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miércoles, 15 de enero de 2020

¿Pero de verdad es necesario un ministerio de igualdad?

   Hace ya muchos años (en esta cercana galaxia llamada España), vi en un telediario una crónica parlamentaria ofrecida por el inolvidable Luis Carandell que incluía esta frase de un antiguo diputado de principios del siglo XX, creo, no lo sé porque estoy citando de memoria: "Señorías, todos los problemas de España se resolverían si el banco azul, en lugar de medir siete metros, midiera siete kilómetros". ¿A quién puede caberle duda de que esta es la filosofía que ha aplicado Pedro Sánchez para componer su Gobierno de coalición? Y, para aplicarla, hombre expeditivo como es, no se ha andado por las ramas y ha hecho uso de la sencilla fórmula de sacarse de la manga ministerios innecesarios que han ido a parar a los ministros de Unidas Podemos. Uno de ellos es sin duda el de Igualdad, que le ha correspondido a Irene Montero. 
     Deberíamos empezar por señalar que la igualdad constituye un ideal en la concepción de toda sociedad que aspire a ser justa, pero tenemos que tener mucho cuidado, porque entre los inclinados al totalitarismo existen muchos que pervierten su sentido para adecuarla a sus torcidos intereses. Están muy bien la igualdad de derechos, la igualdad de trato o la igualdad de oportunidades; está muy bien también la creación de mecanismos para compensar las desventajas de origen socioeconómico (ejemplo de ello serían las ayudas sociales de todo tipo), pero debemos desconfiar de cualquier propuesta de "igualdad" que acabe haciéndonos a todos tan iguales como los ladrillos de una pared o generando resultados injustos como el dar el mismo a trato al que acredita méritos como al que acredita deméritos. Un ejemplo de esto último es algo contra lo que me pasé luchando toda mi larga etapa como profesor: la supuesta justicia que algunos encontraban en regalar aprobados a los alumnos que no los merecían, con lo que se igualaba a quienes habían demostrado esfuerzo, interés y aprovechamiento con muchos que se habían pasado el curso entero holgazaneando: no me cansaré de repetir que el universal derecho a la educación no implica el inexistente derecho universal al aprobado.
   Por lo  demás, cuando se plantea la creación de un ministerio de igualdad, debería surgir con toda lógica la pregunta acerca de sus competencias, ya que en este mundo las desigualdades son muy diversas, pero, sin que resulte sorprendente y sin siquiera preguntar, todos hemos entendido que se va a ocupar de la desigualdad entre hombres y mujeres. Haría falta ser muy obtuso para negar que a lo largo de la historia las mujeres han padecido opresiones, maltratos y discriminaciones de todo tipo, lacras que en la actualidad todavía persisten y, en según qué sitios, de manera extremada y repugnante. Ahora bien: ¿es España un país en el que se discrimine a las mujeres? No voy a negar que existan situaciones de hecho en las que ello ocurra, pero afirmo rotundamente que, tanto desde el punto de vista del ordenamiento legal (ya muy claramente desde el artículo 14 de nuestra Constitución) como desde el de los valores sociales mayoritariamente aceptados, vivimos en un país donde por fortuna la igualdad entre hombres y mujeres es una realidad, y aún voy más lejos: no es infrecuente encontrar testimonios que aseguran que es uno de los más igualitarios del mundo en este sentido, quizás el que más. 
   Por lo tanto, aunque parezca pecado decirlo, cualquier manifestación concreta de discriminación (sea contra mujeres o contra hombres, que también se dan) que se produzca puede muy bien abordarse desde las leyes que ya tenemos o haciendo los oportunos ajustes en los fallos puntuales que presenten, así que encuentro innecesaria la creación de un ministerio de igualdad. Existen además una serie de factores que me hacen temer que lo que se ha creado va a rebasar los límites de la inutilidad y va a resultar perjudicial. El primero de esos factores está fuera del neonato ministerio y se llama Pedro Sánchez, cuyas reiteradas proclamas en favor del feminismo han despedido siempre un tufo electoralista y han estado dirigidas a los sectores más totalitarios de esta ideología, ya que él también es de los que piensan que todos tenemos que ser feministas. El segundo se llama Carmen Calvo, veterana "miembra" del Gobierno y que se ha venido ocupando hasta ahora de la cuestión de las políticas de género con el sesgo totalitario de su jefe de filas. El tercero (pero no el último) se llama Irene Montero, cuya trayectoria (dejo aquí una pequeña muestra) presagia que la igualdad emanada de su ministerio no va a ser muy equilibrada.  
    Y, si alguien lo duda, puede echar un vistazo al perfil de Boti y Bea, las dos afamadas activistas LGTBI que ha integrado en su equipo: ¿de verdad quieren hacernos creer que personas como estas son las idóneas para llevar a cabo políticas de igualdad? Vuelvo a algo que planteé unos párrafos más arriba, porque va a tener al final mucha importancia: ¿qué va a entender por igualdad el Ministerio de Igualdad? ¿De qué igualdad se va a ocupar? ¿De la de los colectivos LGTBI? Tengo serias dudas de que nadie en España sufra persecución o discriminación estructural por sus preferencias sexuales, así que empiezo a no entender tanto departamento y tanta norma que se ocupe específicamente de ella; arriesgando mi pescuezo, iré más lejos y diré que me alarma algo que figura en la noticia sobre Boti y Bea que he enlazado: que las aportaciones de estas señoras van a estar en la futura Ley de Igualdad LGTBI o en la prevista actualización de la Ley de Igualdad de Género, me alarma porque ya me he tropezado con algunas propuestas procedentes de este colectivo (Identidad de género en Valencia y Desheterosexualizar la escuela) y tengo razones muy poderosas para afirmar que lo que ahí hay, más que igualdad, es imposición de sus caprichos, inquisitorial segregacionismo y odio a la heterosexualidad. Los sectarizados colectivos LGTBI no representan ni de lejos a todas las personas  de las opciones sexuales que simbolizan sus siglas y tampoco son nadie para tomar decisiones que afecten a la ciudadanía en general, dada su obsesión por imponer lo suyo particular. Para fundamentar esto, voy a terminar este artículo con las últimas palabras del que habla de Boti y Bea:
   Una de sus primeras tareas será mediar en la guerra abierta entre las feministas tradicionales y los transgénero, que afloró el verano pasado cuando, en unas jornadas en Gijón, activistas como la catedrática Amelia Valcárcel, Alicia Miyares o la exdiputada del PSOE Ángeles Álvarez arremetieron muy duramente contra el colectivo LGTBI, lo que provocó la censura de la FELGTB, y el inmediato etiquetado como TERFs (feministas radicales transexcluyentes). 
   ¿Para estas batallitas se crean ministerios en España?

10 comentarios:

  1. No tiene ningún sentido. Estando relacionada con la justicia, debe ser el departamento de justicia el velar por ella. Es decir, el Ministerio de Justicia ha se ser suficiente. Acabo de dar con un pequeño ensayo que así lo pone de manifiesto: JUSTICIA E IGUALDAD: DOS CONCEPTOS RELACIONADOS.

    https://www.unav.edu/documents/29020/12981524/Mijancos.pdf

    Del mismo, extraigo las siguientes frases:

    👉Justicia e igualdad son dos conceptos relacionados y unidos que no pueden valorarse el uno sin el otro.
    👉Cuando se afirma que algo es justo, es porque existe una valoración de igualdad respecto de otro.
    👉El derecho a la igualdad es un derecho fundamental que no puede ser entendido como absoluto.
    👉Justicia e igualdad son conceptos valorativos. Ante la necesidad de comparación e interpretación del concepto de igualdad, se hace irrenunciable el proceso interpretativo.
    👉La aplicabilidad del principio de igualdad, rechaza por su propia naturaleza, un procedimiento plano. Dicho procedimiento tiene como resultado la injusticia al proponer dar a todos lo mismo, con independencia de lo que se merece o lo que se le debe.

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    1. Muy ilustrativo. Y no echemos en saco roto que, en nombre de las políticas de género y de discriminaciones positivas, cosas todas relacionadas con esa igualdad que se va a fomentar desde el Ministerio y tan del gusto de Carmen Calvo, se están produciendo ya las suficientes injusticias como para tener que señalarlas. ¿Qué pasa con Juana Rivas? ¿Por qué no está en la cárcel a pesar de lo que hizo y de tener una condena de cinco años? ¿Por qué, aun con todo esto, la siguieron arropando muchos políticos y hasta miembros del Gobierno? ¿Le pasaría lo mismo si fuera un hombre? ¿Qué pasa con las denuncias falsas que están siendo arropadas por la Ley Contra la Violencia de Género? Porque existen, aunque te llamen "facha" si lo dices. Deberíamos reflexionar sobre el hecho de que las tres hermanas norteamericanas que muy presumiblemente hayan puesto una contra unos afganos hace nada eligieran precisamente España para hacerlo.

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  2. Hola. Estoy leyendo "El canon occidental", de Harold Bloom. No es que esté directamente relacionado con tu entrada, pero Bloom hace referencia a una tendencia en la crítica literaria que denomina "La escuela del Resentimiento". Cito: "Si adoras al dios de los procesos históricos, estás condenado a negarle a Shakespeare su palpable supremacía estética, la originalidad verdaderamente escandalosa de sus obras. La originalidad se convierte en el equivalente literario de términos como empresa individual, confianza en uno mismo y competencia, que no alegran los corazones de feministas, afrocentristas, marxistas, neohistoricistas inspirados por Foucault o deconstructivistas; de todos aquellos, en suma, que he descrito como miembros de la Escuela del Resentimiento." Pero sí, creo que está muy relacionado y que el término de "escuela del resentimiento" está muy bien acuñado... Saludos cordiales.

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    1. Originalidad, empresa individual, confianza en uno mismo y competencia me parecen elementos que deberían ser imprescindibles en cualquier propuesta democrática, porque creo que en la democracia la libertad individual es inexcusable. Esa era la imagen de la democracia que predominaba hace tiempo y sigo creyendo en ella. Creo que en España hemos adulterado la idea de democracia y de sociedad libre. La hemos identificado como una santificación de los derechos de unos colectivos de permanentes ofendiditos que logran con ello un estatus de privilegio. Como además empiezan a estar mal vistas la crítica, el debate y el pensar por uno mismo, el resultado es que estos agraviados de oficio se convierten en intocables que se defienden con anatemas: machista, racista, fascista... ¿No huele esto a sociedad inquisitorial y un poquito totalitaria? Hay además otro peligro que en la España de hoy empieza a ser algo más que una fábula: cuando el negro, la mujer y el homosexual se convierten en virtuosos por el mero hecho de serlo, de rebote, el blanco, el hombre y el heterosexual se acaban convirtiendo, como mínimo, en presuntos culpables también por el mero hecho de serlo. Si se mira así, creo que está bastante relacionado lo que decimos ambos. Saludos igualmente cordiales.

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  3. Ya en los años en los que se inventó este curioso órgano de la administración, muy útil para aumentar un déficit que pagarán caro nuestros hijos y nietos, algún cachondo llamó al departamento que hoy ocupa la primera ministra consorte en la historia de España, el Ministerio de "igual da". Necesario no sé si lo será, creo que no, justo y necesario tampoco. Cuando Zapatero terminó aceptando que habían llegado las vacas flacas, una de las muchas medidas de recortes fue suprimir organismos absurdos. Desde la crisis de 2010 hasta el triunfo de la moción de censura de 2018 hemos estado sin Ministerio de Igualdad. ¿Cómo hemos podido vivir estos ocho años? Realmente, Irene Montero lo necesita para pagar su chalé, para controlar su partido y para su satisfacción personal. Necesario para las funciones que tiene asignadas la administración pública en una sociedad moderna es tan necesario como la inmensa mayoría de los objetos que regalan en las fiestas de amigos invisibles que se hacen en las empresas para relajar la convivencia.

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    1. Todas estas enchufadas que viven del cuento de la igualdad (y no mal), para remate, son seriamente rechazadas por las mujeres con sentido común, que son la inmensa mayoría. Es vergonzoso que se las promocione con fines de exclusivo marketing político.

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  4. Si puedes abrir este vídeo, entonces sabrás cómo piensa la nueva directora del Instituto de la Mujer, un organismo dependiente del Ministerio de Igual da. https://www.youtube.com/watch?v=O0NNnIyJ7PQ

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    1. Alucino. Además de fanática, no parece precisamente una lumbrera. Te lo digo en serio: estoy realmente preocupado, porque hoy en día se están haciendo en nuestro país cosas gordísimas sin el menor empacho y con la absoluta indiferencia de la sociedad. Que le den un cargo a esta señora es equivalente a que en 1980 se lo hubieran dado a Blas Piñar; peor, porque aquel señor, al menos, se expresaba muy bien y era inteligente. ¿Lo de ahora no nos escandaliza porque esta señora es "progresista"?

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    2. Pues yo he difundido el vídeo entre personas con ideología supuesta y oficialmente "de izquierdas". Y solo dos han respondido horrorizados. El resto, silencio administrativo.

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    3. Yo vengo observando -y con bastante desaliento- que personas de mi entorno, la mayoría, de izquierdas, sean beligerantes o no a la hora de debatir políticamente, reciben lo que viene de los púlpitos progresistas -políticos, sindicales, culturales, del nuevo catecismo LGTBI, feminista o medioambiental, etc.- con un acatamiento acrítico asombroso. Se llega al extremo de no ver que la niña Thumberg esa, por mucho que defienda el medio ambiente (cosa que nos afecta a todos), es un engendro propagandístico clamoroso. Sorprende más cuando a muchas de esas personas las conozco desde hace mucho y sé que antes no eran así. Lo achaco sobre todo a que el machacón bombardeo de los medios más potentes -casi todos, "progres"- les ha lavado el cerebro con tremenda eficacia. Me preocupa mucho. ¿Me equivoco yo o, en un país donde el presidente anuncia cosas como su reunión con Torra y otras barbaridades en la misma línea, la ciudadanía debería estar escandalizada? ¿Qué está pasando aquí? Puede que esto explique lo que tú estás viendo.

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