martes, 24 de noviembre de 2015

El mejor amigo del PP

   Estamos a menos de un mes de las elecciones generales y de aquí al día 20 de diciembre tengo intención de escribir unos cuantos artículos relacionados con este asunto. El planteamiento del que parto es el siguiente: puesto que las malas políticas se pagan, el PP, que en los cuatro años de gobierno de la declinante legislatura ha sido responsable de una no pequeña serie de errores y medidas contrarias al interés general, debería sufrir el castigo de un importante bajón electoral, como en 2011 le ocurrió al PSOE. Las encuestas y los análisis señalaban en este sentido hasta bien entrado 2014, pero en el último año ha habido una serie de factores que han hecho que el partido de Rajoy se haya recuperado bastante. El más importante de ellos ha sido sin duda el demencial desafío soberanista, ante el cual, los hechos han quitado la razón a aquellos que errónea o interesadamente se pasaron meses acusando al presidente del Gobierno de un "intolerable" inmovilismo: todo lo contrario: Rajoy hizo lo que tenía que hacer, o sea, como representante de la legalidad, no conceder el rango de interlocutores válidos a quienes se descolgaban con el dislate de separarse de España. Con quienes tienen pretensiones aberrantes y abusivas no se negocia, así que el mantenerse en esta postura, a la larga, ha hecho ganar puntos a Rajoy y ha despalazado hacia planos secundarios de la foto a Podemos, el PSOE, el grupo PRISA y todo el autodenominado progresismo en general. 
   Ayer mismo, muchos españoles aplaudíamos a Hacienda cuando advertía que va a controlar hasta el último céntimo los fondos que va a liberar para la autonomía catalana: esos fondos tendrán que utilizarlse para lo que es debido, cosas, por ejemplo, como pagar la vergonzosa deuda que Cataluña tiene por gastos de Farmacia. Se acabó eso de despilfarrar en levantamientos separatistas el dinero que debía destinarse a cosas importantes en beneficio de todos. Hoy, el desahuciado Artur Mas (¿acabará en la cárcel? Soy de los que piensan que méritos no le faltan, a él y a algunos de sus correligionarios), se ha descamisado y ha bramado un torrente de amenazas disparatadas en nombre de la sacrosanta independencia y todo su libreto de chifladuras. Está acabado, hasta su imagen física lo proclama.
   Resultado de este penúltimo episodio: más simpatías para el PP.
   Hace poco más de un año, el PP estaba moribundo, asediado por todos sus errores, que deberían pasarle factura como es de ley en política; vino el prusés y le brindó una providencial cortina de humo que ha hecho que su horizonte se vuelva bastante menos gris. No cabe la menor duda: al final, Artur Mas ha resultasdo ser el mejor amigo del PP.

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