Cayó ayer como un verdadero bombazo la noticia de que José Luis Rodríguez Zapatero había sido imputado por la Audiencia Nacional a raíz de una investigación de la UDEF relacionada con el oscuro asunto de los 53 milloncejos regalados a la aerolínea venezolana Plus Ultra hace unos años. Hubo también especulaciones en torno a que estaba a punto de volar hacia Venezuela o a que, en realidad, fue detenido por la Guardia Civil cuando ya estaba huyendo sutilmente disfrazado. Lo que no es ninguna especulación es la primera reacción digamos que oficial del propio Zapatero ante la imputación, un vídeo ya célebre que nadie se puede perder, aquí os lo enlazo:
PULSE AQUÍ PARA VER LA RESPUESTA DE ZAPATERO A SU IMPUTACIÓN
Esta declaración me recuerda mucho a aquella de José Luis Ábalos de febrero de 2024 (pulse aquí) en la que el político valenciano respondía a las preguntas que los periodistas le formulaban en torno a otro bombazo, el de la detención de su mano derecha, Koldo García Izaguirre, y las principales semejanzas que veo son estas dos: tanto Ábalos como Zapatero intentan alejar de sí mismos la menor sombra de corrupción; ambos son incapaces de enmascarar la tremenda confusión en que les ha sumido el mazazo de la noticia. Resulta paradójico que sea a Ábalos al que más se le note lo tocado que está, a pesar de que, al contrario que Zapatero, habla de una acción de la justicia que ha recaído sobre otro, pero creo que la explicación es que sus palabras son la respuesta a unos hechos y unas preguntas surgidas a botepronto, mientras que el vídeo de Zapatero lo ha elaborado y preparado él mismo y con tiempo para pensar lo que decía y ensayar la escenificación. Y, aun así, se le escapan demasiados matices que delatan su intranquilidad. En primer lugar, quizás llevado por su deseo de demostrar convicción, habla tan acelerado que no se permite pausas para tomar aire, lo que produce que pierda el resuello y obtenga un resultado diametralmente opuesto al perseguido: una imagen de ligera angustia. En segundo lugar, se obceca en una sobreactuación que le conduce a repetir las cosas más veces de las convenientes y a excederse con esos acentos rotundos con los que quiere demostrar la contundencia de su mensaje ( lo hace dos veces al pronunciar la palabra "jamás" y luego con algunas otras: "reafirmar", "expresar", "declarados", "gestión"...). Cualquiera podría, no sin razón, objetar que estas cosas le pasarían a cualquiera, pues todo ese énfasis inoportuno estaría muy justificado en el nada tranquilizador hecho de haber sido imputado por la Audiencia Nacional, pero yo pienso que hay algo más, aunque solo sea por las noticias que levantan firmes sospechas sobre Zapatero que llevan ya mucho tiempo apareciendo, las cuales son numerosísimas y nada frívolas. Si se tiene en cuenta esta trayectoria, tendríamos una tercera semejanza entre Zapatero y Ábalos, por lo que resulta relevante y pertinente recordar que este se halla hoy encarcelado por corrupción.
Se da, además, la circunstancia, de que, conforme van pasando las horas, van apareciendo nuevos datos y nuevas posibles vinculaciones con otros delitos, es tal el aluvión que me parece más práctico remitiros a los periódicos de hoy -y de ayer, y de mañana- que liarme a poner enlaces. La bola de nieve está adquiriendo unas dimensiones colosales, y no olvidemos que se debe agregar a la ya megacolosal corrupción vinculada al PSOE, al Gobierno y al sanchismo que se está destapando.
Cuando en las primarias del PSOE del año 2000 los guerristas apoyaron a Zapatero para cargarse a José Bono, demostraron su gran perspicacia política y nos echaron encima a los españoles una auténtica plaga bíblica que le ha hecho un daño horrible a la nación, espero que no dejen nunca de darse puñetazos autoinculpatorios en el pecho, porque, aunque Bono tampoco es que sea un personaje ejemplar, estoy convencido de que jamás habría cometido el disparate más catastrófico que se permitió Zapatero cuando llegó a presidente: envalentonar y azuzar a la bestia separatista con aquel desatroso órdago del estatuto catalán de 2006, origen, pasando por el desafío de Artur Mas de 2012, del prusés, el golpe de 2017 y la severa rebelión separatista que hoy nos amenaza, sobre todo, vasca y catalana, rebelión que Pedro Sánchez aviva con canallesco placer. De su calamitosa gestión dejé un breve compendio en julio de 2010, cuando aún no había terminado, así que faltan ahí cosas como la ruina en que dejó a la nación al marcharse o su tan estúpida como soberbia e incompetente política ante la crisis de aquellos años. Fue tan inútil y pernicioso que tuvo que largarse sin ser el candidato del PSOE en las elecciones de 2011, porque su índice de popularidad andaba en torno al 2 (sobre 10, ya sabéis).
Parecía que nos habíamos librado de él pero, con el sanchismo, aunque poquito a poco, resucitó, hasta llegar tan alto que se le considera, y con mucha razón, un baluarte crucial del apestoso PSOE de hoy, y ahí lo hemos tenido en mítines y actos, siempre en primera fila y defendiendo en especial los desastres de los que es responsable: la división entre españoles y la tergiversación orwelliana de la historia (leyes de memoria); las políticas fratricidas (fue el inventor de los cordones sanitarios, es decir, la negación de la alternancia en el poder y la eternización en él de una alianza de las peores propuestas, al modo bolivariano que tan bien conoce); las leyes de género (que han convertido a los hombres en presuntos culpables y han fortalecido al feminismo cavernícola -y corrupto- de hoy, sin el menor avance en la lucha contra la violencia sobre las mujeres) y, por último, la destrucción de la nación, con su connivencia con el separatismo, llevando su demencial deslealtad a mediar ante Puigdemont en nombre del no menos demencial y desleal Pedro Sánchez: un expresidente y un presidente cabildeando con un separatista golpista: ¿existe mejor retrato de la degradación a que han traído a España estos dos esperpentos, ambos del PSOE y los dos peores en el ejercicio de tan alto cargo?
Esta es la mayor corrupción de José Luis Rodríguez Zapatero: LA POLÍTICA, por la que pocos le señalan, y en ella está muy unido a Pedro Sánchez, como lo está en la otra, la de los negocios pestilentes, se ve muy bien en ambos casos, así que no extraña que la postura de Sánchez y su Gobierno ante la imputación de este ciudadano haya sido defenderle: normal, es uno de los suyos. Lo que no es normal es el punto de degradación a que han llevado a España; ahora bien, vuelvo a la comparación con Ábalos: lo mismo que cayó él, caerá Zapatero, que tanto se le parece, y, más tarde o más temprano (aunque sospecho que a no mucho tardar), caerá Sánchez, que tanto se parece a ZP, porque poseen aquella vieja propiedad transitiva que nos enseñaban en el "cole": si A es igual a B y B es igual a C, A es igual a C, así que ¿cuánto le queda a Pedrito para que le imputen? Lo ha dicho desde la cárcel -que acrecienta mucho la sabiduría de sus moradores- el propio exministro de Transportes, con la concisión y la contundencia de una guillotina: "Si cae Zapatero, cae todo". Supongo que los que se sientan aludidos se habrán echado a temblar.
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