Quienes hemos sido testigos de todos los procesos electorales desde aquel histórico referéndum por la reforma política del 15 de diciembre de 1.976, que se puede considerar el primer paso de nuestra democracia (entonces aún por inaugurar), podemos afirmar de forma rotunda lo siguiente: que no hemos visto jamás, en esos ya casi cincuenta años, un proceso electoral tan enfangado, tramposo, violento y amenazado como el de estas elecciones del próximo 29 de noviembre, y la amenaza, de una forma tan inequívoca como paradójica, viene del lado de los que mandan, es decir, de los que están obligados a garantizar la normalidad, la limpieza y la paz, pero hacen todo lo contrario porque el Puto Amo está aterrado ante la perspectiva de perder el poder y ya ha dado una patada debajo del tablero para enturbiar la partida o incluso impedir que se juegue. Y, como la suerte de sus rastreros aliados corruptos, ultraizquierdistas o separatistas -es decir, ese engendro que se conoce como Frankenstein-, está muy ligada a la del Puto Amo, se han enganchado sin vacilar a la campaña aportando su demostrada capacidad de ejercer la violencia, ya lo advirtió la señora Bergerot en el Parlamento madrileño: en las calles de Madrid, no va a haber paz.
Ni en las de Madrid ni en las de ningún punto de España, me temo, porque Frankenstein se resiste a morir y ya sabemos cómo las gastan los monstruos acorralados. En este artículo voy a dejar una somera relación de las trampas más escandalosas con que el engendro está emporcando el proceso electoral. Excluyo las toneladas de basura verbal en forma de ataques, mentiras e insultos que se están vertiendo ya desde sus medios afines o ciertas bocazas de todos conocidas, y también voy a reducir el uso de enlaces, pues ambas tareas convertirían este artículo en un trabajo inabarcable. Y, por supuesto, no estará todo lo que podría estar.
1.- La ley de nietos. Cada día que pasa y a cada nuevo descubrimiento que se añade, va quedando más patente que esto ha sido una colosal operación de adulteración del censo electoral consistente en regalar la nacionalidad española a centenares de miles de personas a las que no les correspondía, con el fin de volver del revés el resultado electoral con un desmesurado aporte de votantes agradecidos y fraudulentos. Dejo aquí un botón de muestra. Este intento de pucherazo me reafirma en mi convicción de que ya en 2023 lo hubo.
2.- La acampada en Sol. Se me puede objetar que se inició unos días antes de que Sánchez convocase las elecciones, pero el simple hecho de que lleve ahí más de un mes bajo la protección de ese patético Pakito Kalvito al que su Puto Amo acaba de tratar como a un kleenex usado deja muy claro a qué señor sirven estos rebeldes, cuya adoración a la diosa Mari Carmen los desacredita por completo.
3.- Las imitaciones de los de Sol. Proliferaron como hongos en multitud de sitios (Málaga, Sevilla, Cádiz, Santiago de Compostela, Barcelona, Bilbao, Las Palmas de Gran Canaria, Alicante...) con las elecciones ya convocadas: ¿puede haber muestra más clara de su complicidad?
4.- La huelga general convocada para el 11 de noviembre. CCOO y UGT cubriéndose de estiércol una vez más, supongo que será por 569 millones de razones. Este despropósito sindical no es ninguna chiquillada, sino un intento de desestabilizar la democracia, un plan muy tenebroso que los retrata como unos sindicatos peronistas. Hay que acabar radicalmente con las subvenciones a los parásitos.
5.- La huelga de la educación en Madrid. Otro conflicto previo a la convocatoria de elecciones que ha sido secuestrado para ponerlo al servicio de la estrategia del Puto Amo y Frankenstein, dos monstruos en apuros, lo cual se demuestra por el hecho de que la iniciativa ya está en manos de los más antifas, con especial brillo del Sindicato de Estudiantes. La he analizado más a fondo aquí.
6.- Disturbios en diversas ciudades. Han sido gravísimos los de Barcelona, Bilbao y La Coruña, pero tampoco debemos despreciar algunos esporádicos que se han registrado en Madrid, bajo tapaderas como la huelga de la enseñanza o la acampada de Sol, y tampoco debemos olvidar que ha habido algunos más, aunque de carácter menor. Ciertas cadenas y algunos comentaristas, mayoritariamente de izquierdas, los quieren maquillar como un fenómeno de mímesis de lo que está ocurriendo en Francia, pero no debemos dejarnos engañar por estos tramposos, porque, aunque no puede descartarse que algo influya y es innegable en estas exhibiciones vandálicas la presencia de delincuentes puros y duros, adolescentes subnormalizados por la LOMLOE o antisistemas demenciados que actúan por su cuenta, son en lo esencial una parte de la estrategia de desestabilización de la marca Frankenstein: en las tres primeras es explícita la presencia del separatismo -y en la de La Coruña, del PSOE- y en todas brillan (con la luz de las hogueras) los exquisitos modales de la violencia ultraizquierdista: Manuela Bergerot: yo sí te creo, hermana. Este capítulo es tan alarmante como esclarecedor y recomiendo que lo tengan muy en cuenta quienes aún no sepan hasta dónde están dispuestos a llegar el sanchismo, el comunismo y el separatismo para no soltar el poder.
7.- Ataques a Vox. La formación a la que la izquierda carroñera, tanto de los partidos como de los medios, tiene más acribillada con sus acusaciones de fascismo y ultraderechismo es a la vez la que está sufriendo más ataques violentos, lo que arranca la careta de todos esos miserables. No me extrañaría que las agresiones superasen el centenar, pero en este artículo me remitiré solo a las tres más notables de los últimos días, las organizadas contra sus actos de La Coruña, Avilés y Mahón, donde los asistentes fueron asediados y agredidos violentamente por hordas de cavernícolas ultraizquierdistas. Particularmente graves fueron los hechos de La Coruña, donde la asquerosa -perdonad el adjetivo, pero no encontraréis otro más apropiado- complicidad de las esferas municipales y gubernamentales ha sido tan intolerable que ha llevado a que los sindicatos policiales se querellen contra el delegado del Gobierno en Galicia, al considerarle responsable de la extrema violencia que padecieron los policías que intentaban contener a los participantes en una contramanifestación incomprensiblemente consentida. Para finalizar, os voy a dejar un ejemplo de la impunidad bajo la que se siente amparada la gentuza fanática que ataca a Vox: una dulce separatista.
Creo que este muestrario es muy elocuente: Frankenstein (es decir, la izquierda + el separatismo) quiere poner patas arriba el país y emporcar el proceso electoral, sospecho que con la intención de cargárselo. Las finalidades pueden ser muchas, y yo personalmente creo que son las que paso a exponer. Por parte del separatismo, en especial, el radical vasco, que cada vez está lanzando mensajes más alarmantes (pulse aquí), el objetivo es mantener vivo a su Sánchez, debilitar a España, hundirla en el caos y ganar más autogobierno, es decir, más poder (independizarse, no, porque se quedarían sin los que les pagan las facturas). Por parte de la ultraizquierda, sentirse megarrevolucionarios, sembrar ese caos tan perjudicial pero que a ellos les mola tanto y conservar cuanto más poder mejor, porque eso representa cargos y sueldazos, que también les molan mucho, que se lo pregunten a Yoli, a Irene, a unos cuantos Pablos, a Pisarello, a Colau y a otros más. Y llegamos a la guinda del pastel, el mismísimo Puto Amo. No hace falta decir que quiere conservar el poder por el demencial apego que le profesa, pero tiene otra motivación mucho más fuerte que se ha convertido ya en una apremiante urgencia: cree que le servirá para eludir el banquillo y la más que probable cárcel. A las cien mil razones ya viejas y con que tantas veces os he machacado, se han unido en los últimos tiempos dos muy contundentes: lo de Ceuta (está siendo investigado y cada vez salen cosas más comprometedoras) y el gatillazo de la ley de nietos, que le habrá fallado, pero eso no impide que se vaya a investigar (la señaladísima Sofía Puente no va a tardar mucho en tener que presentarse ante un juez), pues se tendrá que averiguar quién es el responsable último de un contrafuero tan brutal. ¿Saldrá por ahí Pedro Sánchez? Tal vez por eso se haya obcecado en violar las elecciones, sin darse cuenta de que de nada le va a servir volver a gobernar, porque está irremisiblemente condenado a salir de La Moncloa, bien por la vía de los votos o bien esposado. Ya no te escapas, Pedrito, por muchas trampas que hagas, se te acabó el carrete.
Todo esto me sugiere una última reflexión. Las elecciones de noviembre nos van a servir para medir, entre otras, una cosa: el nivel de encanallamiento que ha alcanzado España. Después de lo que ha hecho con Ceuta, nadie puede ya ignorar que Pedro Sánchez es un canalla (1), así que ya nadie puede excusarse con el socorrido "yo no sabía"; eso ya no vale, se acabó, luego todo aquel que le vote tendrá que admitir que ha votado a sabiendas a un canalla, con lo cual y en consecuencia, tendrá también que admitir que él mismo es un canalla o, como mínimo, está encanallado. ¿Cuántos saldrán? ¿A qué nivel habrá llegado ya el canallómetro en España? Lo sabremos el 30 de noviembre, a no ser que una horda de niñatos con pasamontañas haya quemado las urnas.
1.- No es necesario recordar que esto vale también para multitud de sus camaradas, colaboradores o aliados.
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