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miércoles, 15 de noviembre de 2023

Las profundas raíces de la quincalla logsiana: "El Libro Rojo del cole"

     Hace unos días, brujuleando en mi biblioteca, topé casualmente con El Libro Rojo del cole.  Debí de comprarlo cuando lo publicó en 1979 la editorial NUESTRA CULTURA, pero luego me olividé de él... hasta 2023, esas cosas que pasan con los libros. Empecé a hojearlo por puro sarcasmo, pensando que aquella antigualla setentera era ya una reliquia trasnochada, pero, conforme iba saltando páginas, me iba dando cuenta (con cierta angustia) de que estaba muy equivocado. Y así, he acabado leyéndolo entero, subrayándolo, haciendo marcas y anotaciones... De todo ello sale este desalentador artículo.

    Bajo la jocosa apariencia que transmiten su cubierta y sus dibujos, esta obra no fue en realidad ningún chiste, sino un potente artefacto propagandístico de carácter político, colocado en el mundo de la educación. Aprovechando la simpatía que por aquellos años despertaba todo lo que sonase a revolución y ruptura con las tinieblas de las que el país estaba saliendo, proponía la destrucción de lo que en él se presentaba como una caduca mazmorra escolar para sustituirla por una escuela libre, avanzada, eficaz y alegre, y tan superdemocrática (huelga decirlo) que prestaba atención a las voces de los alumnos, esos pobres marginados a los que la polvorienta vieja escuela sometía al silencio y la anulación. Ahora bien, conviene que tomemos nota de la fecha de publicación, 1979, pues ni por la época ni por el marco legal educativo de entonces (la LGE), podía acusarse a la educación española de ser la siniestra guarida del dragón contra la que El Libro Rojo del cole incitaba a los estudiantes de entre diez y dieciséis años a rebelarse, con lo cual podemos muy bien calificarlo como una enorme y grosera manipulación, por su falsificación de la realidad, por su infame demonización de la escuela, por dirigirse a un público inmaduro con la intención de instrumentalizarlo y por tener el cinismo de presentarse como una obra escrita por personas de esas mismas edades, cuando es obvio que tras él estaba la voz de unos adultos que tenían unos fines bastante inconfesables.



    Que, pasados tantos años, me dedique hoy a reflexionar sobre este panfleto tiene una razón muy sencilla: la mercancía ideológica que vendió entonces a la sociedad, lo que le proponía como paraíso educativo, fue ni más ni menos que el credo pedagogista que años después implantó la LOGSE y hoy en día persiste en los mandatos de su nefasta descendiente, la LOMLOE, por lo que El Libro Rojo del cole resultó ser una eficaz herramienta para ir colando ese monumental engaño, que tanto perjuicio nos ha causado. Fue además una miserable agravante el envolverlo como un caramelito dirigido a los niños, más aún cuando es todo él una incitación a la hostilidad contra sus centros y sus profesores, a la rebeldía, al mal comportamiento, a la negativa a hacer los deberes, a la huelga... Que las fuerzas políticas y pedagógicas que se ocultaban tras este librito pretendieran calumniar a la escuela tiene poca justificación, pero que para ello usasen a los niños como arma ofensiva fue ya repugnante.



    Porque además, para más inri, tampoco les daba para atribuirse superioridades morales, ya que el producto que intentaban imponer con tan maquiavélicos medios eran esas paupérrimas propuestas del pedagogismo, ya sabéis: el desprecio de las aulas y los horarios, el constructivismo, los agrupamientos alternativos, la leyenda negra de la lección magistral, la condena de las notas, los exámenes, la memoria y hasta la inteligencia o la exaltación del profe amiguete, una novedad de entonces que tenía un éxito arrollador. El profe amiguete: solo los que nos hemos pasado décadas viendo a profes amiguetes cometer estupideces y disparates sabemos hasta qué punto es catastrófica esta figura. Todo esto lo encontraréis en las páginas de El Libro Rojo del cole, acompañado además de aberrantes embustes, como la acusación de clasismo contra la escuela o la sugerencia de que ¡todavía en 1979! existían en los centros españoles los castigos corporales, cuando en realidad fueron severamente erradicados en 1970. Y es que el pedagogismo siempre ha jugado muy sucio. Y, por cierto: a la vista de que sus "novedades" ya las vendía en 1979, queda manifiesto una vez más que están un poquito apolilladas. 

    Las torcidas intenciones del libro se destapan ya desde la página seis, de la que os dejo la primera de las perlas entresacadas de su copiosa cosecha que os he seleccionado:

    Queremos una escuela, sí, pero que pierda sus paredes para fundirse con la vida, para romper ese sistema de terribles nombres; "Profesor", "examen", "notas", "insuficiente", "evaluación"... 

    En definitiva: el mismo programa de los iluminados de la LOGSE, esas dañinas estulticias que hoy mantiene la LOMLOE. Solo un manojo de chiflados destructivos podrían presentar una propuesta educativa para la que el profesor fuese algo terrible.

    Sobre las clases, los agrupamientos, los horarios y la enseñanza magistral, vemos esto:

    También es posible en ocasiones prescindir del sistema de clases: En lugar de amontonarse en una clase 50 ó 100 a la vez, se puede trabajar en pequeños grupos, en los que se tienen muchas más posibilidades de discutir temas entre compañeros. También se pueden hacer planes de trabajo en que los alumnos no se agrupan según su edad, sino según el nivel que se ha alcanzado en la materia en cuestión (pág. 18).

 ¿50 o 100 alumnos en 1979? Mentira podrida, el máximo legal eran 40 y ya todos los sectores educativos admitían que había que rebajarlo. Por lo demás, resulta curioso que ahora el pedagogismo haya dado el pendulazo y la LOMLOE proponga esas disparatadas aulas abiertas con sesenta alumnos y dos o tres profesores haciendo como que trabajan en proyectos. Esto es la innovación: la inconsistencia, el caos permanente. De todos modos, las utópicas ágoras de hoy TAMBIÉN estaban ya en 1979:

    Las aulas deberían ser talleres con verdaderas mesas de trabajo, tableros de anuncios, estanterías para los alumnos y con los utensilios e instrumentos que hagan falta; además debe ser posible cambiar de sitio los muebles, según lo que se vaya a hacer (pág. 100).

    No me cansaré de repetirlo: las innovaciones de los innovadores son tremendamente viejas, incluso de mucho antes de 1979, porque yo mismo las experimenté como alumno en 1970. 

    Desde hace mucho tiempo es cosa sabida que cincuenta minutos de enseñanza de clase es demasiado para los alumnos. Pero no ha servido de nada. Se siguen haciendo las clases de cincuenta minutos y se continúa dando en ellas la enseñanza magistral (pág. 19).

    La enseñanza magistral no tiene por qué ser mala en sí misma, pero, además, ni en 1979 ni ahora era un método predominante en la escuela, así que esta mentira es ya quincuagenaria. En cuanto al periodo de cincuenta minutos, resulta óptimo, así que la sabia escuela lo mantiene, pese a la cerril oposición de los psicólogos (1) y su pedantesca posesión de la verdad "científica" (😂).

    Sobre los profesores:

    Podéis estar seguros de que el profesor que os deja mucha libertad y que no os esconde nunca una verdad, sea lo que sea, ¡sí!, este profesor, podéis estar seguros, tiene muchas desavenencias con los profesores caducos (págs. 47 - 48).

    ¡Para enmarcar! San Profeguay matando al dragón, vamos. Una puntualización: los profes amiguetes mienten mucho, lo sé porque lo he visto. Lo hacen sobre todo para salvar el tipo cuando sus delirios los convierten en unos pobres diablos acorralados por sus correspondientes alumnos amiguetes.

    Discurso contra la inteligencia, las notas, los exámenes, la memoria y el conocimiento. Empezaré con dos citas tan lapidarias como demoledoras y elocuentes:

    EL MITO DE LA INTELIGENCIA. Sólo los imbéciles creen en ella (pág. 81).

    Las notas son un engaño (pág. 103).

    Pero, por lo general, las notas no suelen explicarse a los estudiantes, sino que se utilizan para comparar a los estudiantes entre sí (pág. 105. Difícilmente encontraremos una mentira más malintencionada). 

    No queréis notas simplemente (si es que ellos tienen que darlas de todos modos), sino comentarios constructivos acerca de cada uno de los trabajos, o bien una apreciación por escrito de vuestro trabajo cada determinado tiempo (pág. 106. Una cita de gran valor, porque este viejísimo anhelo, que lleva todo el sello de los psicopedagogos, describe algo muy parecido a lo que pretende ser la evaluación en la LOMLOE).

    Los exámenes y los ejercicios sirven para daros miedo, al igual que las notas, con el fin de que trabajéis más (pág. 107).

    Los exámenes indican lo que habéis aprendido de memoria o lo que os han metido en la cabeza. Pero casi nunca indican si sois capaces de reflexionar y de encontrar por vosotros mismos la solución de un problema (pág. 107. Vergonzosa mentira, un insulto al profesorado).

    Terminaré este apartado con una cita sacada de la página 109. Resulta un poco larga, pero delata muy bien los absurdos planteamientos educativos de la izquierda y el pedagogismo. Se refiere a los exámenes:

    Sería conveniente intentar suprimirlos [...]. Si esto no puede de momento cambiarse, cabe al menos, tras un amplio debate entre profesores y alumnos, organizar los exámenes de otra forma: Que los alumnos tengan el derecho de llevar consigo libros y, para algunos exámenes, anotaciones. Que el examen pueda tener lugar en una biblioteca donde podáis consultar todos los libros que necesitéis. Que para preparar vuestra respuesta al examen se os conceda algún plazo de unas horas o de un día. Los exámenes que se desarrollasen de esta manera serían más significativos: Se sabría al menos si los alumnos saben documentarse sobre un tema y exponerlo.

    Como veis, un compendio de fantasías infantiloides, que se llevaban mucho allá por los 70. Sé de gente que perdió alguna vez el tiempo con estos experimentos y descubrió que no valían para nada (aunque algunos se negaban a reconocerlo), pero lo pasmoso es que, a pesar de todo, esta metodología, al amparo de las propuestas de la LOMLOE, se está volviendo a ensayar. 

    He dejado para el final de la antología dos verdaderos despropósitos. Dentro de la revolución integral que pretendía el pedagogismo progresista, se abordaba también una propuesta en educación sexual, ya que se acusaba a la reprimida y represiva educación anterior de haber convertido en tabú tan esencial faceta. Los planteamientos de El Libro Rojo del cole eran tan "avanzados" que abordaban el tema del aborto (para, recordemos, lectores de  entre 10 y 16 años) con tal celo en defenderlo como un derecho que caían en un imprudente sesgo incitativo. Además había otras cosas, como estas que dejo a continuación.

    Entre las páginas 131 y 132, se enfanga en unas consideraciones en torno a los obsesos y sádicos sexuales, entre las que encontramos estas palabras:

    Si el periódico escribe que "su comportamiento era muy obsceno e indignante" (atentando al pudor y ultraje a las buenas costumbres), significa, acaso, que se la ha meneado delante de un niño, que ha exigido que éste se la tocase, o que ha tocado los órganos genitales del niño o la niña. 

    Ocurre a veces que todo esto termina en golpes, violación o muerte. Pero es muy poco frecuente, y, en general, es debido a que el hombre ha tenido miedo.

    Aparte del desafortunado tono de estas palabras, uno no sabe interpretar la intención de las que remarco en negrita.  

    No obstante, el libro recomienda a los niños, faltaría más, alejarse de semejantes personajes. Algo parecido ocurre con la pornografía, que desaconseja en general, lo cual no evita que a la vez nos encontremos estas palabras (págs. 133 - 134):

    La pornografía es algo divertido e inofensivo si uno no se la toma en serio y si no se cree que lo que se muestra tenga parecido con lo que ocurre en la vida real. Si, por el contrario, os la creéis, ¡quedaréis muy decepcionados!

    Sin embargo, la pornografía puede, a veces, dar buenas ideas para hacer el amor; puede dar deseos de ensañar (sic) alguna cosa en la que no habíais nunca pensado.

    Naturalmente, estas barbaridades hay que enmarcarlas en el momento en que se escribieron (2), pero, aun con esta precisión, aparte de que siguen siendo condenables, surge otro factor muy incómodo. La línea educativa de El Libro Rojo del cole es sin duda la de la izquierda progresista, que es hoy dominante en nuestra enseñanza. En materia sexual, el progresismo siempre ha tenido la inclinación a ser muy alegre y tolerante, lo cual puede estar muy bien para la vida particular de cada cual, pero no necesariamente para la escuela. Con lo que llevamos visto en los últimos párrafos, parece claro que esas liberalidades ya lastraban su enfoque de la educación sexual en 1979, pero me temo que ese lastre lo siguen arrastrando en la actualidad y es lo que se encuentra detrás de los lamentables patinazos en esta materia que a menudo se producen (3). Resulta patente que la izquierda no solo no ha entendido aún que en materia de educación sexual hay que ser muy prudente con los límites, sino que cada vez tiende a hacerlos más permeables, porque, además, ahora se ha enganchado a las "causas" LGTBIQ y feminista.  Esta cuestión es muy inquietante, porque, con la particular orientación de la LOMLOE, la educación sexual se ha convertido ya en un campo de batalla con ingredientes tan delicados como la intromisión en la intimidad personal del alumno o el adoctrinamiento. 

    En definitiva, gracias a El Libro Rojo del cole, es posible interpretar el desolador estado actual de nuestra enseñanza cotejándola con lo que fueron sus planteamientos iniciales, lo que nos permitiría entender mejor dónde estamos y por qué hemos llegado hasta este punto. Para tal fin, aparte de lo dicho hasta aquí, hay en las últimas páginas del libro un apartado que resulta muy revelador, ya desde su título: ESCUELA Y SOCIEDAD. Desde la LOGSE, la obsesión de las leyes socialistas ha sido utilizar la escuela como un instrumento de compensación de las desigualdades sociales. Está muy bien que la escuela tenga benéficos aportes para la vida social, pero es un tremendo error poner en su organización lo social por encima de lo educativo, porque la escuela no es una institución benéfica ni una palanca para el cambio social, sino el sitio al que se va para aprender. Todas esas ensoñaciones sociales que la izquierda inyecta en la enseñanza le han hecho un enorme daño.

    ¿Y de dónde salen? Pues de esas raíces de la propuesta educativa progresista que El Libro Rojo del cole compendió tan bien. Voy a reproducir tres citas del mencionado capítulo final:

    Los valores del sistema escolar son los valores de esta sociedad: la disciplina del miedo, la ley del más fuerte, la insolidaridad, el aborregamiento (pág. 173).

    Los capitalistas que tienen el poder lo emplean para controlarnos y no van a permitir una enseñanza que no esté a su servicio y no cumpla el papel que a ellos les interesa (pág. 176)

    Por eso el sistema educativo es un punto débil del sistema capitalista. Es un terreno en el que constantemente entran en conflicto los planes de los de arriba con los deseos de rebeldía de los de abajo (pág. 176). 

    ¿A qué conclusión llevó todo esto a los autores del libro, progresistas enemigos de esa podrida e injusta sociedad capitalista? A que hay que cambiar la enseñanza, como un capítulo más de ese cambio irrenuciable de la sociedad. Esto representa empequeñecer y desnaturalizar la escuela, al supeditarla a una finalidad política ajena a su función. Las fuerzas que edificaron con la LOGSE nuestro actual y deficiente sistema educativo eran las mismas que estaban detrás de El Libro Rojo del cole y el sectarismo político de sus convicciones lo introdujeron en sus leyes escolares, que quedaron por tanto contaminadas por él. Ese es el problema esencial de nuestra enseñanza y, como se ve, es viejo y está muy arraigado.

    

    


1.- Ved este artículo mío de 2017: Con todos mis respetos.

2.- Es necesario aportar alguna matización contextual. Estas palabras, dichas hoy en un libro dirigido a escolares, llevarían a los editores del libro a tener problemas con la justicia (y quizás más graves que la prohibición que El Libro Rojo del cole sufrió entre 1976 y 1979), pero en aquella época, bastante confusa y enloquecida, aún se tomaban como libertades inalienables cosas que no lo eran, por no hablar de que entonces no se tenía ni noción del enorme problema que padece nuestra sociedad actual con el acceso de los niños y adolescentes a la pornografía. De cualquier modo, incluso entonces, decirles estas cosas a los niños era una aberración. 

3.- Aquí os dejo unos cuantos asuntos de los que yo mismo me he ocupado en este blog: las lecturas del IES "Porreres", biblioteca LGTBIQ, sexo, alcaldesas y guías trans para niños, más líos con los trans y los niños, pseudofelación / pornografía

    

4 comentarios:

  1. He encontrado en la red referencias a ese infecto panfleto del que usted me habla. Creo que el famoso libro es una traducción y en España apareció efectivamente en 1979. Al parecer la primera edición es de 1969 y este librito vio la luz por primera vez en Dinamarca. También he visto que tuvo problemas con la censura y que algún juez le metió mano, lo que favoreció ese halo de revolucionarismo heroico, romántico y comprometido.
    Yo del libro rojo del cole tuve noticia cuando estaba preparando la oposición y en el famoso CAP durante el curso inmediatamente posterior a terminar la carrera. Justamente mi primer contacto con el pedagogismo fue en el infame CAP, luego superado en precio y en quincalla pedagógica por el MFPS del que fui profesor cinco años. 
    En el contexto de los años 70 del pasado siglo nada mejor que meter a través de una dialéctica de agitación y propaganda los eslóganes recurrentes de una presunta revolución para que el pedagogismo más disolvente y oligofrénico entrara con vaselina y envenenara anestesiando.
    Nunca leí a fondo ese infecto panfleto pero su música ya olía muy mal. Estaba en consonancia con el programa máximo de lo que se ha llamado izquierda reaccionaria en la educación. Y como dices en tu entrada del blog, tiene una profunda carga de profundidad, tanto política como educativa. Y está en la misma línea de las nefastas reformas que vinieron después. Por supuesto que ese libro plasma muchas de las ideas de lo peor del mayo del 68 unido a la pedagogía de toda la vida recogiendo Summer Hill, la Escuela Nueva, Freinet y otras malas hierbas tóxicas inmensamente perniciosas.
    Las citas y fragmentos que tú entresacas son una antología de la infamia y del veneno mental del pedagogismo. Esta montaña de basura ha sido un cáncer para la educación.
    Si nos metemos en los artículos de Cuadernos de Pedagogía y en la sección educativa de EL PAÍS de entonces, dirigida por Roque Barcia, antiguo maestro de CCOO, que murió relativamente joven de un infarto, vemos planteamientos muy similares e ideas-fuerza o cagadas-fuerza del mismo tenor que el hoy poco recordado Libro Rojo del Cole. EL PAÍS fue defendiendo durante los años de Barcia las mismas ideas pero de forma más jesuítica.
    El Libro Rojo del cole, como dices, era un panfleto. Un panfleto sectario, que evidenciaba la idea de hacer una ingeniería social con la educación. Luego llegarían el Libro Blanco de las Reformas Educativas, más tecnocrático y en un formato distinto de un catecismo marxista-leninista con gotas de anarquismo violento y precedentes de la dictadura woke. Por cierto, la LOGSE, hija de ese pedagogismo “progresista” y tan pretendidamente izquierdista, ha logrado un sistema educativo mucho más clasista que ha puesto en peligro el ascensor social a través de la enseñanza y que ha causado mucho más daño en la escuela pública que en la privada.
    Recuerdo que en su momento ese Libro Rojo del cole, que jugaba con el prestigio que aún tenían las inconcebibles ideas maoístas y el mito de la China feliz, era el envoltorio con el que trataban de meter ideas que ya estaban en cierta forma en Freinet, en Paulo Freire, en las escuelas de verano de los MM.RR.PP. y otros foros en los que los pedagogos se hicieron superprogres después de haber estado chupando durante el franquismo. El caso más descarado es el de Víctor García Hoz, hijo de un catedrático opusdeísta y pope de la pedagogía oficial del Antiguo Régimen del mismo nombre, que heredó la cátedra, pero que en su juventud fue comunista. Esa fusión refleja como nada la putrefacción de un grupo de presión que siempre quiso el poder. Y en el campo educativo lo logró, con los efectos conocidos.

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    1. Cuando hice las oposiciones a EGB, año de MCMLXXXIII, en los temas que estudié para el examen de pedagogía, se citaba mucho a la Hoz y el Garcillo, mira por dónde, y eran unos temas de un tufillo muy LGE, es decir, de esas curiosas aguas medias entre el franquismo y la democracia. Muy acertada esa observación sobre la LOGSE: esta ley, al devaluar los títulos educativos hasta el nivel ñordo AAA, es de un clasismo insuperable.

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  2. Pese a que el Libro Rojo del Cole transmitía una mercancía averiada, gozó de cierto predicamento en ciertos sectores de la profesión y aledaños, aunque solo lo hubieran leído por el forro o incluso sin haberle hincado el diente.
    Y muchos años después hay quien todavía lo recuerda como un icono pop del que se pueden extraer muchas enseñanzas. Y provechosas.
    https://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2014-07-09/vuelve-el-libro-rojo-del-cole-hoy-es-mucho-peor-que-en-los-70_158577/
    La TVE de 2008 (ZP) lo vende como algo muy progre y descalifica a sus opositores: lo relaciona con la polémica sobre educación para la ciudadanía. Fue “el primer rifirrafe en la escuela”. Cómo se escandalizaron los carcas y los dinosaurios cuando leyeron ese libro tan superguay.
    El Ayuntamiento de Madrid, con 9 concejales del PCE, tomó partido en esa guerra y difundía en los colegios semejante bodrio.
    Cristina Almeida, entonces concejala de ese partido, reconocía que no había leído el libro ni sabía lo que era el libro rojo del cole, pero tras leerlo (¿sería un farol que llegó hasta el final) pensaba que había que difundirlo más.
    Romeu, ilustrador del panfletillo sectario y exaltado, estaba en contra del establíshment (pronunciado así, haciendo tónica la tercera sílaba de esta palabra).
    Una muestra de cómo nos cuenta la película la televisión del régimen.
    https://www.youtube.com/watch?v=DvYhx5z0S7c

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    1. Querido amigo, está usted hoy sembradísimo con sus comentarios, porque el hecho de que Romeu fuera el ilustrador del panfletillo es muy significativo. Si este tío no ascendió al estrellato por ser del PSUC, que alguien me explique por qué fue, porque jamás he entendido que un humorista TAN REMATADAMENTE MALO, dibujara en "Por Favor", un clásico del humor sobre el que podría hacer una tesis doctoral. Después pasó a hacer, durante años, la historieta de la última página de "El País Semanal" en sus tiempos dorados, o sea, que cada domingo debía de dejarnos con los ojos a cuadros primero con su repelente "Miguelito" y después con su infumable "Betty" a millones de españoles. Y de propina, ilustra este panfletillo que seguro que tenía detrás al PCE. Lo de que fuera del PSUC lo digo porque este señor era (o es) catalán.

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