Reflexionaba hoy sobre los problemas de la enseñanza en España, que no son pocos, y sobre la nutrida serie de vicisitudes y debates que ha atravesado este asunto en los últimos años y me he acordado de repente de un audaz artículo que se publicó en Deseducativos el 25 de mayo de 2010, es decir, hace ya más de cuatro años, el que se tituló:
Hola, soy profesor de un colegio concertado. Ese artículo, obra de mi amiga Xoia, fue quizás el que más comentarios atrajo en la aguerrida página deseducativa y también (esto, sin el menor género de dudas) el que generó la polémica más agria. ¿Cuál fue la razón? Esta que hoy, con el tiempo y las cosas que han pasado, ha quedado manifiesta para todo aquel que no se niegue a ver la realidad:
que atacaba a la verdadera raíz de los males de la enseñanza pública en España: la existencia de la red concertada, la cual no podría sobrevivir si la pública no tuviera deficiencias. Y dentro de este marco, le han salido poderosos y variopintos valedores. Mencionaré primero a los sindicatos CCOO y UGT, que dicen defender la pública, pero, como tienen importantes secciones de concertada, han sido de hecho imprescindibles mantenedores de esta red, al firmar constantemente convenios que la reforzaban. Tenemos luego al PSOE, que, aparte de ser el partido que en la LODE le dio carta de naturaleza, la protege haciendo la vista gorda ante sus irregularides, tales como esas cuotas (de comedor, de uniformes, de matrícula...) que hacen que no sea en realidad una enseñanza gratuita o la selección del alumnado (encubierta o a las claras) que todos los centros concertados se permiten. En cuanto a UPyD, acepta en su programa la concertada como un hecho consumado, pero me temo que le tiene más cariño que a la pública, si he de juzgar por
cómo la defiende, en comparación con el trato que dispensó a los profesores de Madrid en 2011, cosa que algún día contaré. Finalmente, está el PP, que no se anda con remilgos y protege a la red concertada (la de sus amigos, en especial, la Iglesia) con privilegios tales como la cesión de terrenos gratuitos o llevando a cabo explícitas y agresivas políticas de destrucción de la enseñanza pública, y si alguien no se cree esto que digo, que eche un vistazo a lo que ha hecho el PP en materia educativa en Madrid desde 2011.
En conclusión y con lo visto hasta aquí, puede afirmarse categóricamente que Xoia, cuando tiró directamente y sin hipocresías contra la enseñanza concertada, acertó en la diana, lanzó un torpedo que impactó en la línea de flotación del verdadero enemigo de la pública. Si leéis el artículo, podréis comprobar que la reacción fue muy virulenta: un gran número de defensores de la enseñanza concertada o de sus profesores (contra los que nominalmente iba el escrito) se lanzaron a replicar y la mayoría de ellos lo hicieron con una cólera, una falta de respeto, una pobreza de argumentos e incluso unas deficiencias expresivas que los descalificaron ab initio. Y la cosa aún colea: el último comentario es de enero de 2014. Es de destacar, además, que bastantes de esos comentaristas críticos eran "trolls" de los más groseros y/o se presentaban ridiculamente disfrazados de cosas que estaba claro que no eran: profesores, obreros (?), madres... Ese vergonzante (y torpe) encubrimiento de su verdadera identidad dejó en evidencia que sus motivaciones eran inconfesables, que defendían prosaicos intereses materiales o rígidos fanatismos, y con esas credenciales no se podían presentar en un foro esencialmente preocupado por problemas educativos como era, a pesar de su irónico nombre, Deseducativos.
Ese semidesconocido y polémico foro puede decirse que ha sido de los poquitos escenarios en que se ha desenvuelto un debate verdadero sobre los problemas de la educación en la España de la última década. Aquí ya solo se habla desde tribunas de discurso unidireccional, bien sea desde las páginas de las revistas sindicales (con una preocupante tendencia al autismo) o desde los documentos oficiales, que se obstinan en ser como el Válium, por aquello de que duermen y alucinan. En cuanto al debate que se generó en torno a Hola, soy profesor de un colegio concertado, en realidad, no comenzó con ese artículo, os lo cuento para los que estéis interesados y tengáis paciencia y ganas para seguirlo.
Todo empezó con
Hola, soy funcionario, una genialidad de un compañero de trinchera que firmaba como Tiza presa, un artículo al que acabo de comprobar que quizás ya no se pueda acceder (una pena, porque tiene bastante gracia y es original), en el cual el autor fustigaba la borreguil pasividad de los funcionarios ante la rebaja del 5% de nuestros sueldos que nos asestó Zapatero en 2010, y de paso enumeraba algunos de los inconvenientes de ser funcionario. El artículo provocó tan solo nueve comentarios, uno de los cuales, firmado por Cisne Negro, decía esto:
Hola, soy funcionario, sé que no me iré al paro, y cobro más dinero por menos trabajo que otros que hacen lo mismo que yo, es una vergüenza que me rebajen el sueldo.
Estas palabras, como puede comprobarse en el inicio por lo que dice su autora, fueron las que la indujeron a replicar escribiendo su
Hola, soy profesor de un colegio concertado, en el cual aparece a su vez un comentario de Cisne Negro, de solo tres líneas, pero que permite entrar en
la réplica que él dio a Xoia en su blog.
Como me pareció que Cisne Negro no pertenecía al segmento de los energúmenos y a la vez se me ocurrían muchas cosas que decir, en lugar de hacer un comentario, escribí un artículo, el cual se tituló
Los motivos de Xoia. En él intentaba matizar algunas cosas, tales como que los profesores de la pública no teníamos nada contra los de la concertada y que lo que sí era criticable era este sinsentido:
que existiese una red de titularidad privada sostenida con fondos públicos. Mi artículo alcanzó la cifra de cincuenta comentarios, dos de los cuales eran los que escribieron Xoia y Cisne Negro con intenciones conciliadoras, cincuenta comentarios que hay que sumar a los más de doscientos del de Xoia.
Porque, en suma, el tema daba para mucho: la existencia de la concertada es una gran contradicción, no puede por menos que generar debate. Demostrar que lo hubo es uno de los motivos de este artículo, por eso os he enlazado en él el de Xoia y el mío, para que, si os apetece, les echéis un vistazo a las posturas que se defendieron en aquel debate extenso y a veces acalorado. Visto que desde otras esferas no se promueve el intercambio de pareceres, no está mal que podáis ver el que se suscitó en Deseducativos en torno a la enseñanza concertada.
Hoy, más de cuatro años después, sigo pensando que los profesores de esta red no son ni mis adversarios ni mis competidores, pero soy aún más contrario que entonces a que exista un engendro como la enseñanza concertada, que existe solo en España. No es de justicia esa doble naturaleza: una empresa privada no se debe sostener con fondos públicos. Lo privado debe ser privado y lo público, público y nada avanzaremos en la educación en España mientras no se alcance esta clarificación. En 2011,
Esperanza Aguirre cerró miles de aulas y dejó en la calle a miles de profesores de la pública con el pretexto de la escasez de fondos, pero, al mismo tiempo, dio ventajas fiscales a quienes matriculaban a sus hijos en la concertada, con lo cual esta red, mientras se reducían los fondos para la pública, era doblemente apoyada. Políticas tan repugnantes como esta -por otra parte, nada sorprendentes en Esperanza Aguirre y Lucía Figar- dejan muy claro que la red concertada es un baluarte sobre el que los partidos y los dirigentes clasistas depositan los privilegios destinados a sus afines ideológicos y/o económicos. Pero la educación es un derecho social; en una democracia, es inadmisible que nadie gaste el dinero de todos para privilegiar a sus favoritos. En los cuatro años que han transcurrido desde el artículo de Xoia, esto no ha hecho otra cosa que empeorar: ¿estará entre los propósitos de algún partido político la supresión de la red concertada? Yo solo lo he visto en lo que dice
Podemos, pero, claro, esos señores ya se sabe que están locos y piden cosas imposibles.