lunes, 5 de noviembre de 2018

Enseñanzas de Alsasua

   Ayer se celebró en Alsasua el acto que la organización España Ciudadana tenía anunciado desde hace varias semanas, en el cual intervino Albert Rivera. El evento ha contado con el apoyo de Ciudadanos, PP, Vox y diversas asociaciones, y a él han asistido personalidades señaladas de la resistencia contra la barbarie terrorista, entre ellas, Fernando Savater. Sobre este acto informa por extenso El Confindencial, y será en su reportaje en el que me basaré fundamentalmente para sacar algunas lecciones elementales.
   1.- En los días previos al acto, la presidenta navarra, Uxúe Barkos, solicitó a los habitantes de Alsasua que respondieran a él con una dignidad inteligente, argumentando que siempre se habían caracterizado por la defensa de la libertad, la pluralidad y la honradez. Dado el comportamiento anterior al acto de muchos alsasuenses y lo que hemos visto después, no cabe duda de que la señora Barkos tiene un curioso concepto de la defensa de la libertad y la pluralidad, aunque algo de esto venían señalando ya sus políticas.
   2.- Y es que no hará falta que recuerde la violencia con que una turba de totalitarios segregacionistas de aquel pueblo atacó a dos guardias civiles que iban de copas con sus parejas, ni el apoyo que dieron gran parte de sus vecinos a los agresores, hechos ambos que difícilmente se compaginan con la defensa de la pluralidad y la libertad. Ese indigno comportamiento se vio confirmado en los días anteriores a este acto, con repetidas advertencias de que no se iba a tolerar, y eso hemos podido verlo hoy, con actuaciones gangsteriles tales como lanzamientos de piedras, insultos, hostigamientos y hasta surrealistas boicoteos sonoros, como el repique permanente de campanas. Quienes queráis imágenes, podéis verlas aquí y aquí. A nadie debe sorprenderle: pensemos que quienes llevaron a cabo esas acciones eran partidarios del independentismo radical vasco y que su indignación procedía del hecho de que fueran a tomar la palabra en Alsasua quienes no pensaban como ellos, con lo que queda claro que esos censores son gente para la cual la libertad de expresión y de pensamiento de los demás pueden pisotearse; saquemos también nuevas conclusiones acerca de la señora Barkos.
     3.- Ha habido sin embargo en esta historia un hecho que me ha sorprendido, y diré que no gratamente: la reacción del PSOE, manifestada por una autoridad significada y significativa: la de Ánder Gil, nada menos que el portavoz de la formación socialista en el Senado. Podéis oírle aquí, pero yo os resumo lo más importante: ha venido a decir este señor que esos chicos tan odiosos de las tres derechas -PP, Ciudadanos y Vox- lo único que quieren es fastidiar al Gobierno de Sánchez y para eso lo que hacen es enturbiar la política y azuzar los conflictos. ¡Pues claro que sí! ¿Qué es eso de venir a molestar a los pobrecitos ultramontanos de Alsasua pretendiendo dar en su pueblo mítines que no son de su agrado? Los testimonios parecen demostrar que lo que hubo ayer en Alsasua fue un intento perfectamente legítimo de expresar unas ideas, que fue respondido a pedradas e insultos por unos trogloditas; pues bien, ahí el PSOE lo que percibe es una provocación de esos que solo iban a hablar, ¡vivir para ver! Y otro rasgo que los deslegitima es el solo hecho de ser de derechas; diré que no soy de derechas, pero esta costumbre a la que se están abonando el PSOE y Podemos de anatemizar por el solo hecho de ser de derechas me empieza a producir arcadas.
    ¿Qué lecciones podemos sacar de lo ocurrido ayer en Alsasua? Primera: que la libertad de expresión no rige en toda España, pues hay sitios como Alsasua donde ciertos vándalos la coartan. Segunda: que el independentismo radical vasco, esa bestia política capaz de llevar su violencia hasta el linchamiento, el apedreo, el acoso, la amenaza y hasta el asesinato, sigue vivo, ojito con esto, porque además en Cataluña hay ya demasiados que lo están imitando cada vez mejor. Tercera: que, al rebufo del desafío catalanista, se está construyendo un resurgir del separatismo, en zonas de siempre como Cataluña y el País Vasco (Pello Urizar, de EH-Bildu, también quiere un 1-O y el derecho a decidir) y otras como Valencia, Navarra, Baleares... Y, se pongan la piel que se pongan, yo no me creo que vengan a dialogar y repartir caramelos, a los hechos me remito: vienen crecidos y dispuestos a todo, ojito también con esto. Cuarta: que el PSOE y el Gobierno -parece ya innegable que con el exclusivo propósito de mantener el poder o el cachito que le dejan sus aliados- se están aferrando a tres parapetos bastante ridículos: uno: esa ocurrencia suya de que aquí la crispación la está provocando la derecha; dos: ponerse la venda en los ojos y creer que el diálogo con esos socios que se ha buscado va a producir frutos positivos; tres: pensar que con los violentos, los totalitarios y los prepotentes es buena política el intentar apaciguarlos, incluso haciendo como que no se ven sus ofensas o renunciando a los derechos propios, como parecía sugerir ayer don Ánder Gil. Son los tres a cual más inútil, pero produce particular perplejidad este último, porque fue el que se usó durante años con ETA y HB, y también, a menor escala, con el nacionalismo autodenominado democrático, con resultados en todos los casos bastante lamentables y que están a la vista, así que extraña bastante que el PSOE siga con esta letanía. Extraña y duele, porque, con lo que ha llovido, es difícil creer que lo haga por ignorancia y no por maquiavélico cálculo.      

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