sábado, 13 de mayo de 2017

"El molino de La Barbolla": primera reimpresión

   Pues sí, amigos, este ha sido un buen año para El molino de La Barbolla, ya que lo han puesto como lectura en algunos centros más y se han agotado los ejemplares, así que he tenido que hacer una nueva reimpresión. Aparte de lo que aparece en la columna de la derecha, acerca de este libro también podéis informaros en el primer artículo que escribí sobre él
    Cuando me decidí a arriesgar con El molino de La Barbolla, fue porque percibía que en el nivel de 1º de ESO había un cierto vacío de libros que pudiesen resultar atractivos para los lectores, así que me lancé a componer uno que reuniera una serie de ingredientes que yo creía que a ellos les gustan, tales como la amistad, el dinamismo o el misterio. Aunque me esté mal el decirlo, creo que acerté, y me baso en lo que he visto en las ya bastantes charlas con lectores que he dado, tanto en lo que ellos me transmiten como en lo que me dicen sus profesores. Estos últimos suelen insistir en una cosa: en que ellos y sus alumnos están más bien hasta la coronilla de tanto tema transversal embutido malamente en historias mohínas, aviso para las editoriales y su corrección política, tan oportunista como hipócrita. Quiero añadir algo más: junto a los ingredientes que he mencionado más arriba, me preocupé también de otras cosas, como el estilo literario, la riqueza del vocabulario o la inclusión de elementos de cierto nivel cultural: la calidad y la diversión no solo pueden, sino que deben ir juntas: entretener a un lector joven no tiene por qué significar empobrecerle. 
    Para que os hagáis una idea de cómo es la historia, voy a terminar dejando tres fragmentos que considero significativos, cada uno de un capítulo diferente, y empezaré por el comienzo del libro. 
Primeras líneas del capítulo I (La cuerda)
    Era una hermosa mañana de mayo. En la plaza de la iglesia, la brisa cantaba entre las ramas de un olmo y los ciprinos de la fuente surcaban de lado a lado las aguas entibiadas por el sol. 
    Irene y Emma, dos niñas de doce años, descansaban de no hacer nada tumbadas sobre el montón de tierra que unos albañiles habían dejado en un rincón de la plaza. A pocos pasos yacían sus bicicletas con los manillares retorcidos hacia atrás, como si estuvieran vigilando a sus dueñas por temor a que escapasen. 
Del capítulo III (El fantasma de las salinas):
    Ese pozo que habéis visto se hizo allá por los años cuarenta, mejor dicho: se empezó a hacer, porque nunca llegó a terminarse; fue como un maldición. Los dueños de la salina quisieron aprovechar la bolsa de agua que había debajo de la nave, así que un buen día vino una empresa de prospecciones, instaló el taladro más grande que nunca se había visto por aquí y comenzaron a perforar el suelo. A las dos semanas, habían profundizado ya más de treinta metros y dieron con un yacimiento pequeño y con muchas impurezas, de modo que decidieron seguir en busca de otro mayor; ojalá no hubieran tenido nunca esa idea.
Del capítulo V (La casa de Villacorza):
    Tenía un par de estatuas de mármol y dos de sus paredes estaban cubiertas de libros de todos los tamaños, algunos, llamativamente grandes. La mayoría parecían ser muy viejos. Tal vez por sus tonos oscuros o el olor a papel rancio que exhalaban, había en ellos algo que repelía, pero a Irene no le extrañó, porque lo cierto -pensó mientras los observaba- era que, pasados los primeros días, habían podido ir comprobando que no todo era maravilloso y atractivo en aquella casa: estaba siempre tan sombría...; y luego, las cosas: muy bonitas, muy valiosas, sí, pero ¡todas antiquísimas! A veces, además, encontraban objetos o rincones que resultaban como aquellos libros: inquietantes sin que se supiera por qué. 
    ¿Os ha parecido interesante? Me agradaría pensar que sí. La Barbolla, Imón (donde están las salinas del capítulo III), Villacorza...: sitios reales donde se sitúa una historia irreal y misteriosa; ese es uno de los aspectos que más atraen a los lectores del libro y por los que más suelen preguntarme los chicos en las charlas: ¿cómo son, qué hay allí de verdad? Siempre resulta fascinante el abrazo entre la realidad y la fantasía.    

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