miércoles, 27 de enero de 2016

Se acabó el fraude fiscal

   No han hecho más que llegar los vientos de necesaria racionalización de este país, que en los últimos años parecía la fonda del Sopapo con todo dios haciendo lo que le daba la gana, para que desde instancias oficiales se empezase a demostrar que quienes mandan merecen toda nuestra confianza y pueden seguir mandando cuatro años más. Y, para demostrarlo, no creáis que se han andado con chiquitas, sino que han cogido directamente por los cuernos a un torancano que tenía desde hace ya tiempo muy cabreada a la ciudadanía: el del fraude fiscal. Aquí tenemos dos ejemplos de verdadero fuste:
   1. Los desafueros de una jubilada. Dice llamarse Maruja y es de Ossa de Montiel, ya solo con esto bastaría para tener a un buen puñado de inspectores de Hacienda muy al tanto de los enjuagues de esta maestra jubilada de 73 años. Aunque ahora anda por los medios poniendo carita de  no haber roto un plato en su vida, la realidad es muy distinta: en el año 2009, cuando ya estaba jubilada, pretextando la sustitución de una profesora de manualidades, se embolsó más de mil euros dando clases por las que percibía hasta 70 euros semanales. Por suerte, Hacienda ha trincado a esta vil defraudadora y la ha "premiado" con una merecidísima sanción de 24.000 euros. Tomen nota las demás grandes fortunas que se hayan planteado seguir esta vía: ahora Hacienda actúa.
   2. Los autores jubilados. Otra panda de bribones.  Escudándose en pamplinas como que son autores de creaciones artísticas, estos bandoleros siguen escribiendo, pintando, componiendo... aun después de haberse jubilado. ¡Pues no señor! ¿Está usted jubilado? Pues, hala, a echar pan a los patos o a cuidar a los nietos, se acabaron las sonatinas y la novelitas. Un portavoz de Hacienda lo ha dejado bien claro: "Con la antigua normativa, se nos escaparon tipos como un tal Andrés Segovia, Gonzalo Torrente Ballester y otros de parecido pelaje. Hubo un tiempo en que esto no ocurría; por ejemplo, en el siglo XVII, se sabe que Cervantes, en sus últimos años, tenía que ganarse la vida como machacante en una timba, pero estaba jubilado, ¿no? Tampoco era justo que siguiese embolsándose cuartos indebidamente por lo que escribía. Por desgracia, en el siglo XX, una serie de normas desafortunadas dejaron la puerta abierta a una intolerable picaresca, pero, con la normativa antifraude de 2012, vamos a meter en el saco a todos estos pajarracos".
   Suerte que está el PP en el gobierno para pillar a los indeseables que han hundido al país en la ruina.
  

4 comentarios:

  1. ¡Sí señor! A ver qué se han pensado la maestra jubilada y toda esta caterva de jubilados que quieren seguir componiendo música, escribiendo libros o dar conferencias ¡Hasta ahí podríamos llegar! Suerte que está Hacienda, como la Justicia, ciega... o cegata. Oye ¿No quedan herederos de Cervantes para reclamarles los ingresos por haber cobrado haciendo de machacante de timbas?

    Muy bueno, querido Guachimán. Y un saludo.

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  2. Me figuro que se habrán cambiado el apellido. Este es el país del despropósito: que con lo que llevamos viendo en los últimos años, le peguen ese estacazo a doña Maruja es escarnecedor. Nos vemos pronto, Xavier. Un abrazo.

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  3. Pues no te digo, Pablo, con este grupo de saqueadores de las arcas públicas:
    http://www.lagacetadesalamanca.es/nacional/2015/11/27/hacienda-expedienta-ancianos-jugar-bingo-cartones-10-centimos/161064.html

    Con sus pensionazas de jubilación y jugando cartones de bingo ¡a 10 céntimos! Y claro, después se llevan un pastón pa Suiza. Menos mal que los han trincado por trincar.

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  4. La gran poregunta es esta Pepe: ¿esto es casual o intencionado? Juntas todas estas noticias y te da pie para pensar que alguien en Hacienda ha determinado: ¿quieren ustedes control fiscal? Pues llévese hasta las últimas consecuencias. La finalidad, claro, no sería otra que asustarnos para que nos quedemos calladitos y no andemos pidiendo cuentas, porque ¿quién no tiene unas clasecillas de 70 euros o unos cartoncetes de 10 céntimos que ocultar? Y es que aquí defraudamos todos, desde los vejetes o doña Maruja hasta las multinacionales o las grandes fortunas, así que a callar, no sea que vayamos a por usted. Esto tiene un nombre: terrorismo fiscal. Pero no nos alarmemos: por supuesto que no está pasando.

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