Libros que he publicado

-2028. ¿Cómo será la Tercera República? -LA ESCUELA INSUSTANCIAL. Sobre la urgente necesidad de derogar la LOMLOE. -EL CAZADOR EMBOSCADO. Novela. ¿Es posible reinsertar a un violador asesino? -EL VIENTO DEL OLVIDO. Una historia real sobre dos asesinados en la retaguardia republicana. -JUNTA FINAL. Un relato breve que disecciona el mercadeo de las juntas de evaluación (ACCESO GRATUITO EN LA COLUMNA DE LA DERECHA). -CRÓNICAS DE LAS TINIEBLAS. Tres novelas breves de terror. -LO QUE ESTAMOS CONSTRUYENDO. Conflictividad, vaciado de contenidos y otros males de la enseñanza actual. -EL MOLINO DE LA BARBOLLA. Novela juvenil. Una historia de terror en un marco rural. -LA REPÚBLICA MEJOR. Para que no olvidemos a los cientos de jóvenes a los que destrozó la mili. -EL ÁNGULO OSCURO. Novela juvenil. Dos chicos investigan la muerte de una compañera de instituto. PULSANDO LAS CUBIERTAS (en la columna de la derecha), se accede a información más amplia. Si os interesan, mandadme un correo a esta dirección:
repmejor@gmail.com

Tenéis información de los precios aquí:

domingo, 27 de agosto de 2017

Ruindades (3)

   Lo vimos en las etapas más álgidas de la ofensiva independentista vasca y sucede también con la catalana: la ilimitada fe que los nacionalistas depositan en el visionado internacional de sus "conflictos" hace que por nada del mundo se pierdan una oportunidad de salir en la "tele": a la menor expectativa de que un evento vaya a tener repercusión internacional, se lanzan en picado. El sentido goebbelsiano que tienen de la propaganda les lleva a la siguiente estrategia: repitamos mil veces ante el mundo nuestras mentiras y conseguiremos que el mundo las acabe considerando la verdad; de ahí vienen las pitadas en los partidos milimétricamente preparadas, el asunto aquel de las giraldillas, la vía catalana...: espectaculares anuncios de un pésimo producto, pero no podemos olvidar que la publicidad puede hacer pasar por bueno lo malo, y mucho me temo que los gobernantes y políticos españoles no están contrarrestando bien esta táctica.
   Con esta premisa y sabiendo como sabemos lo justitos de decencia que andan los nacionalistas, ¿existe alguien que se haya sorprendido de que tomasen por asalto incluso un evento como la manifestación de ayer sábado, que se suponía que era para mostrar el rechazo ante unos sangrientos atentados terroristas, pero ellos la han infectado de su beligerancia separatista? A estos señores no les importan ni los muertos. Ya ayer por la mañana, varios medios coincidían en el término "encerrona" para referirse a lo que le esperaba al rey unas horas después y no cabe duda de que acertaron, pero no porque fueran adivinos, sino porque estaba cantado. Señalada ya esta gran ruindad general de la grosera usurpación, vayamos, una vez más, a los hechos concretos de otras más particulares.
    -Comité de recepción. En un breve artículo titulado Fue una celada, informa "El Mundo" de que el lugar desde el que debían partir las autoridades nacionales y el rey, antes de que estos llegaran, ya estaba tomado por unos tres mil radicales provistos de esteladas y cartelitos de esos que no te haces tú en tu casa, quienes enjaularon prácticamente a la comitiva y la sometieron a hostigamiento durante todo el recorrido de la manifestación. Señala el diario que ese punto de partida era un dato de carácter reservado: si es así, alguien de la organización tuvo que facilitárselo a los "espontáneos" manifestantes, y esto señalaría a la Generalidad o al Ayuntamiento de Barcelona; en la misma línea apuntaría otro dato que aparece en ese artículo: que la presunta representación civil que precedía al rey y al Gobierno de la nación también se giró para importunarles con carteles semejantes a los de los hostigadores. Si esto también es verdad, las instituciones organizadoras han saltado de la indecencia a la traición, que Dios nos pille confesados en todo aquello en lo que estén envueltos estos personajes tan carentes de límites.
    -Los cartelitos. Fijaos en esta foto sacada de "El País":
   Vista de la manifestación contra el terrorismo, en el paseo de Gràcia.
    Me he decidido a poner este mural que se me come medio artículo porque en él se aprecian bien esos carteles de fabricación industrial -azules, rojos, verdes, amarillos o blancos- que prácticamente inundaron la manifestación. La primera pregunta que nos sucitan es: ¿con qué fondos se han pagado? Y es pertinente, porque, si se ha hecho con fondos públicos, dado que están repletos de ataques al rey y al Gobierno de la nación, no sé hasta qué punto esto no debería investigarse. Lo siguiente que llama la atención son sus mensajes (se ven mejor en las ediciones en papel de los periódicos), en primer lugar, por las lenguas en que están escritos: catalán, inglés y, ¡prodigioso!, español. Aquí entra en escena el factor de propaganda goebbelsiana del que hablaba antes: la mente que está detrás de esta manipulación quiso muy bien que todo el mundo se enterase de lo que deseaba decir, así que se dejó de remilgos segregacionistas y se avino a instrumentalizar hasta la odiada lengua española, por la sencilla razón de que esa cuidada edición de consignazos fue el vehículo de lo más rastrero de sus injurias, cosas como "Felipe, quien quiere la paz no trafica con armas" o "Mariano, queremos paz, no venta de armas", más la contrapartida, es decir, el utopismo hipócrita que los ladinos autores de estos carteles quieren hacer pasar como su beatífica propuesta, sandeces fuera de contexto como esa de "Imagine a country that doesn't sell arms": puestos a no respetar a los muertos, estos genios tampoco tenían por qué respetar a John Lennon. No cabe la menor duda: iban a estar las "teles" de todo el mundo, así que había que manipular alto, claro y archirrepetido.
    -Algunas cosas que no son ruindades, pero que no deberíamos pasar por alto. Una vez pasada esta marea, hay una serie de cuestiones que afectan más al buenismo y la corrección política que a la vil manipulación, pero que considero perjudiciales o inadecuadas y quiero, por tanto, señalar. La primera está ya más que recalcada, pues han sido muchos ya los que han dicho que el lema de toda esta reacción, No tinc por, es bastante desafortunado, por mentiroso y por insensato: ¿cómo no se va a tener miedo a locos capaces de hacer lo que hacen los islamistas? ¿Qué sentido tiene jactarse de algo que es falso e irracional? Mucho me temo que detrás de esta estúpida elección lo único que había era el afán de eludir cualquier frase condenatoria, ni siquiera destinada a asesinos tan abyectos como los de Barcelona y Cambrils, los remilgos del buenismo carecen de sentido del ridículo. Y esto, por no hablar de otro matiz que en lo que atañe a la tragedia de los atentados es irrelevante, pero que, si cambiamos de ámbito y atendemos a la más que probada manipulación que el nacionalismo ha ejercido sobre este asunto, importa mucho: una vez más, el español ha quedado relegado: tendríamos que hacer lo posible por dejar de complacer a los separatistas en el juego de convertir al español en una lengua vergonzante, segundona, que hay que usar pidiendo perdón y con la inmediata traducción al catalán para no pecar, a no ser que seamos tan gili_ _ _ _ _ _ de no habernos dado cuenta de que la anulación y estigmatización de la lengua española es una de las bazas esenciales de los planes separatistas, que llevan años castigando su uso y a quienes la usan. Tampoco es desdeñable el posicionamiento que se ha adoptado ante el islam: este asunto es tremendamente delicado, así que convendría que, incluso mentes tan fanatizadas como las del nacionalismo catalán, lo tratasen con muchísimo cuidado, me explicaré. En la demencial variedad de frases de los cartelitos de colorines, junto a las temerarias acusaciones contra el rey o el presidente del Gobierno de la nación, había otra que decía: "No a la islamofobia". Uno podría preguntarse dos cosas: primera: ¿no podría dar la impresión de que para los manifestantes los malos de esta película eran Felipe VI o Mariano Rajoy, antes que un puñado de asesinos que han matado en nombre del islam? Segunda: está claro que los islamistas no son el islam, que este no debe ser criminalizado y que debemos respetar a los millares de buenos musulmanes que viven en España, pero, ¿acaso esa manifestación estaba motivada por algún ataque contra el islam? Por supuesto que no: estaba motivada por horribles atentados cometidos por, nos guste o no, personas procedentes del islam, así que ese cartel era completamente inadecuado, y no solo eso, sino que podría suministrar argumentos a los círculos de los que proceden los asesinos, lo cual sería lo único que nos faltaba: que un día saliera cualquiera de esos mamarrachos que actúan como portavoces del terrorismo islamista diciendo que atentaron aquí porque somos unos islamófobos. Todas estas razones valen para otra cosa que me parece un tremendo error: haber dado la voz a una musulmana en la lectura del comunicado final: está muy bien que queramos que no se estigmatice a los musulmanes, pero, habiendo víctimas de más de treinta nacionalidades, ¿no parece un despropósito conceder tal relevancia precisamente a la comunidad de la que procedían los asesinos? ¿No cabe incluso la posibilidad de que esto haya herido la sensibilidad de alguna víctima? Habrían tenido los organizadores de la marcha que ser más serios con esto: la muerte y el terror deben ser tomados muy en serio y sus víctimas tratadas con mimo, pero ellos han preferido decantarse por un buenismo frívolo y superficial: cualquiera diría que no han aprendido de la trágica experiencia que por desgracia nos han aportado a los españoles lo desmanes del nacionalismo radical vasco.  

sábado, 26 de agosto de 2017

Ruindades (2)

   Se veía venir: si la indecencia nacionalista no conoce límites, era de esperar que, tal y como insinué en mi artículo del pasado día 20, esta peña iba a seguir agregando basura a la que ya había empezado a segregar entonces. Vayamos, una vez más, a los datos concretos:
   -Carles Puigdemont. A solo una semana de los atentados de Barcelona y Cambrils, se descuelga acusando al Gobierno español y manipulando de una manera tan estulta como miserable la actuación de los mozos para hacer propaganda de su plan separatista. El fanatismo, la obcecación y la falta de principios de este sujeto son difíciles de superar, cómo será la cosa que hasta él mismo hace constantes alusiones a que la cárcel está en el horizonte que le espera.  
   -Ada Colau. ¿Cómo es posible que haya llegado tan alto un personaje como esta señora, cuyos principales adornos son la hipocresía, la mediocridad, el autoritarismo, la incompetencia y un rencoroso encarnizamiento contra todo aquello que su mentalidad de ácrata apolillada señale como enemigo, ya sea lo español, los aficionados a la selección o unos militares que van a presentar su oferta educativa en una feria? Para explicarlo no basta la anómala situación política que han dejado en España la crisis y la desmesurada corrupción de las últimas décadas, sino que hay que tomar en consideración que lo de la política catalana es muchísimo peor: aquello es ya un repugnante esperpento. Entonces se empieza a entender. En su afán por capitalizar la manifestación de hoy, se  ha permitido declaraciones como estas: 
    El acto seguirá como tenemos programado. Todo aquel que venga tendrá un lugar. Hemos vivido una semana intensa atendiendo a las víctimas. La ciudadanía ha tenido una respuesta ejemplar que culminará con una manifestación por la paz.
    En apariencia, estas palabras son impecables, pero, contextualizándolas en la actual situación política española, ocultan una serie de mensajes implícitos muy lastimosos. Está en primer lugar ese "tenemos" que subrayo: o es un plural mayestático o es un plural a secas que incluiría a ella y a los de su bancada, esos que han conseguido secuestrar la respuesta mediática a los atentados, pero desterraría a todos los demás: en cualquier caso, es una traición del subconsciente, una forma que confirma lo que todos sabemos: que la señora Colau ha puesto un particular empeño en relegar a un segundo plano a todo aquello que no fuera de su gusto, o sea, el rey, el presidente del Gobierno, los ministros...: lo "español", el "Estado", en suma. Y si alguien no lo ve así, que observe cómo la alcaldesa que padece Barcelona, con las siguientes palabras que pronuncia, insiste en recalcar que ella es la dueña de la manifestación: "Todo aquel que venga tendrá un lugar". ¡Pues claro, señora Colau!, muchas gracias por darnos permiso para adherirnos a "su" manifestación, pero no era necesario, ¿o es que no se ha enterado de que en España existía el derecho de manifestación desde mucho antes de que a usted la hiciera alcaldesa un delicado equilibrio de fuerzas políticas? En este país cualquiera tiene lugar en cualquier manifestación, incluso aunque no lo diga usted. Queda, por último, lo de la manifestación "por la paz"; sí, la paz está muy bien, pero sucede que España no está en guerra y esta manifestación está motivada por unos brutales actos terroristas, así que no es una manifestación por la paz, es una manifestación contra el terrorismo. Desde su primera reacción, la alcaldesa de Barcelona ha estado eludiendo este término e intentando taparlo con las palabras "paz", "solidaridad" y otros dignísimos conceptos que no venían al caso, sin darse cuenta de que este truquito de los eufemismos hace mucho tiempo que ya no cuela, porque ya lo dejaron muy resobado los batasunos, el PNV y otros farsantes de parecido pelaje. 
    Me temo que esto continuará.   
    

domingo, 20 de agosto de 2017

Ruindades

   Por increíble que parezca, algunos no han sido capaces de guardar la compostura y controlar sus miserias ni siquiera en situaciones tan delicadas como la producida por los recientes atentados en Barcelona y Cambrils. Veamos unos ejemplos:
  -Joaquín Forn, el consejero de Interior de la Generalidad, ha informado acerca de las víctimas del atentado de Barcelona haciendo diferenciación entre las catalanas y las de "nacionalidad española". Tenéis más información aquí. Habíamos visto ya a este señor dando claras muestras de sus posturas totalitarias, así que no extraña mucho esta mezquindad, que demuestra que tampoco es que sea muy respetuoso con las desgracias personales.   
  -De la ANC lo raro hubiera sido un comportamiento decente. En una de sus cuentas de Twitter, pide que no se utilice la bandera española para mostrar la solidaridad con las víctmas de los atentados. Podeís verlo aquí.
   -La CUP no irá a la proyectada manifestación contra el terrorismo si va el rey. ¿Por qué? Porque, según su diputada Mireia Boya, él y el Gobierno (el de la nación, por supuesto), son "imagen de un imperialismo económico que ha financiado los atentados del jueves pasado". Podéis ver aquí esta nueva muestra de sensatez de los cuperos, sin cuya colaboración sería inviable la orgía de despropósitos en que consiste la política del actual Gobierno de Cataluña. El tufillo batasuno de la CUP no debería ser menospreciado en absoluto.
          Si buscase un poco más o esperase unos días, seguro que podría sacar más muestras de la acendrada calidad moral de los independentistas catalanes, pero creo que estas tres perlas son ya suficientemente significativas. 

viernes, 18 de agosto de 2017

Atentado en Barcelona

   En homenaje a esos amigos que han muerto o han sufrido daños en el trágico atentado de ayer en las Ramblas.

Tienes un amigo

martes, 8 de agosto de 2017

Pisarello, Fachín y una dama de Madrid

   Hace algún tiempo, acudí a un acto en el Ateneo de Madrid en el que participaba una señora madrileña en calidad de delegada en Madrid de las organizaciones independentistas que están a favor del referéndum secesionista en Cataluña. La situación, como veis, ya era de partida bastante surrealista, como no es raro que suceda en torno a este asunto del prusés, pero la guinda colaboré yo mismo a ponerla cuando, en el turno de preguntas, le planteé a la madrileña representante del independentismo catalán la siguiente cuestión:
    -Yo nací en Barcelona, pero vivo en Madrid desde hace muchos años: ¿para ustedes soy catalán?
    Respuesta:
    -Usted será lo que usted elija.
    O sea, que, según los organizadores de este circo, si mañana elijo ser jirafa, picaporte de latón o marciano, eso está hecho. Naturalmente, la cosa no iba por ahí, sino por otro lado que aquella señora sabía muy bien, por eso eludió la respuesta varias veces, hasta que al final yo mismo dije en voz alta la razón: aquella catalanista madrileña se negaba a reconocer que yo soy catalán porque, tal y como han planteado su referéndum los independentistas, si se llevase a cabo, podrían votar en él los nacidos en Cataluña residentes en el extranjero, pero no los residentes en el resto de España, como es mi caso, naturalmente, porque los separatistas saben que somos casi todos contrarios a su montaje. Una prueba más del carácter excluyente del separatismo catalán, como de todo separatismo que se precie. 
    Casos de intrusos que se permiten meter el cucharón en un potaje que no es el suyo los hay mucho peores que el de esta señora de Madrid. Poco antes de las elecciones autonómicas de 2015, un provocador llamado Alfred Bosch montó una miniguerra de banderas en el Ayuntamiento de Barcelona de la que me ocupé en un artículo titulado Manual de perversiones. Incluía allí este vídeo, en cual puede verse cómo Gerardo Pisarello, el primer teniente de alcalde del Ayuntamiento de Barcelona, no hubiera tenido inconveniente en que se colgase la estelada del balcón consistorial, pero interviene airado en cuanto aparece la bandera española:

    El argentino Pisarello ha tenido algunas otras actuaciones muy desafortunadas, en especial, la retirada del busto de Juan Carlos I del salón de plenos del Ayuntamiento de Barcelona.
     Estos días está sonando el nombre de otro paisano suyo, este, de Bahía Blanca, el señor Albano Dante Fachín, que se ha visto envuelto en una polémica con Pablo Iglesias acerca de si los podemitas catalanes tienen o no que votar en ese referéndum previsto para el 1 de octubre. Gracias a don Albano, me queda claro que España tiene que ser un Estado plurinacional, pero este aún va más lejos y tiene la poca cabeza de decirle a Iglesias que, obviamente, no votará en ese referéndum porque es un chico de Vallecas. No sé lo que le habrá dicho Iglesias al señor Fachín, pero yo, que soy un poco terco, a este chico de Bahía Grande le pondría ante el mismo conflicto que ya le planteé a la señora aquella de Madrid: ¿qué le parece que en ese referéndum sobre la independencia de Cataluña que él encuentra tan perentorio no se me permita votar a mí, que soy un chico nacido a dos pasos de las Ramblas? Ni que decir tiene que lo que yo reclamo no es el derecho a votar en tal evento, pero la contradicción ahí queda.
    Lo que sí reclamaría es un poquito de prudencia. ¿Quién era aquella señora de Madrid para regatearle a uno de Barcelona su condición de catalán? ¿No le parece al señor Pisarello un buen manojo de excesos venirse desde Tucumán a independizar Cataluña y ofendernos a los españoles arrinconando a Juan Carlos I y postergando a nuestra bandera? ¿No cree el señor Fachín que, hablando de asuntos de España, es una muestra de prepotencia que alguien nacido en Bahía Blanca ironice con el origen vallecano de quien sea? ¿Quién es él para recomendar que España sea plurinacional, metanacional o antinacional? ¿Qué narices saben de España los argentinos Pisarello y Fachín para mangonear en su ordenamiento territorial, que es una cosa importantísima? El régimen de libertades en que vivimos y la elogiable generosidad con que acogemos a los de fuera son dos virtudes de nuestra sociedad de las que han abusado estos dos personajes. Particularmente en el caso de Gerardo Pisarello, preocupa que pueda llegar tan alto como ha llegado para hacer las cosas que está haciendo: por si no tuviéramos suficiente con nuestros impresentables de aquí, nos vamos a buscarlos fuera.

jueves, 20 de julio de 2017

El guerracivilismo independentista no va de broma

   Todos estamos viendo cómo en los últimos tiempos la agresividad verbal de los independentistas catalanes está disparando su ya de por sí elevado tono, lo que se concreta en la multiplicación de mensajes rebosantes de jactancia, desprecio, insultos y amenazas. Si me lío a poner enlaces, me sale un artículo de seis páginas, así que me limitaré a poner como ejemplo el maratón de prepotencia en que se ha embarcado en apenas unos días Jordi Turull, nada menos que consejero de Presidencia y portavoz del Gobierno autonómico catalán, amenazando, riéndose del Tribunal de Cuentas o, por otro lado, soltando esa bravata de los hiperventilados y los tiquismiquis. Es asombroso: tiene uno que mirar diez veces la noticia para convencerse de que la persona que se pronuncia en estos términos no es un matón de taberna, sino lo equivalente a ministro de un Gobierno del que es el mensajero oficial. Pero es también un tanto absurdo asombrarse, dados los actos y desafíos delirantes que estamos viendo perpetrar a ese Gobierno, actos que ofenden no ya al sentido democrático, sino a la propia racionalidad.
    Entre los últimos, los más alarmantes sin duda han sido los cortes de cabezas, en un vuelco político de tufos revolucionarios en el peor sentido de la palabra. Y la culminación han sido los relevos en Interior y los Mossos D'Esqudra, que han quedado en manos, respectivamente, de Joaquim Forn y Pere Soler, dos extremistas cuyo currículum y primeros pasos ponen los pelos de punta. Ya en 2012, a propósito de unas declaraciones del entonces consejero de Interior Felip Puig en torno precisamente a los Mossos D'Esqudra, empecé a hablar del guerracivilismo de los separatistas catalanes, y muchos me llamaron exagerado, lo que también me sucedió cuando después empecé a comparar el procés con un golpe de estado, cosa que ya están haciendo otros muchos, entre ellos, Sociedad Civil Catalana, que sabe de qué habla. Si unimos lo que ya en 2012 decía Felip Puig con lo que está pasando ahora, ya no puede quedarle duda a nadie de lo que algunos hemos visto siempre: que estos señores van terriblemente en serio en sus propósitos golpistas y su talante guerracivilista.
    Otra consecuencia de esta chifladura valleinclanesca es que, más tarde o más temprano, dado que la cosa ya se parece cada vez menos a un juego y estas acciones generarán responsabilidades acordes con su gravedad, es muy probable que algunas o muchas de estas personas hoy tan aguerridas acaben mañana en la cárcel. Lo digo ahora, veremos lo que acaba ocurriendo.

lunes, 10 de julio de 2017

La elocuencia de una foto

La actriz y cantante Paquita Rico en 1981.
   Leo la noticia del fallecimiento de Paquita Rico, la famosa actriz y cantante que fue una de las reinas del cine español de los años 50 y 60, descanse en paz. Era una mujer de extraordinaria belleza que protagonizó nada menos que ¿Dónde vas, Alfonso XII?, una película mítica del cine español, y participó en otras como La viudita naviera, Viva lo imposible y El taxi de los conflictos, de las que como mínimo se puede decir que en su día tuvieron mucho éxito. No voy a descubrir nada acerca de la figura de Paquita Rico, sobre quien naturalmente podréis encontrar mucho en internet, y en realidad el motivo de este artículo es la foto con que lo ilustro, obtenida en 1981, año en que la actriz era desde hacía tiempo una celebridad. Ahí la tenemos, con una copa en la mano, que no podía ser sino de anís, concretamente, de la marca Bendor, cosa que deducimos de la botella que descansa sobre la mesa, con la inconfundible campanilla que la casa utilizaba como reclamo en su publicidad televisiva, en la que, por cierto y como quizás algunos recordéis, el producto se ofrecía para las mujeres. La foto no engaña: en el año 1981, esta señora se presentaba en los medios consumiendo alcohol, ¡qué incorrección! Pero no se queda ahí la cosa: ¿os habéis fijado en los dos paquetes de tabaco que hay sobre la mesa? Uno de Fortuna y otro de otra marca que parece L&M, o sea, que Paquita Rico o alguien que estaba allí fumaba, pecado que confirma el cenicero lleno de colillas. ¡Cuantísimo vicio en una sola foto! Hoy en día, una foto así sería imposible, porque nuestros famosos cuidan escrupulosamente su imagen, y todos sabemos lo mal visto que está eso del alcohol y el tabaco: aquí todo el mundo bebe agua de grifo y nadie toca un pitillo. Qué virtuosos nos hemos vuelto con el paso de los años.   

miércoles, 28 de junio de 2017

A mis amigos Álvaro y Gerard

   En el año 1981, mientras hacía la mili en Pontevedra, me hice amigo de un chico que se llamaba Álvaro y vivía en Cataluña, donde se encontraba muy a gusto trabajando como profesor de EGB. Era gallego, y no recuerdo ahora las razones exactas por las que acabó cruzando el mapa, pero sí sé las que le llevaron a volver a cruzarlo en sentido inverso, porque me las contó años después, cuando coincidí con él en una celebración de viejos compañeros de fatigas militares: no fueron otras que la persecución del independentismo. Por lo que me dijo, la presión por el uso del catalán llegó un momento en que se hizo asfixiante en la enseñanza en toda Cataluña. En su centro, que era público, se implantó una figura de corte absolutamente inquisitorial, un profesor encargado de vigilar que los demás profesores diesen las clases en catalán. Después de un periodo de resistencia contra los abusos de uno de estos torquemadas y del  entorno despótico en el que militaba, mi amigo se cansó y, sabiendo que en Galicia podía vivir muy bien y libre de acosos totalitarios, decidió abandonar Cataluña: uno más de los cientos de miles de exiliados que el fascismo nacionalista ha producido en España. Recuerdo aquella conversación: la simpatía con que Álvaro hablaba de Cataluña cuando éramos jóvenes se había convertido en una decepción con matices de amargura. 
    Esta historia me la ha recordado el artículo titulado Laura, historia de un amor prohibido, que publicó hace unos días mi amigo Gerard Romo en Antididáctica, su blog. Recomiendo que lo leáis, aunque os voy a decir muy sucintamente lo que cuenta: cuenta que, hará unos quince años, una alumna se disculpó un día ante él porque los alumnos de su clase habían tenido que decirle al coordinador pedagógico de su centro que Gerard daba sus clases en castellano y no en catalán; cuenta el estupor que le produjo el descubrir que el coordinador pedagógico se dedicaba a tan indecente control;  cuenta el cúmulo de infamias que se tejían en torno a estas cosas de coordinadores pedagógicos. Pero el artículo tiene mucho más, leedlo. Señalaré solo otra cosa de la que habla: del indecente y cómplice abandono que los gobiernos centrales han perpetrado ante los abusos del independentismo, únicamente por la miserable limosna de unos apoyos parlamentarios puntuales. También Gerard recuerda su historia ya pasada por un detonante actual: los abucheos con que ha recibido al ¿Honorable? Puigdemont el barrio de Llefiá, lugar donde se encuentra el instituto de ese "Coordinador Pedagógico" que hacía lo que todos los de su ralea, ahí está la historia de mi amigo Álvaro para confirmarlo.
   ¿Podrá alguien que no sea muy imbécil, muy desinformado, muy ingenuo  o muy cínico ignorar que en Cataluña -como pasó y parece que sigue pasando en el País Vasco- el independentismo ejerce sobre los que considera sus enemigos prácticas propias de regímenes dictatoriales? En Cataluña, el segregacionismo nacionalista es ya viejo, intenso y extenso en el mundo de la educación, donde se ha manifestado especialmente en la inmersión lingüística y las mil canalladas que la concretan, pero, a lo largo ya de décadas, hemos visto muchas otras cosas que atentan contra la convivencia y la democracia: el acoso al castellano en calles, cultura, instituciones y hasta rotulación de comercios; la quema de banderas, fotos y textos legales; las pitadas al himno; los abucheos y hostigamientos a personalidades "españolistas"; las agresiones a personas, incluso niños, que llevasen símbolos nacionales; los insultos y menosprecios a lo español; la usurpación de funciones del estado; el uso de bienes públicos para impulsar la independencia; las prohibiciones de poner pantallas para ver a la selección española; las agresiones a sus aficionados; las tergiversaciones de la historia, hasta con disparates como decir que Cervantes era catalán (y en "congresos" financiados con dinero público); el control propagandístico de los medios de comunicación; las amenazas de corte batasuno (es decir, partidario del asesinato) contra políticos o ciudadanos de a pie... Todo este amplio catálogo de conductas totalitarias lo ha ejercido el nacionalismo catalán ante la pasividad del PP y el PSOE cuando poseían el gobierno de la nación. Y aún tenemos que soportar que personajes como Puigdemont, Forcadel, Munté, Homs y otros de su pelaje ensucien la verdad presentándose como valedores de la democracia. Gerard es pesimista; en su artículo llega a decir literalmente que está ya próxima la independencia de Cataluña. Ojalá se equivoque; en todo caso, la discordia y el miedo que el fascismo nacionalista ha sembrado en Cataluña no son cosa que se elimine en un par de semanas. Sus causantes directos tienen una grave responsabilidad, pero quienes pudieron y debieron hacer algo para frenar los abusos y no lo hicieron tampoco pueden tener la conciencia muy tranquila.

domingo, 18 de junio de 2017

Praxis educativa. 23: el mito de la vocación

      Uno de los tópicos que circulan por ahí a la hora de juzgar a los profesores o de determinar lo que hace falta para ser un buen profesor es la creencia de que, para serlo, es inexcusable ser un vocacional del oficio. Me parece una absoluta falsedad, pues he visto grandes profesores que no eran vocacionales, mientras que, por otra parte, puedo dar fe de que, por sí sola, la vocación no hace buenos profesores, ya que, de los que he conocido que se declaraban vocacionales, unos cuantos eran mediocres o muy malos. Lo que, como en todos los oficios, debe ser un buen docente es un profesional, cosa que no quiere decir que sean rasgos incompatibles, ya que hay muchos profesores que son las dos cosas a la vez.
    Parece mentira que tenga uno que ponerse a razonar lo obvio, pero, como en tantas otras ocasiones, nos enfrentamos en este caso a una de esas confusiones que ha sembrado en la sociedad la mitología pedagogista, que ha creado un concepto de la educación envuelto en unos tintes un tanto místicos, quizás porque, como observan algunos, la pedagogía española tiene una génesis muy vinculada a la Iglesia, ya sea por el pasado clerical de algunos de sus defensores o por proponer  a veces técnicas que recuerdan a los parvularios monjiles. El mismo término "vocacional" delata ese origen: el primer significado que el diccionario de la RAE da para "vocación" es este: "Inspiración con que Dios llama a algún estado, especialmente al de religión", con lo que la Docta Casa me da respaldo a la respuesta con que suelo replicar a quienes me vienen con esta monserga de la vocación: la vocación, para los apóstoles y para los curas. Y es que no cabe duda de que lo que tenemos que ser los profesores es profesionales, porque lo nuestro es algo tan honroso como un oficio, el oficio con que nos ganamos la vida, cosa que muchos suelen olvidar: no somos sacerdotes de ninguna religión, apóstoles de ninguna fe ni misioneros llamados al sacrificio. A los profesores la gente acostumbra a pedirnos más de lo razonable, lo digo porque, entre los que salen con esto de la vocación, sueles encontrarte, por ejemplo, a padres que te demandan cosas que no puedes o no debes darles, o a hipócritas que se escandalizan de que los profesores aspiremos a sueldos dignos, como si para vivir no fuera suficiente con el aire y la dicha de ejercer nuestra vocación.
    Nótese, pues, que hay en esto del profesor vocacional mucho interés encubierto. En ello están también los pedagogistas, porque, cuando ensalzan su figura, en realidad están defendiendo su particular visión de la enseñanza, en la que para el profesor son secundarios los conocimientos y fundamentales cosas como el entusiasmo, lo emocional, el amor a la profesión... Vuelvo a lo mismo: el amor está muy bien para los novios y para las comedias de Julia Roberts, pero el buen profesor lo primero que tiene que hacer es desempeñar bien su oficio; si alguien dice: "Pablo López es un profesional", está constatando mi capacidad para ejercer bien y de forma fiable la tarea para la que la sociedad me paga, mientras que si dijera: "Pablo López es un vocacional" estaría constatando que entré en la enseñanza por un íntimo deseo de ejercerla, cosa, como se ve, muy diferente de la anterior, muy subjetiva y que no garantiza para nada lo que a mis alumnos les interesa: que les enseñe bien mi asignatura. Y eso, que nadie me malinterprete, puede hacerse perfectamente teniendo una excelente relación con los alumnos y estando muy a gusto con el trabajo de uno, cosas que no son incompatibles con la profesionalidad; decir que quien no es un vocacional es un amargado y un frustrado, como si la simpatía y la satisfacción fuesen monopolio de los vocacionales, es una interesada tergiversación.
    Vuelvo, para terminar, a uno de los factores que más marcan la superioridad del profesional sobre el vocacional: la objetividad de sus principios. Las deontologías profesionales están basadas en fundamentos más sólidos, concretos, claros y objetivables que las muy subjetivas éticas vocacionales. Alguien que aspire a ser un buen profesional sabe muy bien lo que tiene que hacer, como se saben muy bien las cosas que le convierten a uno en un mal profesional. Esto es transparente: conocer tu oficio, conocer tu asignatura, conocer los programas, saber lo que tienes que dar, saber administrarlo, saber transmitirlo, tratar bien y con respeto a tus alumnos, programar bien tus cursos y tus clases, evaluar con justicia, preparar bien tus clases, hacer que sean sustanciosas, llevarlas bien, controlar los grupos... Estas cosillas y algunas otras en la misma línea te convierten en un profesional de la enseñanza, una de esas personas a cuyas manos se pueden confiar tranquilamente nuestras tiernas criaturas. Y son claras y meridianas, cualquiera puede verlas y entenderlas, están ahí para todos. ¿Puede decirse lo mismo de las particulares y subjetivas razones que llevan a cada vocacional a sentir la llamada de la educación? ¿Quién ha visto nunca una deontología vocacional? Podemos decir "María es una gran profesional", pero casi ni tiene sentido decir "María es una gran vocacional", porque eso de la vocación pertenece al mundo de lo insondable y no se puede medir.
    Así pues, como los profesores somos personas normales, es mucho más razonable y también más beneficioso para esos alumnos a los que nos debemos que aspiremos a la humilde condición de profesionales y a metas tan mediocres como esa de que un día se diga de uno: "Es un gran profesional", y dejemos la vocación para los tocados por la varita mágica de la pedagogía. De cualquier forma, no quiero cerrar este artículo sin advertir que he visto, a lo largo de mi carrera, grandes disparates cometidos por vocacionales, ya que suelen tener el pequeño defecto de que, como están guiados por altísimos designios y sublimes ideales, algunos de ellos se comportan como iluminados que se creen superiores al resto del mundo: hagan lo que hagan, estará bien hecho, su elevada vocación lo justifica todo. Esto, cuando uno se trae entre manos la educación de niños y jóvenes, encierra sus peligros.    

sábado, 10 de junio de 2017

El reventón del Calendario Cantabriano

   Se veía venir desde el principio, bastaba solo con analizar con un poco de detenimiento el engendro (como hizo vuestro amigo el guachimán aquí y aquí) para darse cuenta de que el calendario cantabriano propuesto / impuesto por el consejero de aquella autonomía, don Ramón Ruiz, era un auténtico despropósito que iba a ser inviable y no iba a crear más que problemas. Hoy viene en ABC una noticia informando de que este señor -a quien a estas alturas no queda más remedio que considerar un iluminado-, no contento con el desarreglo que ha ocasionado y que ha producido ya el tremendo descontento que relata la noticia, piensa para el curso que viene ir todavía más lejos, y se habla de desatinos como restar días de vacaciones al periodo de Semana Santa o comenzar el segundo trimestre ¡el 2 de enero!, y todo ello, al parecer, con el apoyo de los sindicatos de la enseñanza, que se están cubriendo de gloria una vez más. Si leéis la noticia, de ella puede desprenderse que han ocurrido un montón de cosas que ya había destapado o anticipado vuestro seguro servidor, quien va a verse obligado -una vez más- a colgarse la medalla de profeta. Aquí tenéis algunas:
    -Que el señor Ruiz ha engañado a todo el mundo.
    -Que eso de la "adaptación a Europa" era un camelo y que lo que sí se ha producido ha sido una "desadaptación" a España.
    -Que el encaje de sus famosos y dudosos "cinco periodos homogéneos" no podía hacerse sino incrustándolos a martillazo limpio en el calendario a secas, una auténtica chapuza.
    -Que, consecuentemente, iba a causar muchos problemas de armonización entre la vida de las familias y las obligaciones de los escolares.
     -Que suponía un muy perjudicial exceso de parones, con las consiguientes pérdidas de atención prevacacionales, pérdidas de ritmo postvacacionales, innecesario aumento de exámenes...
     -Que no iba a aportar ningún beneficio y sí un buen montón de problemas.
    Aviso a navegantes, en especial, a esos que no sé muy bien por qué vieron virtudes en la demagógica chapuza cantabriana: lo que funciona no hay por qué arreglarlo, y el calendario escolar español ha funcionado desde tiempo inmemorial, en nuestra enseñanza son otras las cosas que petardean; advierto esto porque la fiebre actual de intentos de cambio de los calendarios (aquí tenemos otra secuela del desbarajuste autonómico) no obedece a una necesidad real, sino a inconfesables intereses de la demagogia política. 
    A mí este asunto del Calendario Cantabriano me ha recordado desde el principio al Calendario Juliano de aquel ministro de Franco de los años setenta, Julio Rodríguez, y lo inquietante del caso es que aquel señor, a causa de sus disparates y abusos, apenas duró en el cargo un año, mientras que al señor Ruiz, que yo sepa, no se ha oído que don Miguel Ángel Revilla piense mandarlo a pescar anchoas: ¿va a acabar resultando que los consejeros autonómicos de hoy son más incombustibles que los propios ministros del franquismo?
     

lunes, 29 de mayo de 2017

Ahora resulta que los profesores también somos racistas

   O, peor dicho, microracistas (así, con una erre), si hemos de creernos lo que cuenta en el artículo Microracismo en el aula "El Confidencial", medio al que quizás le convendría estar más atento a su seriedad, su objetividad y, naturalmente, su ortografía, cosas de no poca importancia en un periódico, aunque sea de internet. Por lo que se deduce de la lectura del artículo, a un periodista llamado Moha Gerehou se le ocurrió crear en Twitter una etiqueta titulada ProfesRacistas y, ¡halehop!, como por arte de magia, en cuestión de horas o quizás minutos y fundamentándose en sólidas argumentaciones de 140 caracteres, de manera tan repugnante como sensacionalista, se alzó sobre un colectivo de cientos de miles de profesionales la muy severa acusación de racismo. El artículo que cito no serviría, desde luego, para aumentar el prestigio de "El Confidencial" (si es que lo tiene),  ya que cae en prácticas imperdonables en un medio informativo, aquí señalo unas cuantas:
    -Condena a un gran colectivo haciendo extensivas a su cojunto y generalizándolas una reducidísima serie de conductas particulares.
    -Tales conductas concretas están presentadas con absoluta vaguedad: no se sabe muy bien ni quién, ni cuándo ni en qué situación concreta las llevó a cabo. Podrían perfectamente ser episodios inventados o retocados.
    -Se atribuyen al profesorado actos inespecíficos de la profesión, como el caso ese que cuenta de la profesora que dijo (además, en un encuentro en la calle) que las mujeres negras están más preparadas para el dolor. Eso es una simple estupidez que podría decir cualquiera, de cualquier profesión, condición o raza (sí, amigos míos: una tontería así también podría decirla un negro, ¿o acaso no?), no es necesariamente una aviesa aberración fruto de la perversa y racista mente profesoral.
   -Se retuercen inquisitorial y malintencionadamente las cosas: no todo lo que los fervorosos twiteros presentan ahí como actos racistas lo son: no es racismo y ni tan siquiera "microracismo" preguntarle a un alumno si ha entendido bien algo, como tampoco lo es preguntarle a una alumna de origen argelino por la política de Argelia. Qué decir de lo que cuenta en el artículo una persona llamada Soraya Guenna acerca de un episodio relacionado con el intento de asesinato de Malala Yousafzai: ¿acaso no fueron musulmanes los que intentaron matarla? ¿Qué le dijo exactamente a la señora Guenna su profesor de Filosofía? ¿Era de verdad tan malvado y racista como ella pretende? Para eso tendría que creerme su versión, la cual, siento decirlo, me genera dudas.
   En conclusión, se reflejan en el artículo diversas conductas, entre las que hay algunas que son groseras o incluso podrían -de conocerse los casos en profundidad, y no por una mera anécdota mal bosquejada- ser realmente racistas, pero, leído en su conjunto, lo que rezuma es más bien un exceso de susceptibilidad, un rigor claramente guiado por el afán de poder colgarle a alguien -en este caso, al respetable y voluminoso colectivo de los profesores- la etiqueta de racista. Otra cosa que resulta evidente es que algunas de estas acusaciones son más bien el fruto de un rencor personal de los acusadores hacia el profesorado en general o hacia algún profesor en particular, del que se estarían vengando con no pocas vileza e hipocresía.
   Precisamente ayer, en su artículo La nueva burguesía biempensante, hablaba Javier Marías, con su habitual perspicacia, de los nuevos anatemas que esa neoinquisición llamada corrección política está imponiendo sobre la sociedad y se encontraba entre ellos la falsa acusación de racismo. Había también en el artículo una atinada observación al partido que estos Torquemadas de hoy le están sacando a la proliferación del prefijo "micro": ¡a este Marías no se le escapa una! Parece claro que ciertos pescadores de río revuelto no tienen inconveniente en buscar notoriedad a base de lanzar con ligereza acusaciones muy graves contra quien sea; bueno sería que "El Confidencial" y el señor Gerehou se dedicasen a cosas serias y de provecho, como hacemos, con nuestros aciertos y errores, la inmensa mayoría de los profesores, que no tenemos por qué ser víctimas de su demagogia, su oportunismo, su superficialidad y sus aficiones inquisitoriales.

jueves, 25 de mayo de 2017

"Acongojado" no es "acojonado"

   Lo oí hace un par de días en un medio de comunicación de mucho alcance, no sé si una televisión o una radio. A propósito del trágico atentado en el Manchester Arena y de la necesidad de no hacerle el juego al terrorismo, decía el locutor que los ciudadanos de Manchester iban a demostrar que no estaban acongojados y no se iban a quedar encerrados en sus casas. Está claro que quería decir que pensaban demostrar que no tenían miedo, pero lo que dijo -me temo que sin saberlo- fue que pensaban demostrar que no tenían pena o aflicción, que es lo que significa estar acongojado, o sea, tener congoja, cuando no puede haber duda, por las muchas imágenes y otras pruebas que hemos visto, de que aflicción en Manchester hay mucha, como no podía ser de otro modo.
   La confusión con el significado de "acongojado" viene, tengo la impresión, de los años setenta, en los que hicieron efímera fortuna expresiones como "tener los congojos de corbata", creo que no hace falta que explique el significado que se da aquí a "congojos". Luego, en los últimos años, los comentaristas deportivos -especialmente, los radiofónicos y más especialmente aún los de cierta cadena- han venido haciendo el resto con la eficacia que los caracteriza: me he hartado de oírles decir cosas como que "el árbitro está acongojado por la presión del público" o que "Ronaldo no se acongoja por las entradas de los rivales". Esto es lo que a menudo hacen con el lenguaje los medios de comunicación, deberían ser más cuidadosos.

sábado, 13 de mayo de 2017

Mil molinos más

   Pues sí, amigos, este ha sido un buen año para El molino de La Barbolla, ya que lo han puesto como lectura en algunos centros más y se han agotado los ejemplares, así que he tenido que hacer una nueva reimpresión. Aparte de lo que aparece en la columna de la derecha, acerca de este libro también podéis informaros en el primer artículo que escribí sobre él. 
    Cuando me decidí a arriesgar con El molino de La Barbolla, fue porque percibía que en el nivel de 1º de ESO había un cierto vacío de libros que pudiesen resultar atractivos para los lectores, así que me lancé a componer uno que reuniera una serie de ingredientes que yo creía que a ellos les gustan, tales como la amistad, el dinamismo o el misterio. Aunque me esté mal el decirlo, creo que acerté, y me baso en lo que he visto en las ya bastantes charlas con lectores que he dado, tanto en lo que ellos me transmiten como en lo que me dicen sus profesores. Estos últimos suelen insistir en una cosa: en que ellos y sus alumnos están más bien hasta la coronilla de tanto tema transversal embutido malamente en historias mohínas, aviso para las editoriales y su corrección política, tan oportunista como hipócrita. Quiero añadir algo más: junto a los ingredientes que he mencionado más arriba, me preocupé también de otras cosas, como el estilo literario, la riqueza del vocabulario o la inclusión de elementos de cierto nivel cultural: la calidad y la diversión no solo pueden, sino que deben ir juntas: entretener a un lector joven no tiene por qué significar empobrecerle. 
    Para que os hagáis una idea de cómo es la historia, voy a terminar dejando tres fragmentos que considero significativos, cada uno de un capítulo diferente, y empezaré por el comienzo del libro. 
Primeras líneas del capítulo I (La cuerda): 
    Era una hermosa mañana de mayo. En la plaza de la iglesia, la brisa cantaba entre las ramas de un olmo y los ciprinos de la fuente surcaban de lado a lado las aguas entibiadas por el sol. 
    Irene y Emma, dos niñas de doce años, descansaban de no hacer nada tumbadas sobre el montón de tierra que unos albañiles habían dejado en un rincón de la plaza. A pocos pasos yacían sus bicicletas con los manillares retorcidos hacia atrás, como si estuvieran vigilando a sus dueñas por temor a que escapasen. 
Del capítulo III (El fantasma de las salinas):
    Ese pozo que habéis visto se hizo allá por los años cuarenta, mejor dicho: se empezó a hacer, porque nunca llegó a terminarse; fue como un maldición. Los dueños de la salina quisieron aprovechar la bolsa de agua que había debajo de la nave, así que un buen día vino una empresa de prospecciones, instaló el taladro más grande que nunca se había visto por aquí y comenzaron a perforar el suelo. A las dos semanas, habían profundizado ya más de treinta metros y dieron con un yacimiento pequeño y con muchas impurezas, de modo que decidieron seguir en busca de otro mayor; ojalá no hubieran tenido nunca esa idea.
Del capítulo V (La casa de Villacorza):
    Tenía un par de estatuas de mármol y dos de sus paredes estaban cubiertas de libros de todos los tamaños, algunos, llamativamente grandes. La mayoría parecían ser muy viejos. Tal vez por sus tonos oscuros o el olor a papel rancio que exhalaban, había en ellos algo que repelía, pero a Irene no le extrañó, porque lo cierto -pensó mientras los observaba- era que, pasados los primeros días, habían podido ir comprobando que no todo era maravilloso y atractivo en aquella casa: estaba siempre tan sombría...; y luego, las cosas: muy bonitas, muy valiosas, sí, pero ¡todas antiquísimas! A veces, además, encontraban objetos o rincones que resultaban como aquellos libros: inquietantes sin que se supiera por qué. 
    ¿Os ha parecido interesante? Me agradaría pensar que sí. La Barbolla, Imón (donde están las salinas del capítulo III), Villacorza...: sitios reales donde se sitúa una historia irreal y misteriosa; ese es uno de los aspectos que más atraen a los lectores del libro y por los que más suelen preguntarme los chicos en las charlas: ¿cómo son, qué hay allí de verdad? Siempre resulta fascinante el abrazo entre la realidad y la fantasía.    

viernes, 5 de mayo de 2017

"La sociedad gaseosa", de Alberto Royo

   El pasado mes de marzo, se publicó La sociedad gaseosa, segundo libro de Alberto Royo, del que hará una presentación aquí en Madrid el próximo jueves 18 a las 19:00 horas, en la Casa del Libro de la calle Fuencarral, os adjunto abajo el cartel.  
   Entrando ya en el libro en sí, se trata de un volumen no muy extenso (189 páginas), encabezado por un prólogo de Enrique Moradiellos y compuesto de una introducción, veintitrés capítulos de diversa extensión y dos epílogos. En lo referente al contenido, se concreta en tres ejes temáticos fundamentales. En primer lugar, el autor adopta un decidido posicionamiento en favor de todo lo que represente cultura y conocimiento, ya sea de ámbito científico, humanístico o artístico, posicionamiento que a menudo adquiere un tono de defensa, parece mentira que hayamos llegado a una situación en que cosas así necesiten ser defendidas, pero los hechos no dejan lugar a dudas. En este eje nos habla también de lo imprescindibles que son el esfuerzo, el interés y la dedicación para alcanzar frutos tan excelsos como el conocimiento profundo o la producción de belleza artística. En segundo lugar, y en coherencia con el título del libro, aborda Alberto el penoso panorama de baratija intelectual que se está imponiendo en nuestra sociedad y lo hace a través de una serie de reflexiones y ejemplos, que van desde Operación Triunfo como máximo exponente del escaparate musical hasta la variada gama de "expertos" educativos que, con sus esperpénticas recetitas milagro, están embaucando a la sociedad con una (interesada) mentira tan repugnante como funesta: que se puede alcanzar un conocimiento que valga la pena con tontorrones postureos lúdicos, sin necesidad de apurar el cáliz del esfuerzo, el interés y la dedicación. En tercer lugar, se interesa por algo que va implícito en lo que acabo de decir: las repercusiones -sin duda, muy nocivas para la sociedad- que la invasión de la estupidez gaseosa tiene en la enseñanza y sobre lo que representa hoy ser profesor.
   Cada uno de estos tres pilares es imprescindible en el discurso de La sociedad gaseosa, pero creo que el último es el más importante, y no voy a engolfarme en las múltiples razones que avalarían esta apreciación, sino que voy a ir a una sola muy explícita: el hecho de que la frase "Los profesores tenemos que enseñar y no entretener" se repita casi de forma literal al principio y al final del libro (páginas 23 y 187). Por algo será. Y, sin perjuicio de la altísima dignidad de los otros dos (de los que, por otra parte, difícilmente podría ser desligado), lo celebro, porque son muchas las afinidades que me unen a Alberto, pero esta cruzada quijotesca en favor de la afligida causa de una enseñanza merecedora de tal nombre es sin duda la más grandiosa. Estoy con él; estoy con él en esto y en lo demás, y más, en un momento como este, en el que algunos percibimos quizás no una conjura de los necios, pero sí una época de bonanza de la necedad, en la que cosas tan sagradas como la cultura, el conocimiento, las artes, la belleza o el tormento y el éxtasis de la verdadera creación están siendo asediadas, minusvaloradas y hasta ridiculizadas, mientras se manipula y entontece a la sociedad con orwellianos productos de masas que entronizan lo vano y lo ligero hasta la náusea. Releo el último párrafo y me hago una pregunta: ¿no estaremos en realidad asistiendo a una conjura de supermegalistos para convertirnos en necios a todos los demás? Ahora de quien me acuerdo es de Huxley.
   Todo lo que he dicho lo presenta Alberto en un libro a la vez rico y ameno, con el estilo limpio y ligero a que nos tiene acostumbrados. La composición en capítulos breves facilita una variedad en la que están presentes nuestros amados "expertos", una conferencia sobre sus embustes, múltiples y sustanciosas referencias a autores de diversas épocas y también apelaciones a diversas artes, en especial, la música, esa en la que el libro nos deja ver que Alberto ha experimentado el difícil camino de tormento y éxtasis que desemboca en el excelso logro de la belleza artística. Que habla por experiencia, vamos, justo lo contrario del 99% de los que, en el mundo educativo de hoy, se cuelgan la medalla de "expertos".  
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miércoles, 19 de abril de 2017

Otro que muerde el polvo

   La Guardia Civil acaba de detener a Ignacio González en el curso de una investigación por corrupción. 
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    A algunos nos parece que esto ha tardado en llegar más de la cuenta. Y no olvidemos que este señor es otro que estuvo muy cerquita de Esperanza Aguirre, como este o como esta. Que nadie olvide el feroz trato que estos personajes infligieron a la ciudadanía en general y a los empleados públicos en particular. 
   ¿Qué os parece si les dejamos a los Queen que le pongan la banda sonora a esta noticia?

Another one bites de dust - Queen

sábado, 15 de abril de 2017

Algunas observaciones sobre el pacto de los 250.000 interinos

   Hará un par de semanas, se firmó entre el Gobierno y los sindicatos CCOO, UGT y CSIF (1) un acuerdo que en general se ha presentado en los medios (2) como  una oferta de empleo que convertirá en funcionarios fijos a 250.000 interinos. El acuerdo ha sido recibido como una noticia excepcional (algún medio lo califica de histórico), pero ha generado cierta confusión y bastantes incógnitas. La confusión está principalmente en las cifras. En primer lugar, ni la Administración sabe exactamente cuántos interinos hay en España, aunque se calcula que están en torno a los 350.000; en segundo lugar, al menos los sindicatos no tienen muy claro a cuántas personas va a beneficiar esta medida, pues CSIF habla de 250.000, UGT, de casi 350.000 y CCOO, de entre 270.000 y 300.000. 
    El tiempo dirá a cuántas afectará exactamente, aunque seguro que no nos enteraremos, porque eso no lo van a ir publicando los periódicos. En todo caso, lo que más inquietud ha generado es esa coletilla que ha seguido siempre a la cifra de 250.000 plazas: que van a servir para convertir a interinos en funcionarios. Por indicación europea, el Gobierno español a lo que estaba obligado era a reducir la altísima tasa de temporalidad en la función pública de nuestro país, no a convertir en fijos a los que están ahora como temporales, que es lo que parecen haber entendido tanto el Gobierno como los sindicatos, es por tanto lo que han transmitido los medios, es lo que ha alegrado mucho a los que ahora son interinos, es lo que ha decepcionado a los que no lo son y tienen sus esperanzas puestas en las oposiciones y es lo que nos ha inquietado a los que creemos que los puestos públicos deben cubrirse respetando al máximo el principio de igualdad de oportunidades. Lo que todos nos tememos es que, aderezándolo debidamente en las convocatorias, se van a poner todos los elementos encaminados a que se queden los que están, y ello porque es esto lo que conviene a los que cortan el bacalao: el Gobierno (que quiere espantar al máximo el nubarrón de una millonada en indemnizaciones), los sindicatos (que en este asunto han obrado como los representantes de sus clientelas, o sea, los interinos que ya lo son) y los caudilletes de esos sitios donde el interino es el amiguete o el pariente que se pone a dedo, que no deben de ser pocos. Si al final es esto lo que ocurre, este proceso nacerá lastrado por una falta de limpieza y dejará en la cuneta a muchos que con lo único que cuentan es con su talento personal y sus derechos individuales, es decir, a esos que no tienen respaldos del poder o del grupo de presión. Dado que las democracias presumen de proteger los derechos individuales de los ciudadanos, la Administración e incluso el Gobierno deberían tomarse muy en serio que las convocatorias que emanen de este acuerdo garantizasen que se dieran las plazas a quienes más las merecieran, sean o no interinos en el momento actual. ¿Lo harán? Ya veremos. 
    Vengo ya a los apuntes finales. Una vez más, el PP ha dado muestra de su cinismo. ¿Os imagináis que un padre tacaño llevase a sus hijos medio desnudos y un buen día les comprase ropa y pretendiera por esto que le tomásemos por un padre ejemplar? Esto es ni más ni menos lo que ha hecho el Gobierno: cumplir con obligaciones que se llevaban escamoteando décadas y que él ha escamoteado todavía más y querer colgarse una medalla por ello. Y lo está presentando además como creación de empleo, cuando en realidad es dar otra categoría a empleo que ya estaba, increíble. Tampoco me sorprende el oportunismo de los sindicatos, que se han prestado a esta farsa del acuerdo para aparentar que hacen algo, cuando todos sabemos que llevan décadas mirando pasivamente cómo los funcionarios perdemos derechos, particularmente, desde 2010. Lo único que han hecho los sindicatos de la función pública desde 1988 ha sido convocar huelgas intermitentes completamente inútiles, que solo han servido para que se les descontasen días a los ingenuos que las secundaban. Y ahora salen con esto.
    Y la última, de verdad: me produce una enorme satisfacción ver que los funcionarios ya hemos dejado de ser una montonera sobredimensionada de parásitos odiosos: ahora resulta que servíamos para algo, que en España (como, por cierto, se ha sabido siempre) éramos incluso menos de los que haría falta, y que esa estabilidad por la que se ha llegado a injuriarnos era muy conveniente. Echad un vistazo a lo que decían en 2011 el PP, algunos de los medios que ahora echan las campanas al vuelo y la jauría de trolls que tienen distribuidos en la red.  

1.- El acuerdo en las páginas de los sindicatos: CCOO; UGT; CSIF.
2.- La oferta en diversos medios de comunicación: El confidencial; El Mundo; El País; El diario; La Razón.

jueves, 6 de abril de 2017

¿Ada o Adolfa?

  




¿Estará sufriendo la alcaldesa de Barcelona una indeseable metamorfosis?
    Queridos amigos:
    El empecinamiento rara vez es bueno y cuando se ejerce por parte de una institución pública contra los ciudadanos por razones espurias es, sencillamente, una de las formas más indignas del abuso de poder. Supongo que ya no quedará en el mundo ningún ingenuo que desconozca las abiertas preferencias independentistas de Ada Colau. Esta señora puede pensar como quiera, pero, en lo tocante a las actuaciones que afecten a los demás, es otro cantar, y más, en un cargo público. Existe una organización que se llama Barcelona con la Selección, que persigue fines tan subversivos como instalar en las calles de Barcelona pantallas gigantes donde se puedan ver los partidos de la selección española de fútbol. En el año 2016, cumpliendo todos los trámites legales pertinentes, instaló una en la plaza de Cataluña de Barcelona. Después de una rocambolesca actuación plagada de trampas y mentiras que se explica aquí, el Ayuntamiento de Barcelona les negó el permiso y les impuso sanciones que sumaban los 10.000 euros, aduciendo irregularidades y conflictos inventados para esconder la repugnante realidad: que se les prohibió y se les multó porque ni a la señora Colau ni a sus correligionarios les gusta la selección española. Y como no les gusta, acosan ferozmente a sus aficionados, haciendo sin ningún reparo un uso abusivo de su poder. Así de sencillo y de demoledor: se prohíbe el fútbol en Barcelona (España), porque a los nacionalistas catalanes y a la señora Colau les irrita la selección española. Esto tiene un nombre: totalitarismo. Pues bien, hoy nos hemos enterado de que el encarnizado Ayuntamiento presidido por la señora Colau ha impuesto a esta organización una cuarta multa, esta, de 1.802 euros, ¿entendéis ahora lo del empecinamiento?  
   Cuando fue sancionada en 2016, Barcelona con la Selección pidió ayuda a la ciudadanía (tuve la satisfacción de colaborar) y recaudó más dinero del que necesitaba. Aquí os dejo un vídeo en que vuelve a hacerlo y replica al último abuso de la señora Colau:

Barcelona con la Selección responde a la última multa y pide ayuda
    Volveré a echarles una mano, naturalmente. Ensañamientos indecentes como este no son admisibles en democracia, por no hablar de los temblores que produce una dirigente que es capaz de prohibir hasta el fútbol: ¿os imagináis a los responsables de esta persecución gobernando un país con mayoría absoluta? Miedo da.  

sábado, 1 de abril de 2017

Si Cassandra Vera representa la libertad de expresión...

   Acaba de salir la sentencia contra Cassandra Vera por sus desafortunados tuits contra Carrero Blanco y se ha formado el lógico revuelo por la desproporción de la pena: un año de prisión. Estoy en absoluto desacuerdo con esta condena, disparatada consecuencia de la desaforada, represiva y totalitaria legislación impulsada por el PP en materia de derechos civiles. En los países democráticos como el nuestro, este tipo de normas, además de ser inadmisibles por injustas, son inoperantes, pues, como está sucediendo ahora, al llegar el momento de aplicarlas, su gran inadecuación genera un fuerte rechazo social, lo que obliga a buscar recursos para no llevar a cabo sentencias de este tipo.
    Esto, a veces (como en este caso), tiene otra consecuencia negativa: la de hacerlas contraproducentes, ya que el resultado puede ser que el tener que perdonar un castigo abusivo deje impune a alguien que, como Cassandra Vera, haya realizado actos que sin duda merecen algún escarmiento. Conclusión: por justicia, inteligencia y sentido democrático, hay que tener un exquisito cuidado para fijar en las leyes castigos equilibrados. Mejor hubiera sido para nuestra sociedad y nuestro sistema judicial que a Cassandra Vera se le hubiera impuesto una pena razonable y así nos habríamos evitado el penoso espectáculo de ver como ella y sus partidarios convierten en víctima a alguien que ha obrado de manera muy ruin. Para demostrar esto, dejo aquí un par de noticias donde se recogen algunos de los tuits lanzados al mundo por esta muchacha: 
    -Antología general:
    -Contra Cristina Cifuentes cuando estuvo a punto de perder la vida:
    Supongo que, a la vista de estas perlas, nadie medianamente razonable defenderá los actos de esta mujer. Ella podrá tener lo que quiera contra Carrero Blanco, pero es una mezquindad inadmisible escarnecer continuamente y en medios de difusión general a alguien que murió en un atentado terrorista y basar las "gracias" en alusiones a ese atentado, como no son de recibo esas manifestaciones a tuitazo limpio de sus ánimos asesinos contra los sanfermineros, los canis o los fachas, ni -lo que, a mi juicio, es lo peor de todo- los deseos de muerte públicamente dirigidos contra Cristina Cifuentes cuando esta se hallaba en grave riesgo de morir. Si Cassandra Vera tiene toda esta porquería en su interior, que se la guarde o la comente en sus círculos privados, pero que la proyecte en medios de comunicación de largo alcance ni puede permitirse en una sociedad civilizada ni considerarse uso de la libertad de expresión, sino atropello grosero y cobarde de las personas contra las que ha lanzado sus penosas ocurrencias.
    No: lo que ha ejercido Cassandra no  es la libertad expresión, así que resultan un tanto cínicas sus quejas de ahora y lamentable el circo que han montado IU y Podemos sacándola en procesión. Cuando unos partidos hacen lo que están haciendo estos, ponen en duda su sensibilidad democrática; concretamente lo de Podemos, usando este asunto como cortina de humo para no condenar el golpe de Estado encubierto que está produciéndose en Venezuela, resulta una pirueta vergonzosa.     

martes, 21 de marzo de 2017

"La buena educación": los Von Siempre

   Resultado de imagen de imagenes de la buena educación elpais.com
   He podido ver hoy el programa que hace unos días emitió ELPAIS.com sobre nuestro actual sistema educativo, el cual llevaba el título de La buena educación, y he de decir que, tomando prestada una genial expresión de Martes y 13, allí, si exceptuamos a Ángel Gabilondo, estaban los Von Siempre: gente como María Acaso, Fernández Enguita y Pilar Álvarez, acompañados además por el presentador (Carlos de Vega), quien no desentonaba con el resto. Con estos mimbres, el programa resultó ser lo esperable: más de lo mismo, o sea: contenidos no, competencias vaporosas sí, propuestas supuestamente novedosas no contrastadas o ya fracasadas, también... No voy a poder, como en otras ocasiones, desmontar apartados completos, ya que este ha sido un programa en el que se ha hablado de forma torrencial acerca de muchas cosas, así que me limitaré a algunas pinceladas sueltas.
    Aunque ya sabéis que no suelo ser benevolente con María Acaso, quiero agradecerle esta vez un detalle: a la hora de plantearse el tema del abandono escolar, el presentador ha sugerido si la culpa podría ser de los profesores (este crimen, que yo sepa, no se nos había colgado hasta ahora) y ella ha respondido de forma fulminante que a los profesores no se nos puede hacer culpables de nada. El señor Vega no lo ha debido de encajar muy bien, porque, cuando minutos más tarde todos los invitados han coincidido en que era necesario mejorar la formación del profesorado, ha recordado lo dicho antes por Acaso y han tenido que aclararle que lo que había que cambiar era la formación permanente, no a los profesores. Pero ya era tarde, la incongruencia había quedado al descubierto: si parece implícito que los profesores de hoy no están bien formados, alguna culpa tendrán del desastre, algo habrán hecho, y todos sabemos que, de los presentes en el debate, al menos el señor Enguita (Enguita 1, Enguita 2), así lo cree. Lo que cada vez queda más patente es que, a poco que se rasque, la propuesta de los innovadores aparece muy endeble. Un ejemplo: hacia el minuto 30, se ha introducido un brevísimo vídeo en el que aparecía Tibor Navracsics, comisario europeo de Educación, para decir una serie de vaciedades sobre lo malo que es el conocimiento y lo necesaria que es la innovación, así sin más, pero lo peor de este vídeo no era su huero contenido, sino la voz que lo sostenía, un político profesional que no tiene ni idea de educación y que es muy discutido en la UE: ¿esta es la propuesta de los innovadores, los cuatro tópicos favorables al actual vaciado economicista de la enseñanza pronunciados por una autoridad desautorizada? Y no muy distinto es lo que ocurre con Fernández Enguita o María Acaso: se presentan como innovadores de algo que desconocen por completo: cada vez que ha salido un tema (deberes, calendario, formación del profesorado, evaluación...), se han descolgado con algo que estaba a años luz de la vida escolar real; en el tema de los deberes o el del calendario, ha tenido que salir Gabilondo a poner cordura y realismo; en el de la división de espacios (casi al final), Enguita se ha pronunciado con una "innovación" ya experimentada, inútil por completo y más anticuada que el No - Do, cosa que no extraña en alguien que se nos ha hecho viejo proponiendo innovaciones. Y esta es la gran cuestión: si se aplicasen las cosas que dicen estas personas, no se enseñaría nada, no se evaluaría como es debido y se implantarían unas "innovaciones" las más de las veces disparatadas y ni siquiera novedosas. 
   Más enjundia ha tenido esto otro. En el minuto 15:37 del programa, se ha mencionado a David Calle, el profesor que se ha hecho famoso por su participación en el concurso del mejor profesor del mundo. Se ha proyectado un vídeo en el que hablaba él y después los tertulianos han hecho algunas consideraciones. Como sabéis, este profesor tiene una línea de explicaciones y clases de matemáticas en YouTube que son seguidas por miles de personas, las cuales sacan de ellas mucho provecho. Es agradable, explica muy bien y no se le ha subido nada a la cabeza, al contrario de lo que ha ocurrido con algún otro participante en el concurso mundial. He ido a YouTube y he grabado una de las clases de David Calle, para que os hagáis una idea de su propuesta quienes lo desconozcáis. Como veis, lo que hace este señor es lo que hacemos miles de profesores en el mundo: explicar con el apoyo de una pizarra cuestiones prácticas o teóricas de su asignatura, Matemáticas, por lo que choca que, en el programa, el presentador se pregunte rotundo: "¿Por qué no todos los profesores son así?", y choca porque, repito, somos millares los profesores así, cada uno lo hará con más o menos gracia (eso, como ha señalado Enguita, dependerá del carisma de cada cual), pero en lo estrictamente didáctico, esos recursos suyos los usamos muchísimos. Por ello, no se entiende la proclama que ha lanzado a continuación María Acaso, afirmando que David Calle tiene éxito porque hace esas cosas en internet mientras que esas mismas cosas no están funcionando en el aula real, donde se produce un simulacro educativo y un fracaso. Solo conociendo el tremendo sectarismo que anima a esta "experta" se explica que haya sido tan incapaz de entender lo que está pasando en realidad: la diferencia entre David Calle y cualquier profesor que esté en un instituto y explique tan bien como él (que los hay, y muchos), no es pedagógica, sino de medios, unos medios, además, que ni se excluyen ni están enfrentados, sino que, como su propio caso demuestra, pueden llegar a ser complementarios: él en YouTube con su pizarra de grafos y el otro profesor en su aula con una pizarra como esa, con una digital o con la de toda la vida; él hablando con tal vez miles de alumnos a los que no ve y con los que se comunica mediante internet, mientras que el otro profesor se dirige a esos alumnos que tiene delante, sabe cuántos y quiénes son y guarda con ellos una interacción directa que le da la ventaja, por ejemplo, de poder resolver las dudas de forma instantánea y presenciando el proceso de asimilación. No hay diferencias esenciales, solo las hay de circunstancia y canal comunicativo: lo esencial, es decir, profesor que domina unos conocimientos (esos contenidos que tanto molestan a los innovadores) y los transmite a unos alumnos que no los dominan, es exactamente igual en internet y en el aula, y aun se permiten ambos coincidir en otra antigualla: la pizarra.
    Por lo tanto, resulta patética toda esa diatriba de María Acaso: tanto David Calle como los miles de profesores que, metidos en aulas, lo hagan tan bien como él (e insisto, son muchos, de todas las áreas) están triunfando en el mismo campo: el de la transmisión del saber. ¡Qué gran sandez eso del simulacro educativo!, uno de esos detalles que me hacen pensar que esta señora, en realidad, no tiene ni idea de educación y sospechar, por su virulencia contra la escuela, que tal vez este empeño suyo tenga algún interés inconfesable.
   Resulta lamentable, pero una y otra vez se corrobora que es cierto: los medios de comunicación, al tratar el tema de la enseñanza, llevan muchísimo tiempo optando por los de siempre -los del vacío discurso innovador-, con sus embustes de siempre y concediéndoles el trato privilegiado de siempre, no voy a aburriros con los mil ejemplos de otras veces. ¿Por qué lo hacen? Supongo que por muchas razones, entre las cuales me temo que debe de predominar un frívolo sentido comercial, una convicción de que estos vendedores de coloridas falsificaciones que sostienen que se puede aprender todo y llegar a ser maravilloso divirtiéndose y sin el menor esfuerzo tienen por fuerza que dar más audiencia (= más pasta) que aquellos aburridos moralistas que se dedican a decir la verdad: que aprender y estar bien preparado cuesta. El estilo telebasura ha terminado haciendo estragos. 

sábado, 11 de marzo de 2017

Paremos el golpe (de estado separatista en Cataluña)

   Me llega la noticia de que Societat Civil Catalana ha convocado para el domingo 19 de marzo a las 12:00 una manifestación, bajo el lema Aturem el cop, o sea, Paremos el golpe, pulsad este enlace para más detalles:
   En la página encontraréis un manifiesto con las motivaciones de la manifestación y un enlace para firmarlo, pero, a los que estéis interesados, vuestro amigo el guachimán os allana el camino:

    El golpe que se quiere parar, huelga decirlo, es el golpe de estado que el separatismo lleva años preparando a cara descubierta y a bombo y platillo, con la asombrosa pasividad de los poderes del Estado y de la sociedad española, pues los abusos de los nacionalistas catalanes, sus actos totalitarios, su violencia y sus provocaciones han sido desde hace tiempo lo suficientemente graves como para que ya se hubiera tomado alguna medida firme, lo que muy probablemente nos habría evitado la crítica y preocupante situación a que nos enfrentamos ahora. "Es hora de poner fin a esto", dice en algún punto el manifiesto de SCC: me voy a permitir hacerles una pequeña corrección: hace mucho tiempo que debió haberse abordado esa tarea, porque a los fascismos no hay que dejarlos crecer.
    Esperemos que se alcance una solución. 

miércoles, 1 de marzo de 2017

No es que sean idiotas

   Circula por las redes un vídeo -que me he hecho el firme propósito de no ver- en el que aparece una lamentable escena ocurrida en Colmenar Viejo hace unos días: en una calle solitaria, una horda de diez o doce energúmenos golpean y humillan con saña a una pobre chica. No contentos con esta canallada, ellos mismos la engordan grabándola con un móvil y subiéndola a la red. Por desgracia, alguno de los agresores es alumno de mi instituto, de manera que nos hemos visto envueltos en tan lamentable suceso, que, en lo que se refiere a la esfera escolar, va a acarrear sanciones que me temo que no van a ser suaves. En mi instituto nos tomamos muy en serio la lucha contra el acoso y las conductas violentas, de manera que algunos de mis compañeros, un tanto desolados, se preguntan si estos chicos no serán idiotas, a la vista de que sabían muy bien lo condenables que son esos actos, las duras sanciones que los castigan y lo inevitable que es que te descubran cuando tienes la brillante idea de colgar una fechoría en las redes.
   Pero no, no es que sean idiotas, es que han alcanzado la convicción de que, hagan lo que hagan, nunca van a pagar por ello. Después de años y años percibiendo que en la calle, en la escuela y en la familia, muy a menudo las faltas que cometen quedan sin el correspondiente castigo y después de años viendo lo fácil que -gracias a esa sobreprotección bobalicona de que gozan los menores en nuestra sociedad-, les resulta doblegar a supuestas autoridades como los padres o los profesores, nuestros jóvenes tienen muy interiorizada la idea de que poseen el don de la inmunidad y el de la impunidad. Como en la canción de Maldito duende, se sienten tan fuertes que piensan que nadie les puede tocar. Y por eso llegan a menudo malas consecuencias, en los estudios y en las hazañas.
    Nos toca desprogramar: llevamos demasiado tiempo en el pésimo camino de la permisividad, producida por modas sociales y leyes que vamos a tener que replantearnos. No estará de más que hagamos caso al juez Calatayud cuando nos recomienda ejercer nuestra autoridad de adultos con firmeza. Otra cosa que señala este juez es que los móviles son un peligro para los jóvenes, lo cual, en realidad, no es necesario que nos lo diga alguien tan experimentado en lo que se ve en los juzgados, porque casos como este del que hablo hoy hay por centenares, pero ahí seguimos: con ocho smartphones por cada diez españoles: ¿cuántos de ellos estarán en manos de menores que los están usando muy mal?
   Pero ¿podemos pedir prudencia a esos menores que cuelgan alegremente vídeos atroces o insensatos en internet cuando los medios de comunicación son luego tan imprudentes de reproducirlos en sus telediarios? El vídeo de Colmenar apareció en algunos, lo que me lleva a preguntarme: ¿de verdad era eso una noticia de interés general? ¿Nadie en esas cadenas se paró a pensar que sacar en la televisión vídeos en los que unos trogloditas publican vanidosamente sus burradas es animar a otros asnos a que los imiten? Uno o dos días después del suceso, a la puerta de mi instituto, había cámaras y reporteros poniéndole el micrófono delante al primer crío que se les cruzase para que les hablase del asunto. Es repugnante el nivel al que algunos han llevado la labor de informar.