Apuesto a que muchos de ustedes, tal vez la inmensa mayoría, al ver el titular de este artículo, se habrán preguntado quién diablos es Milagros Tolón, así que voy a resolverles la incógnita: es la ministra de Educación española, exactamente desde el pasado 22 de diciembre, fecha en que Pedro Sánchez la designó para ese cargo. En esos tres meses y medio, su brillo ha sido entre escaso y nulo, yo al menos lo único que recuerdo es aquel anuncio -de allá por enero- de una campaña institucional con este lema: El profesorado en el centro de la educación, terrible sarcasmo en un país donde el profesorado está más bien en el centro de la diana, doble sarcasmo si se piensa que procede del ministerio que debería velar por la dignidad de la profesión docente y triple si, dos meses después, hay razones muy poderosas para sospechar que, salvo para mantener la ficción de que el Ministerio de Educación hace algo positivo, la campaña no ha servido para nada, o sea, sanchismo en estado puro.
Quizás alguno de ustedes piense que la invisibilidad de la señora Tolón podría ser una buena noticia, porque podría ser consecuencia de que las cosas en la educación española van tan bien que no hay nada que contar acerca de esta materia -Good news is no news-, pero nada más lejos de la realidad: no han ido peor en las últimas décadas, se lo asegura alguien que ha seguido muy de cerca en todo lo que va de siglo los avatares de nuestra enseñanza, pues tenemos la peor de todas las leyes educativas -la LOMLOE, ni que decir tiene- desde los tiempos de Atapuerca, tenemos los peores resultados académicos, tenemos el mayor empobrecimiento en el saber que se transmite, tenemos unos profesores sometidos a un ninguneo y maltrato dramáticos y despojados de su dignísima condición de guías de sus alumnos hacia el conocimiento, tenemos unos programas de los que se han adueñado ciertas vaciedades nocivas y adoctrinadoras, tenemos a los cavernícolas de las lengüecitas tribales más agresivos que nunca... Y, sin embargo, aun con esa tremenda carga explosiva bajo los pies, de la enseñanza no se habla: sus graves conflictos se le han hurtado a la opinión pública. NUNCA HABÍA OCURRIDO ALGO ASÍ, recuerden el animado debate que rodeó a la LOGSE y a la LOCE; recuerden a Gabilondo y a Wert, quienes lanzaron propuestas muy sólidas -con independencia de lo que a uno le gustasen o no- con luz y taquígrafos y fomentaron el público contraste de pareceres. ¿Qué pasó después? Que, desde 2018, la señora Celaa (con Pedro Sánchez, su jefe, faltaría más) puso en marcha de manera despótica la implantación de la aberrante LOMLOE y que, una vez aprobada, vino Pilar Alegría, con quien empezó el oscurecimiento del tema educativo. Hoy, cuando -repito- la enseñanza española está peor que nunca, los problemas educativos han dejado de existir, por el fulminante procedimiento de ocultarlos. Esto también es sanchismo en estado puro, ¡esconder lo inconveniente, un clásico! pero no puedo dejar de señalar la negligencia del PP y de Vox, que le están haciendo el juego en esa omisión, ellos sabrán por qué, pues es un asunto en el que podrían vapulear al sanchismo y al separatismo.
El inciso era neceario, ya que explica las razones profundas y nada casuales de la invisibilidad y silencio de Milagros Tolón: forman parte del ocultamiento del cuerpo del delito impuesto por el Puto Amo. Vuelvo ahora con ella, porque resulta que estos días ¡ha reaparecido!, aunque el motivo es bastante penoso: la cuestión esa de los cánticos de Cornellá. No es un gran acierto que la ministra que se ha autorrecluido en los sótanos del anonimato vuelva a la luz del día no por hacer o decir algo sustancial con respecto a la enseñanza, sino por echar su "mojá" en un asuntillo promovido por los profesionales de la generación de tormentas en vasos de agua, en concreto, el de los cánticos que se produjeron en el partido España - Egipto del pasado 31 de marzo, donde algunos de los espectadores corearon gritos de "Un bote, dos botes, musulmán el que no bote". Esta memez de un puñado de mentecatos no iban a dejarla pasar los especialitas en magnificar estupideces, que salieron en tromba y crearon de la nada una campaña denunciando el racismo de los cánticos -un racismo inexistente en España, pero también en el cántico, por cierto, que sería en todo caso islamófobo- y demandando la correspondiente ola de decapitaciones. La señora Tolón, que parece no ver asuntos educativos sobre los que contarnos qué piensa, sí que encontró motivos para enredarse en en esta querella absurda, y lo hizo en el vídeo que podéis, ver aquí. Su reacción generó burlas por la chapucera transcripción de algunas de sus palabras en los vídeos, que le colocaban estos disparates que ella no dijo: El deportes es respeto y convincencia. El odio, el racismo y la xenofobia no tienen cabida en el deporte ni en ningún hábito de la vida. Esta minucia podía subsanarse escuchando lo que ella decía en realidad en el vídeo, pero lo verdaderamente lamentable es otra cosa: esa polémica era artificial, manipulada, malintencionada e insustancial, así que la pregunta es: ¿de verdad necesitaba la ministra saltar a los medios mezclándose en tan estúpida campaña? ¿Qué es la señora Tolón, ministra o tertuliana? ¿Tantas ganas tenía de hacer demagogia y quedar como la más guay entre las guays del antirracismo?
¡Qué penosa imagen ha dado, para una vez que decide dejarse ver! Y no solo porque a su condición de ministra no le convenía en absoluto mezclarse en ese gallinero, sino porque lo que defendió -es decir, la postura interesada y viscosa que fabricaron todos los demagogos, oportunistas, manipuladores y creadores de falsos racismos, falsas homofobias y falsos lo que sea que se empeñan en atribuir a España lacras que no padece- es una mentira y una exageración que solo busca crear falsos conflictos y falsos culpables para medro de un hatajo de sinvergüenzas. El grito coreado no es ejemplar, pero ha sido sobredimensionado con muy mala leche por esos neoinquisidores que viven de estas cosas, y el asunto tiene además una dimensión a la vez paradójica e insultante: en España, en manifestaciones, competiciones deportivas, programas televisivos o radifónicos y hasta sedes parlamentarias hemos visto y oído las mayores groserías y ofensas contra España, los españoles, el rey, la bandera... ¡y no ha pasado nada, incluso han pretendido que nos lo tomásemos a broma! En estas condiciones, pretender como han pretendido que la opinión pública se incendiase por un cántico estúpido contra los musulmanes coreado por un grupo de hinchas, es reírse a la cara de los zarandeados españoles y sus zarandeadas instituciones. ¿A este jueguecito se ha enganchado doña Milagros Tolón? Entonces la cosa está clara: es una ministra más de Pedro Sánchez, mucho bueno no vamos a poder esperar de ella.