domingo, 5 de junio de 2016

Estupidez, soberbia y violencia

   Estupidez, soberbia y violencia: qué cóctel tan explosivo, ¿no? Pues es el que arrasa en Cataluña desde hace ya varios años y, lamentablemente, lejos de decaer, da la impresión de que algunos se empeñan en seguir metiéndonoslo con embudo hasta que se nos salga por las orejas o reventemos. El más significado de estos administradores es nada menos que el presidente de la Generalitat de Cataluña, un señor que se llama Carles Puigdemont, quien, en una entrevista publicada hoy en "El País", se despacha arrogantemente anunciando que va a hacer cosas que no está capacitado para hacer, con bravuconadas de altísimo voltaje. Para entender hasta dónde llega la estúpida soberbia de este señor, habría que leer la entrevista completa, que es una auténtica antología de la provocación; a los que no tengáis tiempo ni ganas, aquí os dejo lo más señalado:
     -En 2017, la independencia habrá entrado en una fase irreversible.
  -Esta es una decisión que tomarán los ciudadanos de Cataluña después de unas elecciones constituyentes y mediante un referéndum que valide la Constitución catalana.
    -Las estructuras de Estado se están preparando, las leyes avanzan, el conocimiento internacional avanza.
     -La situación solo se puede desencallar si alguien convoca un referéndum.
  -Lo que queremos es que haya propuesta de Estado sobre la consulta después del 26-J. Escucharemos las propuestas, pero la consulta sobre la independencia es irrenunciable.
     -Soy un presidente transitorio, no interino. En el tránsito de la postautonomía a la independencia.
    Hasta aquí, la estupidez y la soberbia; de manera más anónima (esperemos que no tarde mucho en desvelarse ese anonimato) la guinda de la violencia la han añadido unos energúmenos encapuchados que han atacado un puesto de la plataforma Barcelona con la Selección y han agredido a dos chicas que lo atendían. Las han golpeado, las han arrastrado por el suelo, las han llamado "putas españolas" y las han amenazado de muerte. A una de ellas, además, le han robado el bolso: ¿será esto un adelanto de cómo va a funcionar la agencia tributaria de la Cataluña independiente? Parece claro que los que abuchean el himno español y al jefe del Estado, los que acorralan a quienes pretenden que sus hijos sean educados en castellano, los que queman las banderas ajenas pero ay del que se atreva a tocar la suya, los que etc., etc., etc. están cada vez más cargados de razón, tan cargados de razón que ya han implantado como algo que por supuesto entenderán como un sacrosanto derecho el apalear a los que en su propio país pretenden animar a su propia selección. Así empezaron los nazis, ¿eh?, y que nadie me llame catastrofista, porque la violencia del nacionalismo catalán hace ya tiempo que está dando serios avisos, como muestra, unos botoncillos
    El problema de Cataluña es que lleva demasiado tiempo -quince, veinte o quizás más años-gobernada por los que podría llamar aprendices de brujo, sino fuera porque en realidad son simple y llanamente maestros de la imbecilidad y de cosas peores. Concretamente, desde que la presidencia catalana la ocupó Artur Mas, hemos asistido al inaudito espectáculo de que una autoridad (y además, de rango no pequeño) haya ejercido sus potestades con planteamientos antisistema, en lo que ha sido imitada por cientos o quizás miles de alcaldes, entre ellos, nada más y nada menos, los dos últimos de Barcelona. Así, no es nada casual la imagen de putiferio que llevan años dando Cataluña en general y Barcelona en particular: ¿os acordáis de los incidentes en la plaza de Sant Jaume de la campaña electoral de septiembre de  2015? ¿Habéis visto lo que está pasando en el barrio de Gracia? ¡Cómo no lo vais a haber visto, qué cosas tengo! Y, naturalmente, tenéis tan claro como yo que en Cataluña esto no es la anécdota, sino la categoría, porque ejemplos así los hay por decenas. Cataluña es el paradigma del desgobierno. La razón la expresó hace ya mucho tiempo Lichtenberg en una brevísima frase: "Cuando los que mandan pierde la vergüenza, los que obedecen pierden el respeto".
      No es tranquilizador lo que está ocurriendo en Cataluña, ni menos aún lo que puede ocurrir, con nazionalistas enmascarados que aporrean a quienes no piensan como ellos y un presidente con ínfulas que lanza amenazas de ruptura medio belicistas. ¿Realmente está este señor a la altura de su cargo? Mira que lo dudo, aunque, en honor a la verdad, lo de los presidentes autonómicos es de película de Berlanga (presis 1, presis 2, presis 3). Yo espero que, entre los partidos que tienen probabilidades de gobernar en España, no haya ni uno solo que minusvalore este tremendo problema.     

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