Recordaréis esa denigrante exhibición de patanería de Óscar Puente en la que dejó al mundo estupefacto mostrando cómo un ministro de un país insultaba gratuitamente al presidente de otro, aunque eso de gratuitamente no es exacto, porque se ve muy claro que Puente actuó así de forma intencionada y para hacerse el gracioso, con lo que además demostró que tampoco es que tenga mucha gracia. Eso fue el pasado sábado, y hoy, pasados solo tres días, nuestro ministro de Transportes ha debido de entender por fin que era inexcusable disculparse y ha procedido a ello, pero lo ha hecho de tal forma que ha sido más bien agrandar el patinazo.
Como podéis ver en la noticia que enlazo, sus disculpas (?) se ocasionan en la interpelación que le hace previamente una periodista (que me temo que estaba pactada de antemano), en la que debemos entender que le pregunta si se ha arrepentido de su patochada. Si desbrozamos la hojarasca que vierte Puente en su respuesta, lo que queda en limpio es que se arrepiente por la repercusión que han tenido sus palabras y señala que en todo ese asunto ha habido mucha sobreactuación: o sea, que ahí no hay culpa suya ninguna, es todo cosa de otros, por lo que, en realidad, no hay arrepentimiento y no sorprende, por tanto, que no haya pedido disculpas, que es lo que está obligado a hacer, con lo cual sus insultos a Milei no solo se mantienen, sino que, de forma implícita, hay que darlos por ratificados, colosal manera de resolver sus desaguisados la del señor Puente.
Está claro que no podía pedir disculpas, porque le sobra soberbia y carece por completo de vergüenza, educación y condiciones para el cargo que ocupa. De 1975 para acá, si a un ministro de cualquier gobierno que no fuera de Sánchez se le hubiera ocurrido una burrada como esta de Puente, se le habría cesado de inmediato, pero en la práctica no habría habido oportunidad, porque en ninguno de esos gobiernos habría habido un individuo del pelaje de Puente.
Y aquí llegamos al verdadero fondo de la cuestión: ¿cómo es posible que un ministro insulte a un mandatario extranjero? ¿Cómo es posible que, habiéndolo hecho, no dimita o no se le cese en el acto? ¿Cómo es posible que en un gobierno esté como ministro un completo inútil del que solo se sabe que se pasa la vida insultando en la red? La respuesta es muy sencilla: porque ese ministro ha sido puesto por Pedro Sánchez. Este episodio de Puente ejemplifica muy bien lo que ha significado el ascenso de Sánchez al gobierno: el enfangador por excelencia que lo ha subvertido y enlodado todo no solo ha hecho posibles las mayores aberraciones a base de perpetrarlas a diario, sino que ha conseguido embotarnos de tal modo que ya ni percibamos su alcance. Es brutal nombrar ministro a un mamporrero solo para que insulte; es brutal que este lo haga hasta los extremos a los que ha llegado Puente; es cínicamente brutal que el presidente del Gobierno no haya dicho ni una palabra sobre lo de Milei. Una de las mayores victorias de Sánchez y los esbirros mediáticos que le auxilian en esto es que ni nos demos cuenta. Es brutal que este sujeto haya sido un solo día presidente del gobierno de España.
Obras son amores... Dime con quién vas... Aunque el mono vista de estudiante; queda mono como antes...
ResponderEliminarYo estoy convencido de que Óscar Puente y Gabriel Rufián son grandes amigos, porque tienen muchos puntos en común.
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