miércoles, 12 de mayo de 2010

Unos a prosperar y otros a apechugar

    Se veía venir y al fin vino: a los funcionarios nos van a recortar el sueldo. Que te rebajen lo que ganas por tu trabajo no tiene ninguna gracia, independientemente de que sea necesario, de que parezca inevitable y de que estemos en crisis, pero tiene menos gracia aún en las presentes condiciones, esencialmente por dos motivos: el primero, que este recorte se justifica por una crisis que tiene unos  culpables, entre los cuales, por supuesto, no estamos los funcionarios; el segundo, que esa crisis sucede a un largo periodo de generosa bonanza, durante la cual, todos o casi todos los culpables de la crisis de hoy se hicieron de oro, mientras que los funcionarios sufrimos de manera permanente unas subidas salariales miserables, las cuales, en el mejor de los casos, se fijaban al mismo porcentaje que el IPC.
    Se me ocurren algunas preguntas: ¿cuánto dinero público se ha ido a los bolsillos de los centenares o tal vez millares de corruptos que mosconean en torno a la política española? ¿Cuánto dinero público se va en asesores innecesarios y a menudo incompetentes (los hay en todas las administraciones, desde la municipal a la estatal)? ¿Cuánto dinero público se va en subvencionar entidades fantasmales y fraudulentas  que se dedican a actividades más fantasmales aún o a organizar sus parrandas con el dinero afanado vía boletín? ¿Qué dimensiones tiene la red picaresco-clientelar de audaces empresas que se dedican a rapiñar así el dinero público que ahora falta? ¿Cuánto dinero se va en campañas de autopropaganda explícita o encubierta hecha con fondos públicos por partidos que están en el poder municipal, autonómico o estatal? ¿Cuánto dinero público se va en montajes absurdos (jornadas, ferias, encuentros, estudios, candidaturas a eventos, planes, proyectos...) e inútiles destinados a dar imagen y/o colocar a amiguetes y nada más? ¿Cuánto dinero público se va en acondicionamientos públicos, ornamentación pública, alumbrado público o lo que sea público que, en realidad, ni necesitaba ni demandaba el público? ¿Cuánto dinero público se va en ministerios inútiles, consejería inútiles, departamentos inútiles, gabinetes inútiles? ¿Cuánto dinero público se ha ido en campañas y batallas ideológicas que solo beneficiaban a los partidos en el poder que las sostenían? ¿Cuánto dinero público se podría ahorrar si un país de 45 millones de habitantes no tuviera 18 gobiernos y 18 parlamentos, con sus correspondientes 18 redes de clientelismo, corrupción, etc.? ¿Cuánto dinero público y esfuerzo y tiempo de servidores públicos se derrochan por disputas competenciales? ¿Cuánto dinero público se han llevado y se están llevando las líneas de alta velocidad? ¿De verdad un país de las dimensiones de España necesita tanta alta velocidad? ¿Cuánto dinero público cuestan las miles de obras faraónicas pero a la vez innecesarias que han emprendido ayuntamientos y comunidades para que ganasen votos los partidos que las gobernaban, obras que podían ir desde el levantamiento integral de Madrid hasta la ampliación del puerto deportivo de un pueblo como Garrucha, ampliación que se hizo a costa de una playa y ahora está vacía? ¿Cuánto dinero público se le dio para recuperarse a la banca que se había forrado con el "boom" inmobiliario y ahora, en plena crisis, jubila a sus ejecutivos con pensiones que llegan a los 86 millones de euros?  ¿Cuánto dinero se recauda de los sueldos de los asalariados? ¿Y de los ricos, a través de las SICAV y de esos procedimientos que tienen ellos, cuánto se recauda? ¿Cuánto dinero ocultan al fisco los que cotizan por el IVA? ¿Cuánto dinero que debería llegar a las arcas estatales no llega por culpa del fraude fiscal? 
   Bien, está claro que yo no tengo ni idea de economía, lo único que tengo es un pequeño acceso de ira. Pero, claro, no sé a qué viene, hay que recortar el déficit público, ¿no? Pues entonces, cae dentro de la lógica que se recorten los sueldos de los funcionarios, que salen de las arcas públicas. Parece ser que Zapatero no descarta subir los impuestos a las rentas más altas; se me ocurre entonces otra pregunta: ¿por qué no lo ha hecho al revés? Tendría su lógica que, a la hora de buscar fondos en momentos de crisis, empezase por llamar a las puertas de los que más tienen, ¿no? La verdad es que, en nuestro sistema democrático, lo de la justicia contributiva empieza a ser una revolución pendiente, me recuerda a aquella de Girón de Velasco y otros falangistas puros, sí, hombre, aquella que al final nunca se hizo. Bueno, y ahora que sale a colación esto de nuestro sistema democrático: sabíamos que en nuestra clase política había bastantes incompetentes y unos cuantos chorizos, así que habíamos dejado de creer en ellos, pero seguíamos creyendo en el sistema; sin embargo, últimamente, cada vez me encuentro con más gente que no le concede tampoco credibilidad al sistema: hagan algo, por favor, recuperen la ética, la eficacia y el sentido común, empiecen a hacer política de verdad o lárguense, no sea que acabemos llegando a un Berlusconi.

1 comentario:

  1. Querido Pablo, me parece que hoy hemos estado en la misma onda:

    http://medymel.blogspot.com/2010/05/crisis-economica-y-consecuencias.html

    Creo que nos toca apechugar... o rebelarnos.
    Un consolador abrazo.

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