Las cumbres de rijosidad que ha alcanzado Silvio Berlusconi están a una altura estratosférica, como ha demostrado a lo largo de su ya dilatada existencia, jalonada por multitud de episodios escabrosos o groseros, o por méritos como la complicidad con un personaje como Muammar el Gadafi, el dictador libio que contaba entre sus vicios con una repulsiva depravación sexual, del que tomó el término de "bunga bunga" para sus bacanales y al que, al menos en una ocasión, agasajó dejándole organizar una fiesta en una discoteca a la que invitó a acudir a toda joven hermosa que lo deseara. Y, por cierto, no estará de más recordar que la asistencia fue abundante (podréis encontrar fotos en la red), resulta penoso reconocer que en la vergonzosa época de las velinas este personaje enredó a buena parte de la sociedad italiana en su juego. Si tenéis para buscar el tiempo y el ánimo que a mí hoy me faltan, quizás encontréis algún artículo sobre un hecho memorable: el día en que, por aquella época de su escándalo con la menor conocida como Ruby rompecorazones, se presentó por sorpresa al decimoctavo cumpleaños de una de aquellas amigas casi niñas con las que (con más de setenta años) le gustaba relacionarse, que le llamaban "papi". En las fotos de esa fiesta puede vérsele departiendo alegremente con el verdadero papi de la niña, algo que al menos a mí me resulta demencial y repulsivo, habida cuenta de la fama del prócer.
A don Silvio ya le dediqué un artículo titulado El "book" de un seductor, en el que incluí algunas imágenes indicativas de su personalidad. Hoy lo traigo de nuevo aquí por su enésimo incidente: en una ceremonia en la que una joven le entregaba dos premios, él se decantó por decir que la prefería a ella: no tiene arreglo, y ya con ochenta y un años. Ved el grotesco aspecto de cacatúa reteñida que tiene y la cara que se le quedó a la elegida:

El tercer personaje, para acabar de redondear la farsa, es el padre de la chica, un político de Forza Italia al que le hizo mucha gracia la ocurrencia. Parece que papis complacientes nunca le faltan al bambino.
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