miércoles, 2 de diciembre de 2015

Elecciones 2015. 1: el PP se ha ganado un severo correctivo

   El tiempo corre sin que nadie pueda pararlo y por fin, desde aquellos convulsos 2010 y 2011 en que se produjeron los definitivos estallidos de la crisis y el PP obtuvo una mayoría absoluta en las urnas, nos ha traído hasta las puertas de las duodécimas elecciones de la democracia, las cuales, no sin razón, están siendo ya valoradas como uno de los procesos electorales más importantes desde la Transición. ¿El motivo? España necesita un profundo cambio que ponga fin a muchos males de nuestra vida política, tales como la corrupción, las puertas giratorias, el injusto modelo electoral o las abusivas leyes laborales que sufrimos, y está muy claro que ese cambio será más o menos posible en función de quién gobierne a partir del 21 de diciembre y de la representatividad que las urnas otorguen a las distintas fuerzas políticas. 
   Sinceramente, pienso que, cuantos más escaños obtenga el PP, más difícil será que aquí cambie nada, por no decir que, si vuelve a gobernar, habrá que reputar como imposible cualquier posiblidad de evolución hacia un futuro optimista. Aunque ha llevado a cabo con milimétrica disciplina su plan de comenzar estrujándonos sin piedad en 2011 para empezar a darnos palmaditas en la espalda de finales de 2014 en adelante (lo dije hace un año en un artículo sobre González Pons, el cual, significativamente, ha aumentado estos días su número de visitas), lo cierto es que los méritos contraídos durante su mandato (os recuerdo, que para analizarlos, el guachimán, siempre pensando en sus lectores, elaboró en su día unos criterios de evaluación) son tan nefastos que, por puro sentido de la supervivencia, los ciudadanos españoles deberíamos facilitarle unas sanas y merecidísimas vacaciones en la oposición.
   Como, de todos modos, existe el peligro de que el PP repunte, ya que, entre otras cosas, ha afrontado con más sensatez que otros la cuestión catalana y ello le ha valido un ascenso en las encuestas, no estará de más que os anime a que volváis vuestros ojos hacia lo hecho en los últimos años para que entendáis lo merecidísmo que tiene un castigo electoral. Yo hoy me voy a limitar a dejaros algunos ejemplos de cosas bastante recientes, para que veáis hasta qué punto incluso esa apariencia de regeneración que intenta transmitir ahora es absolutamente falsa.
   1. Lamela, Cañete y el vergonzoso tráfico de influencias. El solo hecho de que Manuel Lamela haya tenido tantos altos cargos con el PP da idea de lo que puede esperarse de este partido. Su última hazaña anda hoy en los medios: el 1-XI-14, Arias Cañete fue nombrado comisario de Energía de la UE; el 26-XII-14, Lamela entró al servicio de una empresa minera llamada Berkeley, a pesar de que sabía de minas lo que yo de sánscrito; unos meses después, el departamento de Cañete concedía a Berkeley la explotación de unas minas de uranio en Salamanca. Trabajo en equipo, vaya. 
   2. En la cárcel o imputados. Francisco Granados, Salvador Vitoria, Lucía Figar: era ya 2014 y, en ese martillo de la corrupción que es el PP, saltaban los casos de estos consejeros metidos en la Púnica. De Granados ya está todo dicho, de Figar... ¿habrá dinero más malgastado que esos 80.000 euros que se dilapidaron en la inútil tarea de elevar su popularidad? ¡Y pensar que esta señora ha estado años triturando la enseñanza pública madrileña!   
   3. Los "logros" de la reforma laboral. Estas son las cifras del empleo en noviembre de 2015: afiliados a la seguridad social: 17.223.086 (en noviembre de 2011, eran 17.248.500); desempleados: 4.149.300 (en 2011, eran 4.512.100). O sea, 25.000 empleados menos que con Zapatero y, en lo relativo a los parados, ciertamente, también menos, unos cuatrocientos mil, aunque, si hemos de creer lo que dice la noticia, el descenso del paro se debe a la reducción de la población activa, lo cual supongo que debería tener un reflejo en los porcentajes, pero no se facilitan. Y esto, al precio de las tremendas condiciones que ha impuesto la reforma laboral y con un sensible descenso en la calidad del empleo. Desde luego, no es una mejora como para presumir (como se está haciendo) de despegue económico. Y no olvidemos una cosa: hay claros indicios de retorno del ladrillo. Lo dicho: si esperamos mejoras, del lado del PP no van a venir.

No hay comentarios:

Publicar un comentario