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lunes, 20 de junio de 2022

Juanma arrasa

     Como ya ocurrió en las autonómicas madrileñas de 2021, en las elecciones andaluzas de ayer, hay que atribuir la mayor parte del triunfo del PP a su líder, Juan Manuel Moreno Bonilla, si bien este se diferencia en que su personalización de la campaña sobre el líder -algún comentarista bromeó con que en Andalucía existía un partido llamado Juanma- ha sido más intencionada que en el caso de Díaz Ayuso. Sea como sea, hay que felicitar a Moreno y al PP, porque la mayoría absoluta que obtuvieron ayer es, además de aplastante, histórica, como han señalado buena parte de los observadores. Los números son estos:

Partido

Escaños, votos y % (2022)

Escaños, votos y % (2018)

PP

58 (1.580.906 – 43’13 %)

26 (749.275 – 20’75%)

PSOE

30 (882.784 – 24’09%)

33 (1.009.243 – 27’95%)

Vox

14 (493.396 – 13’46%)

12 (395.978 – 10’97%)

Por Andalucía

5 (281.408 – 7’68%)

--

Adelante Andalucía

2 (167.725 – 4’58%)

17 (584.040 – 16’18%)

Ciudadanos

0 (120.726 – 3’29%)

21 (659.631 – 18’27%)

    La participación ha sido del 58'36%. Lo bueno de estas tablitas -lo subrayo siempre- es que dicen muchísimo en un solo golpe de vista. Esta, por ejemplo, entre otras muchas cosas, deja clarísimo que perder, lo que se dice perder, solo han perdido Ciudadanos y los partidos de izquierda, lo digo porque ayer escuché a fondo el seguimiento de los resultados que hizo Radio Nacional, y allí no pararon de hablar de la derrota y hasta del descalabro de Vox, aunque en algún momento alguien -no sé si José Antonio Zarzalejos- puso algo de orden señalando que quien realmente había perdido era la izquierda. ¡Es que hasta hubo una señora que sostuvo que Adelante Andalucía no había fracasado! El sectarismo izquierdista a que han sido llevados los medios de comunicación públicos es vomitivo. 

    Puesto que hemos mencionado la palabra "descalabro", vamos a seguir con ella. Descalabro ha sido sin duda lo de Ciudadanos, que desaparece del mapa político andaluz, pierde nada menos que veintiún escaños y se deja 538.905 votos (aproximadamente, porque las cifras de 2022 del cuadro no son al cien por cien), es decir, ¡el 81'70% de los que obtuvo hace cuatro años! No dejaré de decir que algún día lo sucedido con Ciudadanos se estudiará muy a fondo en las facultades de Ciencias Políticas, por su fulgurante caída, por lo inmerecida (otros peores han tenido mejor suerte) y por lo carísimos que pueden resultar a veces los errores si son grandes, aunque sean pocos. No es descalabro, pero se le acerca, lo del PSOE, que, aunque solo pierde tres escaños, se deja su mandarinato de décadas en Andalucía y 126.459 votos (12'53%), y peor aún es lo de Adelante Andalucía, pues el resultado de las dos formaciones que la heredan conserva solo siete de sus diecisiete escaños y pierde 134.907 votos, ¡un 23'1%!, es decir, el doble casi que el PSOE y algunos miles más de votantes: ¿tengo o no tengo razones para lamentar el sectarismo de los medios PÚBLICOS? Esto es una auténtica vergüenza. 

    En cuanto a los ganadores, también las cifras son elocuentes: el PP se va por encima del doble de sus anteriores resultados en todo: votos, porcentaje y escaños, lo que tiene como resultado una arrolladora victoria, mientras que ese "descalabrado" Vox, ante el frío e inobjetable dictamen de las cifras, sube en todo: escaños (dos), votos (casi cien mil) y porcentajes, pues sus votantes representan un 2'49% más que en 2018 en el conjunto del electorado y su peso en la cámara pasará del 11% al 12'84%.

    Todo esto ha tenido unas causas. Desde mi punto de vista, el PP ha ganado porque su gestión desde 2018 ha sido buena o, al menos, aceptable, en lo cual, justo es decirlo, también ha tenido que ver -como no se ha cansado de señalar Juan Marín- la colaboración del maltratado Ciudadanos. También le ha valido al PP la imagen simpática y positiva de Moreno, que, además, ha hecho una campaña muy acertada, mezclando bien la imagen de estabilidad institucional, la apelación al proyecto de progreso y una tramposa demonización de Vox, aderezada con esas inadmisibles amenazas de repetición de elecciones que se permitió. También, lógicamente, le han ayudado los errores ajenos, de los que hablaremos luego. En cuanto a Vox, es innegable que ha obtenido un buen resultado, pero se queda en el aprobado como mucho de 6 y con un regusto amargo, porque, ciertamente, podría haber obtenido más y a ello aspiraba, y creo que no ha sido así por la pésima campaña que ha hecho. Quizá su primer error haya sido sacrificar a Macarena Olona, una excelente parlamentaria y un gran talento jurídico que pintaba más en la carrera de San Jerónimo que en Las Cinco Llagas o incluso en San Telmo, pero es que además ella misma ha tenido fallos, uno de ellos, esas concesiones a la imagen folclórica, que me temo que le han granjeado sobre todo rechazos. Muchos de esos votos que están haciendo rebosar el arcón del PP habrían podido ir a Vox si este partido se hubiera centrado más en lo que de verdad le interesaba: desmentir ese sambenito de ultraderecha que no se merece y que le están colgando la izquierda, el PP y algunos sectores políticos, económicos y culturales. 

    Del lado de los perdedores, he de empezar insistiendo en Ciudadanos. Juan Marín decía ayer que los éxitos del Gobierno de coalición eran de su partido y del PP, pero que solo los populares habían sido capaces de rentabilizarlos de cara a estas elecciones: no puedo estar más de acuerdo con él, ha sido muy desproporcionado el reparto de los premios. Caso distinto es el del PSOE: Sánchez, los ERE, los prostíbulos pagados con fondos destinados a cursos de formación profesional, los treinta y tantos años de clientelismo juntero y amiguismo y la poca gracia que en Andalucía hacen Illa o el prusés han pasado esta factura, sencillamente. Y recalco: Sánchez, porque, si en clave autonómica Andalucía ha castigado al PSOE, no es de esperar que cuando lleguen las nacionales le vayan a tratar con más cariño. Queda para el final esa extrema izquierda cuya derrota ya los números nos han dicho que ha sido muy severa. Basta con volver a ellos para ver los resultados de la famosa alarma antifascista que lanzó en 2018 un no menos famoso líder convertido hoy en comentarista periodístico. Es completamente lógico lo que le está pasando a la podemia: si te dedicas a hacer antifascismo en un país donde no hay fascismo y llamas antifascismo a las políticas LGTBI, a los diparates de Kichi, a la miseria intelectual y cultural o al feminismo de trinchera, te la acabas pegando. Y si a ello unes ocurrencias como esa de doña Teresa Rodríguez, que ahora resulta que es nacionalista andaluza de rompe y rasga y quiere emular al PNV y a ERC, pues apaga y vámonos, ¿qué quiere esta señora, salir un día al balcón principal de San Telmo a anunciar la restauración del califato de Córdoba? ¿Con harenes, poligamia, concubinas y velos incluidos, señora feminista? De chifladuras de esas ya está el país saturado. 

    Un pequeño apunte para finalizar: es una gran noticia que Jaén Merece Más no haya obtenido escaños, porque tampoco el avance del cantonalismo iba a traer nada bueno, y menos, si AA y la señora Rodríguez están planeando revivir la revuelta de las Alpujarras.

4 comentarios:

  1. Coincido con tu análisis de los resultados electorales. Lo que dice Alfonso Guerra sobre el batacazo del socialismo andaluz escocerá a Espadas y a Sánchez, pero es la pura verdad. https://www.ondacero.es/programas/mas-de-uno/audios-podcast/entrevistas/alfonso-guerra-yolanda-diaz-bluf_2022062762b962682cd8660001eaccd6.html

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    1. Pero la respuesta va a ser el castigo a quienes no voten como Dios manda. Hoy se han visto en los telediarios unas agarradas ente el PP y la ministra de Hacienda, con acusaciones mutuas sobre la caída de Abengoa. Nos quedamos con la sospecha de si la Junta no invirtió lo que hubiera podido o si el Gobierno se desentendió de un problema económico de una comunidad no gobernada por Frankenstein. Seguramente habrá de las dos cosas, pero lo cierto es que de favoritismos (escandalosos) de este Gobierno hacia las comunidades que todos sabemos ya hay sobrados precedentes.

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  2. Espléndido análisis, Pablo, objetivo y desapasionado.

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    1. Muchas gracias, Pepe. Cuando median números, el que no es desapasionado es porque no quiere.

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