo desde luego, no.
Está muy bien que se abra este melón, al que sin duda habrá que hincarle el diente. Algunos de los que no quieren ni oír hablar de ello son de esos que no han parado de invocar la necesidad urgente de reformar la Constitución, a la que, curiosamente, para este asunto consideran intangible. Así es este país nuestro, del que algunos quieren largarse... menos para lo que les conviene quedarse.
Parece ser que, en los últimos días de la campaña electoral de Cataluña, circuló el rumor de que el Banco de España estaba sacando a todo meter (¡qué paradojas más geniales adornan los escritos del guachimán!) la pasta de su sede de Barcelona, para lo cual utilzaba una flotilla de diez camiones. Se aseguraba que, ante la posibilidad de que Cataluña se independizase, por si acaso (solo "por si acaso"), la entidad que oficia como máxima autoridad bancaria de nuestro país, tomó la decisión de poner a salvo el oro español, no fuera a suceder lo que en el 36, que acabara apoderándose de él una horda revolucionaria. El rumor tenía sus aderezos; así, se aseguraba que el fantasmal convoy actuó en secreto y con nocturnidad, cosa lógica, ya que tan delicada operación de estado no podía ponerse en riesgo por una indiscreción: ¿os imagináis que hubiera sucedido esto?
La aviación de la República Independiente de Catalunya
destruye el convoy del Banco de España
No es más que un supuesto, claro, pero preferible evitar riesgos. Bueno, amigos, la realidad es que sí hubo camiones, o, para ser exactos, furgones, y hay fotos de ellos, aquí tenéis una:
¡Qué decepción!: ni plan secreto, ni bombardeo de la aviación catalana, ni na de na. Ni siquiera eran camiones, sino simples furgones blindados, de los que se usan habitualmente para el traslado de fondos, como aclara la noticia de la que saco la foto.
¿El Banco de España llevándose la pasta de Barcelona el 23 de septiembre por si el 27 ganaba Mas, se declaraba ipso facto la independencia y se la quedaba el Estat Catalá? ¡Qué broma! Ya hubieran querido los de Junts pel Sí que hubiera ocurrido semejante disparate, porque hubiera representado que una de las instituciones españolas más importantes reconocía implícitamente que era viable ese imposible de la independencia. ¡Menudo favor! Pero a nadie se le ocurrió la insensatez de hacérselo, claro.
Las leyendas urbanas es lo que tienen: en cuanto escarbas un poquito en su (in)coherencia, se derrumban hechas trizas.
¿Se acuerdan de aquella canción de María Jiménez? Es de hace más de 25 años, pero parece que se hubiera hecho ayer para Artur Mas y su prusés: ¡se acabó!
María Jiménez: "Se acabó"
Es como un castigo divino lo que les ha pasado a Mas y compañía: decían que lo de ayer era un plebiscito y no unas elecciones, y al final, van y ganan las elecciones pero pierden el plebiscito, o sea, que les ha estallado el artefacto en sus propias manos, con la agravante de que ahora, como no habían hecho planes para gobernar (ni una palabra de esto en su campaña), sino para independizarse (cosa que no va a suceder), se encuentran perdidos en el espacio y organizados en una coalición que no estaba pensada para gobernar, sino etc., etc., etc. ¿Cómo piensan encajar para formar un gobierno esa portada del Sargent Pepper's que es la lista de Junts pel Sí, con Mas y los suyos, Junqueras y los suyos, Mister Proper, entrenadores de fútbol, cantautores que se van a ir a Senegal, la número 2, la número 3, monjas y otras heterogeneidades? Me temo que ahí va a ser difícil entenderse para repartir tareas de gobierno, y más aún, con unas elecciones generales a dos meses vista, las cuales algo me dice que esta Armada Invencible electoral va a afrontar en plena desbandada.
Lo dicho: ¡se acabó!
La CUP ha advertido ya que, de DUI, nada (DUI es el nombre que le daban a la fantasía esa de la declaración unilateral de independencia), porque no se reúnen las condiciones. Que Mas y los suyos, después de haber estado insistiendo en que la independencia no implicaría salir de Europa, hayan hecho cálculos para sacarla adelante contando con la CUP, un partido inequívocamente antieuropeo, da idea del cinismo de estos señores, de su ambición grosera y de su falta de sensatez, en la que la CUP no está dispuesta a seguirles hasta el final y ya les ha dicho esto que dice María Jiménez en su canción:
No me vengas con pamplinas
ni me pidas que te ayude.
Lo dicho: ¡se acabó! Otros que deberían ir pensando que también su tiempo se acabó son esos que no se enteran, empezando por José María Aznar, quehoy ha hecho un análisis muy desacertado de la situación del PP, que, según él, de cara a las generales, es la peor posible por culpa, entre otras cosas, de la estrategia de firmeza de Mariano Rajoy en este asunto. Sinceramente pienso que no puede estar más equivocado: aunque el PP ha perdido en Cataluña y Rajoy tiene, es verdad, caudalosas fuentes de impopularidad, no es por estas elecciones, de las que creo que, paradójicamente, ha salido muy fortalecido, como prueba el hecho de que hoy mismo se haya permitido hacer un llamamiento al diálogo, con lo que demuestra que está más lúcido que todos sus adversarios de otros partidos (y del suyo, si hemos de juzgar por el patinazo de Aznar, que parece pensado antes que nada para fastidiar a Rajoy). Después de mantenerse firme ante tanto canto desafinado exigiéndole que dialogara con Mas cuando no debía, porque la única tarjeta de visita de este era una chulesca amenaza de saltarse a la torera leyes y derechos, Rajoy ha lanzado la oferta de diálogo justo en el momento más oportuno: cuando las ínfulas de Mas no tienen ningún agarre, cuando ha perdido el reto y se ha visto que iba de farol, cuando está en una posición de tener que afrontar las responsabilidades de gobernante que lleva años relegando, cuando se le ha cerrado la salida de emergencia de los últimos cinco o seis años, o sea, disfrazarse de antisistema. El diálogo al que otros querían arrojar a Rajoy habría sido sonrojante y muy beneficioso para Mas y sus planes, mientras que ahora no es así. Ahora es Mas quien va a tener que demostrar si quería diálogo de verdad o también en esto iba de farol. Se acabó esta coartada del diálogo, se acabó eso de poner por rutina al representante del Estado central como el malo de la película (particularmente penoso estuvo anoche Pablo Iglesias cuando de lo único que se le ocurrió hablar fue de una amenaza de Rajoy con la vía militar, amenaza que desde luego, yo no recuerdo haber oído). Ese buenismo que han tratado de explotar los "progres", el PSOE, ciertos tertulianos y algunos medios de comunicación, que era tan perverso como disparatado y que les ha dado muy pocos réditos, también se acabó, ¡cuánto daño ha hecho durante lustros ante los sucesivos chantajes nacionalistas! Lo que los votantes han castigado no ha sido esa inventada falta de diálogo, sino el oportunismo de querer desgastar al adversario aun a costa de beneficiar a alguien que llevaba las destructivas intenciones de Artur Mas.
Insisto, pues, en que Aznar se equivoca, no hay que ser cortoplacistas: la jugada de Cataluña, aunque allí el PP haya perdido (de todos modos, no tenía grandes esperanzas), a la larga y en el contexto de unos comicios ante todo el electorado español va a beneficiar a Rajoy, porque una gran parte del electorado español va a valorar que se mantuviera firme en no concederle nada a Mas, como va a valorar la claridad de su postura en las elecciones de ayer. Por contra, en el contexto nacional, somos muchos los que no vamos a ver con buenos ojos la tibieza del PSOE o las inclinaciones identitarias de demasiados miembros del PSC (de allí salió el inefable Frances Oms), ni el vetusto mensaje de libertad de elección de los pueblos y tal que se gasta Podemos. Resulta irónico comprobar como del desafío de Mas, al final, muy probablemente, los más beneficiados vayan a ser dos de sus bestias negras: el PP y Ciudadanos.
Termino ya. Anoche, en una de las conexiones con el local de Ciudadanos, los allí presentes empezaron a corear aquello de "¡Yo soy español, español, español!". Gritar algo así en cualquiera de las comunidades de mandarinato nacionalista ha sido durante ya demasiados años una temeridad, porque en esas comunidades, la catalana y la vasca, se ha proscrito y perseguido todo lo que oliera a español. Es indispensable que esto también se acabe de manera rotunda, es indispensable que se acabe la clandestinidad a que en algunos lugares de España se está sometiendo a lo español, incluso desde estamentos oficiales. Tienen que acabarse las pitadas al himno y al rey, las quemas de banderas, las trabas a ser educado en castellano, el hostigamiento a quienes se expresen en esa lengua, la prohibición de usarla en cualquier ámbito público, el no poder cantar que uno es español, el exilio impuesto a muchos por el nacionalismo, el que policías autonómicas carguen contra aficionados que celebraban la victoria de la selección española, el que en ciudades catalanas se pueda rotular en cualquier lengua menos en la española (cosa que se podría hacer en cualquier lugar del mundo, y que tenemos que ver cómo se prohíbe precisamente en España), el que los símbolos del estado español se arrinconen o incluso se ultrajen... Hay que acabar con eso, ya no por cuestiones identitarias o no identitarias, sino por la mera razón de que la gente tiene derecho a vivir en paz y a que se la respete en todas partes, y más aún, en su propia tierra. Cuando se llegan a dañar la convivencia, la alegría y la concordia, se ha alcanzado un nivel intolerable, y nadie podrá negar que los nacionalistas son expertos en ese tipo de prácticas. Nuestros gobernantes tienen que hacer los mejores esfuerzos para conseguir que esas cosas pasen al olvido. Hoy decía Rajoy que los planes de Mas tenían la desaprobación de las leyes y ahora ha quedado demostrado que también tienen la de la ciudadanía. Es importante que esto se recalque, como también lo sería que quienes han sostenido durante años un proyecto que atentaba contra la integridad de la nación y ha causado importantes brechas sociales paguen el precio de ser mandados al ostracismo político; hay que alejar del poder a los que atentan contra bienes tan sagrados.
Según un estudio realizado por un instituto de prospecciones americano muy importante, si la secesión de Cataluña se llevase a efecto, un 62% de los españoles perdería el pelo. En lo referido exclusivamente a Cataluña, donde los efectos de la independencia producirían mayor impacto, el porcentaje de alopécicos se elevaría al 81%. Según la misma fuente, los efectos sobre la economía serían inmediatos y devastadores. Así, la deuda española caería de forma inmediata a la calificación de bono basura y sería de nuevo Cataluña quien sufriría consecuencias peores, ya que su bono descendería hasta el nivel de bono basura con olor a gato muerto, categoría reservada únicamente a países hundidos en el caos y la miseria. Ni siquiera el mundo del deporte escaparía a la catástrofe, pues sería prácticamente imposible que los nueves del Barça fueran catalanes, ya que, como todo el mundo sabe, los remates de cabeza de los calvos se van siempre por encima del larguero.
Pero probablemente el impacto más drástico sería el relacionado con la integración en Europa. Fuentes próximas a Bruselas aseguran que el estudio lleva días sobre la mesa de Jean-Claude Juncker, quien habría llegado a afirmar que "tanto calvo no es compatible con el nivel de prosperidad europeo. Si finalmente estos datos se confirman, para Cataluña y para España se habrá acabado definitivamente la Unión Europea".
Alfred Bosch coloca una estelada en el balcón del Ayuntamiento de Barcelona (24 - IX - 2015)
Alfred Bosch exhibe una estelada en el Congreso de los Diputados (12 - VI- 2012)
Lo que sin duda alguna no deja de ser un incidente menor, o sea, la provocación llevada a cabo ayer por Alfred Bosch al colocar una estelada en el balcón del Ayuntamiento de Barcelona, tiene sin embargo una gran envergadura a la hora de facilitarnos información muy sustanciosa para ver en qué niveles se está moviendo la ética de algunos de los personajes estelares/estelados del prusés y, de paso, la objetividad (mejorable) de algún que otro gran medio informativo de nuestro país. Procederé por nombres, como si esto fuera un fichero.
1. Alfred Bosch
Entre su acto de ayer colocando la banderita estelada y sus disculpas de hoy, este señor se ha retratado como un demagogo y un provocador de altos vuelos, adornado con fuertes dosis de hipocresía y cinismo. Dudo mucho de que ni Cataluña ni España (ni el mundo, si bien lo vamos a mirar) se merezcan la prepotencia, el desprecio y la frivolidad que acostumbra a exhibir este político, pero es con lo que Dios nos ha premiado, algo habremos hecho. Después de su arriesgada hazaña de ayer, con la que se expuso a ser víctima de la persecución y las represalias del feroz y represivo Estado español, hoy muestra en los medios su arrepentimiento con estas palabras:
"He reflexionado sobre mi acto y debo reconocer que no estuve acertado.
Seguro que no era el momento ni el gesto que hacía falta"
Leyéndolas, cualquiera se enternecería pensando que el hecho del que Bosch se arrepiente fue fruto de un arrebato instantáneo y de la irreflexión eufórica, pero como sucede que el guachimán no cree ni en la ingenuidad del señor Bosch ni en las caras de Bélmez, me he puesto a buscar en internet y he encontrado esa foto de arriba en la que este ejemplo de honestidad política perpetró una payasada/provocación similar en el Congeso en el año 2012, la cual no deja lugar a dudas: el señor Bosch acostumbra a usar la estelada para encubrir sus provocaciones, de la misma manera que otras personas la usan
para cubrir su anatomía. No puede, por tanto, hacerse el tontico, porque está claro que ya es reincidente: colocó la bandera en el balcón con toda premeditación y para buscar bronca, conducta habitual en él, lo que me hace expresar un deseo: ojalá este señor no alcance nunca puestos de verdadera responsabilidad, ya que estos es muy desaconsejable que sean ocupados por camorristas.
Pero este impenitente provocador, que no da puntada sin hilo y siempre busca zaherir (lo que me hace pensar que quizás en su fuero interno se albergue alguno de esos resentimientos freudianos), todavía se permite una gracieta más. Después de ofrecer sus más sentidas disculpas, aclara que se dirigen:
"sobre todo a las miles de personas que hace días que trabajan por el
objetivo más noble que nos hemos marcado cono pueblo y que ahora se
hayan podido sentir perjudicados."
¿Qué nos habíamos creído los españoles -según su terminología, y aprovecho para recordar lo obvio: que él también lo es, y me temo que lo va a seguir siendo por muchos años- o quienes tienen que vigilar por la limpieza del proceso electoral? ¿Que las disculpas por colocar su banderita donde y cuando no debía eran para nosotros? ¡Pero hombreeee...! Los españoles y la limpieza electoral al señor Bosch le importamos un c_ _ _, como aprovecha para demostrarnos con ese nuevo chiste, a la medida de su sentido del humor, de su ética y de su respeto por el adversario: él se disculpa ante quien únicamente le importa: los suyos, faltaría más, aunque maldita la ofensa que sea para ellos lo que hizo. Me lo imagino como uno de esos cómicos romos y penosos de teatrucho barato, después de hacer este chiste de tan elevada suitileza, acercándose al borde del escenario y haciendo un guiño cómplice ("Lo habéis captao, ¿verdad?"), en espera del aplauso desatado: "Mu bueno, Alfred".
2. Mas y Trías
Si os fijáis en la primera foto del artículo, veréis a dos individuos de actitud contrita que parecen dos monaguillos en penitencia, aunque ya son mayorcitos y sus galones van muy por encima de los de un simple rapavelas, porque uno es el presidente de la Generalitat y el otro fue hasta hace muy poco el alcalde de una ciudad como Barcelona, nada menos. No obstante, a los que hemos leído a Clarín, Galdós, Baroja y otros fustigadores de la hipocresía clerical, nos tienen que recordar por fuerza, insisto, a dos monaguillos, dos monaguillos que muestran una actitud de aduladora sumisión ante una autoridad, autoridad que para aquellos monaguillos clarinianos no podía ser otra que la del cura; ahora bien, no siendo Mas ni Trías monaguillos, ¿cuál es la autoridad ante la que estos señores se humillan? Naturalmente, una de las poquísimas a las que de verdad temen nuestros políticos de hoy: la de la imagen, la de los medios de comunicación, la de esas cámaras que estos dos taimados farsantes sabían muy bien que tenían permanentemente encima. Y lo mismo que los monaguillos al cura, lo que Mas y Trías quieren decirles a esas cámaras es esto: "Nosotros no hemos sido; a nosotros que nos registren; nosotros no sabemos nada; nosotros estamos aquí devotamente rezando". Subid arriba y miradlo bien; da un poquito de pena, la verdad, no por ellos, sino por nosotros, que tenemos que aguantar que sujetos como estos hayan llegado muy alto en política (demasiado, creo yo) y nos estén machacando con sus dislates.
Pero ¿qué es eso que ellos no han hecho? Naturalmente, la patochada que han dejado en manos de un pelele, alguien manejable, más idiota que ellos y menos calculador, para que sea el que pague las culpas en caso de tormenta, fijaos, mirad las caras: ¿os dais cuenta de que, por lo bajini, los dos se están partiendo de risa, viendo la que han liado con mando a distancia? Artur Mas y sus risitas, veremos dónde acaban. De estos trucos sabemos mucho los profesores, porque la galería de los malotes es rica en tipos y uno de los más repelentes es ese individuo cobarde y retorcido que pone todo su empeño en dinamitar la clase, pero sin mancharse las manos él, sino dejando el trabajo sucio en las de otros más tontos, para el hipotético caso de que haya culpas que purgar. Esta vez está claro que a Mas y Trías les ha salido bien, porque el que ha tenido que pedir disculpas es otro, debe de ser un tonto útil de confianza.
3. Ada Colau
A los que llevamos años siguiendo la política española, es ya muy difícil que nos cuelen el hueso de la equidistancia, somos perros ya viejos y resabiados. Volvamos a la foto de arriba o vayamos al vídeo de abajo: después de verlos, ¿alguien puede creerse que la señora Colau no se enteraba de que "el numerito" del que luego hablaba en apariencia muy indignada se inició ante sus propias y risueñas narices? Es evidente que solo empezó a parecerle un "numerito" cuando salió a relucir la bandera española y que hasta ese momento la cosa le había parecido normal y hasta simpática, lo cual la deja en muy mal lugar: hubiera merecido más credibilidad si hubiese actuado desde el instante en que apareció la estelada; lo de arrugar el morro solo cuando apareció la española deja muy claro quiénes son en el fondo sus buenos y sus malos, cosa que en su cargo no es justificable.
4. Gerardo Pisarello
¿Y qué decir de este caballero? Si echamos un vistazo a este vídeo, uno de los muchos que se han divulgado sobre el momento en que se colgaron y se descolgaron las banderas, podremos sacar muchas conclusiones:
Antes de nada, he de deciros que sobre este incidente hay muchos vídeos en internet, pero me he decantado por este porque ayuda mucho a sacar esas conclusiones, ya que es el que más claramente nos muestra la muy distinta actitud ante ambas banderas tanto de Colau como, sobre todo, de Pisarello: ambos miran con pasividad la maniobra de Bosch, mientras que, cuando Fernández Díaz quiere sacar la bandera española, Pisarello intenta agriamente impedírselo. ¿Qué juego se trae este señor? ¿Quién es él para permitirse esos desafueros? Y luego se descolgó con esa bobada de que le ha salido el alma republicana. Muchos se han indignado, y con toda la razón del mundo, ante la torpeza y la demagogia del teniente de alcalde del Ayuntamiento de Barcelona (nada menos), que empezó faltando al respeto a la bandera del país que le acoge y "lo arregló" luego faltándole al respeto a su historia, con esa salida de pata de banco sobre la República, de la que seguro que no tiene ni puñetera idea. Que después Colau y sus correligionarios hayan echado mano del recurso de llamar racistas a quienes le criticaron es un síntoma muy preocupante, ya que indica que el progresismo español sigue empeñado en "argumentar" con descalificaciones de la demonología "progre", en lugar de hacerlo con ideas. Si estos son los actos, las razones y las caras de Podemos y sus afines, en diciembre no van a llegar ni al ocho por ciento y en 2019 pasarán al olvido. Se sabía que uno de sus exámenes fuertes iba a ser su posición ante los nacionalismos y, de momento, lo están suspendiendo.
5. Curso de ética periodística
Apena ver una maniobra tan repugnante como la de Bosch, pero más apena aún el comprobar lo bien que le ha salido. Si os fijáis en los muchos vídeos que hay, veréis que todo le fue de cara desde el principio: colocó la bandera con toda la tranquilidad del mundo, mientras que la española fue obstaculizada; se permitió ir de buen chico y hacer constantes gestos apaciguadores, cuando fue él quien montó el conflicto (ahí se le ve exultante) y, encima, no solo se le colocó al mismo nivel que al concejal del PP, que simplemente replicó a su calculada provocación, porque ya se la esperaba (otro que lo conoce), sino que hoy todavía se ha ido más lejos: ahora va a acabar siendo él el bueno, ya veréis por qué lo digo. Leyendo cómo cuenta hoy "El País" la petición de disculpas de Bosch, me vienen a la memoria aquellos excelentes análisis de manipulaciones informativas que hace ya bastantes años realizaba Juanjo de la Iglesia en "Caiga quien caiga": qué torpeza la de este periódico, el cual, cuando se trata de tirar contra el PP, pierde todo sentido del equilibrio, júzguese por el titular con que encabeza la noticia:
Bosch se disculpa por la guerra de banderas y Fernández Díaz, no
¡Pues claro, hombre!, ¿de qué otro modo podía ser? Por las guerras quienes tienen que disculparse son quienes las empiezan: hemos visto muchas veces a los alemanes disculparse por la Segunda Guerra Mundial, pero, que yo sepa, nunca se han disculpado los franceses, los ingleses, los americanos, los rusos... Es el que las monta el que está obligado a disculparse, nunca el que las sufre, aunque haya tenido la osadía de defenderse. "El País" hace gala en ese titular de una repugnante hipocresía, una equidistancia que pone en el mismo nivel de culpa al agredido y al agresor. Esto es una auténtica aberración de la que, por desgracia, el estulto e hipócrita sentido de la corrección política nos ha dejado lamentables ejemplos en España. Es imperdonable que "El País" todavía siga con esas, y más aún, si los beneficiados van a ser filibusteros sin miramientos como Alfred Bosch o pescadores de río revuelto como los dos monaguillos de los que hablé unas líneas más arriba.
Acabamos de ver en los medios de comunicación la escaramuza acaecida en el balcón del Ayuntamiento de Barcelona, fruto, una vez más, de una provocación de los separatistas, en este caso, de Alfred Bosch, concejal de ERC. Este señor, demostrando el respeto que él y su partido tienen por las instituciones, las formas y los marcos democráticos, se ha permitido colgar una estelada junto al tapiz que pende del balcón municipal, acto respondido por el concejal del PP Alberto Fernández Díaz, que ya se esperaba la jugada de Bosch y tenía preparada una bandera española que ha colgado también del balcón. El incidente ha durado poco, ya que ambos han sido obligados a retirar las banderas de un sitio que no les correspondía. Aun siendo cierto esto último, está claro que entre ambos símbolos hay una abismal asimetría, ya que, mientras que la bandera española es una enseña institucional de un Estado, integradora, que abarca a todos y que nadie podrá negar que desde 1978 ha avalado siempre inciativas y propuestas de concordia, la estelada es un símbolo de partido, que abarca solo a sus seguidores y que (los hechos de las últimas décadas son incontrovertibles) ha sido izada por defensores de propuestas segregadoras y sembradoras de conflicto, y ojalá que no lo acaben siendo de odio.
Por lo demás, aunque no sea en ese balcón y aunque algunos fanáticos (cómo no, nacionalistas) le nieguen su derecho, a la bandera española le corresponde estar presente en lugar visible a la entrada de organismos e instituciones, incluido, la pese a quien le pese, el Ayuntamiento de Barcelona, mientras que la estelada, solo mediante violentos, amenazadores y abusivos actos (cómo no) de los nacionalistas, ha usurpado en Cataluña lugares de privilegio que no son los destinados a una enseña extraoficial y partidista.
Así pues, digan lo que digan los provocadores de este tipo de grotescas charlotadas, hay una gran asimetría: no es lo mismo, ni de lejos, la bandera española que la estelada.
En la noticia se maneja el término "guerra de banderas", término que, usado en España, es de una flagrante falta de propiedad, porque en la España democrática nunca ha habido guerras de banderas, sino una repugnante, prolongada y unilateral ceremonia de ultraje a la bandera ajena y delirante exaltación de la propia perpetrada (cómo no) por el cerrilnacionalismo, tanto catalán como vasco. Mientras que son casi inexistentes las quemas de ikurriñas o senyeras, ¿cuántas banderas de España han sido quemadas en manifestaciones, concentraciones o cualquier tipo de acto de los nacionalistas? ¿Cuántos de ellos han terminado con una salvaje y visceral quema de la bandera "enemiga", quema que retrata muy bien lo que son en realidad los nacionalistas y el destino, que, si tuvieran la fuerza y los medios, reservarían a quienes no piensan como ellos? Aún no hace nada, hemos visto a un troglodita imbécil hacer pedazos la Constitución española nada menos que en el Parlamento español y todavía nos andamos con especulaciones sobre sí hizo mal o hizo bien, sobre si hay que sancionarle o pagarle unos txikitos: después de todo lo que hemos pasado, todavía no hemos aprendido a tratar a las bestias peligrosas para la convivencia, habrá que pensar que somos todos tan imbéciles como él.
Una pregunta que muchos nos hemos hecho: ¿se imaginan lo que pasaría si a alguno se le ocurriera quemar una ikurriña en el casco viejo de San Sebastián, o una senyera frente al palacio de la Generalitat? Es una pregunta que debería formularse en foros de más eco que este blog, porque pienso que anima a interesantes reflexiones.
En España aún exite el fascismo y su muestra (no pequeña) son los nacionalismos catalán y vasco. Rasgos fascistas son el fanatismo y la rigidez ideológica; la santificación de los mitos propios, que se consideran intangibles, como intangibles se consideran los propios símbolos (por ejemplo, las banderas), mientras que los de los otros aparecen como objetos indignos o risibles, que pueden ser víctimas de cualquier ultraje; el seguimiento incondicional a líderes portadores de mensajes mesiánicos; la tendencia a la radicalización en el rechazo del otro, sin excluir la violencia o la amenaza; el segregacionismo; la manipulación de la historia y la información; el sentimiento de superioridad... Todas esas cosas están -y aún muy vivas- en el nacionalismo catalán y en el vasco, así que tienen razón quienes hablan de problema catalán y problema vasco. Si queremos solucionarlos, será bueno no volver la cara a la realidad y afrontar a estos nacionalismos teniendo muy claro su verdadero pelaje, lo cual, a lo mejor nos sirve para no caer en la tentación de ceder a sus amenazas, trampas y chantajes, porque, con los nacionalistas esto lo único que garantiza es que sigan aumentando sus exigencias y su soberbia.
El pasado día 7, el ministro Luis de Guindos se pronunció rotundamente -ya lo hizo al menos en otra ocasión, el 23 de agosto- acerca de la imposibilidad de la independencia de Cataluña, lo que generó, como ocurre cada vez que alguien manifiesta en voz alta esta verdad incontrovertible, la consabida reacción reprobatoria del remilgado coro de papagayos equidistantes y la furibunda respuesta del cada vez más batasunizado mundo del independentismo catalán. Lo que está ocurriendo en torno a la aventura de Mas y sus seguidores se parece cada vez más al cuento aquel del traje nuevo del emperador: nadie o muy pocos se atreven a decir la verdad evidente, por temor, huelga decirlo, a la agresiva y/o inquisitorial respuesta que cabría esperar de esos sectores que he mencionado y algunos otros, temor que viene ya de hace muchos años, que alcanza a todos los sectores de la vida catalana y al que se refería hace nada García Albiol; resulta curioso que últimamente, mientras algunos se dedican a bailar, en lo referido a la política catalana, descartados UPyD o Ciudadanos -que lo han hecho siempre- sea el PP el que más se esté atreviendo a cantar esas verdades evidentes que todos han callado durante años. ¿Qué hubiera pasado si este amor a la verdad, esperable en todo buen político, se hubiera empezado a ejercer hace todos esos años? Probablemente, que no estaríamos ante la kafkiana situación a que ahora nos enfrentamos.
Pero volvamos al principio: la verdad es lo que dice Guindos, que la independencia de Cataluña es imposible; las amenazas de Mas o las sonrojantes mentiras para niños que cuentan acerca de lo guay que va a ser Cataluña en cuanto se independice no son más que un delirante engaño y un ejercicio de demencia política; los loables esfuerzos que desde sectores políticos, culturales o económicos se están haciendo para explicar las graves consecuencias que traería la independencia son un ejercicio de buena voluntad y sentido común, el intento de que la cosa se arregle sin llegar a males mayores, males mayores que no parecen espantar a Mas, Romeva, Junqueras, Forcadell, Casals, las monjas esas que no me acuerdo de cómo se llaman y otros líderes del prusés, a juzgar por su arrogancia y agresividad verbal. Pero que no se engañen ni quieran engañarnos: esos males mayores están ahí y pueden ocurrir, porque supongo que ellos, como todos, se habrán hecho estas preguntas, me niego a pensar que hayan sido tan mentecatos de no hacérselas: ¿qué pasará si Mas (sería un chiste decir Romeva) gana? ¿Qué pasará si le da por cumplir todas las insensateces que, en broma en broma, lleva años diciendo? Insensateces que, no me cansaré de repetirlo, están a la altura de un golpe de estado: que CDC y ERC estén planeando romper el país no es menos grave que meterse en el Congreso pistola en mano, por muchos miles de personas que estos señores reúnan en la Diagonal: como yo no tengo responsabilidades políticas, puedo permitirme decir que también Franco o Hitler o Stalin o Gaddafi reunían multitudes.
Imaginémoslo: 28 de septiembre de 2015: la Generalitat declara unilateralmente la independencia. Junts pel Sí o cualquier cálculo independentista ha obtenido un número de escaños que considera suficiente y Artur Mas y Raül Romeva, juntos y sonrientes, abrazándose y alzándose las manos el uno al otro, se asoman al balcón del palacio de la Generalitat y proclaman unilateralmente la independencia de Cataluña. Y después de ese brillante momento, después de ese cuartito de hora de vino y rosas, ¿qué? ¿Qué van a hacer? ¿Convocar a los millones de catalanes que queremos seguir siendo españoles para decirnos que ellos nos han cambiado la nacionalidad? ¿Qué cara cree que vamos a poner? ¿Darle un telefonazo a Mariano Rajoy y otro al rey para decirles cómo tienen que entregarles toda la inmensa serie de posesiones y responsabilidades estatales que, a partir de ese día, porque lo dicen ellos, serían ya de otro país? ¿Qué imaginan que les van a responder? ¿Los empleados y funcionarios del Estado español -del que la Generalitat forma parte-, los edificios, los vehículos, los terrenos -el propio territorio-, las vías de comunicación, las infraestructuras, las diferentes administraciones de las diferentes parcelas de la vida, los fondos económicos... en fin, el enorme y complejo universo humano y material que compone un país o una parte de él, se les va a dar a los señores Mas y Romeva porque ellos interpreten que ya es suyo lo que es y durante siglos ha sido español, por mucho que las políticas segregacionistas del nacionalismo estén intentando acabar con todo lo que huela a español? Es un voluntarismo necio el que se ha exhibido: por mucho que los nacionalistas se nieguen a verlo, Cataluña es una parte de España, no voy ahora a ponerme a explicar la evidencia.
¿Puede hacer todo eso la Generalitat? ¿Puede romper un país el voluntarismo de una tendencia política enloquecida? Tiene razón Guindos: esa catástrofe, por suerte, es imposible. El problema era político y muy simple, y los políticos hace ya mucho tiempo que se lo tenían que haber hecho ver al nacionalismo en toda su simpleza: es imposible la independencia: la naturaleza de Cataluña es catalana y española, son inseparables, le disguste a quien le disguste. Cuando yo era pequeño y vivía aún en Barcelona, se decía -y con razón- que el franquismo quería ahogar a la lengua y la cultura catalanas: ¿puede hoy alguien negar que el nacionalismo lleva décadas haciendo lo mismo con la lengua y la cultura españolas? En lo referido a este particular, no hay mucha diferencia entre unos y otros.
"Cuando llegue septiembre" (1961) fue una alegre comedia de Robert Mulligan protagonizada por Rock Hudson y Gina Lollobrigida que obtuvo un extraordinario éxito, un clásico, vamos. De la pegadiza melodía que se hizo más popular de su banda sonora, hay varias versiones, como una insatrumental de un grupo llamado The ventures, otra de The rocking boys u otra de Gelu, estas dos últimas, en español. Si abrís los enlaces, veréis que ambas empiezan con aquellas míticas y sugerentes palabras:
Cuando llegue septiembre,
todo será maravilloso
¡Ja, ja, ja! ¡Me río yo, maravilloso! Es que me da la risa floja, vamos.
2. En efecto: un año más, llegó septiembre y...
...tuvimos los exámenes que cierran el curso. Repasando los archivos de este blog, me encuentro con que por estos días están siendo revisitados estos dos artículos: La guerra escolar, que es de 2012, y El vuelco en la educación tampoco puede demorarse, que es de este mismo curso, de febrero de 2015. ¿Por qué a algunos de mis lectores les ha dado por volver precisamente a estos dos artículos? La razón es muy sencilla: porque ambos tocan el tema de la cada vez más feroz presión que sufrimos los profesores para regalar aprobados, materializada estos días septembrinos bajo la forma del derecho a la reclamación, tema que toqué de forma explícita en La guerra escolar.
Me figuro que algunos habrán venido a buscar consuelo porque les habrá pasado algo parecido a lo que comento en aquel artículo: que se habrán visto envueltos en una demencial noria de peticiones de revisión de exámenes e incluso reclamaciones para subir la nota, y digo demencial noria porque el noventa y nueve o el cien por cien de esas peticiones habrán estado referidas a exámenes sonrojantes, o, mejor dicho, que serían sonrojantes para las personas que tuvieran vergüenza, virtud que empieza ya a escasear de manera muy ingrata. Lo afirmo de manera tan rotunda porque en mi departamento lo hemos vuelto a vivir, como todos los años: treinta o cuarenta peticiones de revisión de examen, todas ellas referidas a exámenes que, en el mejor de los casos, se merecían un tres. Y más aún: en algún caso, los alumnos implicados, después de ver los numerosos y gruesos errores de sus exámenes, han tenido aún la desfachatez de elevar peticiones de modificación de nota por parte del departamento. Un año más, ya digo, y con una cosecha más abundante que el anterior, siguiendo una tendencia que parece asentarse.
Algunos me dirán que esos alumnos están ejerciendo un derecho, cosa que yo no negaré, e incluso voy más lejos: a veces hay exámenes injustamente suspendidos, lo cual hace que sea muy legítimo ese derecho a revisar o reclamar. Pero ¿es legítimo pedir revisión de un examen que sabes que era un desastre? ¿Es legítimo ascender al escalón de la reclamación al departamento cuando ya el profesor te ha explicado con todo género de detalles los fallos que justifican tu suspenso? Los derechos deben ejercerse con fundamento, pero me temo que hoy en día esto se suele dar de lado: la mayoría de la gente que se queja sabe que tiene un suspenso muy merecido, y a lo que viene es a ver lo que se pesca. Algunos vienen bajo la cédula del "tenía que intentarlo", ese cínico "tenía que intentarlo" que hoy está muy de moda y que más de un alumno me ha esgrimido literalmente, como si dieran por supuesto que ese "argumento" vale para convertir en justa cualquier necedad, cualquier impertinencia o cualquier abuso. Quizás deberíamos hacer una reflexión general acerca de la ética del "tenía que intentarlo" y de la desvergüenza, que, si fuese admisible y llevada hasta sus extremos, podría eximir de responsabilidad para cualquier aberración. ¿Os imagináis este diálogo?:
-¿Por qué se enriqueció usted con las preferentes? -le pregunta el juez al banquero corrupto.
-Porque tenía que intentarlo.
-Absuelto.
Son exageraciones, claro.
También los hay que se acercan a reclamar pensando que, si intimidan lo suficiente al profesor, dada la falta de respaldo en que estos se encuentran y que todo el mundo conoce, a lo mejor se arruga y les acaba aprobando: estos ya son harina de otro costal.
Pudiendo, ¿qué harán sino hacerlo?, como diría Garcilaso. Pero quizá la clave está en lo de la vergüenza. Este año, me he encontrado con una madre que, después de ver lo mal que estaba el examen de su hijo, me ha pedido reiteradas disculpas por solicitar revisión: hacía años que no me encontraba algo así, ha sido realmente excepcional, y reconforta ver que hay personas que sí que tienen vergüenza. Lamentablemente, lo que ha abundado ha sido lo contrario: mequetrefes que, con sus fallos delante de las narices y escrupulosamente explicados, aún insistían en que merecían aprobar, o que se quedaban con cara de sentirse víctimas de una injusticia (en ambos casos, sin la menor disposición a reconocer la evidencia), o incluso algo peor: diosecillos soberbios que, con un 1 o un 1'5 y un examen penoso, aún se atrevían a decirte mirándote a los ojos sin ningún recato que ellos habían estudiado mucho y que merecían aprobar. Esto solo se puede explicar por la desvergüenza que nuestra sociedad no afea y por las expectativas de que todos sus caprichos deben cumplirse que estamos fomentando en un amplio segmento de nuestra juventud, porque esta sociedad hipócrita tiene una frívola tendencia a "educar" omitiendo la mención de los antipáticos deberes o las adustas responsabilidades. Demencial, ya digo, y muy poco esperanzador. A ver qué ocurre el próximo año cuando llegue septiembre.
Como cualquiera podía imaginar y como verbalicé (¡qué fashion soy!) en mi artículo sobre algo que dijo un día González Pons y en algún otro sitio, la estrategia del PP para esta legislatura iba a ser empezar arrancándonos la piel a tiras para ir poco a poco soltando la mano hasta llegar a los últimos meses, en los que se iban a prodigar los guiños, las sonrisas, los mimos, las palmaditas en la espalda e incluso -como decía un chiste de Eugenio- algún tortellet para los domingos. Si con alguien ha seguido puntualmente este guión, ha sido con los funcionarios, el último capítulo, la devolución de otro 25% de la paga extra que el Gobierno nos arrancó por su santa voluntad en 2012, además de los "moscosos" y "canosos" que todavía no había devuelto. Como siempre que hablo de este tema, quiero dejar constancia de algunos extremos:
-Que los "moscosos" y los "canosos" no afectaban para nada ni al cumplimiento del servicio ni al gasto, ya que los funcionarios que se los toman (cosa que no es posible para todos) no son sustituidos y además las tareas que dejan pendientes, en sus días de ausencia, son realizadas por sus compañeros. Tampoco está de más recordar que esos días se concedieron a los funcionarios en sustitución de subidas salariales, luego quitárselos ha sido como quitarles dinero, además de traicionar un compromiso, cosa que al PP no parece disgustarle. Conclusión: suprimir esos días fue un acto aberrante, injusto e inútil para la sociedad, aunque supongo que útil para la demagogia pepera.
-Que todavía quedan muchas cosas por devolver, tales como el restante 50% de la paga, la rebaja del 5% e incluso más perpetrada por el inestimable Zapatero y los derechos y puestos de trabajo recortados aquí y allá en Sanidad y Educación, recortes estos que, además, han redundado en un empeoramiento del servicio público.
Una vez dicho todo esto, quisiera hacer algunas observaciones en torno al tratamiento que esta medida ha suscitado en diferentes medios políticos, informativos y económicos.
Hace hincapié ABC al presentar la medida en que los 252 millones de euros que supone se obtendrán a través de un crédito extraordinario. Desconozco exactamente las intenciones de esa focalización sobre el asunto del crédito, aunque me temo que son tan poco sostenibles como el ensalzar demagógicamente el supuesto esfuerzo del Gobierno y hacer que los funcionarios nos sintamos un poquito en deuda, cosa absurda además de inicua: de alguna parte tendrá que salir el dinero, como para todo, y, desde luego, no tenemos para nada que avergonzarnos de que se nos pague el dinero que nos hemos ganado con nuestro trabajo y encima se nos arrebató.
En la primera página de su edición en papel, "El País" introduce la noticia bajo este titular (que no aparece en la versión digital): El Gobierno premia a los funcionarios cerca de las elecciones. ¿Premia? ¿Desde cuándo devolverle a alguien lo que se le ha quitado es premiarle? El titular es bastante desafortunado, pero se queda en nada comparado con la postura mostrada por la portavoz del PSOE, que se manifiesta de una manera tan torpe que parece que le molesta no solo el oportunismo implícito en la medida, sino la propia medida. El PSOE no está fino, como demuestran mil cosas, como esta o su estúpida e inoportuna reacción acerca del catalán en Aragón: ¿cómo acabará?
La palma de la demagogia, sin embargo, se la adjudica "El Mundo". Ya en primera plana, titula: Uno de cada 4 euros de los presupuestos es para pagar los salarios públicos. O yo soy muy suspicaz o lo que subliminalmente pretende el diario dirigido por don David Jiménez es que, al primer golpe de vista, el lector exclame escandalizado: "¡Pues sí que nos salen caros los funcionarios!", lo cual puede que sea cierto, aunque no perdamos de vista que, en ese inmenso colectivo, están las personas que gestionan el funcionamiento de los ministerios, la seguridad de las calles, la salud, la limpieza, la educación y guarda de nuestros hijos, el apagar los incendios, el custodiar nuestras costas y otras mil tareas cruciales que sería prolijo enumerar, pero es que además la noticia de "El Mundo" va bastante más lejos y creo que debería leerla entera todo aquel que quisiera saber exactamente cómo es una vil manipulación informativa. ¿Por qué digo esto? Porque así vería que, en lo que llama "salarios públicos", basándose en un estudio que manejan la OCDE y el Círculo de Empresarios, mezcla los siguientes ingredientes: funcionarios, personal laboral, empleados de las empresas públicas, esa plaga que conocemos como asesores y altos cargos políticos. Esto es jugar muy sucio con la confusión: si estamos hablando de funcionarios, no podemos decir que nos salen muy caros y luego contar como tales a colectivos que nada tienen que ver con ellos. Todos sabemos lo que son los asesores: el gran coladero con el que los partidos políticos colocan a los suyos con pingües sueldos (que pagamos entre todos) por no hacer nada y sin demostrar mérito alguno. Lo que son las empresas públicas, por su parte, un gravísimo problema político y económico, es algo parecido: un procedimiento absolutamente opaco y corrupto de extender el clientelismo y derivar el dinero público hacia favorecidos, todos ellos, naturalmente, empresarios. Asesores y empresas públicas son incluso adversarios de los funcionarios, porque parasitan sus lícitas tareas o parte de ellas, así que no deben confundirse deliberadamente con lo que somos nosotros, salvo que uno quiera mentir de manera repulsiva para defender oscuros intereses, en este caso, los de la OCDE y el Círculo de Empresarios.
Nada, pues, nuevo bajo el sol: populismo barato a base de apalear al funcionario. Resulta curiosa una coincidencia: en las versiones en papel tanto de "El Mundo" como de "El País", junto a la noticia que nos ocupa viene esta otra: en 2013, el fraude del IVA (en su práctica totalidad, cosa de empresarios) supuso algo más de 12.000 millones de euros, esto sí que es intolerable, no lo que cuesten o dejen de costar los salarios de un colectivo que se los gana con su trabajo. Sin embargo, parece que sigue siendo rentable disparar contra el funcionario, aunque sea a base de inexactitudes y mentiras y haciendo omisión de lo que en justicia le corresponde a cada cual. Mal asunto que los tres periódicos señeros de nuestro país tropiecen en la misma piedra, menospreciando una vez más a millones de personas cuya labor es indispensable para que los servicios públicos funcionen. Sus salarios cuestan miles de millones, de acuerdo, pero ¿acaso quieren ABC, "El Mundo" y "El País" que trabajen por la cara o por una miseria, o que se les arranque impune y unilateralmente parte de su sueldo? De la OCDE y del Círculo de Empresarios era esperable, pero de medios de comunicación pretendidamente serios...
Hace pocos días, nos enterábamos de que el ministro de Educación había cedido ante la heterogénea alianza de partidos, gobiernos, sindicatos y asociaciones contrarios a la LOMCE en una cosa: estaba dispuesto a aplazar la implantación de las reválidas. En la actual educación española, marca la pauta un hecho tan lamentable como incontrovertible: es muy fácil aprobar sin estudiar, lo que redunda de forma muy negativa en los conocimientos que acaban adquiriendo los alumnos. Siendo esto así, ¿por qué se sacrifican precisamente las reválidas, que podrían ser un instrumento muy útil para obligarnos a todos -alumnos, profesores y padres (esos cada vez más abundantes que se descuelgan por los centros a presionar por el aprobado)- a ser serios y cumplir los programas?
La pregunta es esta: ¿quién teme a las reválidas? Si echamos un vistazo a los más furibundos críticos de la LOMCE (que no me cansaré de repetir que es mala, pero también lo es la LOE, de la que es una especie de refundición), habrá que concluir que sobre todo son los partidos nacionalistas, el PSOE y los partidos y sindicatos de izquierda, muy en especial, CCOO. ¿Y a qué viene ese temor? Da la impresión de que estos sectores políticos y corporativos tienen auténtico pavor a todo aquello que represente control y verificación de resultados, y no es difícil entender por qué: los nacionalistas, porque no quieren que quede en evidencia el empobrecimiento educativo a que se ha llegado en sus comunidades gracias a lustros de hacer hincapié en tendenciosos programas de adoctrinamiento centrado en sus propias fabulaciones; la izquierda de fundamentos logsianos, porque es la responsable -con su paidocentrismo, su empobrecimiento de los programas y su persecución de la exigencia- del ya largo desastre educativo español. Y, desde hace ya algunos años, a estos presuntos implicados se ha unido el PP, que también le ha cogido el gusto a eso de estigmatizar y obstaculizar la práctica responsable de la docencia. Así pues, no extraña que a todos estos actores les haya costado poco ponerse de acuerdo en eliminar las fastidiosas reválidas: siguen prefiriendo la demagogia estéril, el halagar al padre/cliente con aprobados fáciles y a menudo dudosos. Eso sí: cuando salen noticias como que, un año más, en 2015 nuestras universidades son irrelevantes en el ranking de Shangai, nos rasgamos todos las vestiduras, los primeros, los medios afines a estas corrientes políticas. Pero la frivolidad no suele dar buenos resultados, por eso pasa lo que pasa.
(Quizás algunos hayáis leído una carta que me publicó el domingo "El País" sobre este mismo asunto. Este artículo es una formulación más explícita de lo que en ella se dice)
La república mejor es una novela contra cierto tipo de amnesia. La publiqué por mi cuenta en marzo de 2009. Narra la historia de un soldado al que machacan durante su servicio militar. Como parece que este tema de lo que fue la mili molesta y tratamos de esconderlo, me decidí a sacar a la luz el libro fuera como fuera, porque creo que el asunto no debe caer en el olvido, sino todo lo contrario: debe quedar constancia de algunos hechos muy graves que ocurrieron.