sábado, 10 de junio de 2017

El reventón del Calendario Cantabriano

   Se veía venir desde el principio, bastaba solo con analizar con un poco de detenimiento el engendro (como hizo vuestro amigo el guachimán aquí y aquí) para darse cuenta de que el calendario cantabriano propuesto / impuesto por el consejero de aquella autonomía, don Ramón Ruiz, era un auténtico despropósito que iba a ser inviable y no iba a crear más que problemas. Hoy viene en ABC una noticia informando de que este señor -a quien a estas alturas no queda más remedio que considerar un iluminado-, no contento con el desarreglo que ha ocasionado y que ha producido ya el tremendo descontento que relata la noticia, piensa para el curso que viene ir todavía más lejos, y se habla de desatinos como restar días de vacaciones al periodo de Semana Santa o comenzar el segundo trimestre ¡el 2 de enero!, y todo ello, al parecer, con el apoyo de los sindicatos de la enseñanza, que se están cubriendo de gloria una vez más. Si leéis la noticia, de ella puede desprenderse que han ocurrido un montón de cosas que ya había destapado o anticipado vuestro seguro servidor, quien va a verse obligado -una vez más- a colgarse la medalla de profeta. Aquí tenéis algunas:
    -Que el señor Ruiz ha engañado a todo el mundo.
    -Que eso de la "adaptación a Europa" era un camelo y que lo que sí se ha producido ha sido una "desadaptación" a España.
    -Que el encaje de sus famosos y dudosos "cinco periodos homogéneos" no podía hacerse sino incrustándolos a martillazo limpio en el calendario a secas, una auténtica chapuza.
    -Que, consecuentemente, iba a causar muchos problemas de armonización entre la vida de las familias y las obligaciones de los escolares.
     -Que suponía un muy perjudicial exceso de parones, con las consiguientes pérdidas de atención prevacacionales, pérdidas de ritmo postvacacionales, innecesario aumento de exámenes...
     -Que no iba a aportar ningún beneficio y sí un buen montón de problemas.
    Aviso a navegantes, en especial, a esos que no sé muy bien por qué vieron virtudes en la demagógica chapuza cantabriana: lo que funciona no hay por qué arreglarlo, y el calendario escolar español ha funcionado desde tiempo inmemorial, en nuestra enseñanza son otras las cosas que petardean; advierto esto porque la fiebre actual de intentos de cambio de los calendarios (aquí tenemos otra secuela del desbarajuste autonómico) no obedece a una necesidad real, sino a inconfesables intereses de la demagogia política. 
    A mí este asunto del Calendario Cantabriano me ha recordado desde el principio al Calendario Juliano de aquel ministro de Franco de los años setenta, Julio Rodríguez, y lo inquietante del caso es que aquel señor, a causa de sus disparates y abusos, apenas duró en el cargo un año, mientras que al señor Ruiz, que yo sepa, no se ha oído que don Miguel Ángel Revilla piense mandarlo a pescar anchoas: ¿va a acabar resultando que los consejeros autonómicos de hoy son más incombustibles que los propios ministros del franquismo?
     

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