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jueves, 9 de junio de 2016

Sobre si Quevedo mató o no al caballero aquel

   El 17 de noviembre pasado, escribí un artículo titulado Un lance que no se merece una placa, en el cual hablaba sobre la que hay en la plaza de San Martín de Madrid señalando el punto donde, según dice su texto, el Jueves Santo de 1611, Francisco de Quevedo hirió de muerte a un caballero que minutos antes había abofeteado a una dama en la cercana iglesia de San Ginés.  Como resultado de este incidente, se cuenta, Quevedo se vio obligado a huir a Sicilia. Sostenía yo en mi artículo que, aunque el caballero hubiese pegado a una mujer, matarlo fue un castigo sin duda excesivo y un acto criminal, por lo que, fuera quien fuera el justiciero, no merecía ser celebrado ni mantenido en el perpetuo recuerdo con una placa. 
   Pues bien, hace unos días, para la preparación de una actividad sobre Quevedo, eché mano del tomo II de la fenomenal Historia de la literatura española de Juan Luis Alborg y, casualmente, en la página 593 (reimpresión de 1977), me encuentro una referencia a este lance, en la cual se dice que "ha sido desmentido documentalmente por González Palencia". Esta afirmación se amplia en una nota al pie de página que reproduzco a continuación:
   Según consta en documentos publicados por el mencionado investigador, Quevedo se encontraba en Toledo y en Madrid precisamente en los días en que se supone sucedido el lance; no solo no marchó entonces a Italia, sino que se quedó a vivir en La Torre de Juan Abad durante los años 1612 y 1613. 
   Quevedo fue un personaje tan hiperbólico y famoso que, durante siglos, se le han atribuido decenas de aventuras, lances y hasta chistes, aunque con muchísimos de esos eventos no tuvo nada que ver. Parece ser que este de la placa de San Martín es uno de ellos: si al hecho de su dudoso mérito se une el de su más que dudosa veracidad, quizás el Ayuntamiento de Madrid debería plantearse el descolgar una placa que, mucho me temo, se puso ahí en alguna época en que se aplaudían sin pararse a pensar demasiado los lances de capa y espada y luego se ha quedado por inercia lustros y lustros.

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