martes, 2 de febrero de 2016

Como una puñalada

   A estas horas enciendo el ordenador y me encuentro una noticia que me golpea como una coz de mula: se ha declarado un incendio en la zona vieja de Pontevedra. En la noticia se incluye esta impresionante imagen:

   Dantesco. Se habla de que no hay víctimas humanas y espero que esto se confirme. Si me tengo que guiar por esta foto que me produce escalofríos, ya solo los daños materiales van a ser terribles, no ya por el valor económico que puedan alcanzar, sino por un valor histórico y artístico que quizás sea irrecuperable. Si no me equivoco, ese rincón que está envuelto en llamas pertenece a la plaza de la Herrería, así que -los que conozcáis Pontevedra sabréis que no miento- lo que está ardiendo es uno de los espacios urbanos más hermosos de nuestro país. Si La Moda Ideal, esa tienda de la que habla la noticia, es la que yo recuerdo, se ha convertido en cenizas una verdadera reliquia, uno de esos establecimientos frente a los que te parabas y podías pensar nostálgica y románticamente que ante sus mostradores habían pasado generaciones que vivieron la moda fin de siglo, el Modernismo, la primera Guerra Mundial y la segunda, la Generación del 98 (no sería fantasear el decir que Valle-Inclán pudo comprar ahí), la Generación del 27, las campañas de África, la República, la guerra del 36, el franquismo, la terrible posguerra, el retorno de la democracia y tantas otras cosas... hasta hoy.
   Pero nada es eterno, y la perduración de esa tienda hasta esta noche no ha sido lo  normal, sino todo lo contrario.
   Espero que los daños a la bellísima e inigualable zona vieja de Pontevedra se reduzcan al mínimo; solo la plaza de la Herrería, con sus arcadas, sus árboles, sus fachadas de piedra, los Franciscanos -iglesia que, por cierto, también tuvo un incendio hace unos años- y la vecindad de la Peregrina, es ya una verdadera joya, con lo que huelga decir que el conjunto de la ciudad vieja ya no podrá ser sino un tesoro.
   Como una puñalada ha sido para mí ver esta noticia; pasé seis meses en Pontevedra durante el servicio militar; bajé muchas tardes por la callejuela que hay junto a ese edificio en llamas, yo solo, o con mis amigos, o -en las ocasiones más afortunadas-, con mi novia, camino de la animación que reinaba en el casco viejo. No quisiera pensar en la desaparición siquiera de uno solo de sus rincones, ligados en mi memoria a los recuerdos de la juventud, que la nostalgia siempre colorea en dorado.
   Con los años se hace uno cada vez más sentimental, es tontería intentar ocultarlo. 

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