1.- El jueves 14 de marzo nos sobresaltamos con la noticia de que los maestros están suspensos en primaria, a la vista de los resultados de un examen de oposición en Madrid, en el que el 86% de los aspirantes cometieron fallos ante cuestiones de nivel elemental, algunos de ellos, de la alarmante envergadura que podemos ver en la noticia enlazada. La sala de profesores de mi instituto -me figuro que igual que la de muchos otros- se convirtió en el escenario de un debate permanente sobre el asunto, debate en el que las ideas más generalmente aceptadas fueron estas:
a) Que la noticia se había formulado con un sesgo muy desafortunado, ya que producía la sensación de que los autores de tales disparates eran los profesores, cuando en realidad habían sido personas que se presentaban a una oposición para serlo, las cuales además, en buena lógica, debieron de ser suspendidas.
b) Que, en cualquier caso, lo que desvelaba era muy grave y que, entre otras cosas, parecía destapar unas carencias en la formación de nuestros titulados superiores (de Magisterio y de otras disciplinas) que es urgente solucionar.
c) Que la difusión de la noticia ni era inocente ni obedecía a la mera preocupación de nuestros dirigentes políticos por los escasos conocimientos de los opositores, sino que la Consejería de Educación de Madrid estaba instrumentalizando el hecho en el marco de su guerra contra los interinos y sus planes de reformar el sistema de acceso a la función docente, planes que (importa mucho destacarlo), aunque se presentan con otros envoltorios, persiguen sobre todo ahorrar dinero a costa de lo que sea, incluida la calidad de la eneseñanza. Quien dude de esto, que pulse aquí.
2.- Ahora bien, señalado todo esto, creo que está fuera de toda duda que, dadas las características de nuestro sistema educativo, esos titulados superiores deficientemente formados son el producto de ese sistema también deficiente. Este sistema emana de una catástrofe llamada LOGSE, de la que nacen los ya más de veinte años de desastre educativo que llevamos padeciendo en España, y cuenta con la cómplice mala gestión en este ámbito de todos los partidos que han tocado poder, sin olvidarnos tampoco de los sindicatos, especialmente, de CCOO, gran defensora del entramado ideológico de la LOGSE. Como muchas veces me habréis oído decir, una de las mayores o tal vez la mayor de las aberraciones de la LOGSE es la presión sobre el aprobado, es decir, el que, durante todos estos años, para maquillar las cifras de aprobados del sistema, se haya abusado de la presión sobre los profesores para que bajaran sus niveles de exigencia, lo que ha producido que al final el nivel de lo que enseñamos sea ínfimo; en tales circunstancias, ¿no parece lógico que, si empezamos regalando los aprobados en ESO, acabemos teniendo un alto número de titulados superiores muy mal formados? Lo razono en esta carta que titulo Aquellos polvos trajeron estos lodos y que publica hoy "El País".
3.- De lo dicho hasta aquí, cualquiera podrá entender que yo creo que la culpa de que hayamos llegado a este enojoso asunto del 86% la tiene el sistema, un sistema frívolo que ha perseguido a los profesionales serios y rigurosos y, en una espiral constante de estupidez e inmoralidad, ha instaurado la falsificación de la realidad y el regalo de aprobados y títulos como práctica habitual, creyendo que eso podría llevar a otra parte que al desastre; un sistema capaz de llegar a aberraciones como esta de la ESO a mil euros, o sea, regalar el título y encima mil euros a los que no obtuvieron por molicie lo que otros se ganaron estudiando, esperpento que ha terminado con un desenlace que tiene algo de justicia poética: la anulación del examen por una filtración, vamos, que todo ha sido una trampa, de principio a fin. ¿Podemos extrañarnos de que, en un sistema que premia la vagancia, se produzcan sucesos como este del 86%?
4.- Termino. Este sistema ha sido -y sigue siendo, no lo olvidemos- el mundo al revés, una aberración en todos sus términos, y estoy pensando ahora en la Inspección Técnica Educativa. Como su propio nombre indica y como departamento de vigilancia que es, este cuerpo debería haber velado por el recto proceder de las cosas, por el cumplimiento de los programas, por que los centros transmitiesen saber. ¿Ha sido así realmente? ¿Se ha preocupado de esto la inspección o ha sido más bien el azote de esos profesores que intentaban trabajar en serio y eran denunciados por padres o por directores amigos más bien de la generalizada laxitud? Supongo que cada cual tendrá su punto de vista, pero todos, hasta las instituciones, somos hijos de nuestras obras, así es que esto será lo que a última hora haya que valorar. Por mi parte, algunos sabéis ya cuál creo que ha sido el papel de la inspección, aquí os dejo el enlace del artículo que en su día hice exponiéndolo. Hemos llegado a donde hemos llegado: ahora, cada cual debe asumir y reconocer la parte que le toca del éxito o el desastre.