Queridísimos amigos, he de deciros una cosa: no solo la vida va en serio, sino que ¡ojito con salir a la calle!, porque andan sueltos por ella millares de chiflados, algunos, tan extremadamente peligrosos como estos de los que os voy a hablar:
-Locos extremadamente peligrosos número uno: los asesinos terroristas de ETA. En honor a la verdad y por fortuna, estos no andan sueltos por las calles, pero lo que reclaman es que se les libere. En una reciente entrevista, dos de sus portavoces se descuelgan con las demenciales (no podían ser de otro modo) exigencias del colectivo de presos de esta benéfica institución. En un alarde de cinismo y de la deriva alucinada de la banda, sus portavoces (Xabier Alegría y Lorentxa Gimon) reclaman una amnistía para los presos de ETA, porque personajes tan ejemplares como ellos no es explicable ni democrático que sigan en la cárcel. Advierten (¿amenazan quizás?), además, de que será un peligro y un gran riesgo no ir soltándolos de una vez o poquito a poco y no anular la doctrina Parot. ¿Os parece que alucináis? Pues si leéis la noticia veréis aún más: este razonable plan tiene como horizonte final la autodeterminación e incluye un -según sus palabras- "alto el fuego" de las autoridades francesas y españolas, ya que sus políticas penitenciarias son una muestra de violencia política inadmisible. ¿Es usted de los que piensan que la independencia de Euskadi es un bien en sí misma y que "estos muchachos" son solo unas pobres y heroicas víctimas y, en consecuencia, ve muy razonable lo que piden? Entonces lo que usted necesita es conocer el historial de ETA: pulse aquí.
-Locos extremadamente peligrosos número dos: Ignacio Fernández de Arriba y sus secuaces: una secta repugnante más. En el mundo hay peligros que acechan a los seres humanos en colectivo, como la crisis, Bankia, los tsunamis, el hambre, las epidemias o los gobiernos dictatoriales y/o corruptos, pero luego existen otros que van a por sus víctimas cuando caminan ellas solitas y desprevenidas y las asaltan en la calle de manera singular, como el lobo a Caperucita; entre estos, están las sectas, que, como el pérfido lobo, acostumbran a presentarse con la mejor de sus sonrisas y como ese desprendido samaritano que solo quiere librarte de tus problemas, aunque sea a costa de sus desvelos. ¡¡¡Cuidado con estos!!!, porque, si les abres la puerta, pueden acabar destruyendo tu vida, pueden ser tan letales como el tsunami, no en vano está establecido el término Secta Destructiva (SD) para encuadrar a las peores (si es que no son todas iguales) de estas organizaciones. La forma más directa de que me comprendáis es que pulséis el enlace y leáis hasta el final, y os advierto una cosa: aunque su perido de mayor virulencia en España tuvo lugar hará unos veinte años, las sectas siguen estando ahí y siguen siendo igual de temibles, lo único que pasa es que, como organizaciones muy ladinas que son, han decidido hacerse menos visibles, lo que las hace aún más peligrosas. Nunca te fíes: ese cienciólogo circunspecto en apariencia, el alegre hare-krishna, el melifluo opusdeiano o ese familiar testigo de Jehová endomingado esconden bajo su inocente apariencia unos predadores no menos peligrosos que este Ignacio Fernández: si no me crees a mí, busca los abundantes testimonios de exadeptos que hay, lee los también abundantes informes oficiales, entérate de quién es Pepe Rodríguez, seguramente uno de los mayores expertos en sectas del mundo, o de quién fue Pilar Salarrullana, la parlamentaria que informó a las Cortés sobre ellas. A ambos, que mantuvieron relaciones de colaboración y amistad, les han perseguido con saña las más que inquietantes sectas, a ambos podemos considerarlos con justicia unos solitarios héroes contra el fanatismo, la servidumbre humana y el oscurantismo. Hace tiempo que quiero escribir un artículo sobre las sectas, de las que algo sé, pero es tan amplio y complejo su mundo que no sé si podré ponerme a ello algún día; de cualquier modo, con lo que hay en este artículo, ya tenéis una buena brújula para rastrearlas.