martes, 3 de agosto de 2010

Justicia divina


Esta que tenéis aquí es Bibi Aisha, una joven afgana de 18 años que intentó huir de la familia de su marido. Por tal delito, la condena de la justicia de los talibanes fue cortarle la nariz y las orejas. Supongo que la conoceréis, porque hoy ha vuelto a saltar a la actualidad debido a que la revista TIME utiliza su imagen para pedir que las tropas estadounidenses permanezcan en Afganistán.  


Es muy probable que también conozcáis a Sakineh  Mohammadi, porque su caso aún está latente. Como sabéis, la iraní Sakineh está condenada a morir por lapidación por haber mantenido una relación extramatrimonial, así está la justicia de su país, que en 2005 ya había hecho efectiva sobre esta mujer una condena a recibir 99 latigazos por mantener una relación ilícita con dos hombres. Sakineh debe de ser muy fuerte, porque no todo el mundo aguanta 99 latigazos; de lo que ya le sería imposible escapar viva sería de la lapidación (una muerte horrible), condena que aún no se sabe muy bien si le ha sido retirada o no, aunque eso no representaría que se le hubiese perdonado la vida. El régimen iraní, seguramente por el eco mundial que ha tenido este caso, ha perseguido también a la familia y al abogado de Sakineh. Si quieres ayudarla, encontrarás cómo hacerlo en el enlace de arriba. 


La historia de esta otra afgana que no se atreve a enseñar la cara la hallaréis aquí. Se trata de una joven que no aceptó como marido a un poderoso familiar suyo y ello le acarreó la implacable persecución de éste sobre ella y todos sus allegados (a uno de sus hermanos, lo secuestró y le cortó tres dedos de una mano).

En fin, amigos, parece ser que los regímenes totalitarios musulmanes tienen un concepto un poco brutal de la justicia, un poco arcaico, un poco misógino, un poco asimétrico, si se mira el hecho de que ninguna mujer afgana le cortaría la nariz a un marido fugitivo o los dedos al hermano de un pretendiete remiso, o el de que los hombres iraníes, como permite el islam, tienen para sus relaciones sexuales unos límites bastante más benignos que los que se le han impuesto a Sakineh. No cabe para la razón humana semejante sentido de la justicia, aunque tal vez ello se deba a que se administra en el nombre de Dios.

2 comentarios:

  1. Lo que choca es que ese obvio anacronismo de sistemas salvajes, basados en la concepción más anacrónica y brutal de la religión, sean vistas con cierta benevolencia por cierta progresía, que se muestra muy comprensiva frente a manifestaciones culturales que "hay que comprender". Lo que no es sino barbarie debería tener más respuesta y contestación de la que tiene entre las mentes presuntamente biempensantes. Excepto AMNISTÍA INTERNACIONAL y algunos autores muy aislados no he visto que salten los resortes ante tantas muestras de brutalidad inhumana.

    Las víctimas del horror que tan bien describes están solas.

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