Hace ya unos días, hizo explosión en la PAU de la comunidad vasca una bomba lingüística que dejó 1.778 heridos de gravedad (¡casi el 15% de los presentados a la selectividad en las Vascongadas!), pues esos fueron exactamente los alumnos que recibieron calificaciones bajísimas (muchas de ellas, un cero puro y duro) en el examen de la sacrosanta lengua autóctona de aquella región. Al parecer, la mayoría de los damnificados cursaban sus estudios en la modalidad llamada A de las... no sé cuántas existentes en esa comunidad autónoma (1), modalidad en la que la lengua vehicular es el español: sospecho que ese fue el pecado que originó tal levítica venganza, el haber dado la espalda a la divina lengua de Sabino Arana. Lo del tufillo vengativo es algo más que una broma, porque, dada la concentración de ceros en unos grupos muy concretos (todos bajo la responsabilidad del tribunal número 11 de la facultad de Sarriko) y la existencia de notas bajísimas puestas a personas con un nivel alto de lengua vasca (B2 o hasta C1), hay razones muy fundadas para sospechar que andan detrás de este abuso uno o varios talibanes del euskera que han decidido ajusticiar a quien no lo bordase, o sea, han utilizado el euskera como arma de destrucción masiva.
Pero, ante tamaño despropósito, también ha sido masivas las reclamaciones presentadas y descomunal el cabreo, ya que algunos manifiestan ya su intención de acudir a los tribunales (a los de verdad, no los universitarios) si el atropello se consuma, lo cual ha forzado al rector de la Universidad del País Vasco a pronunciarse, cosa que ha hecho de la forma esperable: mediante una homilia plagada de evasivas, de la que los medios han destacado estas palabras: "Son hipótesis que, evidentemente, no dependen de nosotros, dependen de otras vías y otros cauces. Si se producen y cuando se produzcan, podremos pronunciarnos". Es muy lógico que hayan llamado la atención, pues son muy típicas del lenguaje político vasco, tan impregnado de peneuvismo: un mensaje ambiguo del que no debe descartarse que oculte una amenaza.
Hace unos meses, di cuenta aquí de otro patinazo vinculado con la selectividad, en este caso, la de Madrid. No era ni de lejos un asunto tan grave como este de las Vascongadas, ni abusivo, ni susceptible de acabar en un juzgado, pero se le parecía en una cosa: giraba en torno a la intolerable invasión de las ínfulas separatistas en el ámbito educativo, que han contaminado con sus aberrantes delirios lingüísticos. Las lenguas cooficiales de España, o sea, el catalán, el gallego y el vasco, malamente superaran entre todas los doce millones de hablantes, o a lo mejor incluso ni llegan, pero, dado que los separatistas las usan -insisto- como armas de destrucción masiva, son chiquitas, pero matonas, y desmesuradamente problemáticas, y toda la culpa la tiene un marco legal al que se le fue la mano con las cortesías, les concedió más importancia de la que tienen y abrió la puerta a los abusos que los nacionalistas han perpetrado y siguen perpetrando en Cataluña, Baleares, Valencia, Vascongadas, Navarra y Galicia.
El degradante episodio del que habla este artículo, en un país razonable, no habría tenido ni ocasión de ocurrir. Solo en un país de locos como ha llegado a ser España es posible que un idioma como el vasco, que tiene rango de lengua regional y, en el mejor de los casos, solo lo hablan un tercio de los 2'4 millones de los habitantes de la comunidad, figure entre las asignaturas obligatorias en selectividad para alumnos que no lo eligieron como vehicular. En todo caso, tendría su lógica que lo fuera para quienes lo eligiesen como primera lengua, allá ellos, pero para los demás, no, porque, de verdad, seamos honestos: ¿a dónde te lleva el vasco hoy en día, qué horizontes te abre, incluso sin salir de su propio entorno lingüístico? Y, aunque sus perspectivas fueran más risueñas, ¿qué derecho tienen el PNV, los batasunos o el PSE a imponérselo a nadie? NINGUNO. ¿No es una barbaridad, un auténtico atropello, que para los vascos a los que no les interesa sea imposible eludir el peaje que representa? SIN LA MENOR DUDA. Esta claro que, al igual que el catalán o el gallego, los separatistas lo imponen bajo coacción porque les sirve a ellos como instrumento de dominio, como arma aferrada en sus manos y esgrimida contra la sociedad que quieren controlar y la nación -la española, claro, aquí no hay otra- a la que quieren chantajear, pero eso ni es razonable ni es democrático. A quien no me crea, le basta con reflexionar sobre lo que les ha ocurrido en la selectividad a esos 1.778 estudiantes apaleados, a los cuales se les ha lanzado este mensaje: o aprendes quieras o no ese vasco que apenas vale para nada, o te jodemos la vida, empezando por tu historial académico y cuando a lo mejor ni has cumplido los dieciocho años. ¿Puede estar más clara la extorsión? ¿Puede ser más aberrante? Pues en estas estamos.
1.- Conozco muy vagamente el laberinto educativo al que se somete en las Vascongadas a los estudiantes con el fin de privilegiar la ultraminoritaria y moribunda lengua vasca, y -os pido disculpas- no estoy por la labor de perder el tiempo profundizando para aportar datos que, en realidad, escaparían a lo esencial: que el problema consiste en la imposición aberrante y totalitaria de la lengua que los separatistas idolatran, aunque muchos ni la hablan. Si queréis algo más de información, podeís encontrarla en El diario Vasco y El Independiente.
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